jueves, 15 de enero de 2015

"Retos" corto Yidda y Julián








Retos

Yiddá llegó corriendo al set, con una sonrisa de oreja a oreja. Subió de un salto a uno de los barriles que habían puesto, probablemente para la próxima competencia. Se sentó y se quitó la toalla de la cabeza. Sacudió su cabello mojado y luego comenzó a peinárselo, cuidadosamente, mechón por mechón. Se hizo una cola alta y sacudió su cabello por última vez. Alguien salió de atrás del barril, asustándola.

-¡Hey! Me estás mojando.

Yiddá volteó. Se encontró con su novio, que la miraba sentado en el suelo. Julián se paró y la abrazó por atrás. Le dio un beso en la frente y ambos se sentaron en el suelo.

-¿Y? ¿Cómo va todo?- trató de entablar una conversación.

- Bien…

-Pero…

- Nada- suspiró- es sólo que… quiero que acabe esta semana.

- ¿Por?

-No quiero que te vayas.

-Princesa… tú sabías que yo sólo iba a ser un reemplazo por una semana. De todos modos, probablemente volveré la otra temporada. Salí por una lesión, recuérdalo.

-Pero ya no estás lesionado- refutó.

-Sí, pero de todos modos no me puedo meter así por así en un equipo cuando ya están a poco de la final. ¿Me prometes que estarás tranquila?

-Ya- sonrió y le dio un beso-. Por eso pienso que hay que disfrutar cada minuto que estés aquí conmigo.

Julián sonrió. Miró a Yiddá, su princesa, como le decía. Era linda.

Se quitó su gorra y se la puso a Yiddá. Ella movió la cabeza de un lado a otro. Su cola de caballo se agitó. Su cabello parecía una gran cascada. A Julián le encantaba. Acercó su mano a ella y le acarició el cabello. Yiddá se echó en el suelo, apoyando su cabeza en las piernas de él. Lo tomó de la mano y cerró los ojos. Tan sólo pasó medio minuto hasta que los volvió a abrir, pero a ella le pareció una eternidad. La eternidad más linda de todas. De pronto, se paró y miró a Julián.

-Vamos- dijo, a la vez que tomaba a Julián del brazo y lo jalaba hacia ella.

-¿A dónde? Ya va a empezar la competencia.

-Aún no nos toca, Juli. Deja de ser tan apegado a las reglas.

Sí, pero… ¿a dónde vamos?

-Tú sólo sígueme.

Yiddá tomó la mano de Julián, y, con la que le quedaba libre, le tapó los ojos. Le pidió a Diana que los cubra por si alguien preguntaba por ellos, y luego desaparecieron tras el pasillo.

Ella caminaba conteniendo una carcajada. Lo llevó hasta el estudio de piscina. La prueba “Tobogán extremo” estaba armada, esperando a ser utilizada. Guió a su nervioso novio hasta las escaleras.

- Cuidado aquí. Hay escaleras justo frente a ti. Sube.

Julián dudó.

-¿Dónde estamos, amor?

-Ahora te vas a enterar- soltó una risita.

Pese a las súplicas por parte del chico, finalmente llegaron a la cima del tobogán. Yiddá lo ayudó a sentarse.

-Espérame aquí- susurró, pegando sus labios a los de él-. Cuando te avise, puedes abrir los ojos.

Yiddá se sentó y bajó por el tobogán. Cuando cayó en el agua, se dio cuenta de que aún tenía las zapatillas puestas, y la ropa que llevaba no era el uniforme de piscina. Se sacó las zapatillas y las puso en la colchoneta para que sequen. Exprimió su cabello nuevamente, quejándose por tener que hacerlo. Llamó a Julián.

-¡Amor! ¡Abre los ojos!

Julián estaba algo confundido. Abrió primero un ojo, y lo volvió a cerrar al darse cuenta de que estaba a seis metros de altura. Se cogió fuertemente del tobogán.

-¡Yiddá! ¡Sabes que le tengo miedo a las alturas!

Ella soltó la carcajada que estaba conteniendo desde hace buen rato.

-Por eso te traje aquí- rió-. Hoy vas a superarlo.

Julián abrió los ojos y miró a la chica, que lo esperaba en la piscina. Sonrió.

-¿Y cuál sería mi premio?

-No sé…. –le mandó un beso- Ven a averiguarlo.

-Está bien.

Miró a Yiddá una última vez. Cerró los ojos, y se dejó caer por el tobogán.

Cayó en la piscina. Se hundió bajo el agua, y todo el sonido desapareció. Abrió los ojos y comenzó a bucear.

Yiddá vio caer a Julián desde el otro lado de la piscina. Al ver que no salía del agua, respiró hondo, se sumergió y también buceó, buscando esos ojos azules que tanto la enamoraban.

A la mitad de la piscina se encontraron. Bajo el agua, Julián movió los labios. Yiddá pudo leer un “Te amo”. Ella le contestó con un “yo más”. Julián avanzó hacia ella, enamorado.

Salieron del agua, juntos. Se miraron a los ojos. Yiddá lo tomó de las manos tiernamente y lo abrazó. Retrocedió un poco y se detuvo cuando su rostro estaba a diez centímetros del de Julián.

-Fue trampa. Cerraste los ojos.

-No pusiste condiciones, princesa.

-Igual no vale- sonrió-. Yo puse el reto. Yo decido si ganas o no.

Julián insistió.

-Quiero mi premio.

Avanzó hacia Yiddá, pero ella puso su mano frente a sus labios, impidiendo que la bese. Julián la miró, confundido y divertido.

-¿Qué pasó?

-No cumpliste el reto, y no hay premio.

-Ya pues, linda…

-No y no. Si quieres un beso, hazlo de nuevo.

-Lo haré. Pero dentro tuyo sabes que te mueres por besarme.

Yiddá rió. Era cierto, pero no iba a dejar que sus sentimientos venzan su determinación. Julián iba a superar su miedo.

Julián salió de la piscina de un salto, y corrió hacia la escalera. Subió los escalones de dos en dos, saltando. Llegó a la cima y la miró. Se soltó de las agarraderas y cayó, gritando.

Julián: ¡¡¡TE AMO YIDDÁ!!!

Ella se había sentado en las colchonetas amarillas, en el borde de la piscina. Miraba a Julián con una sonrisa. También lo amaba, como nunca había amado a nadie.

Julián se acercó nadando. Se quitó las gotas de agua del rostro, cargó a Yiddá por la cintura y la puso en la piscina.

-¿Y ahora?

Yiddá asintió.

-Ahora sí.

Le dio un corto beso, riendo. Lo abrazó fuertemente, lo cual ocasionó que él pierda el equilibrio y caigan juntos en el agua. Salieron entre más risas.

-Te amo, ¿sabías? Sólo a ti. Eres la luz de mi vida. Te amo, princesa. Desde que te conocí mi mundo cambió totalmente. Me hiciste una persona nueva, diferente. Gracias a ti soy mejor. Te amo, Yiddá.

-Yo también te amo, mi amor. Gracias a ti soy feliz. Gracias a ti aprendí lo que es el amor.

Yiddá se acercó a Julián. Cerró los ojos con dulzura. Primero le dio un suave beso, sus labios sólo se rozaron. Lo rodeó con lo brazos, y esta vez Julián tomó la iniciativa. La miró a los ojos y le dio un beso, que, por cierto, se lo había ganado justamente.

 

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