Dos
Angie
Tres meses antes…
Escuché el timbre de la casa y me paré, dejando mi desayuno a medias. Tomé mi mochila y me abalancé sobre la puerta.
-¡Hey!- me llamó Diana- ¿No te vas a despedir?
-Emm, sí, lo siento.
Corrí hacia ella y le di un beso en la mejilla, lo cual repetí con mi hermana. Acto seguido, avancé con pasos rápidos hacia la salida.
-¡No corras!- escuché la voz de Yiddá a mis espaldas- ¡Te vas a caer!
-¡Está bien!- grité, pero no les hice caso. Salí de la casa y cerré la puerta. Volteé y ahí estaba él, con esos hermosos ojos verdes que me cautivaban. Me acerqué lentamente, sonriendo, coqueteando. Él me dedicó una de sus hermosas sonrisas.
-Hola- di un pequeño salto hacia él, pegando mi rostro al suyo.
-Hola.
Mantuvimos el silencio por unos segundos, limitándonos a disfrutar de la presencia del otro. Luego de un momento, él puso sus manos en mi cintura, acercando mis labios a los suyos. Apoyé mis manos sobre su pecho y le di un beso dulce, tierno, inocente. Él me acarició el cabello delicadamente. Suspiré y sonreí contra sus labios.
-Te amo, Angie- susurró.
-Y yo a ti.
Me acerqué nuevamente y apoyé mis labios sobre los suyos. Sus besos eran suaves y sabían a puro amor.
Lo abracé con fuerza. Me dejé llevar por el momento, hasta que escuché que alguien se aclaraba la garganta detrás de mí
-Si no se van al colegio ya mismo, te juro, Angie, que no te vuelvo a prestar mis tacos. Nunca más.
Me separé de Nicola y volteé para encontrar a Diana de brazos cruzados frente a la puerta de mi casa.
-No te atreverías…
-Oh, pequeña, tú no sabes de lo que soy capaz- me lanzó una de sus miradas retadoras.
Yo le saqué la lengua, y luego ambas rompimos a reír.
-Ya, no diré nada, pero váyanse de una vez. Los mato si llegan tarde.
-Está bien, mami- respondí con tono burlón.
Diana suspiró y elevó los ojos al cielo.
-Paciencia, por favor…
Nicola soltó una risita. Conocía lo suficientemente bien a Diana para saber que bromeaba. Yo estiré el brazo para darle un empujón, pero él lo tomó, me acercó a sus labios y me dio un corto beso. Nos separamos unos centímetros y nos miramos a los ojos, enamorados. Volteamos al mismo tiempo, para chocarnos con la mirada tierna de Diana, que nos observaba como si fuéramos los protagonistas de la mejor novela de romance adolescente.
-Este…- Nicola se pasó la mano por el cabello. Me empiné y le di un beso en la mejilla. Era irresistiblemente sexy cuando hacía eso.
-Nos vamos, Diana- tomé a Nicola por el brazo y lo comencé a jalar.
-¡Espera!- gritó cuando ya habíamos avanzado.
-¿Qué pasa?- contesté, gritando para que me escuche. Un vecino que pasaba por ahí pareció enojarse, pero yo le dirigí una gran sonrisa y se fue en silencio, refunfuñando para sí mismo.
-¿Vienes a almorzar?
Miré a Nicola, preguntándole.
-¡Se viene conmigo, Diana!- Nicola respondió la pregunta por mí.
-Bueno…- Diana suspiró- cómo yo me entere de que han hecho cosas que no deben… ya sabes de lo que hablo, Angie. Te quiero acá a las siete a más tardar. Tu hermana quiere ir al cine.
-¡Está bien!
Nicola me tomó de la mano y corrimos hasta el colegio, se nos había hecho demasiado tarde.
Ceviche. Nicola había dado en el blanco con eso. Prácticamente devoré el almuerzo, y, cuando terminé, estaba totalmente satisfecha.
-Ah, bueno, estábamos con hambre hoy- Nicola reía mientras recogía los platos y los llevaba al lavadero. Me paré para ayudarlo.
-No, deja, lo hago yo.
-¿En serio? Mira que por mí normal.
-No, princesa. Deja que yo me ocupo.
Dicho esto, se acercó y me dio un corto beso en los labios.
Al instante noté que lavar platos no era lo suyo. Apenas sabía cómo usar la esponja, y el resultado de todo esto era una escena totalmente cómica.
-Debo decirte que eres terrible en esto- comenté cuando hubo terminado de lavar y comenzaba a secar la vajilla. Él me miró con falso enojo y solté una carcajada-. No, es en serio. Me avergüenzas, Niki.
Ambos nos reímos. En ese instante, se distrajo y el plato que tenía en la mano cayó al suelo, rompiéndose en varios trozos. Me agaché a intentar recoger un poco, y él también lo hizo. Avanzamos un poco y chocamos. Nos miramos en silencio y sonreímos con complicidad.
No sé quién dio el primer paso, pero un par de segundos más tarde sus labios estaban sobre los míos. Lo que comenzó como un beso dulce e inocente se convirtió en un beso apasionado. Lo abracé y caímos al suelo, al lado de los restos de loza.
-Nos vamos a hacer daño- susurré.
-¿Qué te parece si nos vamos a mi cuarto? Allí tendremos… privacidad.
Me estremecí. Sabía lo que venía, pero no me importó. Estaba decidida. Nicola lo era todo para mí.
Nos levantamos sin separar nuestros labios. Nicola tomó mi cabello con suavidad y desató mi cola de caballo. Mis rulos cayeron sobre mis hombros como una cascada, seductores y a la vez inocentes. Se separó unos segundos para acariciar mi cabello. Yo le sonreí, provocándolo, y lo volví a besar.
Avanzamos a trompicones hasta su cuarto, tropezándonos con todo a nuestropaso. Me cargó y me depositó dulcemente en su cama. Corrió a cerrar la puerta con seguro, y luego volvió a mi lado, al tiempo que se quitaba la camiseta. Comenzó a darme besos cortos, primero en los labios, y luego fue avanzando hacia mi cuello. Recorrí su abdomen con mis dedos, nerviosa porque lo que estaba por suceder era aún desconocido para mí. Nicola me quitó la blusa y jugueteó con el broche de mi sujetador. Me miró a los ojos, buscando en ellos un permiso para hacer lo que pensaba hacer. Y vaya que lo encontró.
El pantalón y la falda del uniforme cayeron al suelo. Los besos eran cada vez más intensos, cada vez más cargados de pasión, algo nuevo en mí. Necesitaba de él, de sus besos, sus abrazos, sus caricias.
Nos separamos unos segundos. Nicola volvió a acercarse a mí, lentamente, mientras me daba besos cortos en el cuello y alrededor de mi boca. Acercó sus labios a mi oído, y con sus dedos apartó mi cabello de mi rostro.
-Eres preciosa, Angie.
Continuó acomodándome el cabello, maravillándose con cada uno de mis rulos, los cuales enrollaba con sus dedos para luego dejarlos caer alrededor de mi rostro, mirarme y sonreír.
Él lo hacía todo con delicadeza, con ternura, tratándome como si yo fuera una flor que pudiera quebrarse en cualquier momento.
-Quiero que estés segura de esto. No te voy a obligar a nada que no quieras hacer.
-Está bien. Estoy segura.
-No tiene por qué ser hoy. Puedo esperar por ti.
-¿Acaso no me has oído?- lo besé y sonreí contra sus labios- Quiero que mi primera vez sea contigo, Nicola Porcella. Estoy totalmente segura de lo que hago. Te amo.
-Yo también te amo, mi vida.
Ese día nos dejamos llevar hasta donde nuestros sentimientos quisieron hacerlo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario