— ¡Levántate, negra! —gritó Diana, sacudiéndome.
Spike lamió mi mejilla. — ¡Estoy levantada! ¡Estoy levantada!
— ¡Tenemos clases en media hora!
Salté de la cama. —He estado durmiendo por… ¿Catorce horas? ¿Pero por qué?
— ¡Sólo date un baño! ¡Si no estás lista en diez minutos, dejare tu trasero aquí!
— ¡No tengo tiempo de darme un baño! —dije, cambiándome la ropa con la cual me dormí.
Nicola apoyó su cabeza en su mano y rió. —Son ridículas. No es el fin del mundo si llegan tarde a una clase.
—Lo es si eres Diani. Ella no se pierde una clase y odia llegar tarde —dije, tirando una camisa sobre mi cabeza, y metiéndome dentro de mis jeans.
—Deja que Dianita se adelante. Yo te llevaré.
Caminé con un pie, mientras me ponía mis botas en el otro. —Mi bolsa está en su auto, Nico.
—Como sea —se encogió de hombros—. Sólo no salgas herida por llegar a tiempo a una clase —Él levantó a Spike, sosteniéndolo en su mano como un pequeño balón, siguiéndome en el pasillo.
Diana corrió conmigo hacia la puerta y entramos en el auto. —No puedo creer que él te haya regalado ese perrito —dijo ella, mirando hacia atrás mientras salía del estacionamiento.
Nicola estaba de pie frente al sol de la mañana, en calzoncillos y descalzo, con los brazos cruzados por el frío. Él observaba a cafre oler el pasto en el patio como un padre orgulloso.
—Nunca he tenido un perro antes —dije—. Esto será interesante.
Diana miró a Nicola antes de hacer avanzar su Honda. —Míralo —dijo, negando con su cabeza.
—Nicola Porcella: Sr. Mamá. Spike es adorable. Incluso tú te encariñarás con él.
—No puedes traerlo contigo al dormitorio, lo sabes. No creo que Nicola haya pensado en eso.
—Nicola dijo que él lo cuidara en el apartamento.
Ella arqueó una ceja. —Claro que lo dijo. Nicola piensa en el futuro, tengo que darle crédito por eso —dijo, negando con su cabeza mientras pisaba el acelerador.
Me tensé, pegándome en mi asiento por la velocidad.
Una vez que la adrenalina se absorbió en mi sistema, la pesadez de mi post-cumpleaños se apoderó de mi cuerpo. Diana me dio un codazo cuando la clase terminó, y la seguí hacia la cafetería.
Israel se encontró con nosotros en la puerta, y me di cuenta de inmediato que algo andaba mal.
—Diani—dijo Israel, agarrándola del brazo.
Nicola corrió hacia donde estábamos, y agarrándose de sus caderas, respiró profundamente hasta que recuperó el aliento.
— ¿Hay una turba de mujeres enfadadas que te persiguen? —Me burlé.
Él sacudió su cabeza. —Estaba tratando de alcanzarte… antes de que… entraras —suspiró.
— ¿Qué está pasando? —pregunto Diana a Israel.
—Hay un rumor —comenzó Israel—. Todo el mundo está diciendo que Nicola llevo a Rochi a casa y… los detalles son diferentes, pero es bastante malo.
— ¿Qué? ¿Hablas en serio? —grité.
Diana rodó sus ojos. — ¿A quién le importa, negri? La gente ha estado especulando sobre ti y Nico desde semanas. No es la primera vez que alguien dice que ustedes duermen juntos.
Nicola e Israel intercambiaron miradas.
— ¿Qué? —dije—. Hay algo más, ¿No?
Israel hizo una mueca. —Están diciendo que te acostaste con Mario en la casa de Rafael, y luego te fuiste con Nicola… a casa, si sabes lo que estoy tratando de decir.
Mi boca cayó abierta. — ¡Grandioso! ¿Así que soy la zorra de la escuela ahora?
Los ojos de Nicola se oscurecieron y su mandíbula se tensó. —Esto es mi culpa. Si se tratara de alguien más, ellos no estarían hablando de ti —Él entró a la cafetería con sus manos hechas puño a los costados.
Diana y Israel lo siguieron. —Espero que nadie sea tan estúpido como para decirle algo. —dijo Diana.
—O a ella. —agregó Israel.
Nicola se sentó a unos asientos de distancia de mí,. Espere que él me mirara, queriéndole ofrecer una sonrisa confortante. Nicola tenía una reputación, pero yo dejé que Mario me besara en el pasillo.
Israel me dio un codazo mientras miraba a su primo. —Sólo se siente mal. Probablemente está tratando de desviar el rumor.
—No tienes por qué sentarte allí, Ncio. Vamos, siéntate aquí —dije, palmeando el espacio vacío en frente de mí.
—Escuché que pasaste un buen cumpleaños, Angie —dijo uno, lanzando un trozo de lechuga al plato de Nicola.
—No comiences con ella—advirtió Nicola, ceñudo.
El otro sonrió, empujando hacia arriba sus redondas y rosadas mejillas. —Escuché que Mario está furioso. Dijo que fue a su apartamento ayer, y tú y Nicola seguían en la cama.
—Ellos estaban tomando una siesta, —se mofó Diana.
Mis ojos se lanzaron hacia Nicola. — ¿Mario fue a verme?
Él se movió incómodo en su silla. —Te lo iba a decir.
— ¿Cuándo? —Espeté.
Diana se inclinó en mi oído. —Mario escuchó el rumor, y fue a confrontarte. Traté de detenerlo, pero él caminó hacia el pasillo y… tuvo una idea totalmente equivocada.
Planté mis codos en la mesa, cubriendo mi rostro con mis manos. —Esto se pone cada vez mejor.
—Entonces, ¿Ustedes realmente no han entrado en acción? —Preguntó de nuevo el muchacho—. Maldición, esto apesta. Pensé que Angie era la adecuada para ti después de todo, Nico.
—Es mejor que te detengas ahora, —advirtió Israel.
—Si tú no duermes con ella, ¿Te importa si yo lo hago? —dijo, riéndose con sus compañeros de equipo.
Mi cara ardió con la vergüenza inicial, pero luego Diana gritó en mi oído, reaccionando en respuesta a Nicola saltando de su asiento. Él llegó hasta la mesa, agarrandolo por la garganta con una mano, y su otra mano hecha un puño en su camisa.
Una línea de personas se acercó a la mesa, y docenas de sillas se arrastraron por el suelo mientras las personas se levantaban para mirar. Nicols lo golpeó repetidamente en el rostro, su codo echado hacia atrás en el aire antes de aterrizar cada golpe. La única cosa que pudo hacer fue cubrir su cara son sus manos.
Nadie tocó a Nicola. Él estaba fuera de control, y su reputación hacía que todos tuvieran miedo de ponerse en su camino. Los jugadores de fútbol se agacharon y dieron un respingo mientras veían a su compañero ser asaltado sin piedad sobre el suelo.
— ¡Nicola! —grité, rodeando la mesa.
A medio golpe, Nicola retuvo su puño, y luego soltó la camisa de Benjamín, haciéndolo caer al suelo. Él estaba jadeando cuando se dio la vuelta para mirarme; Nunca lo había visto tan sobresaltado. Tragué duro y di un paso hacia atrás mientras él pasaba a mi lado.
Di un paso para seguirlo, pero Diana agarró mi brazo. Israel la besó rápidamente, y luego siguió a su primo hacia la puerta.
—Jesús —susurró Diana.
Nos dimos la vuelta para ver a los compañeros de equipo recogerlo del suelo, y me encogí ante su cara roja e hinchada. La sangre brotaba de su nariz, y Rafael le entregó una servilleta de la mesa.
— ¡Ese loco hijo de puta! —gimió, sentándose en la silla y llevando su mano hacia su rostro. Me miró, entonces—. Lo siento, Negrita. Estaba sólo bromeando.
No tenía palabras para replicar. No podía explicar que había ocurrido.
—Ella no se ha acostado con ninguno de ellos —dijo Diana.
—Nunca sabes cuándo callarte, —dijo Rafael, disgustado.
Diana tiró de mi brazo. —Vamos. Vámonos.
Ella no perdió tiempo arrastrándome hacia su auto. Cuando ella encendió el motor, agarré su muñeca. — ¡Espera! ¿A dónde vamos?
—Vamos al apartamento de Isra. No quiero que él esté solo con Nicola. ¿Lo viste? ¡Él ha pisado fondo!
— ¡Bueno, yo tampoco quiero estar cerca de él!
Diana me miró con incredulidad. —Obviamente, tenemos que hacer algo por él. ¿No quieres saber cómo está?
—Mi sentido de auto-preservación pesa más que mi curiosidad en este punto, chata.
—Lo único que lo detuvo fue tu voz, Angie. Él te escuchará. Tienes que hablar con él.
Suspiré y solté su muñeca, cayendo contra el respaldo de mi asiento. —Está bien. Vemos.
Nos detuvimos en el estacionamiento, y Diana aparcó entre el auto de Israel y la motocicleta de Nicola. Ella subió las escaleras, poniendo sus manos en sus caderas dramáticamente.
— ¡Vamos, Angie! —gritó Diana, haciendo señas para que la siguiera.
Vacilante, finalmente la seguí, deteniéndome cuando vi a Israel bajar apresurado las escaleras para hablar en voz baja con Diana. Él me miró, negó con su cabeza, y entonces susurró algo otra vez.
— ¿Qué? —pregunté.
—Israel no… —dijo ella inquieta—. Isra, no creo que sea buena idea irnos. Nicola está bastante molesto.
—Quieres decir que él no cree que yo debería entrar —dije.
Israel tocó mi hombro. —No has hecho nada malo, Angie. Él sólo no… él no quiere verte justo ahora.
—Si yo no he hecho nada mal, ¿Entonces porque no quiere verme?
—No estoy seguro; no quiere hablarme sobre esto. Creo que esta avergonzado de perder el control frente a ti.
— ¡Perdió el control frente de toda la cafetería! ¿Que tengo yo qué hacer con esto?
—Más de lo que tú crees —dijo Israel, esquivando mis ojos.
Lo observé por un momento, y luego pasé entre ellos, subiendo corriendo las escaleras. A travesé la puerta para encontrar una sala vacía. La puerta de la habitación de Nicola vacía, así que toqué.
— ¿Nico? Soy yo, abre.
—Vete, Pajarita —gritó del otro lado de la puerta.
Me asomé para verlo sentado en el borde de la cama, frente a la ventana. Spike pateaba su espalda, no muy feliz de ser ignorado.
— ¿Qué pasa contigo, Nico? —pregunté. Él no respondió, así que me pare a su lado, cruzando mis brazos. Su quijada estaba tensa, pero no tenía esa expresión escalofriante que había tenido en la cafetería. Parecía triste. Del tipo profundo, sin esperanza.
— ¿No vas a hablarme sobre esto?
Esperé, pero permaneció en silencio. Me di la vuelta hacia la puerta y él finalmente suspiró. — ¿Recuerdas el otro día cuando Rafael se metió conmigo y tu saliste en mi defensa? Bueno… eso es lo que ocurrió. Sólo que me dejé llevar un poco.
—Estabas enojado antes de que ese dijera algo —dije, volviéndome para sentarme a su lado en la cama.
Él continuó mirando por la ventana. —Quise decir lo que dije antes. Deberías irte, Pajarita. Dios sabe que yo no puedo apartarme de ti.
Toqué su brazo. —Tú no quieres que me vaya.
La mandíbula de Nicoal se tensó de nuevo, y luego me envolvió con su brazo. Se detuvo por un momento, y luego besó mi frente, presionando su mejilla contra mi sien. —No importa cuán fuerte lo intente. Vas a odiarme cuando todo esté dicho y hecho.
Envolví mis brazos alrededor de él. —Somos amigos. No acepto un no por respuesta —cité.
Sus cejas se arquearon, y entonces me abrazó con ambos brazos, sin dejar de mirar por la ventana. —Te observó dormir un montón. Siempre pareces tan tranquila. No tengo ese tipo de tranquilidad. Tengo toda esta ira y rabia dentro de mí… excepto cuando te observo dormir.
—Eso fue lo que estaba haciendo cuando Mario entro —continuó—. Yo estaba despierto, y él entró, y sólo estuvo de pie allí, con su mirada de shock en el rostro. Sabía lo que él pensaba, pero no quise aclararlo. No quise explicárselo porque quería que él creyera que algo ocurrió. Ahora toda la escuela cree que tú estuviste con ambos en la misma noche.
Spike hizo su camino hacia mi regazo, y froté sus orejas.
Nicola alargó su mano para acariciarlo una vez, y luego puso su mano sobre la mía. —Lo siento.
Me encogí de hombros. —Si él creyó ese rumor, esa es su culpa.
—Es difícil creer algo más cuando nos ve juntos en la cama.
—Él sabe que estoy quedándome contigo. Yo estaba completamente vestida, por el amor de Cristo.
Nicola suspiró. —Probablemente estaba demasiado molesto como para darme cuenta. Sé que le gustas, Pajarita. Debería habérselo explicado. Te debo mucho.
—No importa.
— ¿No estás enojada? —preguntó, sorprendido.
— ¿Es eso lo que te tiene tan molesto? ¿Pensaste que me enojaría contigo cuando me dijeras la verdad?
—Deberías estarlo. Si me estuvieran hundiendo por la mala reputación del alguien, yo estaría un poco encabronado.
—A ti no te importa el qué dirán. ¿Qué pasó con el Nicola que le importa una mierda lo que los demás piensen? —me burlé, dándole un codazo.
—Eso fue antes de ver la expresión en tu cara cuando escuchaste lo que todo el mundo estaba diciendo. No quiero que salgas lastimada por mi culpa.
—Tú nunca harías algo para lastimarme.
—Preferiría cortarme el brazo —suspiró.
Él se relajó apoyando su mejilla contra mi cabello. Yo no tenía una réplica, y Nicola parecía haber dicho todo lo que necesitaba decir, así que nos sentamos en silencio. De vez en cuando, Nicola me apretaba con más fuera a
su lado. Me aferré a su camisa, sin saber cómo hacerlo sentir mejor que permitirle abrazarme.
Cuando el sol comenzó a subir, escuché un leve golpe en la puerta. — ¿Angie? —la voz de Diana sonó débil del otro lado de la madera.
—Entra, Diani —respondió Nicola.
Diana entró con Israel, y sonrió al vernos, enredados en los brazos del otro. —Vamos por un poco de comida. ¿Tienen ganas de hacer una carrera?
—Agh. ¿Comida asiática nuevamente, Chata? ¿De verdad? —preguntó Nicola.
Sonreí. Él sonó más como a sí mismo.
Diana lo notó, también. —Sí, de verdad. ¿Vienen o no?
—Me muero de hambre —dije.
—Claro que lo estás, no llegaste a almorzar —dijo, frunciendo el ceño. Se levantó, llevándome con él—. Vamos. Déjame conseguir algo de comida para ti.
Él mantuvo su brazo alrededor de mí, y no me soltó hasta que estuvimos dentro del lugar.
Tan pronto como Nicola fue al baño, Diana se inclinó hacia mí. — ¿Y? ¿Qué te dijo?
—Nada —me encogí de hombros.
Ella arqueó una ceja. —Estuviste en su habitación por dos horas. ¿Él no te dijo nada?
—Por lo general no lo hace cuando está molesto —dijo Israel.
—Tuvo que haber dicho algo —presionó Diana.
—Dijo que estaba un poco molesto por los rumores sobre mí, y que no le dijo a Mario la verdad cuando él entró. Eso es todo —dije, jugando con la sal y la pimienta.
Nicola negó con su cabeza, cerrando sus ojos.
— ¿Qué, bebé? —preguntó Diana, enderezándose.
—Nicola es —suspiró, rodando sus ojos—, Olvídalo.
Diana tenía una expresión testaruda. —Oh, diablos, no, tú no puedes… —Ella se interrumpió cuando Nicola se sentó y puso su brazo detrás de mí.
— ¡Maldita sea! ¿La comida no está aun?
Reímos y bromeamos hasta que el restaurant cerró, y luego entramos en el auto para regresar a casa. Mario cargó a Diana sobre su espalda para
subir las escaleras, pero Nicola se quedó atrás, tirando de mi brazo antes de seguirlos. Levanté la mirada hacia nuestros amigos, hasta que ellos desaparecieron tras la puerta, y entonces me ofreció una sonrisa triste. —Te debo una disculpa por lo de hoy, lo siento mucho.
—Ya te has disculpado. Está bien.
—No, me disculpé por Mario. No quiero que pienses que soy un psicópata que va por ahí atacando a las personas por la más mínima cosa —dijo—. Pero te debo una disculpa porque no te defendí por la razón correcta.
—Y eso sería… —incité.
—Me abalancé sobre él porque dijo que él quería ser el siguiente en la fila, no porque él bromeara contigo.
—Insinuar que hay una fila para acostarse conmigo es razón suficiente para defenderme, Nico.
—Ese es mi punto. Estaba enojado porque lo tomé como si él quisiera dormir contigo.
Después de procesar lo que Nicola quería decir, agarré los costados de su camisa y presioné mi frente contra su pecho.
— ¿Sabes qué? No me importa —dije, levantando la mirada hacia él—. No me importa lo que la gente está diciendo, o si pierdes el control, o porque golpeaste a ese en el rostro. La última cosa que quiero es tener una mala reputación, pero estoy cansada de explicar nuestra amistad a todos. Al diablo con ellos.
La mirada de Nicola se tornó suave, y las comisuras de sus labios se curvaron. — ¿Nuestra amistad? A veces me preguntó si me escuchas por completo.
— ¿Qué quieres decir?
—Entremos. Estoy cansado.
Asentí, y él me abrazó contra su costado hasta que nos encontramos dentro del apartamento. Diana y Israel ya estaban encerrados en su dormitorio, y me deslicé dentro y fuera del baño. Gaston estaba sentado con Spike afuera mientras me vestía con mi pijama, y después de media hora, ambos estábamos en la cama.
Recosté mi cabeza en mi brazo, dejando salir un largo suspiro, relajándome. —Sólo dos semanas menos. ¿Vas a hacer un drama cuando me mude de regreso?
—No lo sé —dijo. Pude ver su gesto atormentado, incluso en la oscuridad.
—Oye —toqué su brazo—. Estaba bromeando.
Lo observé durante un largo rato, respirando, parpadeando, y tratando de relajarse. Él se movió un poco y luego me miró. — ¿Confías en mí, Pajarita?
—Sí, ¿Por qué?
—Ven aquí —dijo, tirando de mí contra él. Me puse rígida por un segundo o dos antes de recostar mi cabeza en su pecho.
Lo que sea que estaba pasando con él, me necesitaba cerca, y no podría hacer objetado algo incluso si hubiera querido. Se sentía bien estar acostada a su lado. adaptación.

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