Lo mejor de ser sábado es que se podía despertar tarde, no había escuela ni tareas por las
que estar presionada, podía cuidar a sus hermanos menores y. Julián...
Los ojos de Yidda se abrieron mientras rodaba en su cama para ver el reloj verde con rojo
con forma de hoja de árbol colgado en la pared blanca con círculos de colores. Las 9:27 a.m., sus
ojos se agradaron al ver la hora y como de rayo salió de la cama, tenía que despertar a sus
hermanos, también preparar el desayuno de sus hermanos, bañar al pequeño Lucien, debía bañarse
ella y todo eso antes de que Julián llegara.
—¡Hermana! ¡El desayuno está listo! —gritó Beatriz desde el primer piso.
Yidda se congeló al escuchar eso, ¿Ya estaban despiertas?
Bajó corriendo las escaleras alisando su cabello con las manos y cuando llegó al comedor
encontró a todos sus hermanos, a excepción de Israel, sentados en la mesa tomando su desayuno.
Beatriz volteó hacia su hermana y le sonrió mientras colocaba el último plato en la mesa.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó extrañada. Yidda pensó que probablemente una familia de
extraterrestres había llegado a la tierra y los había sustituido por su familia porque
definitivamente no era esa.
—Como tú vas a salir no quise despertarte y cociné yo —le contestó Beatriz con una
sonrisa—. Vamos desayuna para que estás lista.
Yidda observó nuevamente a sus hermanos desayunando, sacudió la cabeza y justo cuando
iba a decir que no tenía hambre un panqueque de nuez se apareció frente a ella.
—Si no desayunas no habrá postre —dijo Alondra dándole una mordida a su panqueque.
Aun confundida la muchacha se sentó en su lugar y empezó a comer dándose cuenta de que
Beatriz era una muy buena cocinera. Desayunaron en silencio hasta que Alondra rompió el hielo
con un comentario que hizo a Yidda atragantarse.
—Ayer papá y mamá dijeron que Julián y tú se habían besado mucho —dijo la pequeña
emocionada.
Yidda sintió la mitad de su salchicha dentro de su garganta impidiéndole respirar. Su
rostro se puso rojo y no precisamente de vergüenza. Rossi se levantó de su asiento y le dio
suaves palmadas en la espalda a su hermana mayor para que pudiera tragar o escupir el pedazo
de salchicha, una vez que pudo sacarlo Beatriz le dio un vaso con agua que rápidamente aceptó.
—Alondra, cosas como esas no se dicen —dijo Rossi reprimiendo una sonrisa.
—Yo también quiero besar a Julián —dijo Alondra en un intento de hacer berrinche pero no le
funcionó.
—No, tú no puedes besar a Julián —le contestó Yidda poniéndose de pie—. Yo soy su
novia por eso puedo besarlo —Alondra curvó su labio inferior hacia afuera y cruzó los brazos sobre
su pecho—. Aunque... —a Yidda rápidamente se le vino una idea a la mente—, probablemente
Julián te puede besar “amistosamente”.
Ella era la hermana mayor y se supone que debía alejar a su pequeña hermana de 10 años
de ese tipo de pensamientos pero lo único que lograba era aumentarle los ánimos con ese tipo de
comentarios.
—Quiero besar a Julián amistosamente —dijo Alondra de nuevo emocionada.
—Pero será un beso pequeño —le advirtió Yidda.
—¡Sí! —gritó animada la pequeña mientras que ambos gemelos negaban observando las
travesuras de su hermana mayor.
***
—¿Quieres que bese a tu hermana de 10 años? —preguntó Julián incrédulo.
Yidda solo sonrió y asintió.
Julián había llegado un par de minutos antes de la hora acordada a casa de Yidda por lo que
cuando ella había bajado a recibirlo su cabello aun estaba húmedo y estaba humedeciendo la
blusa amarilla que la chica llevaba puesta.
—Es una niña —dijo Julián alejando su mirada de la blusa con escote de Yidda, a pesar de
no tener realmente mucho busto esa blusa sí que la hacía lucir tan ardiente y él definitivamente
no se la imaginó nunca de esa manera.
—No seas ridículo, no te dejaré besar a mi hermanita de esa extraña forma en la que me
besas —Yidda parecía tan normal después de cada beso pero Julián cada vez se sentía más
extraño—. Solo dale un beso en la mejilla y dile que es una manera tierna en que besas a las
chicas.
A ella si la besaba de manera tierna. Julián sacudió su cabeza y nuevamente conectó su
mirada con la de Yidda.
—Solo un beso de mentira, ¿verdad?
—Un pequeño beso de mentira.
Por alguna razón no se podía resistir a la petición de la chica de blusa color pollito.
—Bien —dijo dándose por vencido.
Yidda lo tomó de la mano y ambos entraron a su casa. Rossi y Beatriz se encontraban
limpiando la mesa mientras que Mario limpiaba con una toallita el rostro de Lucien y Alondra solo
estaba echada en el sillón viendo televisión.
Cuando Julián entró a la sala Alondra se levantó como resorte del sillón.
—Hola, niños —saludó Julián y todos clavaron sus ojos en las manos unidas de Yidda y él,
incluso él también hizo lo mismo pero aun así no separó sus manos.
—Alondra —dijo Yidda sonriendo—. Julián te dará un beso amistoso pero con la condición de
que subas tus calificaciones en la escuela.
Julián comprendió mientras Yiddale explicaba a su hermanita emocionada la condición.
—Debes prometerlo —dijo Julián colocando su mano sobre el hombro de Yidda—. Si no
prometes eso no podré besarte.
Le pequeña asintió energéticamente y con ese brillo en los ojos que Julián solía ver en todas
sus seguidoras.
—Lo prometo.
—Bien —Julián le guiñó un ojo a Yidda y se inclinó hasta la altura de Alondra—. Cierra los
ojos.
Ariana cerró los ojos y Julián sostuvo su pequeño rostro con una mano para después
depositarle un tierno beso en la mejilla, la pequeña pegó un gritito de emoción al sentir los labios
del modelo sobre su mejilla y cuando Julián se incorporó la pequeña abrió sus ojos y saltó para
abrazar al chico.
—Prometo que mejoraré mis calificaciones —le dijo aun rodeándolo con los brazos.
Julián volteó hacia el rostro sonriente de Yidda y nuevamente le guiñó el ojo.
***
Era la primera vez que Yidda iba en el asiento de enfrente del auto de Julián y era también
la primera vez que él era el conductor del auto, siempre ambos iban en la parte trasera y un
chofer de Julián se encargaba de llevarlos al colegio y de regreso, pero ahora que el chofer no iba
ellos se sentían más juntos lo cual sacó una sonrisa en el rostro de Yidda.
—Por cierto, muchas gracias por ayudarme con Aleli —la sonrisa dibujada en el rostro de
Yidda no se borraba.
—De nada, es lo menos que puedo hacer por ti —él quería voltear hacia ella pero debía ver
el camino para su mala suerte. ¿Por qué rayos había decidido darle el día libre al chofer? A sí
porque quería pasar más tiempo a solas con Yidda aunque ni siquiera entendiera el motivo de
ese sentimiento.
—Vamos no digas que es lo menos que puedes hacer por mí, me has ayudado mucho...
—No más de lo que tú lo estás haciendo —la interrumpió—. No sé qué es lo que quieres
que pueda recompensar todo lo que estás haciendo por mí, mi mentira.
Yidda se encogió de hombros y observó el camino.
—Cosas —dijo y el auto quedó en un profundo silencio cómodo.
Apenas habían bajado del auto y Yidda nuevamente ya quería regresar de solo ver el
enorme letrero lujoso de la tienda en donde Julián había estacionado, de hecho él la tuvo que
sostener de la mano para que ella no regresara al auto.
—Es solo una tienda —dijo Julián atrayendo a la chica más cerca de él.
—¿Bromeas? Seguramente el vestido más barato de esa tienda cuesta lo que pago por mi
matricula en el colegio y déjame decirte que es mucho lo que pago —Julián logró acercarla hacia
él y tuvo la oportunidad rodearla con un brazo.
Ambos se quedaron en silencio, de pie fuera de la tienda, la mirada de Yidda conectó con
la de él y después solamente porque él quiso la besó, fue un beso rápido como si estuvieran en el
colegio y quisieran demostrarles a todos que eran novios pero no dejaba de ser un beso, un beso
que no había tenido un motivo exacto para ser iniciado.
—Hay que entrar —dijo Julián sin soltarla.
Ambos entraron a la tienda tan juntos como les era posible poder caminar.
***
Yidda estaba dentro de probador con un hermoso vestido verde que se amoldaba
perfectamente a su cuerpo haciéndola lucir curvas que en su vida llegó a imaginar que tendría, el
vestido era largo y apenas con aquellas zapatillas de tacón alto le quedaría perfectamente, en el
busto era un entrecruce de telas del mismo color pero de forma un poco arrugada y subía en un
solo tirante por su hombro izquierdo en una hilera flores pequeñas.
Se observó en el espejo y sintió que el vestido aunque era hermoso no le quedaba a ella,
probablemente ella se vería bien con algo mucho más sencillo.
Respiró profundo antes de quitarle es seguro a la puerta del probador y salir lentamente.
Cuando salió, Julián estaba de espaldas a ella, sus brazos estaban cruzados sobre su pecho y
su postura era firme. Se sintió avergonzada de mostrarse ante él en ese vestido pero después de
todo en la fiesta cientos de personas la verían con cualquier vestido que escogiese.
Tímidamente se aclaró la garganta para llamar la atención de Julián, la cual logró captar
rápidamente.
Cuando el modelo volteó hacia ella por poco y se caía de espaldas. Se veía hermosa y
provocaba ganas de devorarla con aquel rostro tímido que mostraba, sus ojos esperando las
palabas que Julián no podía soltar y sus manos entrelazadas que debían estar de esa manera para
que no se notara lo nerviosa que estaba.
—Magnifico —dijo la mujer rubia de excesivo labial rojo que había aparecido de la nada.
Él apartó la mirada de Yidda y ella solo se estremeció al escuchar la voz de la mujer.
—Te queda perfecto, probablemente ese vestido fue hecho especialmente para ti. Tengo
unas zapatillas que quedarían perfectas con ese vestido.
La mujer salió corriendo dejándolos a ellos dos solos.
Caminó hasta el espejo de cuerpo completo que estaba frente a ella y nuevamente se
observó. Podría ser que el vestido realmente se le viera bien, tal vez se había sido diseñado para
ella pero...
—Te ves hermosa —logró pronunciar Julián.
Yidda no separó su mirada del espejo en donde podía ver perfectamente a Julián
acercándose por detrás de ella.
—Es... el vestido probablemente es mucho para mí, no creo que se vea tan bien...
—Créeme, te luce hermoso —se detuvo detrás de ella y colocó sus manos en los hombros
desnudos de ella.
Ambos observaron sus reflejos en el espejo y se veían bien, juntos, realmente bien, y ahora
con el vestido ella casi podría hacerse pasar como una de ellos.
—Gracias —suspiró cuando los pulgares de Julián empezaron a moverse de manera circular
sobre sus hombros pero trató de concentrarse en el vestido—. Creo que las flores del hombro no
lucen —luchó por lograr pronunciar.
—Si recogemos tu cabello —dijo deslizando sus manos de los hombros de Yidda pasando
por su cuello y hasta llegar a su cabeza para lograr tomar su cabello en una coleta con sus manos.
Ambos observaron el reflejo, era cierto de esa manera lucía mejor el adorno del hombro y
también dejaba ver el largo cuello de Yidda haciéndola lucir casi como una modelo—, así. Te
ves aun más hermosa.
—Aquí están las zapatillas de tacón —dijo la rubia casi gritando.
Le entregó la caja a Yidda y cuando abrió la caja Julián rápidamente protestó ya que estaba
detrás de ella nuevamente sosteniéndola de los hombros.
—No, no quiero que use esas cosas —dijo observando el tacón de más de 10 centímetros
de aquellas zapatillas negras de terciopelo o gamuza—. Estoy seguro que tienen algo más
cómodo para sus pies.
La mujer levantó una ceja observando a la pareja de jóvenes y asintió para marcharse en
busca de algo más cómodo para la chica.
—No tienes que hacer todo esto —dijo Yidda volteando hacia Julián—. Puedo usar esos si
quieres por una noche.
—Sí, sí tengo que y no es lo que yo quiera, es lo que a ti te guste. Después de mañana
enviaré ese vestido a la tintorería y te lo quedarás —ella ya había abierto su boca para protestar
pero él la silencio colocando un dedo sobre sus labios—. Y no quiero escuchar ninguna protesta.
—Estás haciendo mucho por mí —dijo Yidda.
Julián deslizó sus manos hasta la cintura de ella y la acercó a él.
—Solo trato de hacer lo que tú estás haciendo por mí.
—¿Así que se trata de eso?
—Ya ni siquiera sé de qué se trata...
Y la besó, nuevamente no tenía porque hacerlo pero simplemente había querido hacerlo. En
algún momento la mujer rubia los llamó pero ellos estaban en su mundo por lo que ni se
molestaron en escucharla. La mujer dejó la caja sobre una de las sillas rojas del lugar y los dejó
ahí rodeados de espejos y besándose.

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