sábado, 13 de septiembre de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 45

                






–                   ¿Enserio debes irte? Ernesto salió de viaje.

Yidda sonrió y se puso la camisa.

–                   debo, sus trabajadores aun me vigilan y hay que guardar la apariencias.
Julián la observó dar vueltas por la habitación recogiendo sus cosas.
–                   Dices que estabas donde Nikko, que en realidad no es una mentira. - dijo él recostando su cabeza del respaldo de la cama.
Ella lo miró sobre el hombro.
–                   Ya me tuviste el suficiente tiempo Julián, debo volver.
Él hizo un puchero y se levantó de la cama con un modo masculino y satisfecho.
–                   Jamas es suficiente de ti Yidda. - susurró al oído de la joven pasando una mano por su cintura.
Yidda sonrió socarrona.
–                   Lo sé, soy adictiva.
Julián la besó en el cuello riendo.
–                   Si, y muy humilde.
–                   Otro de mis múltiples encantos.
–                   Bien señora humildad de Zucchi, ¿puede usted acompañarme de vuelta a la cama que se está muy solito en ella sin usted?  

Julián se giró en sus brazos y lo besó arrebatadoramente.

–                   me encantaría, pero no puedo cariño. Debo volver.
–                   ¿Hasta cuando? - preguntó él bajando la cabeza para besar el comienzo de los senos de la joven.
–                   No lo sé. además me gustaría aprovechar esta oportunidad para buscar esas fotos. - respondió ella intentando no sucumbir a sus caricas.

Todo rastro de alegría se esfumo del rostro de Julián.
–                   ¿¿ya comenzaste a buscarlas??
ella sintió.
–                   Hablé con mi socio y ambos coincidimos en que debes pedirle el divorcio.

Yidda se alejó un paso y lo miró con terror.
–                   ¿¿Ya??
Él asintió lentamente con la cabeza.
–                   Si, ¿no quieres divorciarte?
Ella se llevó una mano a la sien como si le comenzara con dolor de cabeza.
–                   Por supuesto que quiero, pero.. tengo miedo de su reacción.
Julián caminó hasta ella y la envolvió en sus brazos.
–                   Lo sé cariño, pero tenemos que estudiar su reacción. Además sería como un detonante. Hará que busque las fotos, estate atenta a todos sus movimientos y puede que demos con ellas. 

Yidda lo abrazó por la cintura y hundió su rostro en su pecho, buscando ese lugar calientito en sus brazos que la hacia sentir segura.

–                   lo haré cuando vuelva.
–                   Todo saldrá bien – dijo él besando su pelo.
–                   ¿¿me lo prometes??
él le alzó el rostro y la miró a los ojos.
–                   Te lo prometo. - la besó en la frente y permaneció allí unos segundo rezando por poder cumplir su promesa.

...

–                   ¿De que rayos estás hablando? -
Ernesto se pasó una mano por el pelo y negó con la cabeza.
–                   No lo sé, pero te juro que la vi, estaba en mi casa, en mi cama.

Su abogado y amigo lo miró.

–                   Eso es imposible, yo mismo revisé el cadáver, Yamila está muerta.
–                   ¿y entonces que vi?
–                   NO lo sé, supongo que una ilusión provocada por el estrés, ¿que se yo?, debería dejar de preocuparte tanto. ¿estás seguro que no quieres que llame a un medico?

Ernesto lo fulminó con la mirada.

–                   Estoy seguro. ahora dejate de idioteces y hablame de nuestro asunto.
–                   Vale, te tengo malas noticias. Revisé el contrato y los papeles de propiedad que me diste.
–                   ¿y?
–                   y está todo en regla, pedí segundas opiniones y me confirmaron lo que yo ya sabia. No hay forma legal de quitarle esas tierras a su propietario. Osea...
–                   osea que solo me queda eliminarlo – finalizó Ernesto.
–                   Exacto, algo así como lo que hicimos con Yamila.
–                   ¿Que necesitas que haga?

El hombre miró a Ernesto y lo pensó.
–                   yo redactaré los papeles de propiedad, tu solo debes conseguir que el actual dueño los firme. Lo que cual será difícil pues significa cederte sus terrenos Y luego...
–                   lo desaparezco de la tierra, si, entendí.
–                   ¿como piensas conseguir que firme?
Ernesto sonrió para si.
–                   Tengo mis métodos.
–                   Vale – su compañero se dio por entendido – Luego recuerda que a diferencia de Yamila está vez no debe haber evidencia de nada. El hombre debe desaparecer, como si nunca hubiera existido o estamos jodido. ¿Lo comprendes?
Ernesto asintió con brusquedad.
–                   Bien, y Ernesto. ¿estás seguro de esto?

Ernesto miró a su compañero intensamente antes de asentir.
–                   tu solo prepara los documentos.

Y sin más salió.

...

No estaban.
Cansada Yidda se sentó en el enorme sillón frente al escritorio caoba en el despacho de Ernesto.
Lágrimas de frustración se arremolinaban en sus ojos y amenazaban con caer.
Necesitaba esos papeles. ¿¿Donde podrían estar??

estudió con la mirada su entorno y suspiró, nada.
Poniéndose de pie caminó hasta la biblioteca y observó los libros. Uno en particular le llamó la atención y lo tomó en sus manos.

“La dama del alba” de Alejandro Casona. La obra favorita de Yami.
Con sentido de nostalgia acarició la cubierta desgastada del libro.
Recordó como Yamila pasaba horas leyendo y memorizando casa párrafo y frase. Con cuidado abrió la cubierta y un pequeño papel cayó de el.

Rocío contuvo el aliento esperando encontrar lo que buscaba y al girar el pequeño papel en su mano sus ojos se llenaron de lágrimas.
No era una foto, era una ecografía.

Asombrada y nerviosa leyó la descripción y sus ojos lloraron por su hermana. Yamila había estado embarazada. Había llevado un niño en su vientre cuando murió. El dolor de la perdida de ambos la llenó. No solo su hermana sino la vida inocente del bebe que llevaba.

Sin esperarlo sus mente se llenó de imágenes de Yami  con una enorme panza, feliz y sonrosada. De Yaya con un pequeño bebe en brazos con los ojos verdes como ella y una sonrisa desdentada propia de un bebe.
Cuantas veces Yami no le había revelado que su mayor deseo era ser madre.
Yidda rechinó los dientes – y todo eso se le había sido arrebatado.

Antes de saberlo se imaginó ella misma embarazada, feliz, con Julián hablándole a su enorme barriga hinchada. Un bebe hermoso rubio como su padre con los hechizantes ojos verdes de ella y los hoyuelos de el. Sonrió sin darse cuenta y entonces lo notó. La sangre se le heló en las venas y la respiración se le cortó.

Corrió escalera arriba tomando un calendario contó los días 3 veces. No podía ser, a ella nunca le pasaba, ella siempre era muy puntual. Su periodo se había retrasado. ¿¿Eso que significaba??

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