sábado, 13 de septiembre de 2014

"La Vida Que Imagine" capítulo 1






Chicas primero que todo quería decirles que este es el primer mini fic que subiré al blog! Ya saben que las protagonistas son Diana, Yidda y Angie y al ser mini fic tendrá menos capítulos que una novela normal por lo que este mini fic se subirá cada dos semanas o algo así! Para que así dani tenga tiempo de escribir! También quiero decirles que pronto subiré mini fics de las parejas que siempre he subido, ósea Nicola y Angie, Israel y Diana y Julián y Yidda. Y por fin! EL PRIMER CAPÍTULO de esta hermosa historia! Las quiero! .-Isa 






Uno

Diana

Angie bajó las escaleras rápidamente y corrió a la cocina, como todas las mañanas. Se había levantado tarde, también como todas las mañanas.

Yiddá y yo desayunábamos en silencio frente a frente en la pequeña mesita de la cocina. Julián había salido temprano ya que tenía que ir a trabajar, en cambio, nosotras comenzábamos nuestros turnos hacia las diez de la mañana, por lo que nos tomábamos todo el tiempo del mundo para desayunar. Era de lo más lindo, porque nos quedábamos solas y teníamos tiempo para conversar, lo cual no sucedía cuando estaban Angie y Julián.

Miré a Angie servirse apresuradamente cereal con yogurt en un pequeño bowl.Al terminar hizo el intento de guardar la caja de cereales nuevamente en la repisa, pero la caja cayó y su contenido se regó por todo el suelo de la cocina.

Inmediatamente ella corrió por una escoba y comenzó a barrer torpemente.Yiddá la miró, soltó un suspiro y siguió en lo suyo. Angie buscó mi mirada y pude ver sus ojos llenarse de lágrimas. Esa mirada fue como si alguien me clavara un puñal. La amaba como si fuera mi hija, y sufría cada vez que ella lo hacía. Hice un movimiento de cabeza hacia Yiddá y volví a mirar a Angie. Ella asintió.

Y yo sentí que nuestra pequeña familia se derrumbaba.

Terminó de barrer –o por lo menos trató de hacerlo- y se sentó a comer connosotras. Yiddá ni siquiera levantó la mirada. Me entraron ganas de llorar.Angie buscó mi mano por debajo de la mesa y me la apretó con fuerza.

-Este… em…- la voz de Angie temblaba- Yi, Nicola y yo estábamos pensando que él podría trabajar por las tardes, y yo tal vez consiga algo que no requiera mucho esfuerzo y que pueda hacer. Necesitamos dinero para… ya tú sabes.

-Ajá.

-No tendrás que preocuparte. Ya estoy grande y me puedo hacer cargo de esto.

-No me preocupo- dijo, su rostro totalmente inexpresivo.

Angie se estremeció. Las palabras de Yiddá le dolían como disparos.

-¡Por favor! ¿Por qué me tratas así? ¡Eres mi hermana! ¡Se supone que me apoyarías!- Angie casi suplicaba el más mínimo gesto de comprensión por parte de Yiddá.

-Eso hago- ella seguía comiendo, impasible.

-No.

-Ya párala, ¿sí? Y apúrate que llegarás tarde al colegio.

-¿Acaso no te importo? ¿No te importa saber cómo me siento, qué me pasa?

-Oh, créeme que lo sé.

-¡No lo sabes! ¡No sabes el miedo que me da! ¡No tienes la más mínima idea de lo mucho que esto me asusta, de lo nerviosa que estoy!

-Al parecer no estuviste tan nerviosa cuando te escapaste con Nicola, ¿no?

Esto ya había llegado a extremos. Noté que Angie comenzó a ponerse incómoda. Instintivamente, llevó una mano a su vientre, como protegiéndolo.

-¡Basta!- en ese momento me paré y hablé por primera vez desde que Angiehabía llegado- ¿Podemos desayunar en paz, por favor? ¿A qué viene todo esto?

-Ay, Diana, no te hagas la que no sabe. Bien que tú fuiste la primera en enterarte, y todo este tiempo me estuvieron viendo la cara de tonta.

-¡Por favor, Yiddá! ¡Te lo iba a decir antes!Angie salió en mi defensa.

-¿Y?

-No lo sé.

Suspiró.

-¿Pasa algo?Angie se atrevió a preguntar.

-Conmigo, no. ¿Y tú, Angiecita?- preguntó con sarcasmo.

-No me odies, Yiddá.

-No te odio. Sólo me decepcionaste, Angie. Pero haz lo que quieras. Es tu vida. Tú ya ves si te la malogras por completo, o te haces cargo de tus responsabilidades y sales adelante. A mí me da igual. Ya intenté de todo y no puedo contigo.

Yiddá se levantó, cogió su desayuno y se fue a terminar de comerlo a su cuarto. Angie me miró con las lágrimas rebalsando sus ojos, se paró y salió corriendo.

Yo me quedé sentada ahí donde estaba, mirando fijamente la mesita. Podía escuchar el llanto de Angie. Pero, aunque a ella no la oía, estaba más que segura que Yiddá estaría llorando también. Pensé que Angie querría estar un rato sola. Necesitaba desahogarse. Me levanté y corrí en dirección al cuarto deYiddá.

Me apoyé en su puerta y pegué un oído. La televisión estaba demasiado alta.

-¿Yi? ¿Yi, estás bien? Por favor, quiero hablar contigo.

El sonido de la televisión desapareció. Pude escuchar como trataba de controlar su llanto.

-Déjame, ¿sí?

-No. Debemos hablar, YiddáAngie está destrozada. Lo único que quiere es que la apoyes. Me lo dijo.

Escuché como le quitaba el cerrojo a la puerta, y, acto seguido, la abrió.

-Pasa.

-Escucha, yo…- traté de ordenar mis ideas y hablar por Angie. Sabía que ella no esperaba menos de mí, y no quería defraudarla.

-Tú lo sabías- interrumpió Yiddá-. Lo sabías todo y no quisiste decirme. ¡Por favor, Diana! ¡Es mi hermana! A mí no que quiere, y a ti te cuenta todo. ¿No pudiste decírmelo? Han pasado tres meses. ¡Tres! Si no fuera porque es muy delgada ya me habría dado cuenta hace tiempo. ¡No come como antes! Y… ¡y tiene náuseas, y vomita, y…!

Yiddá no pudo seguir hablando. Se tapó el rostro con las manos, corrió hasta su cama y se echó, llorando.

Caminé lentamente y arrodillé al lado de la cama. Ella lloraba desconsoladamente.

-Tiene dieciséis, Diana… no sabes lo que me ha chocado verla hoy bajar corriendo con su uniforme de colegio y notar que no está tan delgada como antes… y ayer, cuando me lo dijo… te juro que me quería morir. Mis papás deben de estar muy decepcionados de mí. Tengo veintiséis años y no puedo controlar a mi hermanita. ¡Como pude dejar que una niña de dieciséis años se embarace! Soy la peor hermana del mundo. Tú lo haces mejor que yo. A ti te quiere más. ¡Siempre ha sido así! Incluso antes de que mis padres mueran. Para ella, desde que nació, tú lo has sido todo. Y desde que vives aquí… sólo habla contigo. A mí no me hace caso.

Me dolía mucho verla así. Me abalancé sobre ella y la abracé con fuerza.

-Ella te ama. Sólo que no sabe cómo acercarse.

Yiddá no paraba de llorar, y yo estaba a punto de hacer lo mismo.

-¿Por qué ella, Diana? ¿Por qué? ¿Qué hice mal?

-Nada, Yiddá. Tú no tienes nada que ver en esto. No fue tu culpa. Te lo puedo asegurar.

-Además de eso… tú más que nadie sabes por qué me duele tanto. Ella no puede hacerse cargo de un niño. No tiene la madurez suficiente. ¿Por qué ella… y yo no?

Sabía a dónde íbamos a llegar con todo esto. A Yiddá le costaba mucho hablar del tema. Le dolía demasiado.

-Me quiero morir, Diana. Esto es demasiado para mí. No puedo. Me hace mal.

Le di un beso en la frente, tratando de calmarla.

-Te quiero, hermana. Perdóname por no habértelo dicho. Es sólo que pensé… pensé que sería mejor que te lo contara ella. Que asuma su responsabilidad. No te lo quiso decir en todo este tiempo porque tenía miedo. Miedo a perder tu aprobación, a que no la quieras más. Yo le dije que todo estaría bien… peroAngie parece no escuchar. Ha llorado todos los días estos tres últimos meses. Muchas veces estuvo a punto de decírtelo, pero se asustaba y se desanimaba. Anoche prácticamente la tuve que forzar. Le dije que ya no podía ocultarlo más, que ya había pasado demasiado tiempo. Peleamos y me dijo que se arrepentía de habérmelo dicho, pero en la noche pude escuchar que salía de su cuarto y supuse que se dirigía al tuyo. Quise ir y preguntarle qué pasó, pero me quedé dormida.

Yiddá me miraba con los ojos rojos de tanto llorar.

-Yiddá, esa niña lo único que quiere es sentirse amada. Desde hace más de siete años que no tiene padres, y ese papel lo has ocupado tú. Ella te adora, pero no sabe cómo acercarse a ti. Ahora, lo único que espera es que no la dejemos sola. Hablé con Nicola, y está totalmente dispuesto a hacerse cargo. Está totalmente enamorado de Angie, se le nota en la mirada. Él me dijo que lo que más quiere es formar una familia con ella.

-Mi Angie no. Es una bebé. Quiero protegerla para siempre- susurró.

-Lo sé, Yi, lo sé. Pero esta es la vida que le ha tocado vivir, y no pienso dejarla sola. Si vieras el amor que le tiene a su hijo… varias veces la he encontrado en su cuarto, con una mano sobre el vientre y hablándole en susurros. Lo amade verdad. Nunca la había visto emocionarse tanto cuando habla de alguien. ¡Ni siquiera del mismo Nicola!

Yiddá se rió un poco. Me miró y me dio otro abrazo.

-Vamos a ayudarla. Vamos a salir juntas de esto, y tendremos al sobrino o sobrina más bello de todo el mundo. Siempre hemos sido un equipo, y en esta oportunidad no va a ser diferente, ¿entendido?

Ella asintió.

-¿Juntas?- pregunté.

-Siempre- me confirmó con una sonrisa.

Como siempre, Angie había dejado la puerta sin cerrojo, esperando que yo entre. Inhalé y exhalé tres veces antes de entrar, preparándome para lo que venía.

-¿Se puede?- corrí un poco la puerta y me asomé dentro.

-Solo si estás sola- Angie tenía la cara enterrada en la almohada.

-Tu hermana está en su cuarto. Y creo que no habría problema si viniera conmigo, ¿no?

-No quiero verla.

-Ya, estoy sola.

-Pasa y cierra la puerta.

Entré cerrando la puerta detrás de mí. Ella no movió ni un solo centímetro de su cuerpo. Caminé hasta su cama y traté de levantarla. Fue inútil. Era más alta que yo, y por lo tanto pesaba más.

-¿Puedes cooperar?

-No- volvió a poner su rostro contra la almohada.

-Vamos, Angie

-No quiero ya nada- susurró -.Mi vida se ha acabado. Se ha acabado por completo.

-No digas eso. Tú sabes bien que no es así. Metiste la pata, sí, pero acá estoy yo para que puedas salir de esta.

-Tú.

-Y tu hermana. Y Julián, y Nicola. No estás sola, Angie.

-Claro que no. Estoy con mi hijo todo el tiempo, y eso es agobiante.

-Ya.

-Tengo dieciséis, Diana. Tengo dieciséis y también tengo un hijo. ¿Qué se supone que haré? ¿Qué hará Nicola? Ya jugué lo suficiente a la familia feliz. Se me acaba el tiempo. Ya han pasado tres meses. Medio año más y seré madre. ¡Madre! Que adulto suena esto. Me estoy saltando etapas, y es toda mi culpa. 

-Ya veremos qué haremos. Por ahora sólo preocúpate en cuidar tu salud. Es lo mejor que puedes hacer.

-¡Tú tampoco me entiendes!- se exaltó.

-¡Sí te entiendo!

-¡Claro que no! ¡Tú no tienes hijos! ¡No sabes el miedo que da no saber qué vas a hacer con ellos, qué les darás de comer, en qué colegio los pondrás, cómo los criarás!

Angie tiró su almohada con furia hacia el otro extremo de su habitación. Seguido a eso, se cubrió el rostro con las manos y volvió a romper en llanto.

-Tienes razón. No tengo hijos. Biológicos. Pero te tengo a ti, Angie, y no me vas a negar que yo te crié. Que yo estuve ahí cuando tu madre murió, cuando entraste a la secundaria, llena de miedos, cuando tuviste tu primer amor,cuando te peleaste con tu mejor amiga, cuando te iba mal en el colegio. No me vas a negar que estuve ahí siempre que querías llorar, siempre que querías hablar, siempre que querías reír. Que fui la única que sacó cara por ti, cuando mi tu misma hermana no aceptaba que estabas creciendo y no te daba libertad. Así que, tú, Angie Arizaga, no me vas a negar que te traté como a una hija.

Ella me miró con sus dulces ojos castaños. La abracé, y me susurró al oído las mismas preguntas que me hizo tres meses atrás, cuando me contó sobre su embarazo.

-¿No me vas a dejar, verdad? ¿Vas a estar a mi lado pese a todo? ¿Aunque niYiddá, ni Julián, ni Nicola me quieran más?

Y yo estaba decidida a mantener mi respuesta. La misma que le di cuando, siendo tan sólo una niña de nueve años, me preguntó si yo no me iría como lo habían hecho sus papás.

-Nunca, princesita. Siempre estaré a tu lado. Ya no llores, que se te cae la corona.

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