sábado, 30 de agosto de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 44

                 






El frío le calaba hasta los huesos y la decoración se le antojó más lúgubre que nunca, las tablas de madera crujieron bajo sus pasos y el sonido le puso la carne de gallina. Sabía que hacia lo correcto, sabía que pronto todo sería como debía ser, solo debía ser fuerte y aguantar un poco más, lo venía haciendo desde hace años, solo un poco más.

–                   Yidda.
Se puso tensas y se giró lentamente para verlo parado al pie de la escalera.
–                   ¿Dime?

Ernesto la estudió un segundo como si no supiera determinar si era real o no.
–       ¿cuándo llegaste?
–       Hace solo un momento.
Ernesto asintió con la cabeza y siguió su camino hacia su estudio.

Algo no estaba bien, ella podía sentirlo. Había estado preparada para todo, gritos, peleas, incluso golpes, pero él no había reaccionado, él ni siquiera la había visto realmente. ¿Qué pasaba?
Yidda dudaba que todo hubiera terminado, muy al contrario sabía que no era más que el principio.

Lo extrañaba, hacia menos de 3 horas que lo había visto y ya lo extrañaba – ese pensamiento la asustó, ella jamás había dependido así de una persona, ni siquiera Yamila, y el miedo de sentir el mismo dolor que sintió al perder a Yami hizo que sudara frío.
No iba a perder a Nicola – se dijo así misma. Ella no iba a permitir que nada los alejara.
Toda su vida había buscado eso, alguien a quién amar, alguien por quién lucha. Lo había encontrado.

Un poco más tranquila caminó despacio hasta su cuarto y se detuvo frente a la puerta. Algo no estaba bien. ¿Algo había cambiado? ¿Qué?
Miró en todas direcciones, los largos pasillos que había recorrido tantas veces buscando ese algo ¿Qué? 

–            Saqué las fotos de Yamila, espero que no te moleste.
Yidda por fin las vio.

En las paredes estaban todas las fotos de Yami que Ernesto había quitado tras su muerte y que Yidda había dado por perdidas.  Yidda frunció aún más el ceño al recordar cada ocasión en que quiso colgar fotos de su hermana y Ernesto se lo prohibió. ¿Que había cambiado?
Sorprendida lo miró insegura.
–                   No, no me molesta para nada pero... ¿Por qué las volviste a colocar?
–                   Fue mi mujer, creo que hay que recordarla como se merece.

Yidda rechinó los dientes e ignoró la rabia sorda que iba apoderándose de ella. 
–                   Nunca quisiste ponerla, ¿por qué ahora?

Ernesto caminó de largo y se detuvo frente  a una de las enormes fotografías donde mostraba a una sonriente Yamila con su largo vestido de novia, sonriendo a la cámara rodeada de pétalos de rosas, con los ojos enamorados.

–                   Necesitaba tiempo para conllevar el duelo de perderla. - respondió lacónico.
¡Bastardo!
–                   No tardaste mucho tiempo en casarte conmigo – le reprochó Yidda con ácido en la voz.
–                   Así es, porque es lo que ella hubiera querido.

Yidda dio un paso hacia él indignada.
–                   ¿Cómo puedes saberlo? ¡Realmente no la conocías!
–                   Fue mi esposa.
–                   ¡Y un cuerno! - gritó furiosa.
–                   Yidda- Ernesto la miró sereno – baja la voz. 
–                   ¿porque?  no es como si alguien pudiera escucharnos discutir.

Ernesto se pasó una mano por el pelo y la tomo fuertemente del brazo acercando su rostro al de ella.
–                   si yo digo que te calles, te callas.

Ella lo miró sin pestañear.
–                   jamás callare cuando la deshonres, y mentir diciendo que ella querría esto es faltarle el respeto a su memoria.
–                   Ella quería que yo fuera feliz. - gritó Ernesto haciendo que Yidda se sobresaltara.
–                   Si – Ella lo encaró – quería que fueras feliz junto a ella.

Ernesto hizo una mueca, que Yidda no entendió, y la soltó. Sin decir una palabra la dejó sola en medio del pasillo.

...

–                   ¿Qué parte de, fue ella y no yo, tú no entiendes? -
Nikko rió.
–                   Para que haya un beso se necesitan dos personas.
–                   Ella me besó.
–                   y tú le seguiste el beso...
–                   NO – Julián suspiró – la aparte.
–                   ¿entonces qué es lo que te preocupa?
–                   Su simple presencia me preocupa. 
–                   Porque...
–                   porque ya suficientes problemas tengo con Yidda.
–                   ¿crees que se pondrá celosa?

Julián hizo una mueca.
–                   creo que es probable que se sienta insegura.
Nikko bebió de su vaso.
–                   Y no la culpo. Si un ex novio sexy viniera a buscarla y la estuviera esperando en boxers en su cama creo que...
–                   ok, para con esa idea – Julian se puso de pie – suficiente tengo con imaginarla con Ernesto para agregarle un ex novio sexy.
Peter rió.
–                   Era solo un ejemplo, el tema es que es normal que se sienta insegura. Solo debes demostrarle cuanto la amas y hacerle ver que jamás la engañarías, aunque tampoco es como si fueran algo para...
–                   somos ¿ok?, no sé qué somos, pero somos.
–                   Bien. Entonces demuéstrale que la amas.  - dijo Nikko.
–                   Demuéstrale que la amas – lo imitó Julián.  - como si fuera tan fácil, volvió con Ernesto, ¿dime como se lo demuestro si está lejos?
–                   No sé si lo sabes pero hay un pequeño aparatito llamado teléfono que sirve para comunicarse con la gente cuando están separados por largas distancias,  es más eficaz que las señales de humo.
–                   JA-JA-JA – Julián fulminó a Nikko con la mirada – no puedo hacer eso, corremos el riesgo de que Ernesto nos descubra.
Nikko se echó atrás en el sillón reclinable.
–                   Bien, entonces deja que se ahogue en inseguridades.

Julián suspiró y dejó caer los hombros.
–                   Yo jamás la engañaría.
Nikko se puso de pie.
–                   Lo sé. Y creo que ella también lo sabe, ¿porque estás tan seguro de que está celosa?
–                   No lo estoy, solo lo creo.
–                   ¿por qué?
–                   Porque se fue sin despedirse y no me esperó en el bar con Angie. Todo después de la entrada estelar de Manuela.
–                   Así que crees que está molesta.
Juli se sentó y apoyó sus brazos de sus muslos.
–                   Sí, no, no lo sé. Sino está molesta ¿porque se fue sin despedirse?
Nikko se encogió de hombros.
–                   Y me lo preguntas a mí, el día que entienda a las mujeres se hiela el infierno.
Nikko rió a medias y suspiró.
–                   Hombre suspiros como ese son dolorosos – se burló Nikko - ¿qué dijo Angie, que vendría siendo la voz de la razón, de todo esto?      
–                   Ella dice que no me preocupe.
–                   Entonces ya está, no te hagas lío. Se feliz y tomate un trago. 
Juli sonrió.
–                   que buenos consejos los tuyos.
Nikko alzó su copa y rió.
–                   ¿Para qué están los amigos sino es para instarte a tomar hasta que no recuerdes ni tu nombre?
–                   Salud.


...
–                   no puedo creer que lo hicieras.
–                   ¿el qué?
–                   ¿como el que? ¡Emborracharte!
–                   No te la agarres con él, Julián solo necesitaba descargar.
Yidda fulminó a Nikko con la mirada.
–                   ¿Descargar? ¡NO puedo creer que lo consintieras!.
–                   Lo necesitaba – se defendió el morocho.
–                   ¿Lo necesitaba? - gritó Yidda y Julián dio un respingón. - ¡Perdón! -se disculpó pasando las manos por su rostro.
–                   Estaba preocupado por ti Yiddi – habló Juli con la voz ronca y débil - 
Ella lo miró.
–                   ¿preocupado por qué?
–                   Porque te fuiste sin despedirte y no sabía cuándo volvería a verte y encima está Manuela, que realmente no sé qué es lo que quieres pero que no se va, y necesitaba decirte que te amo que no debes preocuparte por nada porque la única mujer que amo y he amado nunca eres tú.

Yidda luchó con todas su fuerzas por seguir molesta pero se perdió la batalla miserablemente y todo su enojo se esfumo como el aire de un globo. 

–                   Juli – lo besó en la frente – mi bello y tonto Juli. Yo confío en ti, sé que jamás me engañarías, no estoy preocupada por Manuela, si me molesta que este aquí, pero sé que no es culpa tuya y sé que no la amas a ella porque me amas a mí.

Julián sonrió e hizo una mueca cuando el gesto le causó dolor.
–                   ¿entonces porque te fuiste?
Ella acarició su cabello.
–                   Porque sabía que necesitabas tiempo para hablar con Manuela y luego en el bar uno de los trabajadores me dijo que Ernesto estaba en las tierras del sur y quería llegar antes que él a la casa.

Julián se incorporó y se agarró la cabeza cuando todo le dio vueltas.
–                   ¿cómo te fue con eso?
Yidda lo ayudo a recostarse de nuevo.
–                   Supongo que bien, no hubo ningún accidente. 
Él la miró entornando los ojos.
–                   ¿y eso que significa?
–                   Significa que de momento no hay nada de qué preocuparse.
–                   ¿estás segura?
Ella negó con la cabeza.
–                   No, con Ernesto nunca se sabe.
Julián gimió.
–                   No me gusta.
Ella lo besó en la frente
–                   lo sé, a mí tampoco. Pero lo bueno es que se fue hoy a una reunión a la ciudad y eso me da tiempo de mimarte. Aunque no te lo merezcas.

Julián cerró los ojos y se dejó mimar.

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