Yidda se había quedado dormida desde que había llegado de casa de Julián. Se sentía
agotada, toda la tarde habían estado bailando y luego escuchando toda la música que
seguramente se tocaría en la fiesta de sus padres. Por eso estaba agotada, de sus piernas y de sus
oídos, es más hasta se había aprendido todas las canciones de los 4 discos.
—Yidda —dijo Beatriz entrando a su habitación.
Ambas hermanas compartían habitación, dormían en una litera y cuando Yidda llegaba
cansada siempre se tumbaba en la cama de abajo la cual era de Beatriz.
Yidda gimió en cuanto escuchó la voz de su hermana. No quería escuchar nada más en ese
día y ¿Por qué no? En toda la noche.
—Estoy muerta —habló Yidda girándose en la cama para quedar boca arriba. Beatriz se
sentó en el espacio que había al final de la cama.
—Si estuvieras muerta no hablaras y muerta o medio viva tienes que comer aunque te
ponga un tubo en la boca —dijo la hermana y de pronto se sintió como la hermana mayor.
—Ya cené en casa de Julián —era cierto y también su estomago estaba cansado así como
probablemente todas las partes de su cuerpo que ni siquiera conocía. Por suerte no había corrido
ese día en la clase de Educación física y agradecía a Julián su amabilidad de hacerle el permiso
para faltar.
En realidad el baile de salón no era para nada cansado pero si se convertía un poco cansado
al bailarlo durante casi dos horas y media sin parar.
—Hay panqueques de nuez como postre.
De pronto las energías habían vuelto al cuerpo de Yidda.
—Mira, ya estoy viva de nuevo —dijo la muchacha a su hermana menor que ya se estaba
riendo y levantando de la cama junto a su hermana mayor—. Vamos que Israel se los acabará.
Cuando bajaron Marisol le dijo a Yidda que su cena estaba servida pero realmente la
chica estaba tan llena que su mamá lo notó por lo que no la obligó a cenar y la dejó pasar directo
al postre lo cual agradeció enormemente Yidda ya que era su favorito y también el de Israel,
siempre se peleaban por el último panqueque que quedara.
Mientras ella comía su segundo panqueque pensó en Julian y en el comentario que el
muchacho había hecho de que nunca comía algo que no estuviera dentro de su dieta. Después de
todo era un modelo y tenía que cuidar su peso.
—Mamá —dijo Yidda levantando su voz para que su madre la pudiera escuchar desde la
sala hasta el comedor en donde todos se encontraban cenando—. ¿Puedo llevarle uno de estos a
Julián?
Marisol ladeó su cabeza para poder ver a su hija y le asintió sonriendo. Eso era lo que
regularmente hacia ella cuando estaba en la preparatoria y estaba enamorada, le llevaba a su
novio algún postre o dulce, escuchar eso le hizo pensar que realmente su hija estaba enamorada.
—Desde luego que sí, hija —le contestó sonriendo y Yidda le devolvió la sonrisa.
°°°
—Me voy, ya llegaron por mí —dijo Yidda despidiéndose de sus padres que estaban en la
cocina preparando los lonches de cada uno de sus hijos.
—Espera un minuto más —habló su papá. Ella rodó los ojos y dejó al pequeño Lucien en el
suelo rodeado de sus juguetes para correr a la cocina.
—Julián está esperando, ya tocó la bocina del auto —dijo entrando a la cocina.
—Ni creas que te irás sin tu lonche al colegio...
—Está bien le diré que espere un poco...
—¿Por qué no lo invitas a entrar?
Yidda se congeló durante unos segundos. Sí Julián entraba a su casa, Alondra iba a querer que
se besaran, Lucien le arrojaría alguno de sus juguetes e Israel lo fulminaría con la mirada. Eso era
demasiado para empezar el día.
—No creo que sea buena idea —dijo Yidda de pie en la puerta de la cocina.
—Aaa, pues lo has dicho demasiado tarde —habló Beatriz detrás de ella.
Yidda volteó y detrás de su hermana se encontraba Julián, lucía cansado.
—Buen día señor y señora Eslava —dijo Juli amablemente—. Buenos días, Yidda.
Ella solo logró asentir. Beatriz se escurrió hacia un lado para no interponerse entre ese par
de miradas apenadas.
—Vamos, sé que quieres besar a mi hija así que hazlo antes de que se les haga tarde —
habló el padre de Yidda y los ojos de ella se abrieron al límite volteando hacia su padre.
—¡Papá! —dijo ella avergonzada.
—No tiene porqué darles vergüenza algo como eso, tu madre y yo también fuimos
jóvenes...
—No, por favor, no quiero escuchar eso y tampoco Julián.
Julián sonrió mientras observaba a esa familia “ser” una familia.
—Perdona que mis padres hayan hecho todo eso y también el accidente de Lucien —dijo
Rocio disculpándose—. Hace mucho que no hace eso.
—No te preocupes —dijo Julián abotonándose la camiseta que el padre de Yidda le había
prestado después de que Lucien le vomitara encima, sin duda llegarían tarde al colegio.
Julián había insistido en llevarla al colegio y después él regresaría a su casa por un cambio
de ropa pero obviamente ella no aceptó y al fin habían terminado los dos de regreso a casa de él.
Cuando llegaron a su casa Julián subió rápidamente a cambiarse su uniforme pero antes de
dio una lavada rápida en su pecho en donde había caído el vomito de Adriano, en realidad había
sido culpa de Julián también ya que había estado agitando al pequeño en el aire a poco tiempo de
acabar de desayunar. Cuando el olor a vomito desapareció se roció un poco de perfume y bajó
corriendo hasta llegar al auto en donde Yidda lo esperaba.
—Llegaremos tarde —le informó entrando al auto.
Ella volteó y se encogió de hombros como si no le importara.
—Nos dejarán entrar —dijo segura.
°°°
Habían llegado al colegio casi una hora tarde pero aun así los profesores los habían dejado
entrar a sus clases sin preguntarles el por qué de su retraso. Como era de esperarse a la hora del
receso se esparció por todo el colegio que ambos habían llegado tarde y empezaron a salir
rumores rápidamente de que se habían escapado a algún hotel a hacer cosas sucias.
Eso era estúpido, Yidda ni siquiera había dado su primer beso hasta hace unos días y ahora
ya la estaban tachando de zorra con rumores, aun era virgen. Y por mucho que costara creerlo Julián también lo era.
Sin embargo ninguno de los dos negó nada, no tenían porque responder a rumores tontos
cuando ellos sabían la verdad.
No fueron a la cafetería para comer. Ambos caminaron hasta llegar al mismo lugar rodeado
de árboles y los bebederos en donde Juli le había pedido a Yidda que “mintieran”. Ese era el
lugar probablemente más solo del colegio ya que siempre pegaban leves ventiscas debido a los
árboles que rodeaban el lugar, sin embargo para el cálido clima que hacia ese día ellos lo habían
encontrado perfecto.
—Tengo comida para probablemente todo el salón así que toma lo que quieras —dijo
Yiddaacercándole el pequeño recipiente verde en donde tenía su comida.
Ella tomó un cuadro de sándwich y lo llevó a su boca, Julián la siguió y tomó otro cuadro, lo
saboreó y recordó cuando había sido la última vez que había comido algo como eso. Era un
simple sándwich pero era delicioso, la gruesa rebanada de jamón, el queso, aderezo, lechuga y
tomate hacían una combinación de sabores que era delicioso. Después de devorarse ese trozo
tomó otro y otro hasta quedar satisfecho.
—Eres un monstro —dijo Julián recargando su cabeza en el tronco del árbol en donde
estaban sentados—. Me has hecho comer algo que no tenía planeado hoy.
—Sé que para un modelo es importante cuidar su peso y todo eso pero creo que comer algo
fuera del menú de dietas por una vez no te hará mal —dijo Yidda limpiando sus manos con una
servilleta de papel.
—Tendré que hacer ejercicio, pero será mañana —cerró sus ojos y bostezó—. Estoy
cansado hoy.
Yidda vio la hora en el reloj en la muñeca de Julian y sonrió como si una buena idea se le
hubiera ocurrido.
—También tengo postre de la cena de ayer, mi mamá lo hizo y es mi favorito —dijo
sacando uno de los panqueques de nuez.
—¿Me quieres hacer engordar? —dijo sonriendo y tomando el pan.
—Me gustan los hombres llenitos —dijo riendo y él rió con ella antes de morder el
panqueque.
Sabía delicioso y lo terminó en tres mordidas.
—Estoy pensando en mudarme con tu familia.
—No. No podría soportar a otra persona más en esa casa —dijo riendo—. Y seguro tu no
podrías soportar más vomito de Lucien.
Él hizo una expresión como plateándose una vida llena de vomito y negó.
—Tampoco creo que pueda descansar en una casa con tantos niños —bostezó y le sonrió.
—¿Quieres dormir? —le preguntó apartando el recipiente verde de sus piernas dejándolo a
un lado de ella.
Julián agrandó sus ojos al ver que ella palmeaba su regazo. Negó mientras veía sus piernas y
después dirigió su mirada a ella.
—No, solo estoy un poco cansado —se aclaró la garganta—, no necesito dormir. Además
tú también te ves un poco cansada.
—Mis hermanas se quedaron en mi cama y tuve que dormir en el sillón y no es un lugar
muy cómodo para... —eso no se trataba sobre ella—. Eso no importa.
—Gracias, pero en serio no necesito dormir.
—Mi hermana me dijo que anoche tuviste una sesión de fotos para una revista juvenil y
dado a las marcas negras debajo de tus ojos algo me dice que no has tenido la oportunidad de
dormir.
Julián no pudo negar nada, era verdad había tenido una intensa sesión de fotos y tampoco
había podido dormir pero... Yidda estaba siendo demasiado inocente.
Aunque realmente se estaba muriendo de sueño y en la tarde tenía que enseñarle a ella
como comer frente a los padres de él por lo que tampoco tendría oportunidad de dormir. Además
si dormía solo serían unos minutos...
—Está bien —dijo soltando un suspiro.
Yidda acomodó su falda para que no se arrugara y después guió la cabeza de Julián para que
se sintiera cómodo. A ella no le importaba, todo el tiempo sus hermanos y hermanas se dormían
sobre su regazo así que ya no se le entumían las piernas tan rápido como antes, además solo
serian unos minutos.
Julián cerró sus ojos y casi al instante quedó dormido.
Faltaban 20 minutos para que empezaran las clases así que Julián podía dormir lo suficiente
para resistir el restante de las clases.
Yidda parpadeó y luego bostezó, así en silencio y con un chico dormido en sus piernas el
lugar era muy tranquilo y relajante, un lugar perfecto para una siesta...
Negó ante el pensamiento de dormirse y recargó su cabeza en el tronco del árbol, mientras
parpadeaba para no quedarse dormida, una de sus manos reposó en el pecho de Julián y su otra
mano apartó el cabello de su frente sonrió al verlo vencido por el sueño y luego ella también se dejó vencer.

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