miércoles, 6 de agosto de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 40











Yidda despertó con la luz de la madrugada en su rostro. Se movió para cubrirse con la sabana que había caído hasta su cintura pero se detuvo al verlo. Julián estaba sentado en el suelo frente a ella, mirándola.
Se puso lentamente de pie y caminó hasta la cama para sentarse a su lado. Tomó las muñecas de ella que sostenían la manta y las soltó.
-      No te cubras, no sabes lo hermosa que te ves en este momento con la luz de la mañana bañando tu sedosa piel – pasó una mano por el cuello de la joven – por tus hermosos pechos – tomó uno de los montículos en su palma – por tu cuerpo glorioso – la miró a los ojos – Te amo.

Yidda se incorporó en la cama para tomarlo por la nuca y darle un beso arrebatador que les tomó varios minutos y los dejó sin aire.
-      Qué lindo es despertar así, buenos días – dijo ella contra sus labios y se apartó riendo – o buenas tardes, ando medio perdida.

Julián rió y se acostó a su lado.
-      Es de madrugada, puedes seguir durmiendo – dijo mientras jugueteaba con el cabello de la joven y la abrazaba por la cintura.   
-      ¿y tú qué haces despierto? – preguntó ella suspirando.
Él sonrió contra su pelo.
-      No sabes lo hermosa que te ves durmiendo, tan tranquila, tan delicada y en paz, podría pasar horas mirándote.
Ella se sonrosó un poco y se arrimó un poco más hacia él.
-      Como me gustaría que esto durara para siempre. – dijo para sí.

Julián se puso algo tenso y ella se giró para verlo.
-      ¿¿ocurre algo??
Él jugueteó con un mechón de su cabello.
-      ¿¿Ya quieres regresar al mundo real??
Ella bufó.
-      ¿¿Qué no me escuchaste?? No quiero que esto termine nunca. ¿¿Pero por que lo preguntas??
Él no la miró.
-      ¿¿Julián que ocurre?? – preguntó más nerviosa.

Juli la besó en la frente y la apretó más en sus brazos.
-      Nada, solo. Ernesto te está buscando.

Yidda se tensó.
-      ¿¿Cómo lo sabes??
Él se encogió de hombros.
-      Solo lo sé.

Ella se soltó de su abrazo y se puso de pie.

-      Sabía que esto no duraría para siempre. – dijo envolviéndose en un alborno.
-      Yidda – Julián la abrazó por la cintura – no te alejes de mi, ya veremos lo que debemos haces, ya tomaremos las decisiones que tengamos que tomar, nos enfrentaremos a todo juntos.
Yidda se recostó en su pecho fuerte.
-      Si, juntos. Perdón – se giró y envolvió sus brazos a través de su cuello – estoy tan acostumbrada a pelear sola.
-      Ya no más – dijo él besándola castamente – ahora estamos juntos.
-      Me gusta cómo suena eso – ronroneó ella. – y te aviso que no pienso dejarte ir en mucho tiempo.
Él sonrió contra su boca
-      Me alegra porque yo no tengo intención de marcharme, nunca.


-      Juli – dijo ella tras una sesión de besos matutinos. –
Él la miró.
-      Gracias.
Julián frunció un poco el ceño.
-      ¿¿Por qué??
Ella mordisqueó su labio.
-      Por todo, por lo de anoche – se sonrojó un poco – por hacerme sentir especial y hermosa.
-      Eres especial y hermosa.
Yidda sonrió.
-      Por darme la experiencia más maravillosa de mi vida.
-      Gracias a ti por dejarme amarte Yidda. –dijo él y luego la tomó en brazos – ahora vamos a bañarnos.
Ella envolvió los brazos por sus hombros.
-      ¿¿Juntos?? – preguntó mirándolo sorprendida.
Julián sonrió travieso.
-      ¿¿Confías en mí??
Yidda no titubeó.
-      Si.      
-      Entonces déjame mostrarte todo lo que se puede hacer en una tina que me moría por estrenar.




-      Ya te lo dije Ernesto, no lo sé – dijo Angie.
-      ¿¿No sabes dónde está tu mejor amiga?? ¿¿Qué clase de amiga eres?? – preguntó él con sorna destapando su botella de cerveza.
-      Yidda se fue sin decirle a nadie yo… tu eres quien debería decirme que pasó. 
-       ¿Yo? – preguntó él inocentemente –tu mejor amiga me abandona y te atreves a desconfiar de mí.
-      No desconfió de ti Ernesto solo que… Ella no es así, no hace este tipo de cosas…
-      ¿¿Perdón?? – Ernesto la interrumpió – es de Yidda de quien hablamos, ella es capaz de todo.
Angie lo fulminó con la mirada.  
-      Como sea no tengo idea de donde está.
¿¿Y ese noviecito tuyo Julián?? ¿¿Él no sabe dónde está??
Angie inhaló y exhaló lentamente para serenarse.
-      Digo – siguió diciendo Ernesto – a él tampoco se le ha visto en el pueblo. Curioso ¿¿eh??
-      Yo si lo he visto, Julián está muy ocupado en las remodelaciones de su rancho.

Ernesto rechinó los dientes.
-      Sigue perdiendo tiempo en esa tontería.
-      Son sus tierras Ernesto, puede hacer lo que le plazca con ellas.
-      No por mucho – susurró pero ella no pudo oírlo – como sea si aparece mi esposa quiero que me lo hagas saber inmediatamente.


Ernesto salió por la puerta en el mismo momento en que Nikko entraba.

-      ¿¿Malas noticias?? – le preguntó a Angie.
Esta suspiró y recogió un vaso del mostrador.
-      La está buscando.
-      ¿¿Qué le dijiste?? – preguntó Nikko sentándose en una butaca frente a ella.
-      Que no sabía dónde estaba, lo que no es una mentira porque realmente no lo sé.  
-      Y así es mejor Ange.
-      ¿¿Por lo menos está bien?? – preguntó ella preocupada.
-      Si lo está, no te preocupes – Nikko miró por donde Ernesto se había ido – solo esperemos que siga estando bien cuando regrese.
Angie se mordió el labio.
-      ¿¿Va a regresar??
Nikko se encogió de hombros.
-      No lo sé.
Ella dejó caer los hombros.
-      A este punto espero que no regrese. Por su propio bien.
-      ¿¿Tan mal está?? –preguntó Nikko mirando preocupado a Angie.
-      No lo sé, pero con Ernesto nunca se sabe.
-      No – corroboró Nikko– con Ernesto nunca se sabe.




Yidda se incorporó y miró a su alrededor. La luz de la tarde entraba por la ventana.
Yidda sonrió al recordar cómo había pasado su día. Entre risas, platicas, comida y cuerpos entrelazados todo había sido por mucho más que perfecto.

Colocándose de pie lo busco con la mirada y no lo vio. Tomó una de sus camisas y se vistió con ella envolviéndose en su aroma varonil, a Julián.
Frunció el ceño al no verlo en el baño y se detuvo en seco cuando una música lenta y melodiosa llegó hasta ella.
Era un piano.
¿¿Un piano??

Las notas acompasaban danzaban al ritmo del tiempo y el sol que entraba por la ventana.
Lentamente salió para verlo sentado frente a un piano de cola negro que ella no había notado, lo cual no era raro pues había tenido ojos solo para Julián.

La música llegó hasta ella como una medicina rítmica y en paz. Antes de saber lo que hacía, Yidda se vio bailando alrededor de la sala siguiendo el compás de las notas del piano.

Julian esbozó una sonrisa aún más ancha y siguió jugando con la música que daba vueltas en su cabeza.
Verla era glorioso. Con solo su camisa blanca translucida cubriendo su glorioso cuerpo. Sus movimientos largos y pausados, como si la música le hablara y le dictara cada movimiento que venía a continuación.  Yidda dio un giro y cerró los ojos sumiéndose en su mundo personal.
A Julián le recordó un hada, libre y feliz.

El baile de Yidda se detuvo cuando dos manos la tomaron por la cintura.
Antes de que cualquiera de los dos se diera cuenta se besaban con pasión, lentamente, como un baile sin música que ambos conocían a la perfección.

-      Te amo mi hada – susurró Julián contra sus labios.
-      Te amo Juli– dijo ella de vuelta.

Y fue lo último que dijo antes de fundirse con él nuevamente para decretar ese día, como el mejor de su vida.   

  

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