viernes, 8 de agosto de 2014

"Amigos Desconocidos" capítulo 74






La llegada a casa fue un caos. Yidd y Juli los esperaban impacientes, con miles de preguntas y reproches por no haber tenido contacto. Ellos intentaban contactar con sus padres para informarlos de que estaban sanos y a salvo, en el departamento de Diani. Y Yidda no dejaba respirar a su amiga, con un apretado abrazo, al enterarse de la nueva relación.
- ¡No me lo puedo creer! ¿Estás hablando en serio? -preguntó Yidd, por decimoquinta vez, desde que se lo había contado.
- Sí Yiddi -repitió de nuevo la chica, cogiendo una bandeja con algo de comida- Nada de fingir, ni juegos ¡Estamos juntos!
Su amigo chilló y saltó de alegría de nuevo y la volvió a abrazar. Mientras Diana hacía malabares para no caer la comida, los chicos entraban en la cocina.
- Amor, deja respirar a Diani -pidió Julián con ternura.
- Estoy tan feliz -dijo la chica, mirando a su amiga e ignorando a su novio- Sabía que estaríais juntos. Por muy cabezotas que os pusieseis fingiendo que no sentíais nada ¡El amor siempre vence a la cabezonería!
- ey -protestó Diana, mirando a Julián- te la dejo una semana ¡y me la vuelves fresa!
Israel abrazó a su bromista novia, sin dejar de reír. Era muy fácil enfadarse con ella si te tomabas en serio lo que decía. Pero para aquellos que la conocían, era imposible ¡Nunca hablaba en serio! Era cristalina para él. Sabía que de verdad pensaba que todo aquello era una cursilería. Pero también sabía que sus sentimientos hacía él eran reales. Y cuando ella sonreía, era incapaz de razonar. Solo deseaba complacerla en todo lo que quisiese.
Pasaron el día juntos, pese a que Israel no cesaba de quejarse. La quería solo para él. Pero concedió porque ella aceptó que él siguiese con su rutina de dormir juntos. Incluso sugirió que llevase algo de ropa al departamento. Pero él se negó a alejarse de ella. Irían por sus cosas cuando ella pudiese acompañarlo. Y ese no sería el día porque Yidda la tenía envuelta en cotilleos, de todos los conocidos de la ciudad. Además, acabaron planeando los últimos detalles de la gran fiesta. Al parecer habían surgidos algunos problemas en su ausencia. Y Diana estaba concentrada en su conversación. Por lo que Israel resignado tuvo que prestar atención a su amigo.
- No pareces el mismo -afirmó Julián risueño- Babeas con solo mirarla.
- Eso también lo hacía antes, solo que ahora no disimulo -aclaró él con una gran sonrisa.
- ¿Qué milagro paso en casa de tu madre? -preguntó el chico curioso.
- Conocí a mi verdadero padre y reconocí estar enamorado de mi mejor amiga ¡Lo normal en un viaje! -se mofó Israel, riéndose de la cara de su amigo.
Le contó más detalladamente lo ocurrido con Renzo y sus hermanos. Yidda, cedió su charla para enterarse del chisme y la retomó al terminar. Los chicos rieron ante la imagen de sus novias poniéndose al día de sus vidas. Solo habían pasado una semana separadas y parecía que tuviesen años que explicar. Julián volvió su interés por el cambio de actitud de su amigo.
- Entonces ¿la amas? -quiso saber, serio.
- Creo que siempre lo he hecho. No quería ver lo que tenía delante por miedo a que si la veía como una mujer, de verdad se convirtiera en una de ellas. Y como tal se enamorará de un hombre ¡Uno que no fuese yo! -admitió cabizbajo- No sabes lo que siento cuando la imagino con otro.
- ¿Ahora te vas a poner en plan celoso? -preguntó Juli bromista.
- ¡No! -exclamó Isra, riendo- Yo la conozco bien. Sé que nunca haría algo así. Si está conmigo es porque quiere. Y si quisiese estar con otro, me lo haría saber sin dudar. No es de las que anda a dos bandas por inseguridades.
- Sí. De eso no te puede caber ninguna duda -dijo Julián p con media sonrisa.
- Nunca hemos hablado de esto pero... -comentó Isra inseguro- ¿Ustedes por qué lo dejaron?
- ¡Se besaron! Y como tú has dicho, no está con uno cuando quiere estar con otro ¡Y te puedo asegurar, que quiere estar contigo! -afirmó mirando a las chicas- Ambos hemos encontrado lo que nunca pensamos encontrar. Nuestra relación solo fue una diversión. Quiero decir, que no fue nada importante -se corrigió al ver como se ensombrecía el rostro de su amigo- Compartíamos la misma visión cínica de la vida.
- ¡Yo no soy así! No creía en el amor, por razones equivocadas. Pero en el fondo, siempre quise una familia -explicó Israel, con tristeza.
- Por eso hacen tan buena pareja. Lo que a mi me enamoró de Yidda es esa mezcla entre inocencia y picardía -aclaró el joven mirando con adoración a su novia- Es inteligente pero no ve la malicia en las cosas que le rodea. Dianita se fija en las espinas de una rosa, Yiddi en su olor. Cada una es como es. Tienen su encanto. Pero mi Yidda es única.
- Si dices que estás enamorado nadie te cree -afirmó con sarcasmo Juli- Yi es adorable, es verdad. Pero mi Diani eclipsa al mundo sin proponérselo.
Durante el resto de la noche los chicos siguieron alabando las virtudes de sus novias mientras estás los ignoraban para hablar de los últimos romances conocidos.
Una vez se habían ido sus amigos, Diani e Isra pudieron abrazarse y relajarse al saber que por fin estaban completamente solos.
- He estado pensando en algo -comentó Isra, acariciándole la cintura con los pulgares.
- ¡Que peligro! -bromeó la chica, aferrada a su cuello- Sabes que hacerlo en exceso te puede perjudicar. No estás acostumbrado. Tienes que empezar por pensamientos simples y de ahí ir avanzando.
- ¡Graciosa! -protestó pellizcándole el trasero- Quería comentarte lo de mi nuevo depa.
- ¡Ahm! ¡Tu dirás!
- Pensé que ya era hora de independizarme. He empezado a trabajar, algunas horas a la semana con mi padre. Y cuando acabe el año estaremos licenciados y será un trabajo fijo -explicó Isra, divagando.
- Ventajas de ser el hijo del dueño de la empresa -bromeó la chica sin alejarse de su abrazo.
- Lo que quiero decir -retomó el tema, inseguro- es que pronto tendré el depa a mi disposición. Seré el dueño, lo compré con mis ahorros.
- Está claro que a los niños ricos la paga le llega para más que a los de clase media -se mofó Diana de nuevo.
- ¡Diani! -suspiró el joven dándose valor- Lo que intentó pedirte es que dejes este depa de alquiler y te vengas al mío.
- ¿Me estás pidiendo que vivamos juntos? -preguntó Diana sorprendida.

El valor desapareció por completo en Israel. Quiso excusarse diciendo que ellos, como amigos, siempre habían comentado que vivirían juntos. Pero eran pareja y él no deseaba compartir una vivienda ¡Quería un hogar! Saber que ella estaría en casa cuando llegase, o esperarla ansioso a que ella llegase. Quería tenerla a su lado el mayor tiempo posible.
Diana lo miraba como si lo viese por primera vez en su vida ¿Quería vivir con un hombre al que amaba tanto como para destrozarla si la dejaba? Aquella relación perfecta empezaba a tener lagunas. Ella lo último que deseaba era atarse más a él. No soportaría otro abandono. Pensar en crear una nueva vida a su lado para que después se destrozase de nuevo, fue como si le clavasen miles de alfileres en el corazón.
- Piénsatelo ¿sí? -dijo Israel comprensivo.
La besó tiernamente y se encaminó hacía el dormitorio, dejándola inmóvil, en medio de la sala ¿Podía darse en cuerpo y alma a ese hombre sabiendo que la acabaría dejando?

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