viernes, 8 de agosto de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 42

   








La despampanante mujer se puso en pie, con un vaivén de caderas propio de un burdel, e ignorando completamente a Yidda, se guindó del cuello de Julián.

–                ¿Manuela que haces aquí? - preguntó él retrocediendo.
–                Vine por ti mi amor. - susurró Manuela dando un paso hacia él.
–                Manuela... - Julián miró a Yidda un microsegundo y de nuevo a la mujer parada frente a él – por favor vístete, te esperamos abajo.

Y sin decir más tomó de la mano de Yidda y la guió por las escaleras.

–                ¿Que fue eso? - explotó ella apenas llegaron abajo.
Julian se pasó una mano por el rostro y suspiró.
–                Eso, era Manuela, mi ex novia.
Yidda lo miraba como si le hubiera salido un tercer ojo.
–                ¿Tú ex novia? ¿esa mujer era tú ex novia?
–                si.
–                ¿y qué hace aquí?
–                No lo sé – Julián caminó hasta ella y la tomó por los hombros no sé lo que hace aquí, o como entró o que quieres pero...
–                pero claramente se te olvidó decirme que tenias una novia – lo interrumpió Yidda soltándose de su agarre.
–                Es mi ex novia.
–                ¿ah sí? - Yidda lo miró - ¿desde cuándo?
–                Hace... poco, pero lo es, nosotros ya no tenemos nada.
–                ¿y qué hace aquí entonces?

Julián ñ negó con la cabeza.
–                no lo sé. Es lo que trato de averiguar.
–                ¿y cómo planeas hacerlo?
–                Preguntándole – afirmó él mientras veía Manuela bajar las escaleras.

Yidda la miró de pies a cabeza y un nudo se le hizo en la boca del estomago.
Manuela era tan sofisticada y elegante, con un cuerpo delgado y estilizado como esas modelos de pasarela, y su corta cabellera castaña que parecía salir en todas direcciones pero que no la hacía ver despeinada sino al contrario. Irradiaba riqueza y ciudad; era una mujer de etiqueta de la cabeza a los pies, de esas que nunca se despeinan y siempre tienen el maquillaje perfecto. Con sus ojos castaños como su cabello y su labial rojo parecía la mujer perfecta para que Julián llevara del brazo a una de sus reuniones importante. Nada que ver con Yidda.

–                Julicu cariño, ¿puedes pedirle a tú amiga que se vaya para poder hablar a solas?
Julián rechinó los dientes.
-    Manuela, odio que me llames “Julicu” y lo sabes. Y no estoy de acuerdo contigo, tú y yo no tenemos nada de que hablar y Yidda es mi...
- Vecina – lo interrumpió la aludida – soy la esposa de Ernesto, el dueño de las tierras de al lado.
Manuela le brindó una mirada burlona y luego se arrimó a Julián con total descaro.
–                Pero cariño, el viaje ha sido matador y me esmeré para esperarte con una sorpresa en la cama, ¿cuál es tu problema?
Julián se apartó.
–                Mi problema es que pudiste evitarte ese viaje tan matador no viniendo.
–                Pero quería verte – ronroneó Manuela. - además hay cosas de la firma de abogados que tenemos que discutir.  - añadió algo más seria.
Julián suspiró.
–                ¿y no podías haber llamado antes?
Manuela se cruzó de brazos realzando su busto.
–                Lo hice, y no contestaste mis llamadas.
–                Bien – Julián se pasó una mano por el rostro – hablaremos sobre la firma.
–                Y sobre nosotros – dio por hecho Manuela.
–                Basta Manu, no me fuerces, todo lo que teníamos que decir ya lo dijimos.
–                No todo -lo interrumpió esta.
–                Terminamos – afirmó él y su teléfono comenzó a timbrar.
Julián revisó el número y se apartó un poco.
–                Debo contestar, disculpen.

En un segundo Yidda sitió la mirada penetrante de Manuela sobre ella.

...

–                ¿¿Eso qué quiere decir??
- Necesitamos esas fotos Julián, las probabilidades de ganar este caso, con la posibilidad de que Ernesto nos ataque con esas pruebas, son casi nulas. Sobre todo si lo que me dijo Nikko es verdad y el hombre era un héroe. Es un caso cerrado, y no tenemos pruebas del daño que él le causó a ella en su ataque, que vendría siendo lo que aleguemos en su defensa.
–                Lo sé. - Julián se pasó una mano por la cara.
Y pensar que su día había empezado tan bien.
–                Mario, dame una solución eres el mejor abogado que conozco.
Mario rió al otro lado de la línea.
–                halagarme no te servirá de nada pero déjame seguir investigando y ver que consigo.
–                Gracias amigo – Julián se recostó de la encimera de la cocina y suspiró.
–                Te tiene calado ¿eh?
–                No tienes idea.
–                Yidda, ¿cuándo voy a conocerla? - preguntó Julián.
–                Pronto, espero, debo resolver el problema de su matrimonio y su esposo lunático primero.
–                Siempre supe que eras un romántico. ¿cuando piensas tener una relación normal?
Julián rió.
–                Esas son aburridas.
Mario se quedó callado y Julián adivinó que estaba sonriendo.
–                La amas ¿no?.
Juli suspiró.
–                más que a nada. Si la conocieras lo sabrías.
–                No la conozco y te creo – Mario se rió – solo no dejes que te  corten los...
Julián estalló en carcajadas.
–                Haré lo que pueda.


...

–                así que... ¿hace cuanto lo amas?
Yidda luchó consigo misma para no reaccionar.
–                ¿qué te hace pensar que lo amo?
Manuela bufó.
–                No soy estúpida, lo veo – se encogió de hombros con una sonrisa socarrona – y no te culpo, quiero decir, el es perfecto. Rico, apuesto y dulce, ¿qué mujer no lo amaría? Yo, por supuesto, lo hago. Y para ti debe ser aun más atrayente ya que es un medio para salir de este pueblucho.
–                Julián no es un medio para nada, yo jamás lo usaría. - Se defendió Yidda. -
–                ¿ah no? ¿entonces si lo amas?.
–                Dije que jamás lo usaría, no que lo amara.

Manuela comenzó a caminar alrededor repiqueteando sus zapatos de tacón.
–                Bueno, entonces me alegra que no lo ames porque así te dolerá menos. 
Yidda se odió por morder el anzuelo.
–                ¿a qué te refieres?
Manuela la miró sobre el hombro y sonrió.
–                O vamos, no eres estúpida, sabes por qué estoy aquí.
–                Creo que el hecho de que ninguna de las dos es estúpida ya quedó claro, así que hablemos sin dar vueltas, ¿qué es lo que quieres?
La castaña sonrió y se giró para encararla.
–                Vine por Julián y no pienso irme sin él.
–                Julián no va irse hasta terminar con la remodelación de sus tierras. - habló Yidda con un nudo en la boca del estomago.
–                Lo sé – Manuela sonrió – es un testarudo. Pero cuando termine con sus ridículas tierras va a volver a la ciudad, a su mundo. Y yo no me voy a ir de aquí sin un anillo de compromiso en mi dedo anular.

Yidda luchó para no demostrar los mil sentimientos que la llenaron.
Julián no pertenecía a su mundo, eso ya lo sabía, cuando terminara se iría, eso también lo sabía, pero saberlo no hacía que doliera menos.   Lo que no estaba dispuesta a aceptar es verlo casarse con otra, eso no, nunca, sobre su cadáver. La única en portar el apellido Zucchi seria ella misma. Yidda de Zucchi. Fin.
“Tú ya estás casada cariño” - habló una fastidiosa voz en su cabeza, que convenientemente se parecía a la de Manuela.
–                ¿Esperas que te pida matrimonio?
–                Sé que me pedirá matrimonio, y no me iré de aquí antes de eso.  
–                ¿por qué estás tan segura?
Manuela rió.
–                Porque yo soy perfecta para él, solo mírame, soy la perfecta señora de Zucchi. La próxima señora de Zucchi.

Esa frase quemó los oídos de Yidda y una oleada de nauseas la llenó.

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