martes, 3 de junio de 2014

"Ahora o Nunca" corto Diana e Israel







Diana se echó hacia atrás el cabello, húmedo por la última competencia de piscina. Se quitó los pequeños diamantes que colgaban de sus orejas y encendió la secadora.

El ruido que esta hacía era ensordecedor. Tardó cinco minutos en secarse el cabello, y cuando terminó y apagó la secadora, descubrió que Israel estaba parado detrás de ella, observándola.

Israel: Estás en serios problemas.

Diana lo miró confundida.

Diana: ¿Por?

Isra: Se nota que estás perdida en el espacio.

Diana: Deja de fastidiar, Israel.

Isra: En serio,  yo que tú voy buscando una buena excusa.

Diana: ¿Para qué?

Isra: Mira la hora.

Diana miró su reloj. El corazón le latía a mil por hora. Eran las ocho y cuarenta. Se paró de un salto.

Diana: ¡¡El programa!!

Isra: Ya terminó. No estuviste en el último bloque.

Diana: ¿Se dieron cuenta?

Isra: Claro. Marisol no está nada contenta.

Diana: Se me pasó la hora. No oí la llamada, me distraje con el secador. ¿Dijeron algo?

Estaba realmente asustada. Faltaba tan sólo tres semanas para la final, y en este punto todo podía pasar. Los puntos individuales eran importantísimos para continuar en la siguiente temporada.

Isra: Te bajaron quinientos puntos. Y…

Diana: No me digas que hay más, por favor.

Isra: Te sentenciaron, Diani.

Diana estaba a punto de llorar. Ya no podía más, llevaba mucho tiempo lesionada y no creía poder competir en un día tan fuerte como un día de eliminación.

Israel la abrazó. Diana se aferró a su abrazo como una niñita.

Isra: No te preocupes, Diani. Te dije que no me iba a dar por vencido contigo, y menos te voy a dejar sola ahora. Voy a hacer de todo para lograr que te quedes en Combate. Vamos a hablar con producción. Vamos a pedirte un reemplazo. No quiero que te pongas mal, ¿ya?

Diana asintió. Ella sabía que desde hace algunos meses Israel trataba de conquistarla, pero las cosas a las que verdaderamente ella le daba importancia eran esas, le gustaba que Israel sea atento con ella, que la cuide, que la ayude, que la proteja.

Isra: Hey, Diana… vas a salir de esta sentencia, eso no lo dudes. Tu tienes una capacidad de superación que nadie más aquí tiene. Tú puedes. Mírame, Diani. Esto es en serio. Lo vas a lograr, ¿ya?

Diana: …ya…

Isra: Ahora enséñame una sonrisa.

Ella escondió el rostro. No tenía la más mínima gana de sonreír. Israel trató de hacerle cosquillas, pero ella se metió en su camerino. Israel se apoyó en la puerta y pegó una oreja a ella.

Isra: Diana… no te escondas. Tú sabes que sólo quiero ayudarte. Abre la puerta.

Diana: No.

Israel se alejó un par de pasos y volvió a llamarla. ella no salía. No se rindió. Luego de cinco largos minutos de insistir, pudo ver que la puerta se abría un par de centímetros. Se hizo el que no se daba cuenta, y miró de reojo.

Detrás de un mechón de cabello castaño, se escondían dos lindos y brillantes ojitos. Y más abajo, Israel vio una gran sonrisa.

Diana abrió la puerta de golpe y corrió a abrazar a Israel.

Israel: Oye, Diani… ¿te puedo decir algo? Es ahora o nunca.

Diana se puso nerviosa. El corazón le comenzó a latir a mil por hora.

En todo este tiempo, había pasado algo que Diana creyó que no pasaría nunca desde la última persona con la que estuvo. Tenía miedo de que pase de nuevo, había quedado muy herida la última vez…

Pero sucedió. Casi sin que ella se diera cuenta. Antes de que pueda hacer algo para evitarlo.

Diana Sánchez se había vuelto a enamorar.

Diana: Sí…

Isra: Pero no acá. Ven.

La llevó hasta el cuarto de ensayos. Diana estaba emocionadísima. Israel rezaba para que esta vez funcione.

Cuando llegaron, Diana se quedó muda. Miró a Israel.

Diana: Esto es… hermoso.

Isra: Lo hice para ti.

Diana: ¿En serio?

Isra: Claro. Ven, siéntate.

El lugar estaba hermosamente decorado. Habían flores por todos lados, y en el centro de la habitación una pequeña mesa con la comida favorita de Diana. Todo el lugar estaba iluminado por velas.

Era el sueño de Diana hecho realidad. Se sentaron y comieron conversando y riendo.  

Llegó el momento en el que Diana ya no pudo más. La curiosidad la mataba. Interrumpió a Israel y lo miró fijamente.

Diana: Tú me ibas a decir algo.

Isra: Y… sí.

Diana: Ya.

Isra: Es que… yo…

Diana no dijo nada. Se quedó quieta, mirando el suelo. Ambos tenían sus manos sobre la mesa e Israel adelantó un poco la suya para tocar la de Diana.

Isra: Sólo quería decirte que… bueno, Diana, es algo que tú ya sabes. Eres una chica muy especial, eres la persona que me hace sonreír todos los días, que me apoya y… tú ya sabes lo que siento por ti. Estoy dispuesto a jugármela por ti. Por eso hice todo esto. Porque quiero que sepas que yo no soy de esas personas que dice algo y al día siguiente cambia de parecer. Yo te quiero de verdad. Y bueno…  ya sé las razones por las que no querías formalizar esto, pero te prometo, Diani, que esta vez va a ser diferente. Yo sí te voy a cuidar.

Diana: Entonces…

Israel tomó su mano y la miró a los ojos.

Isra: ¿Quieres estar conmigo, Diani?

Diana lo miró a los ojos. No pudo evitarlo, se le escapó una sonrisa.

Diana: Sí.

Isra: ¿Sí?

Diana: Sí ¡Sí!

Israel la abrazó. Él sabía que Diana estaba venciendo un gran miedo al volver a estar con alguien nuevamente. Sabía que la última vez había sufrido demasiado, y también sabía que él no la haría pasar por lo mismo.

Tartó de darle un beso, pero ella lo evitó.

Diana: Vamos poco a poco, ¿sí?

Se paró y caminó hacia la puerta. Cuando llegó ahí volteó a ver a Israel.

Diana: Debo irme. Las chicas me están esperando. Hasta mañana, y gracias por todo. Te quiero.


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