Spike subió a la cama de Angie de un salto. Caminó de un lado a otro y dio muchas vueltas para finalmente sentarse su lado y despertarla lamiéndole la cara.
Angie: ¡Nicola! ¡Ya enséñale al perro a no subirse a la cama!
Spike se asustó, soltó un ladrido y se alejó corriendo.
Angie se levantó y fue al baño a lavarse la cara. Cuando llegó se encontró con otra cosa peluda que la miraba desde el borde de la bañera.
Angie: ¡Mila! ¡Sal de ahí!
La pequeña perrita salió y fue detrás de Spike.
Angie ya estaba harta. Los perros estaban fuera de control. Cada vez que trataba de entrenarlos, venía Nicola y les enseñaba lo contrario. Fue a la sala, dispuesta a resolver este problema de una vez por todas.
Se paró entre Nicola y el televisor, y cruzó los brazos.
Angie: Esto no puede seguir así.
Nico: Te recuerdo que eras tú la que quería tener un bebé.
Angie: ¡Sí, pero nos son bebés! ¡Son perros!
Nico: Relájate, Angie…
Angie: ¿¡Cómo quieres que me relaje, si tengo dos perros corriendo por todos lados!? Spike se sube a mi cama porque cuando está contigo lo hace, y cuando yo quiero dormir en paz viene y me lame la cara. ¡Y Mila estaba en la ducha! Es una pequeña demonio.
Nico: Pequeña Angie, diría yo…
Angie: ¿Cómo?
Nico: Es que si te das cuenta, todo tu carácter se refleja en Mila. Las dos son así, tercas, detestan no ser las que mandan, ambas tienen carácter fuerte…
Angie se enojó mucho. Las cosas no andaban como ella quería. Trataba de hacerle reconocer a Nicola que les estaba enseñando malas costumbres a los perros, y lo que hacía él era compararla con uno.
Genial.
Y, aunque dentro de ella sabía que todo lo que Nico estaba diciendo era cierto, ella no se iba a quedar callada. Siempre le gustaba tener la última palabra en la discusión.
Angie: ¿Y qué me dices de Spike? Es un pequeño Nicola. No le importan las reglas y hace lo que se le da la gana.
Nicola suspiró, fastidiado. Miró a Angie, quien trató de evitarlo. Seguía cruzada de brazos, miraba en un punto fijo detrás de Nicola, con la cabeza en alto. Nadie iba a ganarle a Angie Arizaga.
Justo en ese momento, como para dar pruebas de lo que Angie estaba diciendo, los “babies”, como a Angie le gustaba llamarlos, entraron corriendo a la sala. Spike se subió al mueble y se sentó sobre Nicola. Mila mordió los cojines y los lanzó al suelo. A uno se le salió el relleno al caer. Luego saltó sobre el mueble y le lamió la cara y el cabello a Nicola, que estaba inmovilizado por Spike.
Angie: ¿Ves? ¿Sigues pensando que me parezco a la bab… perdón, a la perra?
Nico: Tú no terminaste de escucharme. Me interrumpiste, como siempre.
Angie: ¿Y qué ibas a decir, entonces?
Nico: Que a pesar de que tienen unos cuantos defectos en común, también tienen un montón de virtudes. Ambas son buensa compañeras, son tiernas, cariñosas… y además, las amo a ambas.
Angie se quedó muda. No se esperaba eso.
Angie: Yo…
Nico: No digas nada. Sé que te pasaste de la raya, no es necesario que lo digas. Ven.
Angie se sentó a su lado en el sofá, hizo a un lado a los perros y abrazó a Nicola.
Nico: Ahora dime. ¿Qué es lo que pasa con el pequeño Porcella y la pequeña Arizaga?
El comentario hizo que Angie se riera y todo rastro de su enojo desapareciera.
Angie: Así no se llaman.
Nico: ¿Cómo, entonces?
Angie: Spike y Mila Porcella Arizaga. Todo junto. Porque nosotros estaremos juntos para siempre.
Nico: ¿Ah, sí?
Angie: ¡Hey! Malo.
Nico: Era una broma, tú sabes que te amo.
Angie: A veces no estoy tan segura de eso.
Nico: No digas eso, linda.
Angie: Pero es verdad.
Nico: Tú siempre seras lo más importante para mí. Eso tenlo siempre presente. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Te amo.
Angie lo miró, enamorada.
Angie: Yo más.
Nicola le dio un tierno beso. Angie sonrió, sorprendida.
Se apoyó en el hombro de su novio. Le tomó una mano y comenzó a jugar con ella, comparándola con la suya.
Angie: Y bueno… ¿qué vamos a hacer con los babies?
Nico: Nada, habrá que entrenarlos…
Angie: Y tú lo vas a hacer –miró a Nicola y no pudo evitar reír- está bien, los dos.
Nico: ¿Crees que tengas la paciencia necesaria?
Angie: Obvio. Estamos juntos en esto. A pesar de todo, son nuestros bebés, ¿o no?

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