- ¿¿Se puede saber qué rayos estás haciendo?? – Preguntó Angie deteniéndose en el umbral de la puerta.
Yidda emergió por debajo de un montón de ropa y se sentó sobre sus talones.
- Mira este lugar - prosiguió Angie recorriendo con la mirada el armario de la chica. -
Había ropa zapatos y accesorios desperdigados por todas partes, un collar guindaba de la lámpara del techo y todo el lugar olía a un denso perfume.
- ¿¿Qué paso aquí??
- El huracán Yidda – se burlo Rosa desde la puerta - ¿¿Les traigo algo??
- Una limonada bien fría Rosa por fa. – pidió Angie.
- Al mejor modista de Francia. – pidió Yidda mirando frustrada el desastre a su alrededor.
Rosa miró a Yidda y luego a Angie sin saber qué hacer con ese último pedido. Angie le palmeo la mano y negó con la cabeza.
- Solo trae dos Limonadas por favor.
Rosa asintió y se fue.
- ¿¿y tú para que quieres un modista??
Yidda la miró por detrás de un vestido plateado.
- Tanta basura de vestidos que me compra Pablo y ahora no tengo que ponerme.
- ¿¿Ponerte para qué?? – Pregunto Angie sentándose sobre una cómoda y recogiendo las faldas a su alrededor.
- Para la cena de esta noche.
- ¿¿Hay una fiesta??
- No precisamente – contesto Yidda observando una blusa dorada que luego lanzó por encima de su cabeza para seguir rebuscando.
- ¿¿Entonces??
Yidda se detuvo y la miró.
- Voy a cenar con Julián.
El grito de Angie fue épico.
- Cierra la boca pajarraco. – la riñó Yidda - ¿¿Qué hago Angie??
Angie se bajó de la cómoda y se arrodillo frente a ella.
- Ernesto sabe sobre esto.
Yidda agachó la cabeza y negó.
- Vas a delatarme??
Angie le alzó el rostro.
- Jamás haría algo como eso, eres mi amiga y sé que él no es justo contigo. Pero quiero que sepas que juegas con fuego y si todo sale mal no sé lo que Ernesto sería capaz de hacer.
Angie asintió.
- Lo sé. Pero es solo una cena de vecinos ¿No? – Angie negó con la cabeza.
- Sabes que ese no es el caso, y así lo fuera Ernesto no va admitirlo.
- ¿Y entonces qué hago?
- Si lo amas arriésgate. – la animó Angie.
- Pero yo no lo amo – contestó Yidda mirándola.
- Entonces no le veo el caso a arriesgar tanto.
Yidda jugó con una bufanda en sus manos.
- Estoy tan cansada Cande, mi vida esta tan vacía y Juli… él lo revuelve todo y la hace excitante. Me regresa a lo que era antes de que toda esta pesadilla comenzara.
- Entonces lo estas utilizando Yidda.
Yidda pareció horrorizada.
- No, yo… No lo sé Angie, solo no puedo decirle que no.
Angie suprimió una sonrisa, ella sabía lo que eso significaba, o lo imaginaba. Esperaba no equivocarse pero iba a ayudarla.
- Bien, entonces acomodemos este desastre y busquemos algo perfecto para ti.
Yidda asintió y se sumergió de nuevo en la ropa en busca que de algo que usar.
“Espero que todo salga bien, enserio lo espero” – pensó Angie antes de sumergirse a ayudar a su amiga.
Julián encendió la última vela y miró el lugar. La suave iluminación le daba al salón un aire romántico, las flores a su alrededor perfumaban de un modo primaveral y los manteles en blanco le daban a todo un toque elegante, a él le gustaba.
Pensó en los globos que había comprado y los descarto, eso sería demasiado y la idea era no asustarla. Ahora solo faltaba la comida y…
¡¡La Comida!!
Julián corrió a la cocina, se colocó el delantal blanco con rojo a cuadros y los guantes antes de abrir la tapa del horno para sacar la muy caliente lasaña. Un sonido a su izquierda lo hizo girarse, con una muy caliente bandeja de comida aun en la mano, para encontrarse con la mujer más hermosa que Julián hubiera visto.
Él vestido color ciruela abraza su cuerpo curvilíneo hasta dos palmas más arriba de sus rodillas, su escote estraple deja a la vista sus hombros y cuello de una manera elegante y sensual, su cabello largo hasta su cintura se encuentra suelto y lizo, el ligero maquillaje más cargado de los usual y sus zapatos negro de tacón le roban al aliento a Julián mientras no puede hacer nada más que mirarla intentando no babear.
Él dolor en su mano le llegó de repente y Julián se giró para depositar la bandeja caliente en la mesa lo más rápido que pudo.
Yidda rió divertida, fue una risa cantarina, nerviosa. Sin decir una palabra tomó la magullada mano de Julian y la colocó bajo el grifo del agua. Julián siseó por el dolor. Ella rebuscó entre las repisas hasta dar con una caja de primeros auxilios y tras colocar una pomada y un antiséptico vendó su mano con total delicadeza.
- Espero que la cena valga esa quemada –
Julian miró su mano vendada y sonrió.
- Lo valdrá. – la miró a ella y sonrió más ampliamente –
Girándose se quitó el delantal y comenzó a rebuscar entre los gabinetes.
Yidda se explayó mirándolo. Vestía un sweater gris cuello tortuga que se pegaba y moldeaba por completo su muy bien formado torso, y sus pantalones negros al estilo clásico le daban un aire tan elegante y sexy que Yidda quiso arrancárselos con los dientes.
Ella lo miraba, él lo sabía, y eso hacía que su nerviosismo aumentara. Todo debía ser perfecto.
Tras sacar lo que necesitaba la tomó de la mano sin decir palabra y la arrastró hasta la sala.
Yidda contuvo el aliento. El salón era maravilloso, las flores, las luces, el aroma y la música de fondo la hacían sentir como en una película clásica.
Se giró y se descubrió sola.
Julian regresó con dos platos perfectamente adornado y los colocó con maestría en la mesa. Desapareció hacia la cocina por lo menos unas dos veces más antes de detenerse en la puerta y sonreírle nervioso.
Ahora todo estaba en su sitio.
Julián caminó hasta ella y le tendió una mano.
- Bienvenida - susurró con una voz baja y sensual que a Yidda le pareció una caricia. Tomando su mano Yidda se rindió a él.

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