Angie secaba y guardaba los vasos en la barra, tarareaba una canción absorta en sus pensamientos mientras miraba sin mirar lo que hacían sus manos.
- Como está la mujer más bella del Universo?? – Pregunto Nicola en volviendo a su novia por la cintura. La joven pego un pequeño brinco y se giro para mirarlo enojada.
- No hagas eso Nico, pude haber dejado caer algún vaso, me asustaste.
Nicola sonrió encantado y la beso apasionadamente.
- Adoro cuando te enojas, te ves tan linda –
Angie frunció mas el ceño intentando parecer enojada, pero el enojo duro poco y nada y antes de darse cuenta ya estaba besando a Nicola nuevamente.
- Como te va en el trabajo?? – Pregunto la morocha cuando el joven la arrastro hasta una mesa.
- Bien, estoy muy contento, el salario esta más que bien, el trabajo es duro pero es algo que realmente me gusta y Juli es un capo.
- El señor Julián- lo riño Angie sentándose en su regazo. – no olvides que es tu jefe.
- Ya lo sé, pero resulta difícil llamarlo Sr. Julián cuando se pasa el día codo a codo trabajando con nosotros, además es una persona joven y divertida y me pidió que no lo llamara Señor.
Angie lo miro extrañada.
- ¿Por qué?
Nicola se encogió de hombros.
- Dice que lo hace sentir viejo.
La risa de Angie resonó.
- Es un buen hombre – agrego cuando logro calmarse.
- Lo es – corroboro Nicola y pensó una segundo antes de añadir – por eso le di el álbum.
La joven lo miro sin entender.
- ¿Cual álbum?
Nicola no respondió.
- ¿Le diste el álbum de Yamila? ¿Por qué?
- No lo sé, una corazonada, sentí que él lo necesitaba.
- ¿Para qué? Lo menos que Yidda necesita ahora es a alguien rebuscando en su pasado. – Nicola frunció el ceño.
- El sería incapaz de hacerle daño.
- ¿Cómo lo sabes? Apenas lo conoces – Angie lo miro preocupada.
Nicola la abrazo más fuerte.
- Confía en mí, debía hacerlo. Incluso creo que él es capaz de evitar el daño que ella se está haciendo.
- No sé qué intensiones tiene Julián con Yidda, ni siquiera sé si tenga alguna.
Nicola la miro con obviedad.
- Ok – acepto la joven – es obvio que tiene interés en ella pero… -
Angie suspiro y se recostó en el pecho de su novio abrazándose más a él.
- Espero que tengas razón – siguió Angie – realmente espero que Julian pueda hacer algo – titubeo un momento – Yidda merece ser feliz, pero me preocupa Julián. Esta es una historia peligrosa y una vez que entre, no podrá salir.
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- Volvió Yidda, está aquí – Yamila se desplomo en su cama frente a la rubia.
Yidda se acerco a ella y acaricio su cabeza.
- Que pasa peti?? Quien es ahora??
Yamila titubeo y alzo el rostro, la habitación pequeña y lúgubre que compartían tenía solo un bombillo que colgaba solitario en el techo y que no alumbraba muy bien sumergiendo el cuarto en sombras.
Yidda lanzo un juramento y retrocedió un poco para ver mejor el labio partido y el cardenal en la mejilla de Yami. No necesitaba preguntar, sabia de sobra quien era el responsable de esas heridas.
Él había regresado, por fin las había encontrado.
Yamila rompió en sollozos y Yidda la hizo recostarse en sus piernas para poder consolarla. Acaricio su cabello lentamente y miro absorta como las hebras castañas se resbalaban entre sus dedos como una cascada de chocolate.
Sus pensamientos iban de un lado a otro. ¿Por qué ahora? ¿Por qué de nuevo?
Ahora eran felices, les gustaba el pueblo. Habían vivido viajando durante años, de un pueblo a otro, de un lugar a otro, siempre con miedo, siempre huyendo, ahora había encontrado un lugar para vivir, un lugar que les gustaba. ¿Por qué tenía que aparecer?
La respiración de Yamila se volvió suave y superficial.
- Estaba en el bar, me siguió cuando salí. – Se escucho la voz de Yami un poco ronca por el llanto.
Afuera una lluvia torrencial comenzó a caer y Yidda salió para entrar minutos más tarde trayendo a whisky con ella. Hizo echarse al potro en medio de ambas camas y volvió a sentarse junto a Yiddi.
- Y que hacías tu en el bar Yami?? –Yidda miro a Yamila aunque ya conocía la respuesta.
- Hoy es miércoles, sabes que los miércoles Ernesto baja al pueblo a jugar pool y amo verlo jugar. – Yamila ignorando la mirada de desaprobación de la castaña. – él estaba allí y apenas lo vi me fui pero me siguió.
Yidda tuvo un escalofrió.
- Te dijo algo??
Yamila negó con la cabeza.
Yidda suspiro, el no dijo nada porque no debía hacerlo, estaba en el pueblo y esa era una amenaza más que suficiente.
- Solo te hizo esto – Yidda acaricio la mejilla de Yami donde el cardenal se iba poniendo más oscuro.
- Si, fue rápido. Luego se alejo riendo.
- ¿Quién te curo el labio? – Pregunto Yidda revisando la herida.
Yamila sonrió.
- Nikko, me lo encontré viniendo. Me llevo a su casa y me curo el labio.
- Mm… - se burlo Yidda – nuestro lindo doctor al rescate.
- Es solo un amigo Yiddi, me vio maltrecha y me ayudo de onda nada más.
- Cual onda?? – Yidda la miro divertida.
- La mejor, de amigos.
- Amigos quienes?? Es obvio que Nikko se muere por vos – Yidda la miro un poco más seria. - Nikko te quiere Yaya, es un buen hombre, educado, atento, tiene un corazón enorme y además es doctor, el puede hacerte feliz si lo dejas.
- Sé que podría pero… Yo no podría hacerlo feliz a él. Yo amo a otro.
- Dios Yamila cuando va a entrar en esa cabezota tuya que Ernesto no te conviene.
- Ernestoes todo lo que quiero y si dejaras de juzgarlo descubrirías que…
- Qué?? – La interrumpió Yidda – Que es mas idiota de lo que aparenta??
- No – Yamila se levanto – Descubrirás que es un buen hombre.
Yidda lanzo una exclamación y ambas se fulminaran con la mirada. Hasta que whisky restregó su cabeza en la pierna de Yamila haciendo que ambas lo miraran.
Yami suspiro y acaricio a su animal.
- Dale una oportunidad Yiddi.
Yidda la miro y se abrazo las rodillas.
- Que le dijiste a Nikko sobre las heridas??
Yamila se encogió de hombros.
- Nada, ¿Qué le podía decir?, que me caí.
Yidda asintió. Y se quedo mirando a él hermoso animal junto a ella.
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Ernesto miro a Yidda moverse en sueños, tan dulce, tan relajada, hermosa.
Mechones brillantes se expandían por la almohada y su rostro, sus hermosos labios entre abiertos parecían llamar, pero no a él, nunca a él.
- Ella es tuya Ernesto, solo tuya – se recordó a sí mismo, pero esa afirmación no hizo lo convenció.
Yidda se removió de nuevo y susurro muy imperceptiblemente.
“Yamila”.
Yami, estaba soñando con Yami. Un escalofrió recorrió a Ernesto mientras bajaba a ahogar sus sensaciones en alcohol.

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