viernes, 11 de abril de 2014

"Amigos Desconocidos" capítulo 55

                       





Israel tenía claro que era la persona con menos suerte del mundo. Tras la tarde a solas -cosa difícil porque su madre no dejó de interrogarlos- consiguieron dormir algo. A pesar de que él no deseaba tal cosa. Pero ella se empeñó en descansar. Después de arreglarse y reunirse con los demás para la cena, descubrió que el atractivo de la familia Shuller, era generalizado. Angie era muy bella. En el instante de verla y tras observar como ella lo devoraba con la mirada pensó en vengarse de Diana y coquetearle un poco a la chica. Para su desgracia, la joven que al principio parecía odiar a Diani acabó adorándola como todos. Las chicas bromearon y rieron durante toda la cena. Incluso Diani llamaba cariñosamente "gatita" a Angie. Todo le salía mal.



Mario los había invitado a ir a la playa tras la cena con unos amigos. Obviamente él se había negado. Pero Angie había aceptado y tuvo que ir a vigilar que "el manos largas" dejase de ser tan "cortés" con su... amiga. Había decidido que la próxima vez que le pusiese la mano en la cintura para darle paso o con cualquier otra excusa, se la cortaría.



Observó como Diana y Angie charlaban sentadas en una roca, a una distancia prudencial de todos los chicos. Centenares de muchachos con las hormonas revueltas que alabaron cada centímetro de la anatomía de su... amiga.



¡Diana! Se llamaba Diana. No eran... eran... Ella era... ¡suya! Eso era, toda suya, se aseguró furioso Israel, cuando vio como un osado se le acercaba. Dio las zancadas exactas para llegar hasta ellas antes de que el muchacho comenzase su cortejo.



- Hola chicas. Estáis muy solas acá ¿Por qué no os venís a tomar algo con nosotros más cerca del fuego? -le dijo el muchacho en tono coqueto a Diana. Israel rechinó los dientes y se mantuvo a escasos pasos escuchando.
- Gracias -contestó Diani- Pero aquí estamos bien. Además, cuanto más me acerque allí más frío pasaré.
- No. Se está calentito. Tenemos un fuego -dijo el muchacho señalando lo obvio.
- Sí. Pero no sirve de mucho si no paráis de desnudarme con la mirada.



La respuesta de Diana dejo atónito tanto al muchacho como a Israel que estaba tras ella. Las chicas aún no lo habían visto, pero estaba lo suficientemente cerca como para enterarse de toda la conversación.



- ¡Que creída! -espetó el muchacho irritado.
- Y este es el momento en el que tú te vas -dijo Diana con una sonrisa malévola señalándole el camino.



El joven la miró despectivamente y se marchó. Israel no podía creer que la chica que él conocía hubiese tratado a alguien así. Sabía que a ella no le preocupaba caer mal a la gente, pero siempre hacía todo lo posible para que no pasara. Había sido superficial, engreída y tenía que admitir, que ingeniosa.



- ¡Oh! ¿Cómo haces eso? -protestó Angie a Diana, aún sin percatarse de una presencia tras ellas- Te dije que ese chico me gustaba ¡Lo has espantado!
- ¿Prefieres escucharlo piropeándome? -replicó Diana con una sonrisa tierna- Déjame a mi que se lo que me hago. En unos minutos volverá y tendrás tu oportunidad.
- ¿Cómo lo sabes? -preguntó la morocha de enormes ojos marron, con curiosidad.
- Está furioso conmigo y quiere replicarme. Pero su intelecto no le da para mucho ¡Es hombre! -bromeó soltándose en carcajadas- Volverá cuando tenga pensado algo hiriente para decirme. Como no tiene ninguna excusa para acercarse te utilizará a ti. Te pedirá que vayas con ellos o algo parecido.



Angie iba a replicar insegura de que tal cosa pasase. Israel a sus espaldas le veía lógica a lo dicho pero no creía que fuese realmente tan buena manipulando a la gente, para que todo le saliese tan bien. Pero ambos se tuvieron que tragar su opinión al ver como el chico se acercaba de nuevo.



- Ange, ¿vienes con nosotros? He pensado que puedes congelarte si te quedas mucho tiempo cerca de la reina de hielo -espetó fulminando a Diana con la mirada.
- Cuidado, no te lesiones -respondió Diani con total tranquilidad haciendo que el chico la mirase incrédulo- Pensar para alguien que no está acostumbrado puede ser toda una actividad de desgaste -se burló Diana haciendo que Angir soltase una carcajada e intentase disimularla inútilmente con la mano- Y no soy "Reina de hielo". Aún soy princesa. Pero cuando me coronen te avisó -concluyó y caminó hacía la orilla dejando a la chica muerta de risa y al joven desconcertado.



Israel sabía que ese chico no estaría muy acostumbrado a encontrase con mujeres tan seguras de si mismas y con tanta agilidad mental. Diani tenía una personalidad realmente única. Sonrió y caminó tras ella.


Diana chapoteada en la orilla. Descalza y con los pantalones remangados. Había sido un día muy largo. Y deseaba que acabase lo antes posible. Había comprobado que era realmente buena manipulando a la gente. Pero ¿por qué debe ser algo malo si las consecuencias son positivas? Al menos, para ella.



Se había negado a hacer el amor con Israrl por la tarde porque sabía que lo hacía para marcarla de una forma invisible, no porque la amase. Y eso le repugnaba. Cuando habían bajado para cenar, pudo comprobar que todos habían sido informados de que eran pareja. Incluso, la famosa "Angie" que se lo comió con los ojos nada más verlo, sin importarle que estuviese acompañado. Pero no se pondría nerviosa por ello. Mostrar una debilidad es perder la batalla antes de comenzar. Habló con la chica aunque no tenían nada en común y era evidente que la despreciaba. Poco a poco fue mostrándose como digna de admirar. No fue muy difícil. La chica era bastante superficial y ella era un icono en ese mundo. En cuanto supo que trabajaba en una discoteca de moda y nombró a dos diseñadores, ya la había convencido de que era un modelo a seguir. Realmente le daba pena.



Suspiró mientras le daba una patada a una concha, hundida en la arena húmeda. Ella se caracterizaba por su sinceridad, y en realidad no había mentido en nada de lo que le había dicho, pero el único motivo por el que se había acercado a esa chica era evitar que hiciese contacto con Israel Y funcionó. La chica, al igual que ella, ignoró a Isra toda la noche. Le dio otra patada a otra concha.



- Ellas no te están haciendo nada. Deja de molestar a las pobres conchas -se burló Israel con sonrisa tierna.
Se giró completamente para observarlo con mayor claridad. La luz de la Luna iluminaba y daba sombras a su rostro con una sensualidad mágica. Tuvo que tragar trabajosamente para poder deshacer el nudo de su garganta. Era endiabladamente guapo.



- Se han puesto en mi camino -replicó Diana con fingida tranquilidad.
- ¿Como Angie? -preguntó él risueño.



Diana se desconcertó ¿Se había dado cuenta de que lo único que pretendía era alejarla de él? Aunque fuese así sería fácil negarlo. Tenía que relajarse. Odiaba como le hacía perder el control sobre ella misma, ese hombre.



- ¿Tienes celos de ella? -replicó Diani sardónica.
- Debería. Te has pasado toda la noche con ella -afirmó perdiendo por un instante la diversión en su rostro- Pero te has librado rápido de ella, y se la has encasquetado a otro.
- Ella me pidió que le ayudase a estar a solas con él -explicó la chata a la defensiva.
- Y tú manipulaste al chico para que hiciese lo que querías -concluyó Israel con expresión insondable.



No sabía como interpretarlo, pero no pudo evitar estremecerse con la idea de que él la despreciase por lo que había hecho. Antes de que pudiese pensar en ello, se encontró a si misma justificándose.



- Hacer que alguien me odie para beneficiar a otro no es algo malo -protestó Diani.



Y para su sorpresa Israel soltó una carcajada.



- Cariño, tú eras la más beneficiada.



No soportaba que él pudiese ver cuan vulnerable y necesitada de él era. Se había dado cuenta de que lo había hecho por celos. Porque no soportaba la idea de tener que ver a Angie coqueteándole. Y aún peor, porque no sabía si él cedería a sus encantos.



- No le encuentro el beneficio a que ese chico me odie. No es que me preocupe en lo absoluto, pero tampoco obtengo nada a cambio -dijo Diana, convencida de que en otra vida tuvo que ser actriz.
- Te libras de todos ellos y te quedas a solas conmigo. Sin duda, sales ganando -bromeó acercándosele.
- ¡Vaya, que engreído! -replicó risueña.
- Tanto como la reina de hielo -repuso agarrándola por la cintura y rozándole suavemente con la nariz en su mejilla.
- No soy tal cosa -protestó Diana sin convicción, cruzándose de brazos, poniendo algo de espacio entre ellos.
- ¡Oh, es cierto! Princesa de hielo -se rectificó besándole la punta de la nariz.
- ¡Tampoco! El hielo se derrite, y no es fácil conseguir tal cosa conmigo -explicó burlona.
- Creo que puedo hacer algo al respecto -aseguró Israel hundiéndose en la curva de su cuello.
- Y yo creo que te valoras demasiado -espetó ella con desdén. Le dió la espalda y comenzó a contonearse alejándose lenta y sensualmente de él.



Era increíblemente sexy, pensó Israel. No podía evitar ponerle las manos encima ni cuando ella le demostraba en sus narices que era la manipuladora que él detestaba. Ya ni él se creía eso. No la detestaba. Nunca podría hacerlo. La deseaba, la necesitaba. No importaba como fuese. Aunque fuese todo lo que odiaba de una mujer. Era difícil despreciarla cuando lo hacía de una forma tan natural.



Había manipulado a esos chicos como marionetas. Y en lugar de despreciarla por ello, la admiraba por su ingenio. Definitivamente, estaba perdido. Pero se reconfortaba con la idea de que él no caía en esas trampas. O eso creía.

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