lunes, 28 de abril de 2014

"Amigos Deconocidos" capítulo 59

                         






Diana estaba más feliz de lo que debería ser aconsejable para su sufrido corazón. Pero habían pasado un día fabuloso y no quería bajar a la realidad. Hasta que salió del baño y se encontró a Israel con la expresión más triste que le había visto jamás, entonces supo que no todo era como parecía ser. Él había disimulado y sonreído en cuanto la había visto. Habían bajado para cenar, encontrándose solo con la familia Dreyfus, ya que el resto de invitados había abandonado esa misma tarde la propiedad.

Mario estaba siendo tan considerado con ella como siempre e Israel intentaba no ponerse celoso. Ella pudo ver el evidente esfuerzo que hacía. Notaba como una ráfaga de ira lo invadía y después solo veía pena. No sabía en qué estaría pensando, pero podía ver en sus ojos añoranza.

- ¡Hacéis una pareja tan linda! -exclamó Marisol, de nuevo, como hacía sin parar cada vez que los veía juntos.

Por primera vez desde que todo aquello pasó, Israel no corrigió a su madre o protestó por la observación. Solo miró con dulzura a Diani y le besó el dorso de la mano.

¡Aquello era una auténtica pesadilla! quiso gritar Diana. Era más fácil lidiar con el amante egoísta. Ver la cara de pura tristeza de Israel, la desconcertaba. Cada minuto tenía que ponerse la mano en el pecho para notar los latidos de su corazón, para asegurarse de que no se le había derretido.

- ¡Os tengo que echar una foto! -aseguró Marisol, al ver que ninguno se quejaba por sus comentarios.

Tras la cena, posaron para varias fotos en el jardín. Al menos, alguien tendría el recuerdo de esa relación. Israel la abrazó muy fuerte contra él y ella se estremeció. No estaba segura, pero creyó notarlo temblar. Habría sido por el frío, pensó la chica sin darle importancia.

Se reunieron con el resto en el acogedor salón, para tomar la última copa antes de despedirse hasta el día siguiente. Angie y Mario hablaban con el ceño fruncido en el sofá. Eran unos auténticos hermanos típicos. No podían pasar ni cinco minutos sin pelearse. Renzo les acercó unas copas al verlos llegar, con una gran sonrisa. Israel pensó que era una pena que un hombre tan agradable se hubiese dejado manipular por una arpía como su madre.

Se sentó en un sofá cercano al de los hermanos y sonrió a Diani cuando esta lo acompañó.

Se veía tan bello y vulnerable, pensó Diana con todo su amor acumulado en el pecho. Cualquiera que no lo conociese de verdad -todo el mundo- pensaría que era feliz. Pero ella sabía que escondía mucho en su interior. Destellos de cólera, resentimiento y tristeza le cruzaban continuamente, en sus preciosos y penetrantes ojos.

Charlaron todos un poco más. Todo fue muy educado y sosegado. Y cuando llegó el momento de volver a la habitación, se llevó la sorpresa de volver sola. Israel le había pedido gentilmente que fuese a dormir, que en unos minutos se reuniría con ella.

Obviamente la explicación se la dio para seguir con su papel de novio, pensó Diana rápidamente. No se dejaría convencer por la adolescente deseosa de amor que tenía en su interior. Él estaba siendo educado pero eso no significaba nada. Nunca la amaría. Y sería mucho más feliz si lo aceptaba cuanto antes y se alejaba de él para siempre.

Con ese pensamiento se metió en la cama e intentó dormir.

Israel por su parte, decidió que la forma perfecta de caer inconsciente era una botella de whisky, y fue en su busca. Se encerró en una sala con un pequeño minibar y bebió sin parar. Deseando que todo el dolor que se acumulaba en su interior desapareciese. Si se sentía tan desolado teniéndola a su lado ¿como sería de insoportable sin ella? No quería pensarlo así que tomó otro trago más. Y con cada pensamiento sobre la perdida, la culpa y los fantásticos recuerdos, toma tragos sin parar. 

Cuando la habitación en sombras se volvió borrosa y los ruidos a su alrededor se escuchaban amortiguados, la puerta se abrió ante él. No consiguió enfocar la vista lo bastante para saber de quien se trataba. Ignoró el hecho de estar acompañado y siguió bebiendo.

La figura borrosa se sentó junto a él. Consiguió distinguirlo entre los leves rayos de luz que se filtraban por el ventanal. Renzo era un hombre grande, corpulento. Con los mismos ojos marrones, casi dorados, de sus hijos. Y el mismo pelo morocho rizado.

Ignoró el parecido de la familia pensando que probablemente era normal entre los italianos, esos rasgos tan característicos. Se perdió de nuevo en su copa, sin hacer el menor caso de la presencia masculina.

- ¿Mal de amores? -preguntó el hombre mirando la botella vacía.

Israel lo miró entonces con expresión algo confusa.

- ¿Amor? -repitió Israel y suspiró- Diani no es mi novia -confesó con expresión insondable.
- Eso no contesta a mi pregunta -afirmó Renzo. Israel lo miró sorprendido y asintió.
- Supongo que no, no contesta a tu pregunta -corroboró bebiendo de nuevo.

Renzo alcanzó un vaso y sacó otra botella. Lleno su vaso y el del joven, y bebió en silencio junto a él.

- ¿No se supone que me debes convencer de que ya he bebido suficiente? -pregunto Israel con sarcasmo.
- Cuando se trata de entender a una mujer, ninguna cantidad de alcohol es suficiente -afirmó Renzo sorprendentemente serio- Yo pase mi primer año de casado prácticamente borracho. Si no hubiese sido por el nacimiento de ... - le confió con tristeza.
- ¿No amaba a su esposa? -quiso saber Israel, olvidando por un segundo el agujero de su interior.
- Fue un matrimonio de conveniencia entre dos familias amigas tradicionales. Ninguno éramos felices. Tardamos en darnos cuenta de que habría sido mejor negarnos, pero el divorcio no estaba permitido. Así que para mantener el buen nombre de ambas familias seguimos casados -explicó el hombre bebiendo de su copa.
- ¿Siguen casados? 
- No. ella murió hace un año -informó Renzo con un gesto de pena- No nos amamos pero sentí mucho su perdida.
- Habrá sido duro para sus hijos -afirmó Israel.
- Lo veían venir. Llevaba mucho tiempo enferma. Ellos son muy inteligentes, saben que no había amor entre nosotros, y saben lo mucho que amo a tu madre -comentó deseando que él pudiese aceptarlo también.
- Ya veo -fue lo único que Israel le dijo.

Una familia intentando superar una tragedia se aferraba a su madre buscando la felicidad. Era verdaderamente irónico, pensó Israel. Gimena sería la última persona sobre el planeta que curaría sus heridas. Él sabía que ni siquiera había intentado hacer feliz a su propia familia ¿Cómo iba a hacer feliz a otra?

El día que el tuviese su propia familia, no les engañaría ni les haría ningún daño. Él los amaría con todo su corazón y les daría todo a su alcance, pensó Israel con rencor y esperanza. Y la imagen de Diana volvió a su mente. Ella había sido toda su familia y él la había engañado y herido. Probablemente no era mejor que su madre.

- ¿Qué ocurre muchacho? -preguntó Renzo, colocando una mano sobre su hombro para que pusiese los pies sobre la tierra.
- Es todo tan difícil -dijo Israel desesperado- Si la tengo a mi lado, le hago daño. Y si la alejo de mí, sufro yo.
- ¡Oh! -exclamó Renzo muy sonriente como si supiese la respuesta a esa situación- ¿Por qué crees que le haces daño?
- Ella no se merece que la traten como... -se interrumpió y miró al hombre ¿Por qué estaba compartiendo todo aquello con él? Desechó sus objeciones. Necesitaba desahogarse y continuó- Ella se merece que la traten como una princesa. Que le den amor y las estrellas si es lo que pide -explicó y se interrumpió de nuevo para mirar a su vaso- El whisky me convierte en un auténtico calzonazos.
- No es el whisky -le aseguró Renzo- Sube arriba, duerme un poco y mañana intenta darle a esa chica un poco de lo que tú crees que necesita.

Israel no estaba seguro de entender lo que le había dicho, pero estaba tan débil que hasta le costaba levantar el vaso. Así que decidió dormir un poco. Se tambaleó hasta la habitación. Y aunque se había dicho que dormiría de nuevo en el sofá, cayó en la cama semiconsciente.

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