al final de la cena, estaba un poco más relajada, aunque ansiosa por
llegar a casa y estar sola por un rato. Decidida a no ser tomada
desprevenida otra vez, puse de nuevo el muro entre yo y mis
recuerdos y traté de disfrutar de la compañía de los Porcella. No fue difícil.
Eran un grupo fácil de gustar.
Mis planes para estar sola fueron frustrados por Nicola y Diana que se
estaban reuniendo con Israel por unos tragos. Traté de librarme de ir con
ellos, pero Diana no me estaba dejando. Era como si ella sintiera que me iba
a casa para empollar o algo así.
Después de hacerle una oferta de adiós a los Porcella y prometiendo a
Johana que volvería, nos dirigimos a tomar un taxi para que nos llevara de
vuelta al apartamento y entonces podría recoger mi bolso. Solo tenía mi
celular y estaba determinada a que nadie —como Nicola— estuviera
comprándome bebidas esta noche, excepto yo. Cuanto menos estuviera en
deuda con este chico, mejor.
A medida que el auto se detenía en el apartamento, una figura alta y
desgarbada sentada en nuestro porche delantero hizo que mi pecho se
apretara. Con el corazón acelerado, salté del taxi primero, apresurándome
a Gino, que se puso de pie, su bolsa de lona pateada en sus pies.
Grandes ojeras asolaban sus ojos, su rostro estaba demacrado y pálido,
las comisuras de su boca apretadas con pena y enojo.
—Sólo dime una cosa. ¿La animaste a dejarme?
Desconcertada por toda la ira dirigida hacia mí, negué con mi cabeza
aturdida, tomando un paso cauteloso hacia él. —Gino, no.
Él me señaló con el dedo, su boca se torció con amargura. —Ustedes dos
están demasiado jodidas... tenías que haber tenido una mano en alguna
parte de esto.
—Oye —Nicola se paró en frente de mí, calmado pero intimidante
mientras le hablaba a Gino—. Retrocede.
—Nicola, está bien. —Miré de nuevo a Diana que estaba parada
mirándonos con los ojos abiertos. Ojos suplicándole a ella, hice un
ademan hacia Nicola—. Ustedes dos vayan adelante sin mí.
—No lo creo. —Nicola meneó su cabeza, sus ojos nunca apartándose de
los de Gino.
—Por favor.
—Nicola. —Diana lo tiró del codo—. Vamos. Démosles algo de privacidad.
Con el disgusto quemando en sus ojos, Nicola agarró mi celular de mi
mano y comenzó a teclear en él.
—Qu…
Alcanzó mi mano y enroscó mis dedos devuelta alrededor del teléfono.
—Tienes mi número ahora. Llama si me necesitas. ¿Bien?
Asentí sin decir nada. Mientras Diana arrastraba a su hermano lejos, miré
abajo al teléfono en mi mano. ¿Estaba Nicola cuidando de mí? ¿Estaba
preocupado? Miré sobre mi hombro. No podía recordar la última vez que
alguien había hecho algo como eso. Era solo una pequeña cosa pero…
—¿Ange?
La impaciente voz de Gino me sacó de vuelta de mis reflexiones.
Suspiré pesadamente, tan agotada, pero sabiendo que necesitaba lidiar
con esto. —Vamos adentro.
Una vez que estuvimos acomodados en la sala de estar con café, salté
directamente a ello. —Le dije a Jazmin que pensaba que estaba cometiendo
un error. Yo nunca la animaría a abandonarte. Eres la mejor cosa que le
ha pasado.
Gino sacudió su cabeza, sus ojos sombríos. —Lo siento, Ange.
Sobre antes. Yo sólo… siento como si no pudiera respirar. No parece real,
tú sabes.
Sintiendo desesperanza, me incliné para rozar su hombro con consuelo. —
Tal vez Jazmín cambiará de opinión.
—Pensé que había terminado su mierda —continuó como si no hubiera
hablado—, es todo por culpa de sus padres, ¿sabes eso verdad?
—Más o menos. En realidad no. Nosotras no hablamos de esas cosas.
Él me miró con algo parecido a la incredulidad. —Ustedes dos se supone
que son las mejores amigas, pero a veces pienso que se hacen más daño
que bien la una a la otra.
—Gino…
—La mamá de Jazmín amaba al papá de Jazmín. Su papa era un atrofiado
emocionalmente, cabrón alcohólico, pero esa perra lo amaba más de lo que
amaba a Jazmín. Él golpeaba la mierda fuera de Jazmín y su madre todo el
tiempo. Y la mamá de Jazmín se mantenía volviendo con él. Eventualmente,
él se largó, pidió el divorcio, conoció a alguien más. La mamá de Jazmín la
culpaba. Dijo que ella era una cagada y que iba a terminar igual que su
padre. Por años le dijo a Jazmín que era como su padre, un desastre
esperando por suceder. Y Jazmín lo cree. ¿Sabes que su madre intentó
suicidarse dos veces? La vaca egoísta dejó que Jazmín la encontrara así.
Dos veces. Y ahora Jazmín piensa que va a hacer conmigo lo que su padre
hizo con su madre. No puedo racionalizar con ella. Puñeteramente ella ni
siquiera bebe. ¡Está todo en su cabeza! Y yo pensé que ya lo habíamos
superado, Ange. Cuando las cosas se pusieron serias años atrás fuimos a
través de todo esto y pensamos que lo habíamos superado. Es por eso que
me he declarado. —Él inclinó la cabeza en un intento de ocultar las
lágrimas brillando en sus ojos—. No puedo creer que esto esté sucediendo
realmente. —Pateó la mesa de café en frustración y yo apenas e incluso
parpadeé.
Mi mente estaba fuera con Jazmín. ¿Cómo podía haber sido su mejor amiga
durante cuatro años y no saber nada de esto? De esta manera era un lio
mayor del que podría haber imaginado. Por supuesto, Jazmín no sabía nada
de mi pasado tampoco. De pronto me pregunté si Gino tenía razón.
¿Cómo podríamos dar y recibir consejos, cuando no sabíamos nada de los
demonios de la otra?
Entonces se me ocurrió, mirando a Gino, llorando por la mujer que
amaba, que Jazmín estaba menos enredada de lo que yo lo estaba. Ella le
había dicho a Gino todo porque había confiado en él con sus problemas.
Ella había tratado a través de ellos con él. O casi lo había hecho.
Todavía, eso era un gran paso en la dirección correcta.
—Ange —Gino estaba suplicándome ahora—, habla con ella, por favor.
Ella te escucha. Ella piensa que si eres feliz estando sola, entonces va a
estar bien también.
¿Feliz? Yo no era feliz. Sólo estaba a salvo.
Suspiré profundamente, sin saber qué hacer. —Mira, puedes dormir aquí
durante todo el tiempo que necesites.
Gino me miró un momento demasiado largo, con una expresión
indescifrable. Por último, se limitó a asentir. —Apreciaría si pudiera dormir
en tu sofá esta noche. Mañana, estoy yendo de vuelta a casa de mamá.
Hasta que pueda quedar resuelto.
—Bien.
No dijo nada más después de eso, encontré una frazada en el closet y la
dejé en el sofá, junto a una de más almohadas. Podía sentir la decepción
de Gino en mí cada vez que caminaba cerca de él, así que lo dejé en la
sala y me encerré en mi habitación.
Llamé a Diana.
—Oye, ¿estás bien? —preguntó, el sonido de la música y el ruido
desvaneciéndose en el fondo, mientras caminaba a través de cualquier bar
en el que estaba y saliendo hacia a una marginal calle más tranquila.
No, no estoy bien. Estoy demasiado lejos de estar bien. —Sí, estoy bien.
Espero que no te importe, pero le dije a Gino que podía dormir en el sofá
esta noche. Se está yendo a casa mañana.
—Claro es, ¿qué? —Su boca se apartó de su teléfono mientras hablaba con
otra persona—. Ella está bien. Está durmiendo en el sofá.
¿Ese era Nicola?
—No, he dicho que está bien. Nicola, ella está bien. Fuera. —Su suspiro
se hizo más fuerte cuando se volvió de nuevo a su teléfono—. Lo siento,
Ange. Sí, eso está bien. ¿Necesitas que vuelva a casa?
¿Necesitas que vuelva a casa?
¿Estaba yo en casa? ¿La necesitaba?
Apenas la conocía. Pero al igual que Nicola, Diana se había arrastrado
dentro de alguna manera. Agotada por lo que se había convertido en un
día excepcionalmente emocional, sacudí la cabeza. —No, Diani, estoy muy
bien. Quédate. Que se diviertan. Sólo recuerda que hay un tipo extraño
durmiendo en el sofá cuando llegues a casa.
—Está bien.
A regañadientes, ella colgó el teléfono y me quedé mirando la pared. Yo
daba vueltas. ¿Por qué me sentía tan fuera de balance? ¿Tan fuera de
control? ¿Tan asustada?
¿Por qué mudarme cambió tanto en tan poco tiempo?
Tantas cosas habían cambiado, pero aparentemente no habían cambiado
lo suficiente. Aún estaba sola. Pero estaba sola porque así es como yo lo
quería. Jazmín, de repente me di cuenta, era una criatura completamente
diferente. No iba a sobrevivir sola. Marqué su número.
Contestó junto cuando estaba a punto de colgar. —¿Hola?
Jesús, ella sonaba como la mierda. —¿Jaz?
—¿Qué es lo que quieres, Ange? Estaba durmiendo.
Sí, yo podía sólo imaginarme que estaba gastando todo su tiempo en la
cama desde que Gino se había ido. De repente me sentí enojada con ella.
—Te estoy llamando para decirte que eres una completa idiota.
—¿Disculpa?
—Me oíste, ahora consigue el teléfono y llama a Gino y dile que cometiste
un error.
—Jódete, Ange. Sabes mejor que nadie que estoy mejor sola. ¿Has estado
bebiendo?
—No. Estoy sentada aquí mientras tu novio yace tumbado en mi sofá.
Su respiración se dificultó. —¿Gino está en ahi?
—Sip. Y tiene el corazón roto. Y me dijo todo. Sobre tus padres, sobre tu
mamá. —Esperé por una respuesta pero Jazmín se había ido a un silencio
sepulcral—. Jaz, ¿Por qué no me lo dijiste?
—¿Por qué incluso nunca hablaste sobre tus padres? —ella respondió.
Parpadeé de nuevo el escozor en los ojos, mientras ellos aterrizaban en la
fotografía de mi familia en la mesa de noche.
—Debido a que murieron junto a mi hermana pequeña cuando tenía
catorce años y no hay nada más que decir. —Yo no sabía si eso era cierto o
no. De hecho después de los ataques de pánico, me preguntaba si no decir
nada era el problema. Respiré hondo y le dije algo que nunca le había
dicho a nadie.
—Cuando murieron, la única persona que tenía era mi mejor amiga Alondra, y
cuando ella murió un año después no tuve a nadie. Estaba completamente
sola. Me pasé los años más impresionables de mi vida cuidando de mí.
Nunca hubo llamadas telefónicas afectadas o gente chequeando. Quizá las
hubiese habido si las hubiese permitido, pero estoy acostumbrada a cuidar
de mí y no querer depender de nadie más.
Después de otro momento donde el único sonido que podía oír era el ruido
de mi corazón. Jazmín sollozó. —Creo que eso es lo más honesta que alguna
vez has sido conmigo.
—Es lo más honesta que he sido con nadie.
—Siempre has sido tan auto-contenida. Pensé que estabas bien. Pensé que
no tenías necesidad de tener a nadie preocupado…
Me recosté en la cama con mi propio suspiro. —El punto de este
derramamiento renuente de toda mi mierda no es para hacerte sentir
culpable. Yo no necesito a nadie que esté preocupado por mí. Ese es mi
punto. ¿Cambiará algún día? No lo sé. No lo estoy pidiendo. Pero Jaz,
cuando confiabas en Gino con todo tu equipaje decidiste que ese día
pedirías a alguien que se preocupara. Estabas cansada de estar sola.
¿Quedarse con él será tan difícil? Sí. ¿Luchar con tus temores todos los
días será difícil? Sí. Pero cómo se siente por ti… Jesús, Jazmín… eso vale la
pena. Y diciéndote a ti misma que esté bien correr lejos de él y estar sola
sólo porque yo estoy sola y bien con eso, es una mierda. Estoy sola porque
sólo lo estoy. Estás sola porque tomaste una decisión. Y es la mierda de
elección.
—¿Ange?
—¿Qué?
—Lo siento, no he sido la mejor amiga. No estás sola.
Si lo estoy. —Lo siento, no he sido una mejor amiga tampoco.
—¿Está Gino aún ahí?
—Sí.
—No quiero estar sola. No cuando podría tenerlo. Dios, eso suena tan
cursi.
Sacudí mi cabeza, sonriendo, la opresión en mi pecho relajándose.
—Si eso suena cursi. Algunas veces la verdad es cursi.
—Lo voy a llamar.
Sonreí. —Voy a colgar el teléfono.
Colgamos y me quedé en la oscuridad escuchando. Después de veinte
minutos oí crujir mi puerta principal abriéndose y cerrándose.
La habitación me pareció estar vacía, la manta en el sofá enrollada. Un
trozo de papel yacía sobre ella. Una nota de Gino.
Te lo debo.
Agarré firmemente al papel y caminé aturdida de nuevo en mi habitación
mirando a la foto de mí con mi familia. En todo caso estas últimas
semanas me habían enseñado, que esa era que yo obviamente —como
Jazmín— no había terminado de perderlos. Tenía que hablar con alguien.
Pero a diferencia de Jazmín, no quería hablar con nadie que pudiera usar
esa mierda contra mí. Mi terapeuta en la escuela secundaria había tratado
de ayudarme pero me cerré todo el tiempo. Era una adolescente. Pensé que
lo sabía mejor.
Pero ya no era más una niña, y no lo sabía mejor. Y si quería que el ataque
de pánico parara, necesitaba hacer la llamada en la mañana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario