viernes, 25 de abril de 2014

"Una Princesa En Casa" capítulo 11

                                 







Capítulo 11



Te veré el martes por la noche, querido -dijo Priscila después de rozar los labios de Nicola y se dirigió hacia la puerta de su lujosa mansión.

-¿El martes por la noche? -repitió Nicola en voz alta cuando la puerta se cerró-. No creo -dio media vuelta y miró hacia el coche, donde su madre lo esperaba expectante.¿Qué le habría preparado su madre aquella vez?

Maldiciendo en silencio, se dirigió hacia el coche. Le dolía la cabeza, había cenado demasiado y la compañía que había tenido durante la velada había ayudado a que se le indigestara la cena. El chofer abrió la puerta y Nicola entró en el coche,

-No -le dijo a su madre-. No sé lo que tienes planeado para el martes por la noche pero no, no puedo ir.
-Tendrás que hacerlo. Es la recepción para Rafael Cardozo, ¿recuerdas? Ha sido elegido Empresario Modelo del Año por su trabajo con los niños del orfanato. Y como parece haber desaparecido una vez más, tendrás que ir tú a recoger el premio.
-¿A qué hora?
-La cena empieza a las siete y el cóctel a las seis..
-¿Y a qué hora entregarán el premio?
-Bueno, el año pasado no lo hicieron hasta las nueve menos cuarto, pero...
-Entonces estaré allí a las ocho y media.
-Se lo diré a Priscila.
-Solo -repuso Nicola con firmeza.
-Nico -dijo su madre con un suspiro-. Ya sabes lo que va a pensar si apareces solo.
-Me importa un bledo lo que piense. Priscila está empezando a tener una idea equivocada sobre nuestra relación -protestó Nicola-. Parece pensar que dentro de poco anunciaremos nuestro compromiso. Y algo me dice que tú tienes algo que ver con eso.

Johana cruzó las piernas e hizo un gesto de desdén.

-Relájate, querido. Esa mujer es perfecta para ti.
-Dios, espero que no.
-Hijo, no te pongas así. Tienes que admitir que con Andrea acerté, ¿no?

Nicola se quedó callado. Se había enamorado de Andrea, pero ella se había casado con él por su dinero. O quizá, más exactamente, Andrea no se habría casado con él si no hubiera tenido dinero. Nicola ya había tenido la misma conversación con su madre en otras ocasiones, pero Johana no comprendía por qué se había enfadado tanto cuando Andrea le había dicho la verdad, que su matrimonio había sido principalmente una cuestión de negocios. De hecho, su madre decía que a ninguna mujer que estuviera en sus cabales se le ocurriría renunciar a una fortuna de ese tamaño y que Nicola debería agradecerle a su dinero que lo hubiera ayudado a conseguir a una mujer tan adorable como Andrea. Poco a poco, Nicola había llegado a aceptar que Andrea lo había querido a su manera. La quería demasiado para separarse de ella y además ya tenían a Ariana. Así que había hecho todo lo posible para que su matrimonio funcionara.
Pero nunca había dejado de resultarle doloroso saber que Andrea se había casado con él por su fortuna.

-No voy a casarme con Priscila -dijo por fin-. No voy a casarme con nadie. Así que déjalo ya por favor.

Johana suspiró dramáticamente.

-Es posible que a ti no te importe, pero surgirán rumores si apareces solo.

Rumores, especulaciones sobre si realmente había matado o no a la esposa a la que adoraba. Era tan absurdo...

-De acuerdo -dijo-. Llevaré a alguien, por eso no te preocupes.
-¿A quién? -preguntó Johana al instante.
-No lo sé, a alguien -de pronto se le ocurrió una idea-. A Angie.

Dios, era una idea genial. Podía decirle a Cathy que se quedara hasta un poco más tarde. Podrían cenar en casa con los niños y después...

-Oh -su madre se llevó la mano a la frente con gesto dramático-, no, Nico, por favor, no. No me digas que estás haciendo algo tan vulgar como tener una aventura con la niñera.

Nicola soltó una carcajada. En ese momento el chofer estaba deteniendo el coche en frente de su casa.

-¿Cómo es? ¿Una jovencita exuberante de dieciocho años?
-Tiene veinticinco años. Y puedes estar tranquila, la encuentro tan estimulante sexualmente como a Mary Poppins -se interrumpió un instante-. Aunque ahora que lo pienso, es posible que debajo de sus ropas almidonadas Mary Poppins vistiera como una emperatriz.

Nicola salió rápidamente del coche, antes de que su madre pudiera regañarlo, pero se asomó nuevamente a la ventanilla para despedirse de ella.

-Mamá, sé que lo único que quieres es que sea feliz, pero no vuelvas a hacer de casamentera. Dame un respiro, ¿de acuerdo?

Su madre suspiró. En aquella ocasión su preocupación parecía completamente sincera. 
-Me temo que si te doy ese respiro que pides te encerrarás en tu despacho y no volverás a salir jamás. Andrea fue la única que murió, Nicola, no tú. Sé que la querías, pero...

Nicola señaló hacia la casa.

-Es tarde, será mejor que me vaya.
-Vaya, vaya. Me estoy metiendo en una conversación demasiado personal, ¿eh?
-Buenas noches, mamá.
-Dales un beso a los niños -le gritó su madre mientras se alejaba.
-Lo haré -contestó. Y por primera vez desde hacía mucho tiempo era capaz de imaginarse a sí mismo dándoles a los niños los besos que su madre les enviaba. Y también por vez primera iba a comenzar a hacer planes para poder cenar regularmente con sus hijos

Su madre estaba completamente equivocada. No tenía intención alguna de encerrarse en su despacho. Estaba preparado para volver nuevamente al mundo. Pero quería hacerlo lentamente. Quería recuperar a sus hijos antes de zambullirse en el torbellino de la vida social que su madre adoraba. Gracias a Angie Gutiérrez y...

Vio que la luz de su despacho estaba encendida.

Frunció el ceño. Aquello era muy extraño.

Continuara...

No hay comentarios:

Publicar un comentario