lunes, 31 de marzo de 2014

"Amigos Desconocidos" capítulo 50




El trayecto en avión se hizo interminable. Diana no sabía a donde mirar para evitar ver a Israel, sentado junto a ella. No era agradable para alguien que no creía en el amor, darse cuenta de que amaba a alguien que nunca la miraría como otra cosa más que una aventura. Lo intentaba asumir. Se había dicho que no importaba mientras lo tuviese cerca. Pero cada vez era más difícil. Y no se sentía con fuerzas de soportarlo mucho más.

Agradeció que Israrl no le dirigiese la palabra ni intentase llamar su atención. Sabía que le ocurría algo pero estaba demasiado preocupada por su frágil estado emocional como para preocuparse por el de otra persona. Y no quería añadirle a sus problemas una nueva paranoia de él. Se conformaba con que fuese lo que fuese que ahora pensase de ella, fuese lo suficientemente grave como para no hablarle el resto del día. Pero ¿qué podía pensar que fuese peor que lo que ya pensaba sobre ella?

La llegada al aeropuerto fue incómodamente silenciosa, en contraste con el bullicio de alrededor. Fue valiente y lo miró a la cara. Estaba triste, absorto en sus pensamientos. Probablemente temía ver a su madre, pensó Diana, caminando para recuperar su maleta.

Momentos después, la espectacular Marisol apareció con una radiante sonrisa. Abrazó a su hijo como si quisiese exprimirlo y lo soltó solo para comérselo a besos. Todo el mundo los miraba, pero a la mujer le daba igual.

- ¡Mamá, ya! -protestó Israel irritado- Estás armando un espectáculo -acusó mientras se lavaba la cara con el dorso de la mano.

Su madre ignoró el comentario y comenzó a lavarle ella misma la cara con sus enjoyados manos. Diani rió ante la imagen. Parecía el niño que ella conoció. Avergonzado por las muestras de amor de su madre. Pero sabía que en el fondo las adoraba.

La risa de Diana hizo que la mujer se percatase de su presencia. La miró de arriba a bajo y después a su hijo, con expresión interrogante. Él solo abrió la boca levemente, pero nada salió de sus labios. Marisol se acercó a la joven y la abrazó.

- Hola cariño. Cuanto tiempo sin verte -dijo Marisol sin dejar de abrazarla.
- Pensé que no me había reconocido -confesó Diana.
- ¡Oh! Claro que sí. Mi hijo y tú erais inseparables. No podías ver a uno sin el otro. Pero me ha extrañado que no me dijese que venías -afirmó la mujer acariciándole la mejilla- Antes eras una muñeca pero ahora eres toda una belleza.

A Diana no le costó darse cuenta de que Israel apretaba los dientes al escuchar el comentario. Incluso, creyó poder escucharlo.

- Una auténtica belleza -repitió la señora- Seguro que tienes a todos los hombres locos por ti. Mi pobre hijo se llevará todo el día peleando con ellos -bromeó abrazándola de nuevo. Pudo ver sobre su hombro como Israel la fulminaba con una mirada inquisidora.
- Claro que no -negó con suavidad Diana, con media sonrisa.
- Estoy segura de que sí. Conozco a mi hijo. Y cuando se refiere a ti, es el más celoso del mundo -explicó Marisol con seriedad- Aún recuerdo la que armó para poder hablar contigo diariamente cuando vivía acá. Él...
- ¡Ya! ¡Suficiente! -interrumpió Isra malhumorado- ¿Podemos irnos ya? Estoy cansado del viaje.
- Pero hijo, si ha sido un viaje muy corto. Yo pensé... -comentó la mujer apenada.
- Eterno. Ha sido eterno -espetó Israrl sin más mientras caminaba dándole la espalda a ambas mujeres.

Las bellas féminas se miraron sorprendidas y caminaron tras él. A su paso hombres y mujeres se giraban para mirarlas. Ajenas a este hecho, lo único que ellas escuchaban era maldecir una y otra vez a Israrl. Ambas agradecieron la presencia de la otra. Diana estaba segura que iba a necesitar hablar con esa mujer si no para ayudarlos a salvar su vínculo madre-hijo, si para evitar acabar matando al hijo, por ¡mbécil.

¿Quién lo mandaría a él pedirle a Diana que lo acompañase?, se recriminó Israrl. Había unido a dos mujeres que eran capaces de hacer que una habitación entera -incluso, un aeropuerto- se girase para contemplarlas. Lo único que le faltaba es que se ayudasen entre ellas a ser aún más arrebatadoras. Si el silencio del avión le hizo congelar la sangre, la cháchara que llevaban las dos mujeres durante el trayecto en coche, se la hizo hervir. Se reían, bromeaban y eran tan encantadoras que cualquier hombre caería rendido a sus pies. Pero él las conocía de verdad y no caería en la trampa. Se alejaría de ambas todo lo posible. Ignoraría su existencia.

- ¿Y tienes novio preciosa? -preguntó Marisol a Diana, haciendo que Israel fracasase en su intento de ignorarlas. Aunque disimuló, mirando por la ventanilla, estaba atentó a la respuesta.
- ¿Novio? -repitió soltando una carcajada- Dudo de que haya un hombre sobre la tierra capaz de soportarme.

Él era capaz de soportarla. Adoraba hacerlo. Y para su desgracia, el resto de los hombres también, se dijo furioso.

- No me creo que una chica tan guapa este solita - insistió Marisol - Seguro que hay alguien. En la universidad en el trabajo. En ese local del que me has hablado, seguro que hay chicos guapísimos ¿No hay ninguno que te llame la atención?
- Mamá ya te ha dicho que no -contestó Israel por ella- ¡No insistas más!
- Seguro que este -dijo señalando a su hijo- tiene la culpa. Apuesto lo que sea a que te los espanta.

Diana no pudo evitar soltar una carcajada ante el tono cómplice y sigiloso de la mujer. Por su parte Israel volvió su atención al paisaje que divisaba por la ventanilla, aún más furioso que antes.

- No, para nada -mintió Diana con media sonrisa- En realidad, me apoyó mucho en mi última relación. Pero no duró mucho.
- ¡Oh, pobre! -exclamó Marisol acariciándole el cabello.
- ¡Oh, no! No me malinterpretes. Ambos deseábamos terminar. Estábamos mejor como amigos. Ahora es el novio de una de mis mejores amigas, y son muy felices -explicó con una sonrisa.
- ¿Y tú? -insistió la mujer- Tienes cara de enamorada... ¡Lo sabía! -gritó sobresaltando a todos- Te has sonrojado, eso significa que estás enamorada.

Israel dejó de ver interesante el paisaje en ese mismo instante, y se giró inmediatamente para ver como Diana intentaba esconder el rostro entre su cabello y miraba por su ventanilla. Pero pudo ver que tenía razón su madre, estaba sonrojada.

- No, no estoy... ahm... enamorada. Es solo que... me da vergüenza este tema -mintió Diana, entre susurros.
- Bueno, pues me alegro. Porque el hijo de Luis Enrique tiene vuestra edad ¡Y es divino! -afirmó Marisol mordiéndose el labio- ¡Te va a encantar! Y tú a él ¡Estoy segura! Es alto, moreno, de ojos marrones y piel dorada, ¡Es un dios! Y su acento italiano te va a derretir. Además, estudia...

Marisol continuó describiendo las miles de virtudes de su nuevo hijastro e Israel se negó a seguir escuchando o acabaría cometiendo una locura. Ahora también tenía que lidiar con un guaperas, que seguramente caería rendido a los pies de Diana. ¿Qué hombre no lo haría?

Ese viaje cada vez le parecía peor idea. No le gustaba ver a su madre y Diana juntas. No le gustaba que hubiese un tipo que seguramente le haría la vida imposible esa semana. Y sobre todo, no le gustaba que Diani no hubiese dicho que estaba ocupada y nada interesada en ese italianucho. Ellos tenían un pacto, y aunque no fuesen pareja, estaban juntos.

- ¡Mamá déjala en paz, ya sale con alguien! -afirmó Israel sin dejar de mirar al exterior del coche.
- Pero ella dijo que no tenía novio -replicó ceñuda.
- No tiene novio, pero sale con alguien -explicó el joven sin mucho interés. Diana sintió como si le hubiesen dado una patada en la boca del estómago.
- ¡Oh, que pena! Estoy segura de que te iba a encantar Mario y él se enamorará de ti nada más verte.

Israel decidió que su nuevo objetivo en la vida era alejar al mal'dito Mario y ponerle un saco a Diana, que impidiese que el resto del planeta pudiese verla. Y no es que estuviese celoso, es que simplemente no le gustaba que el resto del planeta mirase a su... amiga.

- Yo... ahm ¡lo siento! Pero si salgo con alguien -corroboró Diana, más sorprendida que el resto por su afirmación ¿Salían juntos?
- Bueno, pues entonces solo tendré que buscarle una buena chica a mi Israel -comentó Marisol entre suspiros de resignación. 

Israel miró a su madre y después a la muchacha junto a ella, esperando ver en ella los mismos celos que a él lo consumían. No hubo ningún cambio de expresión ¡Oh, sí, sí lo hubo! ¡Se estaba riendo!

¿Era mucho pedir que, al menos, tuviese un poco de miedo a perderlo? No era la clase de mujeres que temen perder las atenciones de un hombre. Ella sabía como él que era la única en su vida. E Israel odió sentirla tan segura. No sentía nada por él. Y nunca lo sentiría.

- No creo que Isra necesite tu ayuda para eso -le aclaró Diana - Es un auténtico rompecorazones. Tiene a todas las chicas de la universidad locas por él. Por no decir del resto. No creo que necesite ayuda para encontrar novia.
- Pero mi hijo no puede acabar con cualquiera. Tiene que ser guapa, inteligente, ingeniosa y que la quiera y lo quiera de verdad.

Israel sintió como se le encogía el corazón. Esa era exactamente, la Diani que él había conocido. Y salvo porque ya no había amor entre ellos, seguía siendo tan espectacular y arrebatadoramente deslumbrante.

- Así como tú -dijo Marisol a Diani , desconcertándola- Es una pena que os veáis como hermanos. Habríais hecho una pareja perfecta.

Por una vez estaba de acuerdo con su madre. No en lo de hermanos, ya que era absurdo. Pero sí en que ella estaba mejor con él y no buscándole más problemas metiéndose con italianos inoportunos.

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