lunes, 31 de marzo de 2014

"Amor en Desencuentro" capítulo 10






¿Cómo será sentirse amada? – Se pregunto Yidda mientras galopaba de regreso a casa. 
¿Que se sentirá saber que el hombre a quien amas te ame? 

El caballo salto sobre una cerca y ella sonrió ante la sensación. 
¡Sensaciones! 
¿Qué sensaciones te llenan cuando esa persona especial acaricia el fondo de tu ser? 
¡Caricias!
Una mano fuerte y delicado se apareció en su imaginación; acariciándola, tocándola, explorándola. 
Unos labios finos y sensuales la besaban, Unos ojos azules y hechizantes la miraban, la recorrían. 
¡Julián! 
Yidda se sobresalto y regreso a la realidad, no era posible.
¿Estaba soñando despierta con Julián? 
Ella quería que él la besara y eso la asustaba. En el rio ella quería que el acortara la distancia y…. 

- ¿Dónde estoy? – Perdida en sus sueños poco confiables no se dio cuenta de hacía donde se dirigía.


El caballo se detuvo y ella bajo de un salto, miro a su alrededor y suspiro. Girándose acaricio las crines de su animal.  
- ¿Porque me has traído aquí whisky?

El caballo resoplo y dio 2 golpes en el suelo, rocío volvió a acariciarlo y miro en la dirección que el señalaba. 
- Hace mucho que no veníamos. 
La lapida negra y fría hizo que a Yidda se le apretara el corazón. 
Sentándose junto a la tumba limpio el nombre: 
“Yamila (Yaya) Piñero de Jiménez”

Mientras arrancaba la maleza que comenzaba a crecer alrededor su mente voló al pasado:  

Flash-back:

- Eres una maldita inútil. – Yidda escucho a lo lejos como un hombre le gritaba a una niña. 

Estaba cansada, hambrienta y asustada. Se había escapado del refugio para huérfanos donde la habían encerrado, había viajado por días y allí estaba, llegando a un pueblo alejado de las manos de Dios. 
Yidda con solo 10 años miraba a lo lejos como un hombre maltrataba a una pequeña niña rubia que debería tener más o menos la misma edad que ella. 
Se acerco un poco y miro con impotencia como la pequeña solo agachaba la cabeza y se cubría con sus delgados brazos.

Yidda sabía defenderse, había sido expulsada de 3 orfanatos por  pelear, siempre la tachaban de agresiva y peligrosa. 
Mirando a su alrededor y tomo una botella del suelo y agazapada fue acercándose. Gritos e insultos se escuchaban cada vez más fuertes a medida que avanzaba y ahora también podía oír el llanto leve de la niña rubia. 

Yidda miro como el hombre utilizaba la hebilla de la correa para golpear a la pequeña y la rabia creció. 
Cuando el hombre se disponía a volver a golpear Yidda salió de su escondite y ataco al hombre con la botella partiéndosela en la cabeza. 

La rubia grito horrorizada y miro como su atacante se desplomada pesadamente en el suelo.
Yidda la tomo del brazo y comenzó a correr en dirección opuesta. 


- Quien eres?? – Grito la rubia intentando alcanzar el paso de la castaña. 
- Yidda y tú?? –
- Yamila. – respondió esta jadeando por el esfuerzo. 
- Vale, ahora, Yamila, corre más rápido que ese hombre no está del todo inconsciente y si no encuentra nos matara. 

Fin Flash-back

Y así nació la hermandad, huyeron juntas, crecieron juntas y solo la muerte las pudo separar. 

Yidda arranco con más fuerza de la necesaria ese montículo de maleza.
 “La muerte”, ya las lagrimas caían y ella no hacía nada para detenerlas o limpiarlas. 
Todavía le dolía y sabía que le seguiría doliendo por siempre. Había pasado más de un año  y todavía no podía borrar de su mente ese momento en que la vio, fría, hermosa, lejana, muy distante, en otro lugar, otro mundo. 

- No tenias que morirte – un sollozo mas fuerte sobrevino.- Maldita desquiciada no debías dejarme sola. – Grito golpeando el suelo – Nosotras íbamos a estar juntas siempre ¿Recuerdas? – Rio amargamente- No, no lo recuerdas, y no lo recuerdas porque estas muerta…
- Porque me dejaste sola – agrego más bajito.- Estas muerta Yami, mi Yami, mi Yayita, y yo – acaricio el nombre – y yo estoy viva, y lo estoy queriendo no estarlo. 

Se arrodillo y miro mas allá, al horizonte, a ese punto en el que el cielo se conecta con la tierra volviéndose uno. 

- Te necesito Yaya, me siento tan sola – volvió a mirar la lapida – tan vacía. Ya no me queda nadie. 

- Yo estoy para ti Yidda… - Yidda alzo la visto y un grito se atoro en su garganta.  

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