—Estás embarazada —afirmó.
Me eché a reír. Maldita sea, eso fue divertido, casi me tuvo allí. Negué con la
cabeza, sin dejar de reír.
—En serio, ¿qué es?
Miró de mí a Nicola.
—Estás embarazada —repitió.
Dejé de reír inmediatamente. No podía estar embarazada. No, esto era un error.
—No puede ser, estoy tomando la píldora. La he tomado todos los días, no me
perdí ni una sola. Las tomo exactamente a las ocho de la mañana —protesté,
sacudiendo mi cabeza, tenía que ser otra cosa. Miré a Nicola, que estaba mirando al doctor, con la boca abierta.
—Bueno, ¿cuándo fue tu último período? —preguntó el doctor.
Miré a Nicola de nuevo.
—Hace dos semanas. Estoy tomando la píldora desde que tenía que dejarla por
una semana, así que definitivamente hace dos semanas. Estoy por tener la
siguiente consulta después de la próxima —le dije de manera positiva.
—¿Y, tu período, cómo era? ¿Tan pesado como lo normal? —preguntó él médico,
garabateando en su libreta de nuevo.
¿Tan pesado como lo normal? Pensé en ello. En realidad, era muy ligero, pero eso
era porque estaba tomando la píldora, Jaz dijo que hacía sus periodos más
ligeros.
—Era ligero pero sin duda lo tuve, hace dos semanas. No puedo estar embarazada
—le dije con severidad.
—A veces, puedes tener periodos ligeros a través del embarazo. Se llama
manchado. ¿Cuánto tiempo has estado tomando la píldora? —preguntó con
curiosidad.
—Seis semanas —le contesté, en voz baja.
Esto no podía ser cierto. Por favor, díganme que esto es una especie de inmenso
error, o incluso uno de esos programas de cámara oculta y la gente saltará y gritará
“caíste” en cualquier momento.
—Y cuando empezaste a tomarla, ¿la tomaste el primer día de tu periodo? —
preguntó.
Negué con la cabeza.
—Fue un par de semanas después de mi periodo. ¿Qué diferencia hace eso? —
cuestioné, empezando a ponerme nerviosa.
—Bien, bien, cuando empezaste a tomar la píldora necesitabas comenzar el primer
día de tu periodo y luego se haría efectiva de inmediato. Si la tomas dentro de
cinco días, será efectiva después de dos semanas, pero si comienzas cualquier otro
día, entonces necesitas usar tu segundo paquete antes de que haga efecto —
explicó en voz baja.
Así que eso significa que ni siquiera empezó a funcionar hasta hace dos semanas
cuando comencé mi segundo paquete y ¡había estado teniendo relaciones sexuales
sin protección todo el tiempo! Nicola seguía mirándolo fijamente. No había dicho
nada en absoluto, ni siquiera estaba segura de que estuviera respirando. Estaba
sentado tan quieto que era como una estatua.
—Voy a traer una máquina portátil de ultrasonido y echaremos un vistazo, ¿sí? —
sugirió el doctor, sonriendo amablemente mientras desaparecía por la cortina.
—¿Nicola? —susurré. Estaba sinceramente asustándome, nunca había visto a nadie
estar tan quieto en mi vida, no era natural. Él no respondió. El doctor volvió y
observé cómo esparcía un poco de gel en mi estómago y apretaba lo que parecía
un pequeño micrófono en mi estómago, rodando a su alrededor.
Oh, mierda, por favor, que esto sea un error.
Se detuvo, sosteniéndolo todavía, y asintió.
—Sí, definitivamente embarazada. Diría que tenemos uno de los grandes aquí,
estás a punto de las cuatro, quizá cinco semanas. ¿Quieres ver? —ofreció,
sosteniendo el pequeño micrófono hacia mí.
—No —me negué, empujándolo lejos rápidamente.
No quería ver, porque entonces no sería capaz de hacer lo que necesitaba hacer.
No podía tener un bebé, éramos demasiado jóvenes, arruinaría todo. Apenas
habíamos empezado a salir; no era mucho. Nicola se iría a la universidad pronto, no
podíamos tener un bebé. No arruinaría los sueños de Nicola, él siempre había
querido jugar al hockey y no le quitaría eso. No podía mirar la terminal tampoco,
no podía ver al bebé allí porque necesitaba estar fuerte.
—¿No quieres ver? —preguntó el doctor, viéndose confundido.
Negué.
—No, quiero un aborto —dije con severidad.
Nicola se movió. Oh, gracias a Dios, ¡por fin!
—¿Un aborto? ¿Qué? ¿Por qué?! —exclamó, sorprendido.
Lo miré, me estaba mirando, horrorizado, como si acabara de sugerirle un sello o
algo así.
—Debido a que hay que hacerlo —le dije, mirando a otro lado en vez de a su
intensa mirara. Me volví hacia el doctor—. ¿Puedo hacerlo hoy? ¿Qué debo hacer?
—le pregunté con nerviosismo.
—Bueno, hay dos maneras: un aborto médico, que es una píldora hoy y mañana,
que básicamente traería un periodo. O una cirugía que tendrías que hacerte bajo
anestesia general, y que, básicamente, eliminaría todo —explicó en un tono de
negocios.
Me encogí. Odiaba cómo sonaba eso, pero tenía que hacer esto. No podía pensar
en él como un bebé, un pequeño Nicola, porque de lo contrario no sería capaz de
deshacerme de él.
—¿Puede darnos un minuto? —pidió Nicola. El médico asintió y salió rápidamente—.
Ángel, ¿Qué diablos estás haciendo? —preguntó Nicola una vez que estábamos
solos. Tomó mis manos, mi miró como si me hubiera vuelto loca o algo así.
—¡Nicola, no podemos tener un bebé! Tengo dieciséis años. Irás a la universidad. No
podemos —expliqué, sacudiendo la cabeza.
Negó con la cabeza.
—Ángel, piensa esto, ¿por favor? Te amo, me amas. Quiero tener niños contigo
algún día. Quiero decir, mierda, esto es mucho más pronto de lo que pensaba. —
Sopló una bocanada, pasándose una mano por el pelo, nerviosamente.
—Nicola, no podemos. Vas a ir a una universidad, por el amor de Dios; no
puedo criar a un bebé por mi cuenta. ¡No seas ridículo! —grité, sacudiendo la
cabeza. Él no estaba pensando correctamente.
Se subió a la cama, acostándose a mi lado.
—Ángel, escúchame, ¿está bien? —rogó. Asentí y lo miré, incapaz de ver qué
podría decir para hacer esto correcto. No había nada que él pudiera sugerir, no
había otra manera—. Te amo más que a nada en este mundo. Antes de que esto
sucediera iba a rechazar mi beca e ir a una universidad aquí en cambio —comenzó.
Abrí la boca para decirle que estaba siendo estúpido, pero me tapó la boca,
mirándome suplicante—. Quería pedirte que vinieras conmigo. Pero no
podía pedirte que te alejaras de tu casa, de Israel y de tus amigos, así que decidí
quedarme aquí contigo, en su lugar —dijo, encogiéndose de hombros.
Cristo, es tan adorable, dulce y considerado. Pero, ¿cómo demonios algo de esto
relacionado con nosotros teniendo un bebé, significa que él probablemente no iría
a la universidad de todos modos ya que tendría que abandonar y conseguir un
trabajo? Yo tendría que abandonar la escuela sin siquiera graduarme.
Él sonrió mientras continuaba tratando de convencerme.
—Podemos hacer que esto funcione; sé que mi mamá nos ayudará. Iré a la
universidad y conseguiré un empleo en las noches y los fines de semana para
ganar algo de dinero. Tú podrías terminar la escuela por correspondencia, o
podríamos tener una niñera para que pudieras ir a la escuela. O tal vez incluso mi
mamá lo haría —sugirió, mirándome esperanzadamente—. Este de aquí es nuestro
primer bebé, Ángel. Es un bebé que hicimos juntos. ¿Puedes pensar en ello, por
favor? Será difícil por cierto tiempo, pero una vez que firme un contrato con un
equipo, seré capaz de darte cualquier cosa que quieras. A ustedes dos —arrulló,
frotando ligeramente su mano sobre mi estómago.
—Nicola, no quiero arruinar tu futuro —susurré.
Él sonrió y me besó suavemente.
—Ángel, tú eres mi futuro —contrarrestó él, deslizando la mano bajo mi top, y
ubicándola en mi estómago.
Miré su apuesto rostro; sus ojos estaban centelleando con amor mientras
acariciaba mi estómago con la mano.
—No hice esto para atraparte —dije nerviosamente.
Él se echó a reír y puso los ojos en blanco.
—Me atrapaste cuando tenías cuatro años de edad. Estabas usando un vestido azul
oscuro con un lazo en la espalda, y pequeñas medias blancas. La primera vez que
te vi estuve atrapado. Esto, —Dibujó en mi estómago con un
dedo—, esto es una bendición. Seguro, no estaba esperando esto hasta dentro de
unos cinco o seis años, pero aun así… es una bendición —dijo, sonriendo.
¿Podíamos realmente hacerlo? ¿Él se quedaría aquí conmigo?
—¿En realidad te quedarías aquí conmigo y renunciarías tu beca? —pregunté un
poco conmocionada. Trabajó tan malditamente duro por esa beca, era una
oportunidad tan increíble, ¿y renunciaría a eso por mí y un bebé?
Él sonrió.
—Ángel, si quieres deshacerte del bebé porque no lo quieres, entonces podría
entender, pero no hagas esto por mí. Quiero quedarme aquí contigo. Si no
estuvieses embarazada todavía estaría rechazando esa oferta —prometió,
acercándose a mí en la cama, envolviendo sus brazos alrededor de mí.
Enterré mi rostro en su pecho y cerré los ojos; también quería tener hijos con él un
día. Podía verme a mí misma sujetando a un pequeño bebé que tuviese los ojos
verdes y el cabello desordenado de Nicola. Garantizado, cuando me lo imaginaba yo
era mucho más mayor que ahora, pero todavía podía verlo, y me gustaba. Quizá
podíamos hacer que esto funcionara. Al bebé no le faltaría amor, y una vez que las
personas superaran la impresión de esto, entenderían. En mi mente no tenía dudas
de que la mamá de Nicola ayudaría también. E Israel, una vez que superara la ira
inicial de todo, sería un tío genial.
Nicola se alejó un poco de mí.
—Te juro que seré el mejor papá del mundo —prometió.
Sonreí; no dudé eso ni por un segundo. Besé sus labios, envolviendo mis brazos
alrededor de su cuello, acercándolo. Lo amaba demasiado, más que nada. Sabía
que podíamos hacerlo funcionar, una pequeña familia. Se alejó del beso y me miró
con una expresión de esperanza en su rostro.
—Está bien —acepté.
Sonrió y me besó de nuevo, moviéndose de modo que tenía medio cuerpo sobre
mí. Noté que no puso nada de su peso sobre mi estómago, estaba siendo súper
tierno. Me besó hacia abajo por mi cuello, bajando más y más. Levantó mi top y
besó todo mi estómago antes de levantarse para sonreírme.
—Te amo —susurró.
Lo halé más cerca de mí.
—También te amo, papi bebé —me burlé, haciéndolo reír.
Envolvió sus brazos alrededor de mí, acostándose cerca de mi lado. Apoyé la
cabeza en su pecho y escuché el latido de su corazón volando mientras deslizaba
una mano bajando por mi cuerpo, apoyándola en mi barriguita, frotando la punta
de mis dedos ligeramente sobre ella.
Besé el pecho de Nicola. ¿Cómo demonios un chico tan adorable, apuesto, dulce,
bondadoso, divertido, talentoso y responsable podía quererme? ¿Cómo podía
amarme tanto como puedo ver que lo hace? No pude evitarlo, pero sonreí.
Yaciendo en los brazos de Nicola, en realidad me sentía como la chica más
afortunada del mundo. Voy a tener un bebé con el hombre que amo.
Después de un par de horas, me dieron de alta. Aparentemente, Nicola iba a
despertarme cada hora para asegurarse de que no tenía una contusión o algo.
Acordamos no decirle a nadie sobre el bebé todavía. Era tan pronto y nosotros
apenas si estábamos acostumbrándonos a la idea… que no necesitábamos ninguna interferencia de nadie más.
—¿Deberíamos llamar un taxi o algo? —pregunté mientras Nicola me sacaba
caminando del hospital, sosteniéndome apretadamente a su lado.
Él sonrió. Había estado haciendo eso un montón el último par de horas; en realidad
creo que estaba verdaderamente emocionado acerca de ser papá, lo cual nunca
antes había visto en un chico de dieciocho años.
—No. Israel nos dejó su auto. Él fue a casa con Erick y me dio sus llaves —explicó,
guiándome hacia el estacionamiento. Me ayudó a entrar al auto, incluso
poniéndome el cinturón de seguridad por mí. Su mano permaneció encima de mi
estómago a medida que se alejaba.
Mi cabeza latía con fuerza; los analgésicos que me dieron estaban comenzando a
desaparecer. Apoyé la cabeza hacia atrás contra el reposacabezas y cerré los ojos.
Iba a ser difícil mentirle a Israel. Yo odiaba mentir y en realidad era muy mala en eso,
pero necesitaba ser hecho por unas cuantas semanas. Simplemente necesitábamos
dejar que todo el asunto del padre abusivo se calmara primero, eso nos daría la
oportunidad de resolver todo en nuestras propias cabezas. Yo aún tenía el dinero
de la apuesta, no había gastado nada de eso todavía así que eso ayudaría con
todas las cosas que necesitábamos comprar para tener al bebé.
Cuando estacionamos en mi casa, ni siquiera había salido del auto antes de que
Nicolas me atacara con un abrazo.
—¡Mierda, asustaste endemoniadamente a todo el mundo, Angie! —reclamó.
Sonreí y le devolví el abrazo.
—Lo siento, Isra. No planeé exactamente desmayarme enfrente de todo el mundo
y golpearme la cabeza, ¿o sí? —respondí sarcásticamente mientras ponía los ojos
en blanco. ¿Por qué demonios está furioso conmigo por enfermarme?
Él suspiró y se apartó.
—Así que, ¿qué dijeron? ¿Por qué te desmayaste en primer lugar? —preguntó,
luciendo preocupado.
Oh, mierda, ¿qué digo?
—Estrés aparentemente. Eso, y que no había comido en todo el día —intervino
Nicola, viniendo a mi lado. Silenciosamente le agradecí a Dios que Nicola fuese mejor
mentiroso que yo.
Israel me miró, claramente molesto de nuevo.
—¿Por qué diablos no comiste en todo el día? —preguntó acusadoramente.
Sonreí y dejé que Nicola me llevara a la casa.
—Simplemente vamos adentro y déjala sentarse, Israel, luego puedes gritarle todo
lo quieras —sugirió Nicola, sacudiendo la cabeza con una ligera sonrisa.
Nicolas nos siguió adentro y se sentó a mi lado en el sofá, Erick y Ana Karina vinieron y se
sentaron también. Todo el mundo estaba mirándome preocupadamente.
—Dejen de preocuparse, chicos. Aparentemente era falta de comida. Azúcar baja o
algo. Estoy bien ahora, honestamente —les aseguré, asintiendo, tratando de no
lucir demasiado culpable. Sólo esperaba que Israel no enloqueciera cuando se
enterara, y que no le sacara la mierda a golpes a Nicola o algo. Tal vez se lo diría por
mi cuenta, calmándolo un poco antes de que viese a Nicola.
—El golpe en su cabeza necesitó suturas. Tengo que despertarla cada hora para
asegurarme de que está bien, así que me quedaré esta noche —declaró Nicola, más
para el beneficio de Ana Karina que de alguien más, Israel ya sabía que él estaría ahí de
todas formas.
Bostecé. Ya eran casi las nueve y sólo quería irme a la cama, había sido un largo día
estresante.
—Me voy a la cama, chicos. Oh, y Ana Karina, es realmente un placer verte de nuevo.
Lamento que no tuve oportunidad de conversar contigo apropiadamente más
temprano —dije, sonriendo a modo de disculpa.
Ella se rió un poco entre dientes.
—Hablaremos mañana, cariño, no te preocupes. Si necesitas cualquier cosa en la
noche entonces házmelo saber. Israel dijo que podíamos dormir en la habitación de
tu mamá, sólo para que sepas dónde estoy, ¿está bien? —preguntó amablemente.
¡Vaya, ella en realidad es agradable!
—Está bien. Buenas noches, chicos. Y tú, chico amoroso, ve a conseguir tus cosas si
te vas a quedar aquí —ordené, sonriéndole a Nicola.
Él se levantó rápidamente.
—Está bien. Volveré en un rato entonces. —Besó mi frente suavemente antes de
dirigirse hacia la puerta principal para decirle a sus padres que iba “oficialmente” a
quedarse aquí.
Fui a mi dormitorio y me miré en el espejo. Mi cabello era un desastre, tenía algo
como un esparadrapo pegado detrás de la oreja sobre las suturas, me veía cansada
pero no pude evitar sonreír. No me molesté en ponerme pijamas mientras me
deslizaba en la cama; quería sentir la piel de Nicola contra la mía. Él llegó
aproximadamente después de quince minutos, viéndose tan apuesto que me hacía
querer llorar. Me froté ligeramente el estómago con la mano bajo las sábanas.
Esperaba tener un pequeño niño ahí dentro, y él sería justo como su papi.
Nicola se quitó la ropa hasta quedar en calzoncillos y se metió en la cama conmigo.
Jadeó repentinamente y se echó hacia atrás para mirarme.
—¿Estás desnuda? —preguntó, un poco sorprendido.
Sonreí.
—Sip. Pensé que deberías aprovecharme al máximo antes de que me ponga toda
gorda y fea —me burlé.
Él sonrió y rodó encima de mí, suspendido, apenas tocándome.
—Ángel, nunca serás fea —susurró, mirándome con adoración—. Y cuanto más
grande te pongas, eso sólo significa que tengo más de ti para amar —agregó,
deslizando su mano hacia abajo por mi estómago. Sonreí cuando halé su boca
hacia la mía.
Tener a Erick, a Ana Karina y a Adriano quedándose con nosotros fue realmente
impresionante. Ana Karina hizo panqueques la mañana del sábado, y pasé el día
conversando con ella y jugando con mi hermoso hermano pequeño. Ella estaba
planeando quedarse en la ciudad porque Erick no quería cambiar de escuela de
nuevo.
Jaz vino en la tarde, y Erick finalmente le pidió que saliera sólo con él… lo que
ella obviamente aceptó con entusiasmo. Ellos eran tan dulces, siendo todos tiernos
y coquetos. Jaz decía cosas que hacían sonrojar a Erick. Él era demasiado
inocente… pero conociendo a Jaz, él no sería así por mucho tiempo si ella se salía
con la suya. Nicola seguía lanzándome pequeñas sonrisas de complicidad y tocaba
mi vientre en cada oportunidad.
El domingo, Ana Karina, Erick, Jaz y Adriano fueron a pasar el día en el zoológico.
Querían salir y hacer algo que sacara de la mente de Ana Karina el hecho de que se
esperaba que hoy mi padre estuviera en casa de regreso de su viaje de negocios. Él
llegaría a casa para encontrar la nota que ella le dejó, y que todas las cosas de ellos
habían desaparecido de su casa. Ella se había librado de sus números telefónicos y
había comprado nuevas tarjetas SIM para sus teléfonos celulares de modo que él
no tuviera forma de contactarlos o saber dónde estaban. Pero sentarse por ahí,
preocupándose por eso, no estaba ayudando a nadie, así que quisieron hacer algo
que los mantuviera ocupados.
Yo estaba sentada en el sofá, leyendo, con las piernas en el regazo de Gaston
mientras él jugaba al PlayStation con Israel, cuando el teléfono sonó. Me moví para
agarrarlo pero Israel lo hizo primero. Cuando respondió todo su cuerpo se tensó.
—¿Qué diablos quieres? —gruñó, saltando fuera del sofá. Me senté tan rápido que
eso casi hizo girar mi cabeza—. ¿Estás jodidamente borracho? —Casi le gritó al
teléfono. Lo observé, sintiéndome enferma, sabiendo que mi padre estaba en el
teléfono—. Sí, ¿y qué? ¿Qué vas a hacer al respecto, anciano? —espetó Israel,
volviéndose rojo de la rabia—. No queremos verte, así que vete a la mierda. No.
Ella no quiere verte. Te lo juro, si te acercas por aquí de nuevo te mataré —gruñó
él, dándome la espalda—. En realidad, ¿sabes qué? A la mierda, ven, ven justo
ahora. Estamos en la casa, así que ven y hablemos de eso —sugirió Israel.
¿Qué demonios está haciendo él?
—¿Israel? —chillé, asustada.
—Seguro. Recuerdas dónde está la casa, ¿cierto? Absolutamente. Te veo en un rato
—dijo Israel, colgando y lanzando el teléfono al otro lado de la sala.
Afortunadamente éste aterrizó con un ruido sordo en el otro sofá y no se rompió.
¿Acababa de decirle que viniera?
—Israel, él no va a… —Mi voz se desvaneció, y no fui capaz de terminar la oración.
Israel volteó para mirarme, con el rostro severo.
—Sí. Ve al lado —ordenó.
Miré a Nicola en busca de ayuda. Él estaba mirando a Israel; tenía la misma expresión
severa en su rostro.
—¡Nicola, dile que esto es estúpido! —susurré, con lágrimas cayendo por mi rostro.
Nicola no me miró; Israel y él estaban trabados en alguna clase de intercambio
silencioso con sus ojos. Salté fuera del sofá y agarré el teléfono planeando
devolverle la llamada para cancelarlo. No podía dejarlo venir aquí, no con estos dos
viéndose así.
Israel me arrancó el teléfono de las manos.
—No va a dejar de acosarte, Angie. Él quería verte. También está realmente furioso
de que Ana Katina lo dejara. Sabe que los ayudé; un vecino vio mi auto en la entrada.
Está seriamente molesto conmigo, así que sólo necesito decirle que se vaya a la
mierda —dijo, jalándome a un abrazo.
Sacudí la cabeza, eso no era lo que él estaba planeando en absoluto, ellos no iban a decirle nada, Israel y Nicola iban a golpearlo hasta la inconsciencia y mostrarle cómo irse a la mierda.
—Por favor no lo hagas, te meterás en problemas. ¿Por favor? —susurré. Mis
entrañas estaban retorciéndose por el pavor.
—No si él comienza algo primero —respondió Israel, resistiendo una sonrisa.

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