domingo, 9 de febrero de 2014

"Una Vida Sin Vivir" capítulo 18




cuando me desperté por la mañana mi cabeza estaba palpitando. Gemí. En
verdad no necesitaba un dolor de cabeza encima de todo lo demás que iba a
ir mal hoy. Nicol todavía estaba dormido así que salí de la cama, intentando no
despertarlo. Me dirigí a mi baño para tomar una ducha. Aún estaba bajo la
regadera, intentando desesperadamente no llorar mientras pensaba en la “nueva
familia” de mí padre. ¿Qué en la tierra iba a decirle a este chico Erick? Suspiré y
salí de la ducha, enrollándome con una toalla.
En silencio, intenté convencerme a mí misma que este chico Erick probablemente
ni siquiera querría hablar conmigo hoy y que me estaba preocupando por nada. No
era culpa del chico que mi padre se casara con su madre y lo hicieran mudarse
aquí. Demonios, él probablemente necesitaría un amigo ahora mismo porque
acabaría de dejar todo y todos los que le importaban detrás.
Caminé hacia la cama, mirando a Nicola. Parecía tan tranquilo que casi no quería
despertarlo. Me senté en el borde de la cama y tomé su mano, sabiendo que
necesitábamos prepararnos para el colegio.
—¿Nicola? —susurré. Se despertó al instante, lo que no era inusual, a él
normalmente le costaba mucho levantarse.
—Hola —se sentó y me miró tristemente.
Sonreí de modo tranquilizador; estaba preocupado por mí, lo podía notar.
—Hola —contesté, entrando otra vez en la cama y acostándolo conmigo—. Estoy
bien, deja de estresarte —prometí, suavizando las líneas fruncidas de su frente.
Suspiro y sacudió su cabeza.
—Estoy aquí si quieres hablar. ¿Lo sabes, verdad? —preguntó, mirándome
intensamente.
Él era simplemente demasiado adorable algunas veces, de verdad no me lo
merecía.
—Lo sé, Nico, pero estoy bien. Solamente vamos a superarlo y ver lo que tiene que
decir este chico hoy —sugerí, encogiéndome de hombros.
Inclinó su cabeza y besó cada pulgada de mi rostro, haciéndome reír, antes de que
se alejara hacia la ducha.
Cuando entramos en el aparcamiento del instituto una hora más tarde, Jaz se
acercó saltando hacia un lado del coche con una sonrisa en su cara. Abrió mi
puerta.
—¡Estoy oficialmente enamorada! —me anunció, orgullosa.
Me reí.
—De verdad. Vale… felicidades —contesté sarcásticamente, poniendo los ojos en
blanco.
Ella se rió.
—Lo digo en serio. Hay un chico nuevo hoy, y él está ¡caliente! —Abanicó su cara
dramáticamente.
Me quedé pasmada; apostaba que era él, mi nuevo hermanastro. Bueno eso era
perfecto, ahora Jaz se iba a enamorar de él y estaría obligada a pasar el rato con
él.
Genial, simple y jodidamente genial.
—¿Chico nuevo? —pregunté tranquilamente. Nicola me acarició la espalda
gentilmente.
—¡Oh, diablos sí! Deberías verlo, es delicioso, pero tú tienes a Nicola así que lo he
reservado —dijo sonriendo y saltando a mí lado—. Aún no sé su nombre, Caliente
, le queda bien sin embargo. —Ella movió sus cejas hacia mí, y no pude
evitar reírme.
Israel envolvió su brazo alrededor de sus hombros.
—Sabes, no estoy acostumbrado a que no me quieras, Jaz. No estoy seguro si me
gusta este nuevo comportamiento —le dijo, dándole su sonrisa coqueta.
Ella suspiró con aire soñador.
—Siempre te querré Israel, es simplemente algo de carne fresca sobre la cual
babear. Creo que tendrás que trabajar más duro por mi atención a partir de ahora
—bromeó, parpadeando hacia él mientras se encogía entre sus brazos. Él
realmente parecía muy sorprendido y un poco enfadado—. Así que necesito
descubrir todo sobre él. ¿Me ayudaras? —preguntó, deslizando su brazo por el
mío.
Demonios no.
—Su nombre es Erick —le dije, encogiéndome de hombros e intentando ir por el
enfoque casual.
Ella se rió.
—Sí que eres psíquica, ¿no? Acabas de llegar, ¿cómo sabes que se llama Erick?
—preguntó, sacudiendo su cabeza divertida.
—Es mi hermanastro.
Ella paró de caminar y me miró sorprendida.
—Estás bromeando —jadeó con los ojos abiertos.
Sacudí mi cabeza.
—Aparentemente, mi padre se volvió a casar, y su mujer ya tenía un hijo. Si es él a
quien has visto, entonces tiene diecisiete años y se llama Erick —dije,
encogiéndome como si pensara que no era gran cosa.
Ella gritó y entrelazó su brazo con el mío con entusiasmo.
—¡Esto es asombroso! Me lo puedes presentar, tendré ventaja sobre las zorras. —
Estaba sonriendo de oreja a oreja.
—No lo conozco, no puedo presentártelo —contesté tranquilamente. No quería
que ella se enamorara de él; quería mantener mi distancia con cualquier cosa
relacionada remotamente con mi padre.
—Tú eres tan malditamente codiciosa, ¡Angie! De verdad, el chico más caliente es
tu novio, el segundo más caliente tu hermano y el más cercano al tercer puesto ¿Tu
maldito hermanastro? —gritó, mirándome con una mueca furiosa.
Estaba a punto de contestarle cuando Millet y tres de sus pequeños clones se
acercaron, todas mirando a Nicola hambrientamente. No pude evitar sonreír cuando
el brazo de Nicola se enrollo en mi cintura.
—Hola Millet, ¿tienes mi dinero? —dije sonriendo.
Ella se burló de mí.
—Sí claro. Como si fuera posible, emo. —Ella se giró hacia Nicola y le sonrió de
forma seductora, haciendo que su agarre fuera más fuerte sobre mi cintura. —No
dormiste con ella, ¿verdad, cariño? —ronroneó con confianza.
Escuché a Israel gemir detrás de mí.
—¡No puedo escuchar esto! Me voy a mi casillero, Ange. Si me necesitas llámame.
Tendré mi teléfono encendido —dijo mientras se iba rápidamente.
—Bueno, ¿cariño? —preguntó Millet poniendo su mano sobre brazo de Nicola.
Él se rió y se encogió de hombro.
—Un caballero nunca lo cuenta —contestó besando un lado de mi cabeza.
Me reí.
—Bueno eso no ayuda realmente con toda la cosa de reclamar mi dinero, chico
amante —bromeé, poniendo mis ojos en blanco.
Él suspiro dramáticamente.
—Bien. Millet le debes a Ángel cuatro mil dólares —dijo, mirándome con amor.
Ella golpeó su pie contra el suelo y no pude evitar reír.
—¿Cómo diablos has podido hacerme esto a mí? —casi le estaba gritando a
Nicola—. ¡Se suponía que tenías que estar conmigo! ¡No puedes acostarte con
alguna pequeña puta! —La gente se estaba parando a mirar ahora que su cara se
volvía más y más roja. Quizás había olvidado respirar.
—Millet, salimos un par de veces —contestó Nicola, luciendo incómodo.
—¡No me importa cuántas veces saliéramos! ¡Soy la capitana de las porristas! Se
supone que teníamos que estar juntos. No con alguna pequeña —gritó ondeando su mano hacia mí con disgusto.
No puede evitar reírme, ¿pequeña fenómeno de pelo marrón y ojos grises? ¿De
dónde diablos salió eso?
—Woow, Millet ten cuidado, tendremos una manada de perros si tu voz se eleva
más —bromeé riéndome.
Ella se giró furiosa hacia mí.
—¡Tú, tú me has robado mí novio! Yo era su novia secreta y tú dormiste con mi
chico —escupió apuntándome acusatoriamente.
Jaz estalló en risas detrás de mí. Oh no, ¡Ella no ha ido por ahí!
Me paré cerca de Millet, advirtiéndola.
—Sí lo hice, y Dios fue bueno. Acepto efectivo o un cheque con garantía bancaria,
lo que sea más fácil para ti. Oh, y Millet, si vuelves a gritarme así otra vez te voy a
romper la cara ¿Me has entendido? —gruñí, furiosa.
Ella se estremeció apartándose ligeramente; cogí el brazo de Nicola y lo arrastré
dentro del instituto, con Jaz saltando detrás de mí, partiéndose el culo de la risa.
—Debías haber abofeteado a esa perra. Amaría ver eso —gorgoreó Jaz
felizmente.
Sheyla y Gino se acercaron corriendo en ese momento.
—¿Ganaste la apuesta? —exclamó Shey con los ojos muy abiertos.
Woow ¡Las noticias viajan rápido en este colegio!
Nicola sonrió y me besó, pasando sus dedos por mi pelo.
—Mejor me voy. Te daré algún tiempo para que cotillees sobre mí antes de clase
—dijo, sonriendo hacia mí coquetamente—. Te quiero, Ángel. —Me besó otra vez
gentilmente, antes de alejarse rápidamente en dirección a su casillero.
Me quedé ahí, contándole a mis amigo sobre como habíamos estado saliendo en
secreto, y sí había ganado la apuesta. Tenía mis dudas de si iba a cobrar mí dinero,
sin embargo. Jaz abrió su gran boca para contarles que el “Caliente chico nuevo”
era mi hermanastro. Y estuve secretamente agradecida cuando la campana sonó
así podía escaparme a clase. No quería seguir hablando sobre Erick. Todavía no
había conocido al chico y ya era una gran parte de mí vida.

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