Abrigadas hasta la coronilla, llegaron Yidda y Diana con su mochila al hombro, hasta la casa de Julián . Las guiaron hasta la piscina cubierta, que parecía una piscina olímpica. Pero Diana ya había estado allí así que no se dejó impresionar.
Llegaron las últimas y ya todos se habían cambiado y llevaban sus trajes de baño. Tanto los hombres como las mujeres parecían la selección de jóvenes más atractivos del país. Era una competencia de belleza. Pero Diana tenía su claro ganador. Nada más entrar y verlo en bañador había rememorado la dulzura de la unión de sus cuerpos, dejando de respirar por unos instantes. Todo el frío que se había acumulado en su interior por las invernales temperaturas, había desaparecido. No podía disimular su conmoción, así que no lo intentó. Por suerte Israel estaba tan ocupado examinando el escote de Vania, que ella pasó desapercibida.
Entre la multitud observaron a un invitado inesperado. Para la suerte de Diana, Niko y Juli se habían hecho muy amigos. Cada vez que él iba al local a intentar persuadir a Yidda para que cediese un poco, acababa tomándose unos tragos con Niko. Y como era el único día libre del joven, había decidido disfrutarlo, yendo a la fiesta.
En la distancia sonrió a las chicas que se encaminaban al interior de la calida estancia. Las cuales agradecían tener un aliado más. El agua soltaba un suave vapor que hacía rugir a los músculos de placer. Caminaron hasta el anfitrión, que estaba encantado de verlas. Aunque Diana sabía que no era por ella precisamente.
Tras un saludo de rigor fueron hasta los vestuarios para cambiarse de ropa y ponerse el traje de baño, como el resto ya había hecho. Yidda había elegido un bikini dorado que la exhibía mucho más exuberante. Diana se colocó el trikini negro que su amiga le había convencido para que se pusiese. Ella quería algo más discreto y que no la metiese en más problemas de los que ya tenía. Pero finalmente había cedido. El traje de baño se le ajustaba a la perfección a cada curva.
Al salir para reunirse con todos notaron como todas las miradas giraban para verlas. Los hombres rezaban por no resbalarse con el charco que estaban produciendo bajos sus pies. Y dos de ellos, habían notado como su corazón se paraba durante unos segundos.
Ajenas al impacto que provocaban caminaron despreocupadamente, charlando animadamente. Pero tuvieron que interrumpir el paso al notar como una toalla gigantesca envolvía a cada una.
Ante la mirada atónita de todos, Israel y Julián las habían alejado de las miradas curiosas y cubierto, lo que para ellos era desnudez.
- ¿Se puede saber que demonios están haciendo? -protestó Yidda quitándose la toalla de encima.
- ¡tapándolas! Ya que ustedes no lo hacen, lo hacemos nosotros -acusó Julián irritado, intentando taparla de nuevo.
- ¡Todo el mundo va en traje de baño! ¿Por qué no van a tapar a sus animadoras? -preguntó la morocha malhumorada- Lo necesitan bastante más que nosotras. Además, a diferencia de ellas nosotras llevamos bikinis de nuestra talla, no varias tallas menos como ellas -concluyó y se marchó a paso ligero.
- ¡Yidd ven aquí! Yidda he dicho que vengas -le gritó Julián mientras corría tras ella con la toalla abierta para echársela sobre los hombros en cuanto la alcanzase.
Diana sonrió ante la escena. Sabía lo que ocurriría sin que le hiciese falta estar presente. Él la alcanzaría sin problemas, la llevaría a algún sitio privado y ella protestaría indignada durante largo rato. Pero estaba segura que la discusión iría seguida de una confesión de sus sentimientos y un apasionado beso. Se negaba a imaginarlos haciendo más.
La sonrisa en su cara tembló al notar que el brazo posesivo que la rodeaba la apretaba más contra un cuerpo duro y cálido. Se giró para mirar al dueño de ese tentador torso y observó petrificada la cara de odio con la que miraba a su alrededor. Parecía un cazador buscando su presa. Pero ella no pudo evitar que una oleada de felicidad la invadiese. Tenerlo tan cerca, apretada a su duro cuerpo y envuelta en esa toalla que la tenía aprisionada bajo su garra como si fuese de su propiedad. Era más feliz de lo que había sido en semanas.
Por un momento recuperó las esperanzas. Seguía sin poder controlar sus ataques de hermano mayor protector. Quizás, con suerte, si provocaba que esa faceta saliese más a menudo, podría volver a verla como a la misma de antes, y desear compartir cosas con ella como antes.
Israel había decidido sacarle los ojos al próximo que se atreviese a mirarla. No se había percatado de lo cerca que la tenía, y cuando lo hizo controló el involuntario deseo de alejarla de él. Si daba un respingo demostraría que no era tan inmune a sus encantos, al igual que los demás, y ya tenía suficientes súbditos
Si quería pasearse desnuda, ¡que lo hiciese! se intentó convencer Israel de que no le importaba mientras se alejaba de ella. Eso era lo que deseaba, que todos babeasen por sus impresionantes curvas y fantaseasen con esas largas piernas rodeándolos mientras la hacían suya una y otra vez.
Se maldijo mil veces más mientras se sentaba junto a Vania. Él no necesitaba esa minúscula prenda para fantasear con ella. Lo hacía día y noche desde que la tuvo en su cama. Incluso, tuvo que mudarse de cuarto para poder dormir sin sentir que ella aún estaba presente.
Diana estaba feliz. Daba igual que él se hubiese ido malhumorado. Ella lo conocía y sabía que aún le importaba. Tendría que hablar con él. Pero esperaría a que no estuviese Vania a su lado.
Divisó entre una muchedumbre de animadoras excitadas a un pobre hombre que necesitaba de su ayuda. Sonrió ante la cara de espanto que ponía Niko con cada comentario de las muchachas. Caminó hasta ellos y lo sacó de allí agarrándolo del brazo.
- Hoy tienes que ser mi novia o estás acabarán violándome -afirmó Niko con verdadera preocupación. Pero Diana no pudo más que reír por el comentario.
- ¿Y qué te dice que yo no lo haré? -preguntó burlona enmarcando una ceja.
- En tu caso me dejaría -comentó más relajado al alejarse de las jóvenes.
A Israel no le gustó nada lo que veía. Diani y ese tipo amigo de Julián parecían de los más contentos haciéndose compañía. Ella lo había arrancado de las garras de un grupo de admiradoras, lo que le hizo pensar que ya se conocían. Y ahora estaban frente a él, al otro lado de la piscina, charlando coquetamente a escasos centímetro el uno del otro.
Se felicitó a si mismo por el autocontrol que tuvo al ver que él colocaba sus manos sobre la estrecha cintura de Diana y ella lo abrazaba muerta de la risa. Aún no entendía cómo era posible que no los hubiese matado a ambos al verlos tan juntitos. Sí, sí sabía por qué no lo había hecho ¡No podía! La rabia lo invadía a tal grado que no podía ni moverse.
Pero su poco autocontrol se vino a bajo cuando Stefano se acercó a ellos, sentándose junto a Vania.
- ¡Diana está buenísima! -afirmó Stefano comiéndosela con la mirada- ¿Cómo ha podido esconder semejantes curvas por tanto tiempo?
Eso mismo se preguntó él, pero ahora agradecería que volviera a taparlas. A poder ser ¡en ese mismo instante!
- ¡No es para tanto! -exclamó Vania quitándole méritos- Está demasiado delgada ¡No tiene curvas!
- ¿Para donde miras? Yo le veo toda una montaña rusa. Tiene unas curvas... -se interrumpió mordiéndose el labio por la excitación- ¡de vértigo!
- ¡Exagerado! El que esta buenísimo es su acompañante. Juli me dijo que es el jefe de Diana y su amiga -continuó al ver que tenía toda la atención de Israel y se dirigió malévolamente a él- ¿No crees que hacen muy buena pareja? Son como la Princesa y el Príncipe -se burló Vania soltándose en carcajadas.
Israel los miró y analizó la figura de ambos. Eran atractivos, esbeltos y de una apariencia que no encajaba con los allí presentes. Con el pelo de color negro azabache de ojos oscuros y una sensualidad elegante. No eran dos adolescentes con las hormonas revueltas, sino que parecían unos modelos sacados de la portada de una revista.
Se dijo que le daba igual que estuviesen hechos el uno para el otro. Pero no pudo mirarlos por más tiempo y se marchó de allí a toda prisa. Una cosa era admitir que ella fuese una espectacular sirena creada para torturar a simples mortales y destinada a acabar con un modelo rico y tan condenadamente guapo como ella, y otra cosa era tener que verlo.

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