A la mañana siguiente, él la despertó con el desayuno en la cama.
Diana: eres un tierno-lo beso
Mario: ¿Mejor?-acariciando la cara de ella
Diana: la culpa no se va,-triste-creo que tendré que aprender a vivir con ella.
Mario: no tienes la culpa de nada, es el destino.-trataba de hacerla entender.
Diana: gracias por no odiarme
Mario: jamás podré odiarte, eso te lo aseguro. Ahora desayunemos que en una hora a grabar-ella asintió y ambos empezaron a desayunar. Luego se cambiaron y fueron hasta la combi que los llevaría grabar. Llegaron a la locación, se cambiaron y se fueron a grabar, una escena.
Pancho: bueno vamos a empezar.-miró a Diana y Mario-Como saben está escena es hecha por nosotros-asintieron-Edward y Bella están caminando por el bosque mientras hablaban.
Diana: OK-se pusieron en posición y comenzaron a grabar.
-Bella, ¿De verdad no te asusta que pueda matarte?-preocupado
-Confió en ti, se que nunca me harías daño-acarició su mejilla, él le saco la mano
-No deberías, aún me cuesta controlarme cuando huelo tú sangre. Tengo miedo de matarte Bella.
-Una vez dijiste que el león era masoquista y yo dije que el cordero era terco.-lo besó, un beso profundo unió sus labios
Pancho: corté-Diana y Mario se separaron con una sonrisa-perfecto chicos, salió de una. Ahora a grabar la escena d Rosaline y Emmet. Carol y Rafael al set de grabación. Mientras ellos grababan, Diana y Mario fueron a sus camarines.
Ella al entrar vio una cajita con una nota y un sobre. Se acerco y abrió la cajita, había una cadenita plateada con una cruz egipcia. Era preciosa. Miró la nota.
Diana: “Tú mamá tenía una igual, es una tradición que no quiero perder. Se que la necesitas. En el sobre hay una carta que ella me escribió hace muchos años. Te quiere, tú abuelo”-vio el sobre, decidió esperar para abrirla.
Mario por su parte había recibido una nota pero no muy amistosa.
Mario: “Lejos de mi nieta Hart” ¡Que tipo amable!”-irónico.
Grabaron hasta las ocho de la noche, a esa hora volvieron a la cabaña. Por suerte ya estaba prendida la chimenea.
Mario: es horrible el frío que hace-temblaba
Diana sonrió: si, está horrible. Voy a hacer chocolate caliente con merengue.
Mario: eso me parece genial-la beso, cada vez esos besos eran más apasionados, cada vez aunque ellos no lo aceptaran sentían más el uno por el otro.
Diana: para amor-susurro
Mario: me es difícil parar Diana, me gustas demasiado-volvió a besarla con desesperación
Diana: te amo-susurro, rogando porque él no la hubiera escuchado, hace tiempo que sabía que lo amaba. Pero no se lo decía por miedo, miedo a que él se sintiera culpable. Culpable porque seguía enamorado de la tal Melissa, ella vio como él se puso cuando la vio con otro tipo. Él tomó la cara de ella entre sus manos
Mario: ¿Qué dijiste?-preguntó con urgencia
Diana: te quier -no quería ser vulnerable ante él.
Él sabía muy bien que ella no había dicho eso.
Mario: yo también-volvió a besarla, poco a poco empezó a sacarle la campera, necesitaba el cuerpo de ella, necesitaba borra todos los rastros de ese idiota que se le adelanto. Él comenzaba a quererla, comenzaba a amarla y lo último que deseaba era que alguien la alejará de su lado.
Diana: “Ojala ese fuera un yo también te amo”-pensó por dentro. Él la estaba besando, cada vez ese beso era más pasional, más fuerte, él le sacaba la campera. No iba a detenerlo, ella lo deseaba también. Después de tanto tiempo quería estar de esa forma intima con un hombre, por eso siguió ese beso con igual pasión y fuerza.
Él la subió encima de la mesa, los besos eran imparables.
Pero algo los saco de esa atmosfera de sensualidad.
Continuará…
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