Antes de que pudiera cerrar la puerta de mi coche, Mario ya estaba frente a mí.
Lucía como si no hubiera dormido en toda la noche y tenía un corte en la nariz y
un moretón bajo el ojo.
—¿Qué pasó?
—¿Dónde está él? —ordenó Mario interrumpiendo mi pregunta.
Negué con la cabeza, mirándolo fijamente, tratando de averiguar por qué
estaba tan decidido a encontrar a Nicola.
—Te lo dije, no lo sé. Salí de la Iglesia y fui a ver a Diana. Pasé la noche en su
habitación y volví esta mañana.
Mario murmuró algo que sonó como una maldición y mis ojos se abrieron en
shock. El sol caía sobre su rostro y podía ver la hinchazón en su pómulo derecho
bajo el moretón. Al parecer, había encontrado a Nicola ayer, en algún momento.
—¿Sabía Nicola…? —me alcé para tocar su cara pero él apartó mi mano
bruscamente con una mueca de disgusto.
—No me toques. Hiciste tu cama, Angie, ahora puedes dormir en ella. Yo no soy
tuyo para que me toques.
Tenía razón, por supuesto. Me limité a asentir. La ira iluminó sus ojos.
—Tú hiciste esto ¿sabes? Se ha ido por tu culpa. Arruinaste su vida. Espero que
haya valido la pena. —La voz de Mario se mezcló con la ira que brillaba en sus
ojos. Una cosa era segura. Él me odiaba.
No asentí esta vez. Simplemente lo rodeé y me alejé. Me dolía demasiado ver el
odio en sus ojos dirigido a mí. Necesitaba encontrar a Nicola. No llamarlo el día
anterior había sido un error, pero me negaba a creer que hubiera salido
huyendo. Él había estado dispuesto a luchar por mí.
Por la maltrecha apariencia de la cara de Mario, podía saber que lo había
hecho. Estaba lista para elegirle en lugar de cualquiera. Había llegado el
momento de tirar la precaución por la borda e ir tras lo que quería. Y yo
quería Nicola.
Ocho horas más tarde, me encontraba fuera del bar donde trabajaba Johana Porcella, mirando a la puerta. Nunca había estado aquí bajo la luz del día. La
pintura desconchada y la puerta salida de sus goznes no eran visibles en la
oscuridad. Nicola no había ido hoy a la escuela.
Todos aquellos con los que había hablado alguna vez se comportaban como si no
existiera. Me habría importado si no hubiera estado tan preocupada por Ni ola. Le
había enviado mensajes de texto varias veces, pero no hubo respuesta.
Mario sólo me había dirigido su furiosa mirada una vez, cuando se dirigía a la
casa de campo después de la escuela. Caminó hacia mi casillero y movió la cabeza
como si me culpara por la ausencia de su primo.
El temor de que tenía razón se había vuelto más fuerte durante el día. Debería
haber llamado a Nicola ayer. No, debería haber permanecido a su lado. En
cambio, ante el primer signo de lucha, mentí y corrí, dejándolo en la
estacada. Soy una persona horrible.
La puerta del bar se abrió y Johana se quedó allí con la mano sobre su
Cadera mirando directamente hacia mí. Su cabello largo estaba colocado
en un lado de su cabeza, en una coleta baja y llevaba un par de ajustados jeans y
una sudadera holgada. Era la primera vez que había visto su cuerpo tan bien
cubierto.
—Bueno, entra de una vez por el amor de Dios, ¿Cuánto tiempo vas a estar aquí y
estudiar la puerta? Él no está aquí así que no puedes esperar que escape.
Nicola no estaba aquí tampoco, pero tal vez ella supiera dónde estaba. Me apresuré
a seguirla mientras se daba la vuelta y se dirigía al interior.
El bar era diferente a las tres de la tarde. Las cortinas estaban separadas, dejando
que la luz solar ingresara al lugar y las ventanas estaban abiertas permitiendo que
una fresca brisa flotara por el lugar. Casi quitando el olor a cerveza rancia y
cigarrillos... casi.
—Se fue ayer. No ha regresado a la casa tampoco. Has arruinado todo entre esos
chicos, niña buena.
Johana negó con la cabeza mientras tomaba los vasos para limpiarlos y los ponía
sobre la barra.
—Lo sé. Tengo que arreglarlo.
Ella sacudió la cabeza y dejó escapar una risa amarga.
—Creo que sería bueno, pero el daño está hecho. Esos muchachos estuvieron cerca
de darse una paliza el uno al otro ayer. Los has vuelto locos a ambos. Nunca pensé
que vería a una chica interponerse entre ellos, pero también es cierto que nunca me
imaginé que alguna vez verías a Nicola de otra forma. Una vez que empezaste a
mostrar algún interés supe que todo se iba a ir al infierno en una canasta
rápidamente. Tú siempre has sido la debilidad de mi hijo.
Me hundí en un taburete en la barra, cerca de ella. Mi estómago estaba revuelto
por la culpa. ¿Qué le había hecho a Nicola? ¿Cómo podía decir que lo amaba y
hacerle tanto daño? El amor no era egoísta.
—Soy una persona horrible. Volvería hacia atrás, si pudiera. No puedo creer que le
haya hecho esto a él.
Johana se detuvo y levantó una ceja artísticamente esculpida.
—¿Él, quién?
—Nicola —le contesté frunciendo el ceño.
Una triste sonrisa tocó sus labios y negó con la cabeza.
—Bueno, supongo que no es tan tonto como yo creía. Pensé que el chico lo había
tirado todo por una chica que sólo buscaba pasar un buen rato. No creía que
realmente te preocuparas también por él.
Yo quería enojarme pero ¿cómo podía? No había hecho nada para demostrar que
él realmente me importaba. El amor no arruina tu vida.
—¿Sabe dónde está? Sólo quiero hablar con él. Tengo que arreglar esto.
Johana suspiró y deslizó el vaso de su mano al estante encima de su cabeza antes
de encontrarse con mi mirada.
—No Angie no lo sé. Se marchó de aquí después de golpear la cara de su primo.
Estaba herido y enojado. Me imagino que necesita un poco de tiempo y entonces
saldrá de su escondite. Por ahora sólo preocúpate de arreglar tus problemas con
Mario.
Negué con la cabeza.
—No se puede arreglar mis problemas con Mario. Él me odia. Todo lo que puedo
esperar es que un día entienda, pero no tengo tiempo para tratar con él.
Johana apoyó sus codos en la barra y me observó por un momento.
—¿Estás intentando decirme que no volverás con Mario en absoluto? ¿Ni siquiera
estás preocupada por perder el hermoso futuro que él planeaba darte?
—Nunca hubo un futuro con Mario. Lo he sabido todo el tiempo. quiero a Mario,
pero no estoy enamorada de él. Nunca tuve la intención de tener un “felices para
siempre” con Mario. Sólo necesito ver a Nicola. Las únicas negociaciones que
quiero tener con Mario son acerca de perdonar a Nicola.
Johana asintió. Extendió la mano y me dio unas palmaditas en el brazo.
—Creo que podrías llegar a gustarme, chica. Ve tú a saber. Que me agrade la hija
del predicador. Ha sucedido mierda más loca.
Una sonrisa tiró de mis labios por primera vez durante todo el día. En ese
momento, me recordaba a Nicola. La expresión divertida y los mismos
—Necesito hablar con él. Por favor, tan pronto como lo vea, dígale que me llame.
Johana asintió nuevamente y volvió a limpiar los vasos. Me puse de pie y me dirigí
hacia la puerta. La carta que le había escrito durante Literatura, disculpándome y
rogándole que por favor me hablara estaba en mi bolsillo. El plan había sido
dejarla caer en su casillero, pero nunca se presentó a la escuela. Lo saqué, me volví
y caminé de vuelta hacia Johana.
—¿Podría darle esto cuando lo vea? —le pregunté, deslizando por la barra el papel
doblado. Alargó la mano y la levantó sin desviar la vista de mis ojos.
—Claro cariño. Me aseguraré de que la reciba.
Los coches de mis padres estaban en el porche cuando finalmente decidí regresar,
después de las cinco. Era hora de enfrentar las cosas. Nadie me recibió en la puerta,
lo que era una buena señal.
Di un paso dentro y fui detenida por la mirada penetrante de mi padre. Estaba
sentado en el sillón con la Biblia abierta en su regazo mientras me miraba por
encima de sus gafas de lectura. Estaba enojado, dolido y decepcionado. Pude ver
todo eso en sus ojos. Dejé caer mi bolso sobre la mesa y me hundí en el sillón frente
a él.
—Me alegro de que finalmente pudiste llegar a casa. Tu breve mensaje de
texto diciéndome que estabas bien y que pasarías la noche con Diana no era
exactamente reconfortante. Tu madre se ha ido a la cama con un dolor de
cabeza por la preocupación.
—Lo siento, papá —le contesté. Realmente sentía que se hubieran
molestado. Incluso cuando lo haría de nuevo en un instante.
—Lo siento, ¿eh? Bueno, no pareces sentirlo. Voy a decir que me alegro de que
hayas llegado a la escuela a tiempo y que incluso encontraste un momento para ir
a la tumba de tu abue. No estés sorprendida. La visito todos los días y me di
cuenta de la rosa fresca en su lápida. Sólo tú le llevarías una sola rosa de
su propio jardín. Nadie más lo habría pensado. Eres una buena
chica, Angie. Siempre lo has sido, pero este verano te pasa algo y tenemos que
arreglarlo.
Él le echaría la culpa a Nicola si lo supiera. Quería que fuera culpa de otra
persona. Ni siquiera podía registrar el hecho de que su hija era una gran falsa.
—Nicola Porcella también ha desaparecido. Todo el mundo pensaba que habían
escapado juntos. Pero entonces me enviaste el mensaje diciendo que te encontrabas
con Diana y el orientador de su dormitorio verificó la información cuando llamé y
me registré. Así que no estabas con Nicola, pero es terriblemente sospechoso que él
esté perdido también y que Mario tenga un ojo negro. ¿Qué sucedió en la
iglesia, Angie?
Él estaba preguntando, pero en realidad no quería saber la verdad. Ningún
padre quería escuchar este tipo de verdad. Negué con la cabeza.
—Me metí en una discusión con Mario y nos separamos. Corrí para ver a Diana y
huir. Eso es todo lo que sé.
Me estaba volviendo una buena mentirosa. No es algo de lo que estar orgullosa.
Papá asintió con la cabeza y cerró la Biblia en su regazo.
—Bueno. No me gustaría escuchar que estuviste involucrada en algo
peor. Romper con Mario es probablemente algo bueno. Ustedes dos iban
demasiado en serio y tienes la universidad el año que viene. Necesitas estar libre
de un chico para que puedas centrarte en tu futuro.
Se levantó y dejó la Biblia sobre la mesa de café. Sus ojos
encontraron los
míos y me señaló el libro que acababa de dejar.
—La buena compañía corrompe las buenas maneras. Si lees Proverbios cada día, lo
sabrás.
Lo vi girar y dirigirse a su dormitorio. Yo realmente deseaba que no me hiciera
odiar leer la Biblia. Tenerla tan presente toda mi vida me había hecho un poco
reticente a leerla. Creía en ella. Pero mi papá la había utilizado para su beneficio
muchas veces, haciendo caso omiso de las partes en que se señalaba sus
errores. Como juzgar a Nicola aún sin conocerlo. Eso estaba en Proverbios también.

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