NICOLA
Entramos a lo que sería la sal de entrenamiento, guiados por Johana, Renzo, Matías y Piero. Al haber salido directamente de AIDL, teníamos puesto nuestros uniformes de misiones, por lo que estábamos listos para entrenar.
El uniforme de nosotros los hombres, en una licra sin mangas de color azul negroso y un pantalón de deporte del mismo color. El de las mujeres un enterizo del mismo color y manga tres cuartos.
-Pueden tomar asiento.- dice Johana. Todos nos sentamos en los asientos del gimnasio y algunos en el piso.
-Buenos, tenemos el peso y la talla de cada uno y con esa información haremos algunos enfrentamientos.-dice Piero- De eso se encargarán Renzo y Matías.
-Luego pasarán a formar los equipos tácticos, dependiendo de sus habilidades, destrezas y claro está sus especialidades- continuó Renzo.- De eso se encargarán Piero y Johana.
-Todos participarán durante los entrenamientos, ya sea en combate personal, en grupo o en ambos- dice Matías.
-Bueno, si no hay dudas- Dice Johana- comenzaremos.
-Hoy, como es el primer día, haremos combate cuerpo a cuerpo en la mañana y táctica en grupo en la tarde-dice Piero.
-Comenzaremos con...-dice Matías mirando una lista que tiene en la mano- Irivarren y Pessaressi.
Los dos se pusieron en medio y empezaron a luchar.
Después de la cuarta patada me aburrí y empece a contarle chistes a Rafael.
-Oe, ¿qué le dice un cable a otro cable?- le digo a Rafael.
-¿Qué le dice?- me contesta.
-Sígueme la corriente.
Los dos nos matamos de la risa.
Estoy pensando seriamente que si esto de ser agente o espía no funciona debería ser comediante.
Después de mi ensimismamiento, vuelvo a la realidad y veo que un montón de parejas han pasado. Y justo ahí escucho mi nombre y me paró como el macho que soy, listo para patearle el culo a quien se enfrente a mi. Hasta que veo quien es. Ernesto. ¡Esto tiene que ser una broma!
Ernesto es mucho más pesado que yo y es mucho más alto, no me pueden poner con el. Primero, yo se que he subido un poco de peso, pero no tanto como para que me pongan contra Ernesto. Segundo, el debería de ir con alguien como Rafael que aunque sea todo pichicata, esta también pesa, y pesa como Ernesto.
A pesar de mis pensamientos lo que refleja mi cuerpo es de una persona calmada. Aunque pesé mucho más que yo, se que puedo con él.
-Ten cuidado con las cosquillas, soy muy sensible.- le digo juguetón.
¡¿Y PARA QUE LE DIJE ESO?!
Al terminar de pelear no siento mi cuerpo, tengo una cortada en el brazo, el labio partido y un moretón asegurado en el ojo derecho, el cual acabará con mi hermoso rostro y mi maravilloso encanto.
Angie niega con la cabeza al verme y me ayuda a curarme las heridas.
-Realmente apestas.- me dice.
-Gracias por el voto de confianza.- le contesto sarcásticamente
Se levanta para irse y se ríe, sonrió ante ese sonido, realmente tiene una risa hermosa.

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