- Hey you – Yidda se sentó en la fría hierva junto a la lapida, acarició el frío mármol con el nombre de Yami y suspiró. – ha pasado mucho ¿sabes?
“Pasó lo que pensé que nunca pasaría. Me enamoré, me enamoré del hombre más increíble, más a puesto, más inteligente y amoroso que jamás conocí. ¿Puedes creerlo? ¡Yo Yidda Eslava estoy jodidamente enamorada!. Te juro que si pudieras verme no me creerías. Pero él es, él es lo que nunca quise hasta que lo encontré. – Yidda se recostó en la hierba - ¿Recuerdas cuando llegabas con esas bobadas del príncipe azul y yo no te creía?, pues sigo sin creerte porque mi príncipe no es azul, si fuera azul sería un pitufo. Mi príncipe es de carne y hueso, es un hombre real de increíble cabello rubio, rubio natural eh, e increíbles ojos azules cielo. ¿Me estás escuchando? ¡Estoy enamorada Diablos!
El semblante de Yidda se ensombreció un poco.
“ - Por cierto, el imbécil de tu marido como siempre no me deja ser feliz, aunque últimamente se ha moderado. Anda raro, no sé qué le pasa. Tú no tendrás algo que ver ¿cierto?. Como sea. Tengo que terminar con la fantochada de este matrimonio para poder estar junto a Julián. Pero me da miedo Yaya. Tengo miedo de Ernesto y lo que pueda hacer si decido dejarlo.
Huir no es una opción, he huido toda mi vida y estoy harta de eso, debo cerrar este ciclo para poder ser feliz de una vez por todas. Ser feliz por mí, por ti, por Julián. Necesito ser feliz Yami, por todo lo que nos arrebataron. Pero para eso debo dejar al bastardo de tu ex marido y temo lo que pueda hacer. Todavía tiene las malditas fotos, aunque, te cuento que mi Juli es abogado y está… no sé qué está haciendo pero va a ayudarme a separarme de Ernesto. ¿Ves? Mi hombre si es un hombre de trabajo. Es un cheto de ciudad, de esos de traje de etiqueta, pero es lo de menos.
Espero que consiga algo y me saque de aquí. Me lleve lejos para poder ser felices juntos, aunque si te soy sincera, a veces lo veo tan difícil, con Ernesto, con Manuela, un futuro juntos se antoja tan lejano. Y ahora Yami…
Yiddi se sentó y acarició el nombre con cariño.
- Ahora estoy tan asustada, no sabes lo que te necesito. Yo… yo tengo un retraso y… Wacha, ¿Por qué no me lo dijiste? ¿Cómo no fuiste capaz de decirme que estabas embarazada de Nikko estando casada con Ernesto? Tuve que enterarme por Nikko y él, él te ama, no ha dejado de hacerlo. Esa me la debes, y te juro que cuando nos reunamos de nuevo, en algún mundo, voy a patearte el trasero por no habérmelo dicho. Pero ahora sí, a lo que vine.
Te decía que estoy asustada porque… Porque tengo un atraso y… a mí nunca me vienen atrasos yo… yo estuve con Julián y fue el momento más feliz de mi vida. Pero estoy asustada, aunque ser madre es la cosa más hermosa que me pueda pasar, no puedo estar embarazada ahora que mi vida es tan incierta. Me hice la prueba pero… pero no la he revisado porque… bien, soy una cobarde y te necesitaba. Espero que desde donde sea que estés me ayudes ahora porque estoy cag*da de miedo. Esto lo vamos a hacer juntas.”
Yidda se puso en pie y sacó la pequeña prueba, la sostuvo en su mano y cerró los ojos.
- Muy bien Yami, a la cuenta de tres… 1-2-3.
Yidda abrió los ojos y estudió el objeto en sus manos.
- Deberían encerrarte en un loquero por hablar sola – se rió una voz a sus espaldas.
Yidda dio un brinco y se giró para mirar a Julián caminar sonriente hacia ella. Lo más rápido que pudo colocó la prueba a su espalda pero fue un movimiento que él notó.
- ¿Qué escondes allí castaña hermosa?
Yidda retrocedió un paso.
- Nada.
- ¿Nada? Eso no se ve como “nada”.
Antes de que Yidda pudiera correr Julián la alcanzó y le quitó el objeto de la mano con una sonrisa que se borró en el momento que vio lo que era.
…
El sonido de los golpes no cesaba y Nikko corrió a la puerta entre bostezos y tropezones. Miró el reloj sobre la meseta y se preguntó quién rayos tocaba su puerta a esa hora.
- Peter por favor ábreme – la voz cantarina de Yamila sonaba angustiada y Nikko casi voló hasta la puerta para abrirle.
La pequeña y frágil figura de Yamila estaba parada en el porche del joven con una enorme capa encima que le cubría el rostro y todo su cuerpo. Al verla Nikko quiso estrecharla entre sus brazos pero se contuvo al recordar que ella era ahora una mujer casada y se limitó a dejarla pasar.
- ¿te encuentras bien?, Por favor siéntate, ¿te traigo algo de beber? – Yamila lo miró tras la capucha de su capa.
- No Nikko no necesito nada de eso.
Él la miró allí parada frente a él y la sintió un ángel perdido, hermoso y triste.
- ¿Qué se te ofrece Yami? es la una de la madrugada tiene que ser algo urgente.
- Lo es – Yamila se quitó la capucha de la cabeza y lo miró con sus hechizantes ojos negros – te necesito hoy.
Nikko dio un paso hacia ella.
- Lo que necesites, lo que quieras, solo dime y te lo daré.
Yamila lo miró con ojos perdidos, con sueños rotos, con fantasías de mujer hechas trizas.
- Te necesito a ti – caminó hasta él con la mirada vidriosa – necesito que me ames como solo tú sabes hacerlo. Necesito que me enseñes lo que es amor.
Nikko la miró con terror y admiración en la mirada.
- Yaya ¿Que me estás pidiendo?, es de madrugada tu…
- Te pido que te olvides del mundo, olvídate de todo lo que te rodea y ámame.
- Te amo. – susurró él.
- Entonces tócame y demuéstralo.
Él cerró los ojos.
- Yamila, no sabes lo que me estás pidiendo, yo no puedo hacerte esto.
- Niko – Yamila tomó su rostro entre sus manos y lo hizo mirarla – estoy aquí parada frente a ti consiente y segura de lo que quiero pidiéndote que te la juegues.
- Estás casada. – susurró él.
Ella cerró los ojos y sus pequeñas manos cayeron para convertirse en puños a sus costados.
- ¿y crees que no lo sé?
- ¿entonces qué haces aquí?
Ella lo miró con una llamarada de algo peligroso quemando en sus ojos.
- Esto hago – y sin más lo beso.
Fue el beso más dulce que Nikko hubiera probado nunca. Cálido y fogoso. Fue la clase de beso que te hace olvidarte de tu propio nombre. Fue la clase de beso que grita perdición.
Él no supo el momento, ni le importó, en que llegaron a su cuarto. Él no supo el momento, ni le importó, en que sus manos arrancaron la ropa de la joven y ella hizo lo mismo con la suya.
No había principio, no había final entre esos dos cuerpo entrelazados.
Nikko besó cada centímetro del cuerpo de ella y sonrió al escucharla gemir de placer. Amó la forma en que el hermoso y flexible cuerpo de ella se sintió bajo el suyo. En un segundo su espalda chocó contra la cama y ella lo miró desde arriba como una antigua diosa de la pasión con sus cabellos despeinados y sus labios hinchados por sus besos. - Era glorioso – pensó al verla moverse sobre él.
Yami lo miró como solo una mujer plena puede mirar y se unió a él como solo dos almas, atreves del cuerpo, pueden hacerlo.
El tiempo y el espacio desaparecieron mientras ambos bailaban una danza tan antigua como el tiempo y se profesaban amores distintos sin palabras.
Nikko y Yamila esa noche se volvieron cómplices, amantes y almas gemelas en tiempos equivocados.
Nikko estrelló el vaso de brandi contra la pared más cercana y miró de nuevo el maldito papel en su mano, llevaba más tiempo del que pensaba allí sentado torturándose con recuerdos.
- Maldita mujer – gritó para sí – Maldita bruja que me prohibió amar a alguien más. – cayó al suelo de rodillas junto a sus recuerdos y su botella de alcohol – Maldita seas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario