sábado, 27 de diciembre de 2014

"La Vida Que Imagine" capítulo 5





Angie

Logré escapar de Diana. Pensé que me retendría con miles de preguntas o me daría una charla sobre que no debo dejar que los demás me traten mal, pero simplemente me dejó ir. Agradecí ese gesto de ella, creo que era la única que entendía que lo último que necesitaba en esos momentos eran reprimendas.

Cerré la puerta de mi cuarto detrás de mí al entrar. Me apoyé sobre ella, llevando mis manos hacia mi vientre. Sonreí.

-Hola, mi vida.

Aunque no hubo respuesta alguna, sabía que él me había oído. Podía sentirlo.

-Te amo, Santiago.

Suspiré y me sequé un par de lágrimas que se habían acumulado en mis ojos, resistiéndose a salir.

Tiré mi mochila a un lado de mi escritorio y me eché sobre mi cama, llevando mi libro de ciencias conmigo. Lo abrí y comencé a leer.

Sistema digestivo de los animales. Sistema respiratorio en los animales. Sistema circulatorio en los animales. Sistema excretor en los animales.Sistema reproductor en los animales.

¿De qué me iba a servir todo eso? ¿Para qué quería yo saber cómo se alimentaba un león? Veterinaria no iba a ser. Y, en cualquier caso, si lo fuera,dudo que me dedique a alimentar leones.

No entendía el sentido de aprender todo eso. A veces el colegio no tieneninguna lógica.

Las palabras se me hacían confusas en la cabeza. Luego de un rato intentando estudiar, no era capaz de ver nada más que un revoltijo de letras sin sentido, acompañadas de un montón de fotos de animales y sus órganos.

Repugnante.

Aparté el libro y cerré los ojos, con la esperanza de lograr dormir un rato para poder descansar de toda la información que de golpe se me había dado.Además, Alondra pasaría por mí en la noche. Se le había ocurrido sacarme al cine y luego a comer algo, tal vez una pizza. Pensaba que una salida de chicas me serviría para relajarme y me daría algo más en lo que pensar; lo cual era muy lindo de su parte. Dudaba en que eso fuera a ayudar en algo, pero de todos modos era bueno pasar el rato con mi mejor amiga. Necesitaba de su alegría habitual.

Sentí algo raro en mi vientre. Instintivamente, llevé una mano a él.

-¿Todo bien, Santi?

Silencio. Nuevamente esa extraña sensación.

-Será hambre- susurré, no muy convencida.

Mi celular sonó y mi canción favorita invadió el ambiente. Me estiré para tomarlo de mi mesita de noche. Dejé caer un brazo en mi vientre, y con el otro me llevé el teléfono al oído.

-Alon.

-Reina, ¿cómo andas?- su tono de voz alegre y animado me ayudó a calmarme un poco y sentirme como siempre.

-Bien. No, no sé. No estoy segura.

-¿Cómo es eso?

-Ni idea.

-Angie, ¿está todo bien? ¿Ha pasado algo con tu hermana?

-No, Yiddá no tiene nada que ver con esto. Solo me siento… rara.

-¿Y eso a qué se debe?

-¡Cuántas preguntas, hey!- su risa al otro lado de la línea me motivó a continuar hablando-. No lo sé. Hace un minuto sentí algo raro, pero ahora nada; y eso que…

Sentí un pequeño toque en uno de mis dedos. Dejé caer el celular sobre mi almohada y puse mi mano al lado de la otra. El toque de nuevo. Esperé unos segundos. Otro, y otro más.

Una débil voz llegó a mis oídos. Recogí el teléfono y me lo puse en el oído, ansiosa.

-¿Angie? ¿Sigues ahí? Arizaga, si no me dices ya mismo qué pasa contigo te juro que voy y tiro la puerta de tu casa.

-No, Alondra- mi voz tembló por la emoción-. No. Santiago está pateando.

 

 

 

Llevaba treinta minutos con este nuevo descubrimiento. Por ratos no sentía nada, y luego volvían esos suaves golpecitos. Cerré los ojos e imaginé a mi hijo moviéndose dentro de mí, aprendiendo a usar ese cuerpecito que se le iba otorgando. Me concentré en el ritmo de sus pataditas, contándolas en silencio. Estuve un buen rato así, hasta que mi hermana abrió la puerta y se asomó dentro.

-¿Puedo pasar?- musitó, con la voz temblorosa.

Le dediqué una gran sonrisa.

-Claro- palmeé mi cama, a un lado de mí-. Siéntate en mi cama. Quiero enseñarte algo.

Yiddá avanzó con pasos temblorosos. Se veía pequeña, nerviosa e indefensa.

De un momento a otro se abalanzó sobre mí, rodeándome con sus brazos.

-Perdóname por lo de hoy- susurró-. Yo…- dudó, midiendo sus palabras- no sé que me pasó. Se supone que debí estar a tu lado, y te fallé. Perdóname,Angie.

-Sé que no fui tu intención- la consolé-. Hey, mírame. Ya pasó.

Por primera vez en mi vida, me sentía más fuerte que ella, que venía a buscar refugio como un pajarito herido.

Mucho más fuerte que ella. Y eso me daba miedo.

-Hermana…

-No importa, Yi- le sonreí-. Estoy bien. En serio.

Sonrió débilmente. Se enderezó y apoyó sus manos sobre su regazo.

-Sé que es hombre- comentó-. Felicidades, Angiecita.

Hacía su mayor esfuerzo por parecer alegre, pero no lograba ocultar un dejo de tristeza en su voz. Me sentí culpable por ello.

-Eh, gracias.

-¿Santiago?

-Sip.

-Ah. ¿Santiago qué?

-Nicolás, supongo. Nicola quiere que lleve su nombre, pero no queda tanto.

-Bueno, sí.

-¿Eh?

-Nada.

-No, dime.

-Que queda mejor Santiago Nicolás que Santiago Nicola.

-Por eso.

No hubo más comentarios. Nos quedamos en silencio hasta que la situación se volvió incómoda. Hablé.

-Te quería decir algoYi- sonreí.

-Cuenta.

Me llevé una mano al vientre. Esperé unos segundos y, cuando lo sentí nuevamente, hablé.

-El bebé ya patea. No sé si será demasiado pronto, pero es maravilloso. De verdad, nunca pensé que se sentiría tan lindo.

Yiddá abrió los ojos como platos. Comenzó a mirar a los lados, buscando una salida. Le tomé la mano, y advertí que esta temblaba levemente. Me asusté.

Por fin dijo algo. Su voz era entrecortada.

-Emm… y… ¿qué se siente?

-A mi me parecen toques suavecitos- expliqué-, pero no estoy segura. Hace un rato pensé que era hambre. Si no lo tocaba no me habría dado cuenta.

-Debe ser… debe ser hermoso- susurró más para sí misma que para . Vi cómo su mano se acercaba lentamente a su estómago.

-Lo es- musité-. Creo que es una de las sensaciones más lindas del mundo. Es el primer contacto que tengo con él.

Mi hermana sonrió. Levantó la vista y me miró, con sus ojitos brillando de emoción.

-¿Harías algo por mí, Angie?- habló suave y despacio, como si temiera que la voz se le fuera a agotar.

-Sí, claro- apoyé mi mano en su brazo, tranquilizándola. No entendía el por qué de todo esto, pero sabía que era algo serio y era mi deber como hermana ser su soporte.

-¿Puedo…- dudó- puedo sentirlo?

-Oh, sí, está bien.

-En serio Angie, no quiero incomodarte. Si no quieres, lo entiendo.

-No hay problema, hermana- le tomé la mano y le sonreí-. De verdad. Quiero que conozcas a tu sobrino.

Yiddá asintió. Llevé su mano hasta mi vientre y la apoyé sobre él. Recién en ese momento caí en la cuenta de que era la primera vez que ella lo tocaba. Suspiré.

-Espera unos segundos. Ahora lo hace.

Esperamos en silencio. Luego de un par de minutos, Santiago pateó. En el rostro de mi hermana se dibujó una sonrisa enorme. Al cabo de unos segundos y unas cuantas pataditas más, Yiddá estaba riendo a carcajadas.

-Es hermoso, Angie.

-Y es tu sangre, hermana- respondí-. Santi, esta es tu tía, Yiddá.


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