miércoles, 1 de octubre de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 47

                       








-          Nikko – Yidda le tomó el rostro y lo obligó a mirarla – mírame.
El morocho ni siquiera pareció oírla.
-          Nikko mírame.  – el joven doctor alzo sus ojos atormentados y a Yidda se le partió el corazón. – necesito que me digas eso que no me estás diciendo.
Él respondió sin mirarla.
-          ¿¿De qué vale?? ¿¿Ya para que importa??
-          Importa, a mi me importa. Necesito saber la verdad.

Nikko la miró.
-          ¿¿Cuál verdad?? En esta maldita historia no existen más que mentiras y secretos.
-          Bien – Yidda se puso en pie – ayúdame a descubrir la verdad y sacar a la luz los secretos. Dímelo.

Nikko se puso de pie en un movimiento y la fulminó con la mirada.
–                   ¿¿Qué verdad?? -  volvió a agachar la cabeza mientras más sollozos brotaban de él. - Le arrebataron tanto Yidda… le quitaron todo, y ahora... no solo a ella sino también a la criatura que iba a tener. yo... me odio tanto por no haberla salvado.
–                   ¡NO! - Yidda se puso frente a él y lo obligo a mirarla – no es tú culpa, ella no quería ser salvada, no podemos... sé cómo te sientes... pero no puedes seguirte culpando por algo que se escapaba de tus manos.

Nikko negó en silencio.
–                   Yo la amaba con locura. Debí hacer algo para salvarla así sea de sí misma, raptarla, correr, llevarla lejos, lo que sea. Pero no debí esperar tanto... me la arrebataron. -  miró a la nada – daría lo que sea por tenerla un segundo más conmigo, solo un minuto más. Tendría que haber sido hombre y enfrentarme a Ernesto pero ella... - se le quebró la voz – ella lo escogió a él y yo no hice nada.

Yidda se limpió las lágrimas que corrían por su mejilla.
–                   Exacto Nikko, ella, por mucho que nos duela lo escogió a él, nosotros no pudimos hacer nada.

Nikko sonrió con amargura.
–                   Eso no me hace sentir mejor ¿sabes?
Yidda lo imitó.
–                   A mí tampoco, pero me ayuda a darme cuenta que no fue mi culpa, ni la tuya y que ella merece ser recordada con sonrisas, no lágrimas.

- lo sé, ella era todo sonrisas y locura... - Peter observó la ecografía – pero me duele no haber tenido aunque sea este legado de ella.


Yidda lo miró.
–                   ¿Te hubieras quedado con un bebe de Ernesto?. Eso contando con que él te lo daría.

Nikko se desplomó en el sofá y miró hacia otro lado.
–                   Ernesto no hubiera podido quitármelo.
Yidda bufó.
–                   ¿cómo que no?. Era su hijo.

Nikko estudió el papel en sus manos nuevamente.
–                   No, no lo era.

Yidda tardó un segundo en procesar eso.
–                   ¿a qué te refieres con que no lo era?

Nikko la estudió a ella con suma atención.
–                   Llevas un años casada con Ernesto pensé que ya lo sabrías.

Ella se puso alerta.
–                   ¿saber qué?
Nikko la miró a los ojos seriamente.
–                   Que Ernesto es estéril. Él no puede tener hijos.

Un peso caliente se desplomó dentro de ella.
–                   ¿y de quién era ese bebe?
La respuesta la supo antes que él la pronunciara.
–                   Mío.
...

  El restaurant se encontraba a la espera. Todos miraban con atención el rostro del joven arrodillado en el piso, claramente nervioso, y la sonrisa triunfal de la joven que seguía en completo silencio.

La atención podía cortarse con cuchillo y el silencio reinaba.

Alguien carraspeo a lo lejos y Angie ladeó levemente la cabeza.
–                   ¿me amas Nicola?
–                   Más que a mi vida – se apresuró a responder él.

Antes de que Nicola de diera cuenta se encontraba tumbado en el suelo con una Angie llenándolo a besos. 
–                   ¿esto significa si?- preguntó sonriendo entre beso y beso.

Ella se apartó un poco,  sonrosada, ante la vista de todos los comensales.

–                   si, definitivamente si mi amor. - sus ojos se llenaron de lágrimas y sus brazos lo envolvieron un abrazo – te amo tanto mi amor. Sí, quiero casarme contigo, y si quiero despertar contigo el resto de mi vida.

Nicola se levantó sonriendo de oreja a oreja y la ayudó a incorporarse.
Tomó su mano y lentamente colocó el pequeño anillo en su dedo.

Ella lo observó un segundo con sus ojos llenos de lágrimas de felicidad. No podía ser más perfecto

-          ¿¿De qué estás hablando??
-          De nosotros – Manueka dio un paso hacia el – me tratas como si fuera una perra sin sentimientos, ¿¿Qué te hice?? , antes de irte estábamos bien, ¿¿Qué nos pasó??
-          Nos perdimos – Julián suspiró – bha, yo me perdí – se acercó a ella y le acarició el brazo fraternal – no es tu culpa, y lo lamento, eres una mujer increíble, pero… no somos el uno para el otro y lo lamento.

-          Lo somos, íbamos a casarnos ¿recuerdas?
-          Jamás lo hablamos.
-          No era necesario que lo hiciéramos, era obvio, tú y yo lo sabíamos, estábamos destinados a ello.
-          No Manuela – Julián se alejó – pensé que era así pero…
-          ¿¿Qué cambió?? – Ella caminó hacia él - ¿¿Qué nos pasó??

-          No eres tú, soy yo – dijo él tras un minuto de silencio.

Manuela lo fulminó con la mirada.
-          No te atrevas a insultarme con esa frase novelera. Quiero que me digas que pasó, tengo derecho a saber porque actúas así.
-          ¿así como? – preguntó él con desdén.
-          Así como si ya no me amaras. – gritó ella.
-          Ya no te amo – respondió él frío.
Los ojos maquillados de Manuela se llenaron de lágrimas.
-          ¿¿Cómo puedes tratarme así?? –
-          ¿¿Así como?? – volvió a repetir él –
-          Así tan frío, no eres el Julián de quién me enamoré.
-          Ni tú la Manuela que creí amar. Dejemos de hacernos daño y terminemos con esta pavada. Es el fin. Ambos lo sabemos.
-          Lo único que sé es que te amo y no me pienso rendirme sin luchar.
-          Manuela… - Julián habló con voz cansina.
-          No voy a dejar que esa perra se robe tu amor, eres mío.

Julián que ya planeaba marcharse se puso tenso.

-          No sé de quién hablas.
-          No insultes mi intelecto negándola. – gruñó ella.
-          No existe…
-          Una perra con la que te estás revolcando?? – terminó ella por él. –si la hay Julián. No te atrevas a negarla. Desde ya te aviso que no voy a rendirme sin luchar.
-          Manuela… - le advirtió él.
-          No Julián. Escúchame, y escúchame con atención, no sé qué te habrá dado ella o que te habrá metido en la cabeza pero yo me voy a encargar de demostraste lo arpía que es.
Sin más salió batiendo sus caderas.  

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