miércoles, 1 de octubre de 2014

"Ángel" corto Alondra y Mario








Corrí hacia Angie luego de que se hubo disparado el flash de la cámara. Se la quité de las manos, riendo.

-¡Enséñamela, Angie!

Presioné un botón y en la pantalla apareció la foto. No me gustaba mucho como había salido. Le devolví la cámara.

-Mejor me tomo otra. No salió muy bien.

Angie me miró, confundida.

-¿Qué dices? ¡Si se ve genial!

-Si quiero ser modelo algún día, no puedo conformarme con que se vea bien. Tiene que verse perfecto- refuté.

-¡Por favor, Alondra! Ya es tarde, y no me gusta estar aquí. Prometiste que iba a ser sólo un minuto, y ya llevamos media hora. ¡Y por si no fuera poco, estás arriesgando tu vida al saltar de piedra en piedra por el río!

Volteé hacia donde había estado parada. No consideré que estuviera muy lejos, pero el nivel del agua había subido bastante. Miré a Angie, y ella levantó las cejas.

La conocía desde pequeña. Habíamos ido juntas al jardín, y ahora ambas estábamos cursando el segundo año de secundaria en el Villa María. AngieArizaga era como mi hermana, la quería muchísimo. Aunque éramos como polos opuestos, nos complementábamos mutuamente. Ella no se fijaba mucho en su aspecto, a diferencia de mí, que me encantaba estar arreglada y a la moda. Aunque su cabello era lindísimo, ella casi nunca se lo cepillaba, siempre lo tenía atado en una cola. No le gustaba usar aretes, collares ni pulseras, y, en cuanto a la ropa, prefería andar por ahí con jeans y polo. A mí me encantaba arreglar mi cabello, todos los días probaba algo diferente; además, amaba los vestidos, los shorts y las blusas. En carácter, tampoco nosparecíamos mucho. Ella desde pequeña había sido juguetona, relajada y amiguera. En cambio, yo era muy tímida en un inicio, pero luego me fui soltando. Aún así, siempre fui tranquila y apegada a las reglas. Por alguna extraña razón, a mi papá a veces no le gustaba que me junte con ella, y a veces se enojaba conmigo si no le prestaba mis cosas o si no jugaba con ella. Ella no tenía papá, vivía sola con su mamá. Su padre había fallecido cuando era sólouna bebé. Pese a crecer sin una figura paterna en su hogar, ella siempre había tenido una buena vida, el dinero nunca había sido un problema para su familia.

-La última y nos vamos- rogué.

Ella suspiró y yo reí. Había ganado.

-Está bien. Pero anda con cuidado, no quiero que te pase nada.

Di media vuelta y comencé a saltar de piedra en piedra. Cuando llegué a la mitad del río, volteé y miré a Angie. Ella se rió y señaló con su cabeza hacia un árbol detrás de ella.

Miré hacia donde me había dicho. Había un chico que me observaba fijamente. Debía tener unos trece o catorce años, casi la misma edad que yo. Era alto, delgado y tenía una bella sonrisa. Lo miré a los ojos, sonrojada. Él desvió la mirada al instante, pero a los pocos segundos volvió a mirarme. Me sonrió, y yo hice lo mismo. Mi corazón se aceleró.

Angie me llamó desde la orilla.

Alon! ¡Ya apúrate! ¡Se hace tarde!

Volteé rápidamente, y perdí el equilibrio. Caí al agua, y me golpeé el brazo. El dolor era insoportable. La corriente me arrastró unos metros. Grité, pidiendo auxilio.

Angie! ¡Ayúdame!

Ella no sabía qué hacer. La vi correr por la orilla, tratando de no perderme de vista. Comencé a llorar.

-¡Alondra! ¡Alondra!

Estaba muy desesperada. No sabía qué hacer. Escuché una voz detrás de mí, pero no vi quien era. Alguien me abrazó y me ayudó a salir.

-Shhh… cálmate. Todo está bien. Te tengo, no te preocupes.

Definitivamente esa no era Angie. Era una voz de muy dulce, así que confié. Me pusieron en el suelo, una vez que logré salir. Respiraba con dificultad. El extraño se sentó a mi lado.

-Ya pasó. No tienes de que preocuparte. Estás a salvo.

Lo miré, y me di cuenta de quién se trataba. Era el mismo chico que me había estado observando desde el árbol. Aunque no lo conocía, me sentí segura a su lado. Ya no lloraba tanto como antes, pero aún no había dejado de hacerlo.

-¿Qui… quién… e… eres?- dije, con la voz entrecortada por el llanto.

-Me llamo Mario. ¿Estás bien?- me contestó, mientras me secaba las lágrimas del rostro con el dorso de su mano.

-Me… me duele el… el brazo, pero… creo que… sólo fue… un… un golpe.

-¿Qué pasó?- preguntó, preocupado- Ya no llores, por favor. Estás bien.

-Me caí…- en ese momento me di cuenta de lo malagradecida que estaba siendo- y tú… me salvaste. Gracias, Mario.

Él sonrió. El corazón volvió a latirme rápidamente, pero esta vez fue más fuerte, tanto que pensé que él podría escucharlo. Me sonrojé.

-¿Cómo te llamas?- preguntó.

-Alondra. ¿Vives por aquí? Yo vengo todos los fines de semana, cerca tengo una casa de campo. Nunca te había visto antes.

-No, solo estoy paseando. Vivo en Breña, ¿conoces?

-Emm… sí, creo. Yo vivo en Miraflores.

-Ah, una niña pituca- rió.

-Cállate, tonto. No me gusta que me llamen así- me senté para que nuestros ojos estuvieran a la misma altura.

-Está bien, lo lamento. ¿Qué hacías en el río? Es peligroso.

-Quería tomarme una foto- contesté, aunque él ya sabía lo que había estado haciendo.

-Ya te habías tomado una antes- cuestionó.

-Sí, pero salí mal- dije.

-No lo creo. Eres muy linda- me sonrió.

Él era muy tierno conmigo. Me quedé muda, no sabía que decirle. Miré hacia el suelo y no pude evitar sonreír. Me di cuenta de que estaba muy cerca de Mario. Nunca había besado a nadie, así que me asusté y retrocedí. En eso, escuché a Angie llamándome. Recordé que la había dejado sola y debía estar preocupada.

-¡Alondra! ¿Dónde estás?

-¡Estoy bien, Angie! ¡No te preocupes!- grité.

Angie se acercó y me vio sentada con Mario. Trató de ocultar su risa, pero no tuvo mucho éxito. Mario se puso de pie y me ayudó a levantarme. Ambos estábamos totalmente mojados.

-Ya me tengo que ir- dije, sin muchas ganas.

No sabía cómo despedirme. Al final opté por acercarme y darle un beso en la mejilla.

-Adiós. Y gracias, Mario.

-Adiós, Ángel.

Me alejé y caminé en junto a Angie. Cuando estuvimos lo suficientemente lejos, comenzó a atacarme con sus preguntas.

-¿Y? ¿Qué pasó? ¿Él te sacó?- preguntó, curiosa.

-Sí…- respondí, mirando al suelo y tratando de ocultar mi sonrisa.

-¿Pasó algo más?

-No, que va… lo acabo de conocer.

-Por tu cara, se nota que te encantó. Era muy guapo- dio un pequeño salto para esquivar una piedra.

-¡Tú siempre fijándote en eso, Lucero!- le reclamé, conocedora de lo mucho que la fastidiaba que la llame por su segundo nombre, aunque sabía que estaba en lo cierto- Sólo le estaba dando las gracias. Después de todo, me salvó la vida.

-Sí, claro- dijo en tono burlón.

Continuamos caminado en silencio. La duda me asaltó. ¿Por qué me había llamado Ángel? ¿Se habría equivocado? ¿O lo habría hecho a propósito? Cerré los labios con fuerza, reprimiendo una sonrisa. Tal vez nunca lo volvería a ver, y no averiguaría la razón por la que me había llamado así.

Pero me encantaba.




By @daniespos

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