lunes, 8 de septiembre de 2014

"Amigos Desconocidos" capítulo 77

                




Por mandato de Yidda, Diani e Isra abandonaron su nuevo hogar para cenar con sus amigos. Había pasado la primera semana de convivencia, y habían estado demasiado distraídos "probando" cada una de las habitaciones como para salir o pensar en alguien más que en ellos mismos. Pero Yidda los necesitaba e iban a acudir en su ayuda. La chica aún no se atrevía a hablar con su novio del tema y ellos querían ayudar en lo que fuese. Aunque solo pudiesen distraerlos un poco para que su amiga se relajase y cogiese fuerzas para confesar su estado.

Diani seguía emocionada con la noticia. Israel estaba casi tan contento como ella, pero disimulaba el hecho. Había cogido mucho cariño a esa pareja en muy poco tiempo. Y sabía que el futuro bebé sería el más consentido del mundo.

Habían llegado a un local donde podían hablar a pesar de la música. Se sentaron en su mesa favorita. Habían cenado en el restaurante preferido de Yidda y tras permitir que esta repitiese por segunda vez postre, habían decidido tomar una copa.

Julián estaba ceñudo. No entendía algunos comportamientos a su alrededor. Sabía que Israrl estaba supe protector con Diani y no le dejaba ni que moviese ni una silla para sentarse, pero le extrañó ver que se comportaba de igual manera con su novia. También le sorprendió no escuchar las quejas de arrepentimiento de Yidda después de hartarse de chocolate. O no escuchar a Dianita reñirla -en broma- por su gula. Y aún más sorpresivo, ¡que no le quitase ni una cucharada de su tarta! Todos estaban muy raros y lo miraban a él como si fuese el que no encajaba en aquello. No le gustaba nada la situación.

- Bueno ¿qué queréis tomar? -preguntó Juli nada más sentarse en el sofá de cuero acolchado junto a sus amigos y novia.

- ¿Tequila? -preguntó Diana a su novio y este aceptó con un leve gesto de cabeza.

- ¿Y tú, amor? ¿También tequila? -preguntó el joven a su novia.

- No, gracias -contestó la chica intentando disimular los nervios.

- ¿Qué? Yiddi estamos hablando de ALCOHOL. Aquí es cuando tú gritas emocionada y te haces dueña de la botella -bromeó Julián risueño- ¿Quieres mejor un vodka? -intentó de nuevo.

- ¡No! -exclamó con rotundidad Yidda.

- ¡Ok! O no me estás escuchando o le has cogido una fobia al alcohol que yo desconocía ¿Desde cuando dices no a una copa? -bromeó Julián y la miró cada vez más ceñudo- ¿Estás bien? ¿Te ocurre algo?

Era para preocuparse. En cualquier otra persona decir que no le apetece beber sería comprensible. Pero Yidda, al igual que Diana, serían capaces de vender a sus novios por una botella de tequila. Ambos lo sabían bien. Y que ella se negase a tomar cuando se habían reunido con ese objetivo, era realmente desconcertante. Tendría que estar realmente enferma para no querer tomar.

Recordó la última vez que Yidda se había enfermado y no había podido ni siquiera trabajar. Diana le había llevado su medicina, consistente en una botella de vodka, que se bebieron entre las dos en un abrir y cerrar de ojos. Él se había ido del departamento de su novia, dejándola entre risas con su amiga. Siempre encontraban un buen motivo para emborracharse.

Así que si no era porque estuviese enferma ¿qué podría hacer que Yidda no quisiese beber? Y aún peor ¿qué sabía Diani para no convencerla para que se le uniera? Estaba empezando a hacer muchas elucubraciones, se dijo Julián intentando quitarle hierro al asunto. Seguramente es que hoy se le apetece otra cosa ¡Solo eso!

- Entonces -continuó paciente- ¿qué vas a querer tomar?

- Un jugo -contestó Yidda sin mirarlo a la cara.

¡Se iba a acabar el mundo! Julián estaba seguro de ello. Miró a sus amigos esperando burlas o que la animasen a tomar, pero ellos se mantuvieron oportunamente al margen ¡Oh, sí, allí pasaba algo! Pero qué. No encontraba ningún motivo para que ella no quisiese tomarse una copa. No ella. Aunque fuese un simple cerveza. Pero ¿un jugo? Estaba seguro que Yidda no lo había probado en su vida. A no ser que estuviese acompañado de una bebida mucho más fuerte y perturbadora.

Intentó pensar de nuevo en los motivos por los que no querría beber. Los desechó. Entonces pensó en que no podría. Pero aún siendo perjudicial para su salud ella había tomado, reprochándole que solo era para acompañarlos ¿Qué haría que ella no pudiese tomar alcohol? ¿Qué lleva a alguien a rechazar una copa? Una persona que adora tomar. Una mujer...

- ¡Estás embarazada! -afirmó sin dudarlo Julián, mirando atónito a su novia.

- ¿Qué? Yo... ¿qué? -dijo confusa y nerviosa la chica.

- ¡Estás embarazada! -repitió su novio más suave.

- ¡No! ¿Por qué...? ¡No! -intentó mentir Yidda sin éxito.

Diana carraspeó como reproche por la mentira y fulminó a su amiga. Esta bajó el rostro con vergüenza y se hundió en su asiento.

- ¡Estás embarazada! -se corroboró Julián p sin asimilar el significado.

Él también entendía muy bien los silencios de su novia. Y este significaba un enorme "sí" ¡Estaba embarazada! Eso quería decir... ¡iba a ser padre! Había un bebé creciendo en su vientre, fruto de su amor. Miró la tripa de su novia, e intentó imaginárselo. Nacería un pequeño ser de ellos ¡Y él sería el responsable de cuidarlo!

¡Oh, Dios! ¡Iba a ser padre! Con responsabilidades y deberes que afectarían a una pequeña vida a su cargo ¡Un hijo! ¡Su hijo!

- ¡Estás embarazada! -repitió de nuevo el chico palideciendo.

- Tranquilo que a la que le toca parirlo es a ella -bromeó Diana intentando animar a su amiga que miraba asustada a su novio.

Yidda sonrió levemente a Diana en agradecimiento de su apoyo. Volvió la mirada de nuevo a su novio, para verlo aún más pálido.

Ella no quería aquello. No deseaba verlo asustado por el compromiso que implicaba un embarazo. Tampoco quería tener que soportar sus miedos ¡Ella ya tenía suficiente con los suyos propios! Por alguna razón había esperado que él lo tomase con más madurez que ella. Y lo había hecho, él no había pataleado sobre una cama. Pero no podía evitar querer llorar por su respuesta ante la noticia.

Lo miró con ojos llorosos y vio la confusión y los sentimientos encontrados en ellos. Después vio a una mujer que pasaba por su lado con un paquete de patatas y su atención se desvió por completo.

¡Patatas! Quería un paquete, o dos ¿Tendrían sus favoritas? Tendría que preguntarlo ¡Oh, sí! Pero no entonces, se suponía que estaban en un momento crucial en el que ella no podía estar pensando en comida. Claro que ella tenía hambre entonces y él tenía más de siete meses para aceptarlo ¡Lo suyo era más urgente!

Yidda se levantó decidida, ante la sorpresa de todos.

- ¿A donde vas? -preguntó su novio preocupado.

- ¡Patatas! -dijo sin más Yidda antes de salir corriendo hasta la barra del local.

- Puedes estar tranquilo, tu hijo no tendrá ni un solo antojo ¡Ella se los consiente todos! -le comentó Israrl amistosamente.

- Yo que tú daba gracias a Dios por los cambios de humor y hambre de las embarazadas, porque llega a no ser así y te mata por la cara que le pusiste -afirmó Diana con un resto de rencor.

- Estoy algo aturdido, eso es todo -explicó Julián, en su defensa.

- ¡Estás ¡mbécil! Tienes a tu lado a una mujer que te ama y a la cual amas. De ese amor va a nacer un bebé. El cual todos sabemos que vas a adorar. Así que hazte a la idea pronto antes de que el próximo antojo de Yiddi sea novio a la brasa -bromeó Diani con malicia.

Julián miró a sus amigos y después a su novia. Ella regresaba cargada con bolsas para un regimiento. Se sentó sin mirar a nadie, concentrada en su tarea. Y cuando comenzó a saborear con deleite cada patata de la primera bolsa, no pudo más que sonreír. Amaba a aquella mujer. Con la claridad que sabía que Israel y Diana estaban hechos el uno para el otro, sabía que esa mujer era su futuro. Su destino. Su nueva familia.

Los cuatro estuvieron en silencio, sintiendo que sus vidas iban cambiando y cobrando un nuevo sentido. Sabiendo que todo en sus vidas les había llevado hasta ese lugar. Recordar los desengaños hizo fruncir el ceño a Diani. Los malentendidos que habían creado un caos en la vida de Israel. La superficialidad que siempre había rodeado y desesperado a Julián. Y probablemente Yidda habría pensado en las penurias que le habían llevado hasta ese día, sino estuviese tan concentrada en engullir esas grasas saturadas. Todos la miraron y rieron, sin hacer que ella cambiase su actividad en lo más mínimo.

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