lunes, 8 de septiembre de 2014

"Hermoso Desastre" capítulo 13






— ¿Negra? —dijo Israel, tocando la puerta—. La va a hacer algunas diligencias, quiere que lo sepas en caso de que quieras ir con ella.
Nicola no había apartado sus ojos de los míos. — ¿Pajarita?
—Sí —Llamé a Israel—. Tengo algunas cosas que necesito comprar.
—Bien, ella estará lista para irse cuando tú lo estés —dijo Isra, sus pasos desaparecieron por el pasillo.
— ¿Pajarita?
Tiré un par de cosas del armario y las coloqué a su lado.
— ¿Podemos hablar de esto más tarde? Tengo que hacer muchas cosas hoy.
—Seguro —dijo con una sonrisa artificial.
Fue un alivio cuando llegué al baño, apresuradamente cerré la puerta detrás de mí. Tenía dos semanas en el apartamento, y no había manera de que pudiera posponer la conversación por tanto tiempo. La parte lógica de mi cerebro insiste en que Mario era mi tipo: atractivo, inteligente e interesado en mí. ¿Por qué me molestaba con Nicola por algo que yo nunca entendería?
Cualquiera que sea la razón, esto nos está volviendo locos a ambos. Estaba dividida por dos personas diferentes; La persona dócil y educada que era con Mario, y la persona furiosa, confundida y frustrada que me volvía cerca de Nicola. Toda la escuela había sido testigo de cómo Nicola era impredecible, por no decir que volátil.
Me vestí rápidamente, dejando a Nicola y Israel para irme al centro comercial con Diana. Ella reía por su aventura sexual con Israel, y yo escuchaba asintiendo con la cabeza en las partes correctas. Era difícil concentrarme en el tema en cuestión con los diamantes de mi pulsera creando pequeños puntos de luz en el techo del auto, recordándome la elección que tenía que hacer frente. Nicola quería una respuesta, y yo no tenía una.
—Está bien, negra. ¿Qué está pasando? Has estado muy callada.
—Está cosa con Nicola… es un desastre.
— ¿Por qué? —dijo ella, sus lentes de sol se levantaron cuando ella frunció su nariz.
—Él me ha preguntado qué vamos a hacer.
— ¿Qué vas a hacer tu? ¿Estás saliendo con Mario o qué?
—Me gusta, pero sólo ha sido una semana. No es serio o algo.
—Tienes sentimientos por Nicola, ¿O no?
Negué con mi cabeza. —No sé lo que siento por él. Sólo no veo lo que está sucediendo, Diani. Él es una cosa demasiada mala.
—Ninguno de los dos va a salir y admitir que ese es el problema. Están tan asustados de lo que podría ocurrir que estás luchando con dientes y uñas. Sé que es un hecho que si miras a Nicola a los ojos y le dices que lo quieres, él nunca mirara a otra chica nuevamente.
— ¿Sabes que es un hecho?
—Sí. Tengo un chivo espiratorio, ¿recuerdas?
Detuve mis pensamientos por un momento. Nicola debió de haber estado hablando con Mario sobre mí, pero Israel no tiene el coraje de írselo a decir a Diani. Él sabe que ella me lo diría, eso me dejaba llegar a una conclusión: Diana los había escuchado. Quería preguntarle qué fue lo que dijeron, pero lo pensé mejor.
—Esta situación me romperá el corazón, seguro que ocurrirá —dije, negando con la cabeza—. No creo que él sea capaz de ser fiel.
—Él no era capaz de tener una amistad con una mujer, tampoco, pero ustedes dos han dejado en shock a todos
Toqué mi pulsera y suspiré. —No sé. No me importa cómo sean las cosas. Sólo podemos ser amigos.
Diana negó con la cabeza. —Excepto que no son sólo amigos —suspiró—. ¿Sabes, qué? Esta conversación terminó. Vamos a cortarte el cabello y maquillarte. Voy a comprarte un nuevo conjunto de ropa por tu cumpleaños.
—Creo que eso es exactamente lo que necesito —sonreí.
Después de horas de manicura, pedicura, siendo peinada, encerada y maquillada, metí mis pies en mis brillantes zapatillas amarillas y me vestí mi nuevo vestido gris.
—Ahora, ¡Esta es la Angie que conozco y amo! —rió ella, sacudiendo su cabeza hacia mi conjunto—. Tienes que usar esto en la fiesta de mañana.
— ¿No era este el plan desde el principio? —dije, sonriendo. Mi celular sonó en mi bolso, y lo sostuve en mi oído—. ¿Hola?
— ¡Es la hora de la cena! ¿A dónde demonios han ido ustedes dos? —dijo Nicola.
—Nuestras indulgencias eran mimarnos un poco. Tú e Isra sabían cómo comer antes de que saliéramos del departamento. Estoy segura de que puedes manejarlo.
—Bueno, no, joder. Nos preocupamos por ustedes, ya sabes.
Mire a Diana y sonreí. —Estamos bien.
—Dile que regresaremos en poco tiempo. Tengo que detenerme a recoger unas notas de Isra con Rafael, y entonces iremos a casa.
— ¿La has escuchado? —pregunté.
—Sí. Nos vemos luego, Pajarita.
Condujimos hacia Rafael en silencio. Diana apagó el motor, mirando el edificio de apartamentos adelante. Israel le pidió a Diana que recogiera unas notas, pero no tenía sentido; estábamos justo a una calle del apartamento de Isra y Nico.
— ¿Qué va mal, Diani?
—Rafael me da escalofríos. La última vez que estuve aquí con Isra, él estuvo todo el tiempo coqueteándome.
—Bueno, yo iré contigo. Si él se atreve si quiera a guiñarte el ojo, voy a apuñalarlo en el ojo con mis tacones nuevos, ¿De acuerdo?
Diana sonrió y me abrazó. — ¡Gracias, negra!
Nos dirigimos a la parte trasera del edificio, y Diana tomó una profunda respiración antes de tocar la puerta. Esperamos, pero nadie abrió.
—Supongo que no está aquí, ¿no? —pregunté.
—Está aquí —dijo, irritada. Golpeó la puerta de madera con el costado de su puño y luego la puerta se abrió.
— ¡FELIZ CUMPLEAÑOS! —gritó la multitud desde adentro.
El techo estaba lleno con burbujas rosas y negras, cada centímetro estaba cubierto con globos de helio, con largas cadenas plateadas colgadas hasta llegar a las caras de los invitados. La multitud se separó, y Nicola se acercó a mí con una amplia sonrisa, tocando cada lado de mi rostro y besando mi frente.
—Feliz cumpleaños, Pajarita.
—Es hasta mañana —dije. Aún en shock, tratando de sonreírle a todo el mundo.
Nicola se encogió de hombros. —Bueno, ya que podrías sospecharlo, decidimos hacer algunos cambios al último minuto y sorprenderte. ¿Sorprendida?
— ¡Mucho! —dije mientras Gino me abrazaba.
— ¡Feliz cumpleaños, nena! —dijo Gino, besando mis labios.
Diana me dio un codazo. — ¡Qué bueno que tuviste que hacer algunas diligencias conmigo hoy, o te hubieras presentado como una fodonga!
—Te ves grandiosa —dijo Nicola, escaneando mi vestido.
Rafael me abrazó, presionando su mejilla con la mía. —Y espero que sepas que Diana me dijo que Rafael le daba escalofríos justo antes de llegar aquí.
Miré a Diana, y ella rió. —Funcionó, ¿no?
Una vez que todos se turnaron para abrazarme y desearme un feliz cumpleaños, me incliné hacia el oído de Diani. — ¿Dónde está Mario?
—Llegará más tarde —susurró—. Israel no podía conseguir su teléfono para informarle que sería esta tarde.
Rafael subió el volumen de la música y todo el mundo grito. — ¡Ven aquí, negra! —dijo, caminando hacia la cocina. Él alineó varios caballitos en el mostrador y sacó una botella de tequila del bar—. Feliz cumpleaños de parte del equipo de fútbol, pequeña —sonrió, llenando cada vaso de Petron—. Esta es la manera en que nosotros hacemos los cumpleaños: Cumplirás diecinueve, tiene diecinueve bebidas. Puedes beber todo o no terminarlo, pero mientras más bebas, más de estos consigues —dijo, abanicándose con un puñado de billetes de veinte dólares.
— ¡Oh, Dios mío! —chillé.
— ¡Bebe todo, Pajarita! —dijo Nicola.
Miré a Rafael, sospechosamente. — ¿Tendré veinte por cada caballito que beba?
—Así es, peso ligero. Por tu tamaño, diré que voy a perder sesenta dólares al final de la noche.
—Reconsidéralo otra vez, Rafa —dije, agarrando el primer vaso, dejándolo entre mis labios, echando mi cabeza hacia atrás para vaciar el caballito y luego limpiar mi boca con mi otra mano.
—¡Mierda! —exclamó Nicola.
—Esto será realmente un desperdicio, Rafael —dije, limpiando las esquinas de mi boca—. Prefiero Cuervo, en vez de Petron.
La sonrisa de arrogancia en el rostro de Rafael se desvaneció, y negó con su cabeza y se encogió de hombros. —Acaba con esto, entonces. Tengo la billetera llena de billetes de doce jugadores de fútbol que dicen que no puedes terminar diez.
Entrecerré mis ojos. —Doble o nada, yo digo que puedo beber quince.
— ¡Wau! —gritó Israel—. ¡No podemos hospitalizarte el día de tu cumpleaños, Megra!
—Ella puede hacerlo —dijo Diana, mirando a Rafael.
— ¿Cuarenta dólares por cada trago? —dijo Rafael, pareciendo inseguro.
— ¿Tienes miedo? —pregunté.
— ¡Diablos, no! Te daré veinte por trago, y cuando llegues a quince, duplicaré el total.
—Así es como se celebran los cumpleaños —dije, tomando otro vaso.
Una hora y tres caballitos más tarde, estaba en la sala bailando con Nicola. La canción era una balada rock, y Nicola cantaba la canción para mí mientras bailábamos. Él se inclinó hacia mí al final del primer coro, y permití que mis brazos cayeran detrás de mí. Él me sostuvo mientras me recargaba en él, y suspiré.
—No podré hacer esto cuando haya terminado con todos esos tragos —reí.
— ¿Te he dicho que te ves increíble esta noche?
Negué con la cabeza y lo abracé, recargando mi cabeza en su hombro. Él apretó su agarré, y enterró su cara en mi cuello, haciendo que olvidara sobre decisiones o brazaletes o mis personalidades diferentes; Estaba exactamente donde quería estar.
Cuando la música cambió a un ritmo más rápido, la puerta se abrió. —¡Mario! —dije, corriendo a abrazarlo—. ¡Llegaste!                                                                                                  

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