Angie se dirigió sigilosamente hacia la puerta.
Ariana y Nicola todavía estaban hablando con la policía. No habían notado que había salido de la habitación y había bajado las escaleras. Definitivamente, había llegado la hora de marcharse. Nada había cambiado entre ella y Nicola y ella no estaba preparada para soportar por segunda vez su rechazo.
-¿Te vas?
Angie estuvo a punto de sufrir un infarto al oír aquella pregunta.
-¡Adrianito! Por favor, no grites. Y no asustes a la gente de ese modo.
-¿Pero te vas?
-Sí, me voy.
Adrianito estaba intentando no llorar, pero no podía disimular el temblor de su labio.
-Pero prometiste quedarte hasta enero.
-Lo sé, lo prometí y siento haber roto mi promesa -también a ella le temblaba el labio-. Lo siento de verdad.
-Oí hablar a papá por teléfono -le contó Adriano-. Está intentando que venga alguien para cuidarnos a mí y a Ariana, pero no le gusta nadie. Me dijo un día que iba a ser difícil encontrar a alguien antes de Navidad -suspiró-. ¿De verdad eres una princesa?
-Sí.
-Sí, pareces una princesa -decidió Adriano-. Y Spike también lo cree. ¿Y te tienes que ir porque a las princesas no les dejan ser niñeras?
-Las princesas pueden ser lo que ellas quieran -contestó Angie.
-¿Entonces por qué no te quedas para ser nuestra niñera? O nuestra madre. Para eso solo tienes que casarte con papá.
Angie se echó a reír.
-Eso solo funcionaría si tu padre quisiera casarse conmigo.
-¿Y por qué no va a querer casarse contigo? Ariana dice que te quiere. Y la gente que se quiere se casa.
Angie no sabía qué contestar a eso.
-¿Sabes? Eres una buena princesa, pero creo que serías una mamá mejor -volvía a temblarle el labio-. Por favor, quédate. Tienes que quedarte por lo menos hasta enero.
-No puedo -le contestó Angie suavemente-. Lo siento, mi vida.
-Bueno -musitó el niño-, gracias por haberle salvado la vida a Ariana. Papá ha dicho que si no hubieras venido no la habrían encontrado.
El taxi que estaba esperando a Angie, comenzó a tocar la bocina. La joven se agachó para darle un abrazo de despedida al niño. Tenía que marcharse antes de que la traicionaran las lágrimas.
-Te quiero, Adrianito -se separó del niño, salió de la casa cerrando con firmeza la puerta tras ella y se montó en el taxi, sabiendo que no tenía otra opción que la de marcharse.
¿Pero cómo que no tenía otra opción?, se preguntó, tras darle la dirección de su hotel al taxista. ¿Qué clase de pensamiento era ese? Así era como pensaba ella en el pasado, cuando solo era una insulsa princesa. Pero la vida le había enseñado a ser insistente. Gracias a Angie Gutierrez se había convertido en una mujer fuerte. Había sido capaz de regresar al lado de Nicola después de su rechazo porque sabía que la necesitaba. Lo había ayudado a encontrar a Ariana, había permanecido a su lado y lo había apoyado. Angie jamás se habría lamentado por no tener otra opción. Nunca se dejaba vencer por los obstáculos. En vez de marcharse, Angie Gutiérrez habría agarrado a Nicola por los hombros y lo habría sacudido hasta hacerle comprender que estaba enamorado de ella.
Así que, cuando llegaron a su destino, Angie se inclinó en el asiento y le pidió al taxista:
-Espéreme, ahora mismo vuelvo.
Nicola permanecía en su despacho, contemplando la puesta de sol.
Angie se había marchado. Se había ido mientras él estaba hablando con la policía. Ni siquiera había tenido oportunidad de darle las gracias.
Cerró los ojos, permitiéndose recordar todas las veces que Angie le había tendido una mano en los momentos en los que más la necesitaba, en las veces que le había reconfortado con una abrazo. Las infinitas palabras de aliento con las que había impedido que se hundiera en su tristeza...
Dios, qué estúpido era.
Angie lo amaba. Fuera niñera o princesa, lo amaba. Lo sabía con una certeza absoluta.
Y él también la amaba.
Pero había dejado que se fuera.
Pensando en ello, se levantó de la silla y fue a buscar a sus hijos.
Adriano y Ariana estaban en el cuarto de juegos. Cathy había encendido la chimenea antes de marcharse. Ariana leía, acurrucada en el sofá y el niño se entretenía con un puzzle, sentado a la mesa.
-Eh, chicos, voy a tener que pasar unos días fuera -les dijo-, pero antes llamaré a Cathy para ver si puede quedarse con vosotros.
-No hace falta que llames a Cathy, papá -le advirtió Adriano.
-Chss -Ariana silenció a su hermano y miró a Nicola-. ¿Adonde te vas?
-No estoy seguro todavía. Voy a ir a Aspen o a Wynborough. Depende de adonde haya ido Angie.
-¡Sí! -exclamó Ariana, cerrando los ojos con emoción.
Adriano rio con tanta fuerza que se cayó de la silla.
Y Angie se levantó de detrás del sofá, donde estaba ordenando una estantería.
-¿Me necesitas para algo en concreto?
Estaba allí. A solo unos pasos de él.
-¿Qué...? ¿Cómo...? -alcanzó a balbucear.
-No podía marcharme. No podía dejaros sin niñera en Navidad.
-Cásate conmigo -le pidió Nicola precipitadamente.
-¡Sí! -dijo Ariana, mientras se levantaba-. Vamos, Adri, este es un buen momento para desaparecer -tomó a su hermano en brazos y salió de la habitación, cerrando la puerta tras ellos.
-Por favor -añadió Nicola-, perdiéndose en la profundidad de los ojos de Angie-. Dios, todo lo estoy haciendo mal. Quería ir a buscarte y explicártelo todo y... Por favor, Angie, perdóname.
-Estoy aquí, ¿no lo ves?
-Pero no quiero que te quedes para cumplir con un contrato.
-Estoy aquí porque quiero a tus hijos -le temblaba ligeramente la voz-, y porque te quiero a ti. Y no creo que lo haya mantenido precisamente en secreto...
-Pero yo sí, Angie. He estado mintiendo desde el principio al no ser capaz de reconocer lo mucho que te amaba -se acercó a ella y la abrazó-: Te amo. Te quiero más de lo que nunca sabrás. Cásate contigo.
Angie sonrió. Y Nicola supo que, estando a su lado, podría estar lloviendo durante el resto de su vida y jamás repararía siquiera en la falta de sol.
-Sí.
Nicola la besó con pasión. Fue un beso profundo, apasionado... Como si quisiera perderse en la dulzura de su boca, en el fuego de sus caricias y... Retrocedió riendo...
-Dios mío, eres una princesa. Mi suegro va a ser un rey. Me siento como si estuviera en medio de un cuento de hadas.
-Estoy segura de que a mi padre le gustarás.
-No sé cómo he de comportarme en medio de la realeza. Mis modales son terribles. Probablemente rompa todas las normas de etiqueta y...
-Yo te enseñaré todo lo que necesitas saber -lo interrumpió Angie-. Y empezaremos con los detalles más importantes.
-¿Cómo cuáles?
-Bueno, por una parte, a esta princesa en particular le encanta hacer el amor en tu escritorio...
Nicola soltó una carcajada.
-Y otros lugares igualmente imaginativos -continuó Angie-, siempre y cuando nos encontremos en una habitación en la que haya un buen cerrojo y unas contraventanas que se puedan cerrar.
Nicola miró a Angie. Y desvió después la mirada hacia la alfombra que se extendía al lado de la chimenea, y a continuación miró nuevamente a Angie a los ojos.
Y Angie comprendió al instante lo que estaba pensando. Sonrió y lo besó.
-Yo me ocupo de las contraventanas. Tú cierra la puerta.
Nicola se movió rápidamente. Ella también.
En cuestión de segundos, estaban de nuevo abrazados. Angie sonrió y él la besó. Descendieron lentamente hasta la alfombra, para tumbarse junto al fuego. Y aquel fue el comienzo de una vida intensamente feliz.
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Lamentablemente esta novela llego a su fin :(, gracias a todas las lectoras! Y espero que lean mi siguiente adaptación Matrimonio Diferente, también porcezaga! Gracias y las quiero!
-Isa❤️

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