martes, 8 de julio de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 34





Julián escuchó el sonido del relinche del caballo y salió. La lluvia caía a torrenciales rugiendo a su alrededor, no se podía ver a más de unos pocos metros. Cansado de escudriñar la oscuridad entró en la casa y cerró la puerta.
-      Te estás volviendo loco – se dijo a sí mismo – es imposibles que escuches a un caballo con todo este ruido.

Pocos minutos después un golpe en la puerta lo hizo correr a ella, estaba seguro de no haberlo imaginado esta vez.

Al abrir tuvo que dar un brinco atrás para no chocar de frente con la enorme cabeza del caballo de Yidda.
El animal dio golpecitos con la pata en el suelo y Julián acarició sus crines.
-      ¿¿Qué pasó muchacho??  ¿¿Tienes frío?? ¿¿Cómo llegaste aquí??

Lo hizo resguardarse por completo bajo el techo de su pórtico para que no se mojara y se detuvo en seco ante la imagen que recibió.
Le costó un segundo antes de reaccionar e intentar bajar a Yidda del animal.

Estaba inconsciente y se agarraba débilmente. Julián acunó su cabeza y tomándola en brazos entró con ella. Su nerviosismo iba en aumento cuando ella no se movió. Corrió con ella en brazos hasta su cuarto y la colocó sobre su cama.

Su ceño se frunció al notar manchas rojas en las mangas de su propia camisa y su pecho. Le tomó un momento asociarlo y cuando lo hizo busco sangre en ella desesperado.

El aire abandonó sus pulmones de un plomazo ante la visión de las heridas de Yidda.
Mordiéndose el labio para no gritar de frustración y rabia, abrió la cremallera de la joven y lo más suave que pudo bajó los pantalones por las delgadas piernas de la joven.
Cuando llegó a la zona donde la piel lastimada, la sangre y la tela mojada se mezclaban, trabajo más despacio sintiendo una apuñalada en el corazón y una rabia sorda  cada vez que, en medio de la inconsciencia, la escuchaba gemir de dolor.  

Corrió a llamar a Nikko quien le aseguro llegar cuanto antes y le pidió que fuera limpiando sus heridas con antiséptico.
Julian se acercó a su cama con el corazón en un puño, Yidda se veía tan delicada e indefensa. Quiso golpear algo pero se contuvo, necesitaba mantenerse sereno para ayudarla. Debía hacer que se recuperara para descubrir que había pasado. 

Con un algodón quirúrgico y un antiséptico comenzó lentamente a lavar la piel maltratada.
La piel de Yidda tan pálida y fina se veía amoratada e irritada.
¿¿Qué te pasó Yidda?? – se preguntó Julián cerrando los ojos frustrado cada vez que la escuchaba quejarse de dolor.  
Había una herida profunda que seguía sangrando, Julián presiono una venda para cortar la hemorragia y Yidda se despertó con un gemido angustioso.

Julián corrió a su lado y acarició su rostro.
-      ¿¿Yidda, cariño, que sucedió??
Los ojos de ella parecían perdidos, ella se veía ida.
-      Yidda, háblame.
Ella movió una pierna y gritó de dolor. Sus ojos se llenaron de lágrimas y cerró las manos en puños sujetándose de las sabanas.
-      Yidda – él se sentía atado de manos y pies – cariño – colocó un paño húmedo en su frente y acarició su cabello.
Ella se veía indefensa.
-      Julián – su voz sonó ronca y él vio que ella por fin lo miraba.
-      Aquí estoy cielo.
Yidda sollozó y cerró los ojos.
-      Me duele Julián, me duele mucho.
-      Lo sé cariño, Nikko viene en camino, pronto te sentirás mejor.  
Ella seguía con los ojos cerrados.     
-      ¿¿Yidda?? – acarició su rostro - ¿¿Yidda que sucedió??
Yidda no contestó y por un momento él creyó que ella se había vuelto a quedar inconsciente. Luego súbitamente ella abrió los ojos y lo miró con autentico pánico en la mirada.
-      Debemos irnos Julián, ahora.
-      No podemos irnos, tienes que…
-      No – lo interrumpió ella – debemos irnos o vendrá, él vendrá por mí.
Julián quiso preguntar quién pero se abstuvo.
-      Estas a salvo Yiddi – la tranquilizó él. – nadie te hará daño.
Ella miró al vacio.
-      Él vendrá Julián, él vendrá por mí.
-      No Yidda…
-      Julián – ella lucia desesperada, lo tomó por la camisa y lo acercó a ella. – Si no nos vamos moriremos – lo soltó y se hundió mas en el colchón – si no nos vamos moriré.
Susurró antes de alejarse en el dulce olvido de nuevo.

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-      Sus heridas se ven mucho mejor Juli, habrán cicatrizado en un par de días – dijo Nikko mirando a su amigo que tenía pinta de no haber dormido en semanas.
-      Ella lleva inconsciente dos días Nikko – señaló Julián pasándose una mano por el pelo.

Nikkolo vio recostado de la pared y notó que se veía cansado.
-      ¿¿Hace cuanto no duermes??
Julianle lazó una mirada desdeñosa. 
-      ¿¿Esperas que duerma enserio??
-      Julián, en ese estado no podrás ayudarla. – señaló su amigo.
-      No podré ayudarla hasta que se despierte.
-      Y cuando lo haga tampoco podrás hacerlo porque estarás demasiado cansado.
-      Solo necesito saber que está bien – susurró  Julián con voz angustiada.
-      Lo está.
-      ¿¿Entonces porque no se despierta?? 
-      Porque la mente humana es sabia y ella no está lista para despertar. Además ella si lo ha hecho.
-      Pocas veces para comer y tomar agua – respondió Julián.
-      Y eso lo único que ella debe hacer en este momento – Nikko suspiró – mira Julián, no sé lo que paso, pero sé que ella estaba muy mal herida, debió sufrir algo traumático.
Julián cerró los ojos como si ese hecho le doliera.
-      Su mente necesita descansar, ella está bien, lo sé,  yo soy el médico.

Juli, caminó hasta la cama y acarició el cabello de Yidda.
-      ¿¿Qué le pasó Nikko??
-      Eso no puedo saberlo – contestó su amigo.- se por las heridas que fue golpeada, no sabría decirte con que, a mi me parece un látigo, pero es más grueso que eso, y debió haber tenido algo filoso.   

Julian sintió la sangre hervir dentro de él. ¿¿Quién se atrevía a golpear a Yidda?? ¿¿A hacerle daño a su piel de porcelana?? ¿¿Quién se atrevía a ponerle un dedo encima??

Nikko se acercó a la cama y acarició el moretón en su mejilla y la herida de su labio.
-      Obviamente la golpearon en el rostro, esto es un abofeteada – dijo señalando el cardenal en su mejilla  -  lo que no sé es con que se hizo esto – habló pasando un dedo por su labio magullado – parece un corte pero se lo pudo haber hecho con algo filoso o – se inclinó un poco hacia ella – la mordieron.
Julian perdió el color en el rostro.
Nikko alzó el rostro y lo miró.
-      ¿¿Crees que fue..??
-      No lo digas – lo cortó Julián, luego añadió en una octava de voz más baja – no lo digas o juro que lo matare. 

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