miércoles, 9 de julio de 2014

"Aire" corto Diana y MarioI






-Pero… ¿estás segura de que es él?

-¿No es obvio? ¡No ha cambiado en nada!

-No sé… no lo conozco tanto como tú.

Diana suspiró. Tomó a su amiga por el brazo y la jaló hasta el baño de la discoteca.

-¡Está más que claro, Yamila! ¡Es Mario!

-Tendrás que hablarle. No puedes huir más.

-¿Y si no quiero? ¿Y si prefiero olvidar todo lo que pasó? ¿Y si decido emborracharme para no notar su presencia? No quiero saber nada. Absolutamente nada.

-Deja de hablar estupideces, Diana. Lo de Mario pasó hace ya más de tresaños. Debiste de haberlo superarlo.

-¡No quiero superarlo, Yamila! ¡No quiero! ¡Yo todavía lo amo!

Diana se sentó en el suelo, se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar. Aunque Yamila la conocía hace sólo dos años, era la única persona a la que Diana le había contado la verdadera razón por la que ella y Mario habían terminado.

-No entenderías… nunca dejé de amarlo. Todo este tiempo he estado sufriendo en silencio, ocultándome tras una falsa sonrisa y un “ya pasó, no me afecta”. Sí me afecta, Yami. Me afecta como no tienes idea. Soy muchísimo más débil de lo que crees.

Yamila abrazó a su amiga. Sabía que no podía dejarla sola. Diana había puesto toda su confianza en ella, y no iba a defraudarla.

-Vamos, Diana. No vas a dejar que él te ponga así. Llevas muchos días esperando esta noche. Mario no te la va a arruinar.

-¿Cómo? No quiero salir de aquí.

-Oh, vaya que sí lo harás. Te vas a parar, vas a secar tus lágrimas, vas a lavarte la cara y vas a salir a presumirle tu sonrisa.

-Eres mala.

-No, no soy mala. Soy tu amiga. Y aunque no lo creas, esto es lo mejor que puedes hacer. Él se lo perdió. Tú no.

-¿En serio?

-En serio, Diana. Nunca te mentiría. Ahora vamos.

-No.

-Ya hablé.

A regañadientes, Diana se paró y se miró al espejo. Tenía los ojos hinchados y el cabello despeinado.

-Ni pienses que voy a salir así, Yamila.

-Claro que no, tonta. Te voy a arreglar.

Yamila le quitó el poco maquillaje que le quedaba en el rostro. Le pintó los ojos con un color muy sutil y los labios de rojo fuerte. Le cepilló el cabello, que quedó lacio y perfecto nuevamente.

Diana se observó nuevamente. Se sentía hermosa. Tenía un vestido color azul eléctrico sin magas, ni muy corto ni muy largo, que se ajustaba perfectamente a su figura. Su cabello, negro como la noche, le caía sobre los hombros. Dio una vuelta y le dirigió a Yamila una sonrisa de agradecimiento.

-Te quiero, rubia. Gracias por todo lo que haces por mí.

-Yo también te quiero, hermana.

Diana se acercó a Yamila y la abrazó con todas sus fuerzas. Le entraron ganas de llorar nuevamente, pero se aguantó con toda la valentía que le quedaba.

Ahora debía salir y enfrentarse a su pasado.

Tres horas y unas cuantas copas más tarde, Diana había olvidado la presencia de Mario y se había dedicado a disfrutar de la noche. Llevaba un buen rato bailando con sus amigos; y además había conocido a un chico muy atractivo, el cual la había invitado a salir. Yamila se dedicó principalmente a evitar que Mario se acerque a Diana, lo cual era muy obvio que quería hacer ya que no dejaba de mirarla. Yami se preguntaba cómo alguien como él pudo hacer lo que le hizo a Diana. Parecía un buen hombre. Pero no estaba dispuesta en dudar de la palabra de su amiga.

Diana se acercó a ella.

-Voy por algo de beber.

-Ya has tomado mucho. Ni se te ocurra pedir más trago.

-No estoy borracha, Yamila. Sé muy bien lo que hago. Tengo sed. Tomaré agua, si eso es lo que quieres.

-Ve.

Diana se alejó de sus amigos. Caminó hacia el otro lado de la discoteca. El lugar estaba lleno de gente. Por donde quiera que pasara, llamaba la atención. Los hombres la miraban con deseo, las mujeres, con envidia. Diana era hermosa y lo sabía, aunque eso no le importaba mucho, no era para nada superficial.

De pronto, sintió que le faltaba el aire. Se sentía atrapada. Quería huir, pero no podía. Buscaba por todos lados y no encontraba una salida. Quería que alguien la ayude. Comenzó a respirar agitadamente. ¡Yamila! ¿Dónde estás? ¡Te necesito! Tengo miedo. Yamila, por lo que más quieras, ayúdame. Creo que me estoy muriendo, Yamila. No respiro.

Sólo pudo ver que alguien corría hacia ella antes de desvanecerse.

 

 

Despertó y se encontró sentada en el asiento delantero de un auto. Trató de abrir la puerta, pero estaba con cerrojo. Forcejeó. Nada. Trató de abrir la ventana. Tampoco pudo. Estaba completamente encerrada.

-Maldición- susurró mientras se dejaba caer en el asiento.

Pudo ver a alguien acercándose al auto.

No. No podía ser.

Comenzó a golpear la puerta y la ventana con todas sus fuerzas. Gritaba, llamaba a Yamila con todo lo que daba su voz, pero nadie acudía a su llamado.

Mario abrió la puerta del auto y se sentó a su lado.

-Veo que ya estás mejor- hablaba como si se hubieran visto hace dos días.

-Lárgate.

-¿Agua?- Mario le ofreció una botella.

-No. Lárgate, Mario.

- Te apuesto que ni siquiera sabes cómo llegaste aquí.

Diana le dirigió una mirada fulminante.

-Te desmayaste, Diani. No entiendo que pasó. Te vi mal y corrí hacia ti.

El corazón se le volcó a Diana. Diani. Él era la única persona en el mundo a la que le había permitido que la llame así, además de sus padres. Ella no era de darles mucha confianza a las personas.

Diani. No lo había olvidado.

Miró a Mario a los ojos, haciendo de todo por no llorar. No iba a dejar que Mario la vea mal.

-Perdóname, Diani. Te juro que no he dejado de pensar en ti. Tú eres mi verdadero amor. Alondra sólo fue un error. Por favor, perdóname. Yo te amo. No puedo vivir sin ti.

Diana rompió a llorar, en una mezcla de tristeza y odio. Una parte de ella le rogaba que acepte las disculpas, pero la otra…

-¡¿Qué te perdone?! Me sacaste la vuelta con mi mejor amiga, Mario. Alondra lo era todo para mí. Ustedes dos me destrozaron. Se rieron en mi cara. ¡Era mi mejor amiga!

Mario enmudeció. Diana se tapó el rostro con las manos. Lloraba desconsoladamente. Ya no le importaba nada.

-No tienes la más mínima idea de lo mucho que he sufrido todos estos años.No he vuelto a estar con nadie, Mario. Nadie. ¿Y sabes por qué? Miedo. Miedo a que alguien me haga lo tú me hiciste. Miedo a encontrarme con alguien tan basura como tú. La chica que tú conocías, esa “Diani” alegre, divertida, confiada, ha desaparecido. Por tu culpa, Irivarren.

-Perdóname. Fui un tonto. Dejé ir a la chica más maravillosa del mundo. Perdóname, Diana. Déjame repararlo. Te juro que te amo, y no puedo estar un minuto más lejos de ti.

Diana no supo que decir. El corazón se le aceleró. Las manos le temblaban. Nuevamente sintió ese miedo que la había hecho desmayarse minutos antes. Hacía grandes esfuerzos para respirar. Quería salir de ahí.

Yamila, ayúdame. ¿Dónde estás? Yamila, estoy con Mario. Tengo miedo. Por favor, sácame de aquí. Vámonos. ¡Ven ahora! Yamila, me falta el aire.


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Gracias a Dani por el corto! Es hermoso!!!!!

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