Dos jóvenes iban cogidos de la mano mientras salían de una carpa llena de colorines del parque de atracciones. Los dos reían y discutían haciendo bromas amistosamente.
-Mentira, vos no sabés hacer los trucos del mago.
-¿Qué no? Perdóname pero yo tengo súper poderes- dijo la chica sacándole la lengua como si se tratara de una nena de ocho años.
- ¿En serio?- preguntó él a la vez que su novia asentía feliz- ¡No te creo! Antes de hacer desaparecer cualquier cosa la romperías en el intento.
Los dos empezaron a reír hasta que ella se paró y rodeó sus brazos en el cuello de él.
-Aquel mago podrá hacer desaparecer un camión si quiere, pero seguro que nuestro amor ni lo mueve.
El joven soltó una risa y ella sonrió dándole un suave golpe.
-¡No te rías! Ya sé que sonó muy cursi, pero quiero que sepas que si en cualquier momento no estoy y me necesitás, podés llamarme, que apareceré en cuestión de segundos a tu lado.
-¿Y cómo vas a hacer eso tan rápido?-preguntó acomodando sus brazos rodeando la cintura de ella.
-Con magia, obvio.
-Creo que nunca más te voy a invitar a un espectáculo como estos.
Los dos se miraron y empezaron a reír otra vez juntos, se separaron y de la mano continuaron andando.”
Frío…
Sentías como cada parte de tu cuerpo empezaba a paralizarse, primero los pies y lentamente el camino de la muerte subía por tus piernas, y así empezaba la...
...Tristeza...
No podías aguantar verla allá tirada, inmóvil y sin emitir ningún sonido. Corrías lo más rápido que podías hasta que llegaste a ella, la miraste directamente a los ojos y sentiste...
... Esperanza...
Era lo que palpitaba en tu corazón, haciendo que latiera más rápidamente, como si quisiera salir de ahí para decirle a Patricio que estabas bien, que mientras te estaba acomodando en sus brazos veías cómo había valido la pena lo que habías hecho y que ya no sentías miedo de estar en aquel lugar oscuro, tirada en el suelo y sin fuerzas para moverte.
Querías hablar pero él te calló llorando, ordenándote a no decir nada, no debías de agotar fuerzas según él, pero... ¿Qué más daban ahora las fuerzas? Vos querías hacerle saber lo que sentías, lo que te pasaba, lo que él significaba para vos, ¡aquella chica que había salvado un día de verano cuando casi se ahogaba!
Silencio...
Y por fin se le fueron aquellas ganas de hablar que tenía, no querías que hiciera nada. Escuchabas como uno de aquellos matones del lugar se asustó por todo lo que había pasado y llamaba nervioso a la ambulancia, mientras el resto ya se había ido corriendo como los cobardes y canallas que eran.
Intentabas no llorar para evitar que ella tuviera miedo, pero en realidad eras vos el que lo tenía, y mucho... Además, aquellas gotas de agua traidoras no paraban de descender por tu rostro, como queriendo convertir el lugar en un río muy caudaloso. ¡Mierda! ¿Por qué no podía ser como la otra vez, cuando salvaste de aquella muerte segura? ¿Por qué no podías repetir ahora el mismo? ¿Por qué sentías esta...
... Angustia?...
No estabas segura de que fuera aquello lo que rondeña por tu corazón, era más bien una sensación de tranquilidad, de paz. Un aire fresco que recorría cada rincón de tu anatomía, consiguiendo el efecto de un somnífero. Ahora él te sonreía intentando asegurarte de que todo iría bien, aunque las lágrimas caían cómo cascadas de sus ojos color esmeralda.
Te permitiste el lujo de pensar un poco, de hacer revivir tus recuerdos más enterrados por el paso del tiempo y volver a vivirlos sintiendo cada momento, desde el olor refrescante a rosas cuando eras pequeña y tu madre te ponía la colonia antes de salir, de la sensación tan agradable que tenías cuando él acariciaba tus cabellos durante horas y horas, del gusto de simplemente ver tu película favorita o escribir uno de tus relatos en los que tanta imaginación plasmabas.
No querías que todo aquello quedara en la nada, tenías ganas de seguir viviendo, aprovechar y hacer todas aquellas cosas que tanto deseabas, a lo mejor a Patricio no le hacía tanta gracia, pero si salías de estas te irías corriendo a comprar dos billetes para ir a Brasil y pasar las mejores vacaciones del mundo en la playa. Sólo tendrías que convencerlo de que subir a un avión no era tan malo como parecía o al menos intentar disminuir su...
...Inseguridad...
No podías hacer otra cosa que sentir inseguridad. No podías imaginarte una vida sin ella, sin su sonrisa que era capaz de alegrarte cuando más hundido estabas, sin aquella mujer con la cual habías compartido tantos momentos buenos y malos, porque era así, Angie estaba con vos tanto en las buenas y en las malas, cuando nadie quería estar a tu lado ella te daba un abrazo y el mundo se paraba...
Parecía mentira que estuvieras pensando todo esto, vos, aquel chico que siempre se reía del amor y de todas aquellas tonterías que la gente hablaba sobre él. Nunca creíste a tu madre cuando te decía que ya encontrarías a una chica por la cual no podrías conciliar el sueño, pensarías qué estaría haciendo la mayor parte de las horas o tendrías una enorme furia cuando el resto de los chicos se acercaran a ella. Pero sí, al fin y al cabo las madres siempre acaban teniendo razón, ¿no? O al menos casi siempre.
Y allá estaba ella, entre tus brazos, mirándote fijamente como intentando adivinar qué pensabas. Miraste otra vez a tu alrededor, aquel desgraciado se había ido como los otros, pero ya sentías las sirenas de la ambulancia acercándose.
- ¡Negrita, aguantá un poco, ya llegan!
Y gritabas y gritabas, pero ella ya había cerrado los ojos y no te escuchaba. Bajaste la vista a su estómago, donde apoyaba sus manos y la tuya encima de estas haciendo fuerza y presión, todas cubiertas de sangre que no paraba de salir de su herida. La dejaste completamente tumbada en el suelo y agarraste su rostro.
-¡Angie, despierta! ¡Despierta, mi amor, aguantá un poco más por favor!- Y las lágrimas y los gritos ya no los podías controlar- ¡Despertá, carajo! ¡No te vayas, aguanta!
Y desde aquel momento todo empezó a suceder a una velocidad vertiginosa. La camioneta de urgencias llegó y estacionó a pocos metros de ustedes. Se abrieron las puertas enseguida y del automóvil bajaron tres médicos que se dirigieron al cuerpo de Angie corriendo.
Te pidieron que por favor no te acercaras porque necesitaba trabajar. Una mujer y el que parecía el encargado empezaron a inspeccionarla mientras hablaban entre ellos diciendo nombres médicos desconocidos para vos. Solamente entendías que estaba grave y que tenían que actuar lo más rápido posible o no podrían llegar al hospital. A la vez que empezaban a ponerle una máscara y a inyectarle a saber qué sustancias, vos estabas ahí al lado parado e inmóvil, viendo como la mujer que te había enseñado tantas cosas se iba.
-Dejame que te examine y te cure estas heridas- te dijo el otro médico a la vez que sacaba alcohol y algodón de un maletín para desinfectar aquellos golpes que te habían hecho los vándalos que les querían robar.
-¡No, no, no!-exclamaste alejándote del hombre -. ¡Vaya con ella! ¡Sálvenla!
Los otros dos ya habían traído una camilla y la estaban acomodando en ella para llevarla al hospital. Reaccionaste a tiempo y subiste con ellos, agarrando la mano de aquella negrita que tanto querías.
Escuchabas los ruidos que hacían las máquinas a las cuales habían conectado a Angie una vez que ya estaban preparados en la ambulancia y esta empezaba a moverse rápidamente. Los médicos se ocupaban de hacer todo el posible y vos llorabas y rezabas, no tenías otra opción.
-¿Dónde estás?, ¿Dónde estás?-repetías en murmullos- No te vayas, te necesito conmigo...
...Luz...
No veías nada más que un resplandor en medio de toda la oscuridad. Estabas andando hacía demasiado minutos, quién sabe si horas, no obstante nunca llegabas a él. Cuando te rendiste y paraste, un recuerdo apareció ante vos:
“Dos jóvenes iban agarrados de la mano mientras salían de una carpa llena de colorines...”
-¿Ya no crees en la magia, Pato?
Y sus ojos se encontraron otra vez con los tuyos, y las lágrimas y las sonrisas se hicieron presentes en los dos. Porque era así, la magia sí existía y ahora los dos lo creían firmemente, mientras volvían a unir sus manos como aquel día en el parque de atracciones.

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