sábado, 5 de julio de 2014

"Jugando Al Amor" capítulo 24






—La cirugía de Diana es mañana.
La Dra. Pritchard asintió. —¿Estás nerviosa?
Asentí, mi estómago revuelto. —Su cirujano tiene grandes reconocimientos
y está realmente seguro de que es bastante sencilla para una cirugía
cerebral, pero estoy todavía preocupada.
—Eso es natural.
Exhalé lentamente, la exhalación se convirtió en una pequeña sonrisa. —
Estoy reservando un vuelo a finales de enero. Estaré volando
después de las dos semanas de recuperación de Diana en casa.
Las cejas de la Dra. Pritchard golpearon la línea del cabello. —¿Oh? ¿Qué
motivó esto?
La valentía de Diana y de Nicola siguiendo adelante.
—Nicola conoció a alguien, como yo quería. Pero Diana es realmente la que
me dio el coraje. Ha sido realmente valiente sobre todo y estábamos
sentadas hablando anoche, y allí estaba con esta enorme cirugía delante
de ella y estaba preocupada por mí, preocupada de que si no empiezo a
hacerle frente a mi pasado, nunca mejorará.
La Dra. Pritchard me dio una sonrisa triste. —¿Diana te convenció en una
conversación para hacer lo que he intentado conseguir hacer durante casi
seis meses?
—Supongo que necesitabas ser diagnosticada con algo aterrador y ser
realmente valiente al respecto, así yo me sentiría como la peor clase de
cobarde.
—Necesitaré añadir eso a mi repertorio.
Me reí, esa risa apagada en un silencio tenso. —Estoy asustada —admití
finalmente—. Tengo cosas almacenadas de mi familia. Voy a visitar sus
tumbas y quizá finalmente hacer algo respecto a todas esas cosas.
—Nunca me dijiste que mantenías todas sus cosas.
—Sí. Lo puse en el depósito y actuaba como si no existieran.
—Este es un paso realmente bueno el que estás tomando, Ange.
—Sí. Espero que sí.
Ahora frunció el ceño. —¿Nicola conoció a alguien?
Ignoré el dolor —Es lo que yo quería.
—Amge, sé que tú misma dijiste eso, pero aún así, no puede ser fácil verlo
con alguien nuevo tan pronto. Especialmente después de que te
persiguiera y prometiera que no iba a darse por vencido.
—Simplemente me da la razón. Él no me ama.
—¿Y está definitivamente viendo esta nueva mujer? ¿No hay ningún
malentendido?
—No, según Diana.
—Entonces un viaje podría ser exactamente lo que necesitas en
este momento.
—Oh, no es un viaje. —Sacudo mi cabeza—. Bueno, es y no es. Estoy
pensando en mudarme de nuevo permanentemente una vez que sepa que
Diana va a estar bien. Voy a comparar precios cuando llegue allí, volver a
arreglar mis asuntos…
La Dra. Pritchard agitó su cabeza —No lo entiendo. ¿Pensé que esta
era tu casa? ¿Pensé que Diana era tu familia?
—Diana es mi familia. Siempre lo será. —Sonreí con tristeza—. No puedo
verlo con alguien más —admití—. Él me estaba desgastando de acuerdo.
Usted, Diana, él. Todos ustedes me estaban desgastando sobre eso. ¿No cree
que yo sepa que ahuyentarlo es irracional? —Me encontré a mí misma
levantando la voz—. Sé que es irracional. No puedo evitarlo, era como si
alguien más estuviera dentro de mí, empujándolo lejos porque estaba tan
aterrorizada de perderlo.
—Ange —La voz de la buena doctora era suave, tranquilizadora—,
irracional, sí, pero es comprensible. Sufriste una gran pérdida de niña.
Nicola sabe exactamente lo que estabas haciendo. Es por eso que él no
daba por vencido.
—Renuncio a la vista del primer par de piernas largas que llegaron.
—¿Esa es la verdad de por qué te vas?
—Sé que sueno como una loca. En un minuto estoy firme en que no quiero
estar con él, y tan pronto como me entero de que está con otra persona,
pierdo los estribos. La cosa es que nada ha cambiado. Excepto ahora no
quiero estar con él, porque está claro que no me ama como yo lo amo.
Siempre ha sido la emoción de la caza con él.
—Bien, tendría que tener a Nicola y hablar con él para tener una opinión
sobre eso, pero creo que necesitas hablar con él. Necesitas decirle esto
antes de irte, o siempre te preguntarás, Ange. ¿Sabes qué es más
aterrador que tomar un riesgo y perder?
Sacudí mi cabeza.
—Arrepentimiento, Ange. El arrepentimiento le hace cosas terribles a una
persona.
–——–
Todos nosotros fuimos al hospital para Diana. Incluso Ariana.
Cuando llegaron para llevarla hacia abajo para la cirugía se turnaron a
tranquilizarla. Por último, Israel le dio un dulce largo beso que había
derretido el corazón del más anti romántico. Apestaba que algo tan
importante como una cirugía cerebral le hubiera hecho finalmente subirse
al plato, pero la vida es así a veces. Algunos de nosotros necesitamos una
rápida patada en el trasero.
Nos sentamos en una sala de espera a pesar que los médicos nos dijeron
que probablemente deberíamos ir a casa y volver en un par de horas.
Ninguno de nosotros quería irse. Me senté junto a Johana, Ariana en mi
otro lado. Israel se sentó en la habitación, viendo jugar a Adriano  en su
Nintendo en silencio. Nicola se sentó al otro lado de Matías con Israel a su
derecha. Apenas hablamos. Busqué café para todos y refresco para los
niños. Llevé a Ariana a la caza de unos bocadillos y traté de preguntarle
sobre el último libro que estaba leyendo, pero ninguna de las dos lo estaba
siguiendo. Adriano  fue el único que comió todo su sándwich, mientras que el
resto de nosotros apenas lo mordisqueamos, nuestros estómagos
demasiados llenos de nervios para dejar espacio para nada más.
¿Sabías que el tiempo se detiene en la sala de espera de un hospital? No es
broma. Sólo se detiene. Miras al reloj y dice doce uno, miras de nuevo en lo
que se siente como una hora y son sólo las maldita doce dos.
Diana me había pintado las uñas anoche cuando necesitaba algo qué hacer
para apartar su mente de la cirugía. En el momento en que el cirujano
salió horas más tarde, me había picado hasta el último pedazo de esmalte
de uñas.
Nos lanzamos de nuestros pies cuando el Dr. Dunham finalmente entró en
la sala de espera. Nos sonrió, con un aspecto cansado, pero perfectamente
sereno.
—Todo ha ido realmente bien. Hemos removido toda la masa y han
enviado los tumores para la biopsia. Diana ha sido llevada al ala postoperación
pero va a pasar un poco de tiempo antes de que ella salga de la
anestesia. Sé que han estado aquí todo el día, así que les sugiero que
vayan a casa por unas horas y regresen en las horas de visita de esta
noche.
—Queremos volver a verla.
—Solo denle un poco de tiempo —replicó el Dr. Dunham amablemente—.
Le prometo que está bien. Pueden regresar esta noche. Les advierto ahora,
que ella probablemente seguirá estando muy mareada, y el lado derecho
de su rostro está hinchado un poco mal por la cirugía. Eso es
perfectamente normal.
Apreté el brazo de Johana. —Vamos. Vamos a ir a buscarles a los niños algo
de cena y volvemos mas tarde.
—Sí, mamá, tengo hambre —se quejó en voz baja Adriano.
No fue hasta que nos íbamos del hospital y Nicola se acercó lentamente a
mi lado para atraerme a un abrazo, que me di cuenta de que por una vez
en Dios sabe cuánto tiempo no había pensado en mi drama con él. Sólo
había estado pensado en Diana.
Tan pronto me tocó me acordé de Nicole y me tensé.
Él lo sintió, su torneado cuerpo contra el mío. —¿Angie? —preguntó
inquisitivamente.
No podía mirarlo. Me encogí fuera de su control aprovechando su sorpresa,
y me apresuré para alcanzar a Ariana.
–——–
Esa noche la enfermera nos llevó al ala post-operación y nos permitió
entrar a ver Diana. Las cortinas estaban corridas a su alrededor, y Johana y
Matías estaban delante de mí que así no la vi al principio. Cuando la
saludaron tranquilamente y dieron un paso atrás me estremecí.
No esperaba sentir tanto miedo.
El Dr. Dunham tenía razón, su cabeza estaba bastante hinchada y
deforme del lado derecho, los ojos todavía vidriosos por la anestesia.
Vendas blancas acolchadas estaban envueltas apretadas alrededor de su
cabeza y sentí que mi estómago se revolvía al pensar en el hecho de que
ese día su cerebro había sido cortado.
Me dio un atisbo de una sonrisa ladeada. —Angie —Su voz era ronca,
apenas audible.
Quería correr. Lo sé. Eso es horrible. Pero quería huir de esta parte. Las
personas que terminan en el hospital nunca habían concluido bien en mi
vida y verla allí, tan vulnerable, tan agotada, solo me recordó lo cerca que
estuvimos a perderla.
Sentí una mano apretar la mía y giré mi cabeza para ver a Ariana
mirándome. Se veía tan pálida como me sentía, y sus dedos temblaban
entre los míos. Estaba demasiado asustada. Le sonreí
tranquilizadoramente, esperando que se le quitara. —Diani está bien.
Vamos. —Jalé su mano y la arrastré conmigo al lado de la cama de Diana.
Me acerqué hacia la mano que Diana había estirado para su mamá, y
deslicé la mía en ella, sintiendo alivio y amor mientras me daba un apretón
suave. —¿Estoy bonita? —preguntó con un poco de arrastre, y me reí
suavemente.
—Siempre, cariño.
Sus ojos se posaron en Ariana. —Estoy bien—susurró.
—¿Estás segura? —Ariana se apretó cerca de la cama, sus ojos
asustados pegados a la cabeza vendada de Diana.
—Mmmhmm.
Todavía estaba cansada. No deberíamos quedarnos mucho tiempo.
Suavemente alejé a Ariana para que Nicola y Israel pudieran acercarse
con Adriano. Adriano pensó lucía genial, por supuesto. Una vez que Nicola
saludó, Israel no dejaría el lado de Diana.
Sus ojos comenzaros a revolotear cerrándose.
—Deberíamos dejarla descansar —ordenó Matias en voz baja—. Vamos a
volver mañana.
—Diana—murmuró Nicola, y sus ojos revolotearon de nuevo abiertos—. Nos
vamos. Volveremos mañana.
—Está bien.
Israel tomó una silla del lado de la habitación y lo puso al lado de su
cama. —Me voy a quedar.
Asentimos, realmente no queríamos discutir con su determinada
mandíbula apretada.
Con suaves despedidas los dejamos, Nicola y yo los seguíamos desde
atrás mientras caminamos en una niebla solemne a través del hospital.
—Ella se veía pequeñita —observó Nicola con voz ronca—. No esperaba
que luciera tan mal.
—La inflamación bajara.
Me lanzó una cuidadosa mirada. —¿Estás bien?
—Estoy bien.
—No te ves bien.
—Ha sido un día agotador.
Paramos en… en realidad no sabía dónde. El hospital era un poco confuso
con un montón de pequeños estacionamientos y entradas diferentes y
barricadas amarillas. No sabía dónde diablos estaba. Estábamos parados
en una entrada de todos modos, y Johana suspiró. —¿Los dos van a
conseguir un taxi?
El coche de Matías no era lo suficientemente grande como para que todos
consiguieran un viaje en este. Me habían llevado pero Israel y Nicola
habían conseguido un taxi. Supuse que sería grosero sugerir que Nicola
tomara un taxi y a mí me daban un viaje.
—Voy conseguir un taxi. Nicola, debes que ir con ellos.
Él sonrió a sabiendas. —Vamos a coger juntos un taxi.
Mierda.
A regañadientes dejé ir a la familia de Diana, y esperé a que Nicola llamara
a un taxi. Luego me coloqué en las puertas de entrada, manteniendo la
mirada hacia fuera para el taxi.
Olí su colonia cuando él se apretó contra mi espalda. Me moví incómoda,
tratando de tapar el hecho de que a pesar de que había arrancado las
sábanas de mi cama, todavía no las había lavado porque todavía podía oler
a Nicola sobre ellas. Realmente era esa chica.
—¿Quieres decirme por qué estoy recibiendo el tratamiento del silencio? —
preguntó con brusquedad, su cálido aliento en mi oído.
Me encogí de hombros, alejándome. Su voz tenía un efecto en mi cuerpo y
yo no quería que lo supiera.
—Estoy hablando contigo.
—Apenas.
—Tengo muchas cosas en la mente.
—¿Quieres hablar de ello?
—¿Cuándo he querido hablar de ello?
Sentí la calidez calentándose a medida que se acercaba más, su mano
deslizándose por mi cadera. —Solías hablarme, Rocio. No pretendas que
no.
Al ver el familiar taxi negro de la ciudad doblar la esquina hacia nuestra
parte del edificio, me alejé rápidamente. —El taxi está aquí. — Y partí
hacia allí.
Cuando nos acomodamos en el taxi podía sentir que estaba molesto.
También lo conocía lo suficientemente bien como para saber que iba a
intentar hablar conmigo al respecto incluso si eso significaba seguirme a
mi casa. Le di al taxista la dirección de Sheyla.
Nicola me lanzó una mirada.
Me encogí de hombros. —Me pidió venir.
Después de algunas preguntas tontas y unas pocas respuestas de una
palabra de mi parte, Nicola se rindió, pero no antes de enviarme una letal
mirada de advertencia de “esto no ha terminado”.
Salí a lo de Sheyla sin un adiós y vi como el taxi se alejaba. Llamé para
asegurarme de que ella estaba en casa, y subí a su apartamento y pasé
casi toda la noche allí.
–——–
Evitar a Nicola necesitó de habilidad. Bueno, no sólo implicó no pasar
ningún tiempo en el apartamento. También significó conseguir un taxi sola
para visitar Diana. Todos los días sin falta Nicola me enviaba un texto
preguntando si quería que llevara el taxi a mi casa para buscarme durante
el horario de visita en el hospital. Le envié un amable “No, gracias” de
regreso cada vez. Las horas de visitas eran todo sobre Diana así que estaba
segura allí. Tenía una habitación privada, estaba aburrida hasta la locura
y desesperada por ir a casa, pero tenía una semana entera aquí. La
hinchazón estaba bajando cada día más, pero me di cuenta de que estaba
agotada. Dejó que todos nosotros, y por todos me refiero a Johana, charlar
alrededor de ella, sonriendo y escuchando. Afortunadamente, no llegaba a
ver la parte triste, cuando sus ojos inevitablemente se ponían todos
llorosos mientras la dejábamos. No llegaba a ver esa parte porque siempre
me iba antes que todos los demás. Vi no sólo las preguntas en los ojos de
Diana cuando hacía esto, sino que las de todos los demás también. Traté de
compensarla por esto llevando un regalo tonto cada vez que la visitaba,
pero sabía que ella se estaba muriendo por preguntarme qué estaba mal.
No estuve sorprendida en absoluto de que Nicola no me persiguiera fuera
de allí.
Él había seguido adelante, por lo que realmente no necesitaba saber por
qué lo estaba evitando.
O eso pensaba yo.
Pasé con Sheyla la víspera de año nuevo. Recibí una llamada de Jazmín.
Mensajes de texto de Rafael, Patricio, Israel, Johana, Matías y los niños.
Recibí un mensaje de texto de Nicola.
Feliz año nuevo, Angie. Espero que sea un buen año para ti. X
¿Quién sabia que un mensaje de texto podría ser tan desgarrador? Un
mensaje de texto de regreso... espéralo...
Para ti también.
Sí, lo hice. Sí hice eso. Soy una idiota.
Cuando comencé a tomar distancia del apartamento, nadar en una piscina
diferente y evitando el gimnasio que compartíamos, creo Nicola comenzó
a darse cuenta de que sabía sobre Nicole.
Cuatro días de la recuperación de Diana en el hospital y solo unos pocos
días antes de que regresara a casa, recibí otro mensaje de texto de Nicola.
Realmente tenemos que hablar. He ido un par de veces al
apartamento, pero nunca estas dentro. ¿Podemos encontrarnos? X
Yo no le escribí de regreso. Obviamente, quería hablarme de su nueva
manager.
No importaba si no respondía el mensaje de texto. El destino ya tenía
planes para reunirnos. Dos días después del mensaje de texto, estaba
esquivando el apartamento y almorzando. Iba a
donde estaba
esta pequeña tienda cursi que Diana amaba. Vendían estos paraguas que
eran como sombrillas anticuadas y ella había estado hablando sobre
comprar una, pero nunca lo hizo. Así que la iba a comprar para ella como
un pequeño regalo por su regreso al apartamento el día siguiente.
Acababa de terminar mi almuerzo y había salido,
tratando de meter mi cartera de nuevo en mi bolso cuando escuché:
—¿Angie?
Mi cabeza se levanto y mi corazón hizo esta cosa donde palpitaba tan
fuerte que se desenganchaba solo de mi pecho y caía en picada hacia la
boca de mi estómago. Nicola estaba de pie frente a mí, y a su lado estaba
esta impresionante morocha alta. Llevaba una falda lápiz y una chaqueta de
traje estilo victoriano, zapatos sexy de tacón de aguja, con el rubio cabello
largo perfectamente alborotado, y su maquillaje era tan perfecto como su
rostro.
¿Era ella de verdad?
La odie al instante.
—Nicola —murmuré, mis ojos volando en cualquier lugar y hacia todas
partes para evitar su mirada.
Debo mencionar que estaba usando mis jeans desgastados en la rodilla,
una andrajosa camiseta que anunciaba una famosa cerveza, y mi pelo
estaba en su habitual nudo en mi cabeza. No llevaba maquillaje.
Me veía como el infierno.
Yo realmente había hecho su elección fácil huh.
—Te mandé un mensaje de texto —dijo en un tono severo. Mis ojos volaron
a los suyos con eso.
—Lo sé.
Su mandíbula se apretó.
Nicole aclaró su garganta y trató de relajarse, aunque su mirada penetrante
no dejaba la mía cuando él dijo:
—Nicole, esta es Angie. Angie, esta es Nicole, la nueva manager de Fire.
Con mis mejores habilidades de actuación sonreí cortésmente y le tendí la
mano para que la sacudiera. Me sonrió con curiosidad. —He escuchado
hablar todo sobre usted —le dije de manera significativa.
El cuerpo de Nicola se congeló con eso y le envié una sonrisa amarga, mis
ojos enviando su propio mensaje, Sí, sé todo sobre ella, idiota. Nicole se volvió hacia Nicola con una inclinación atractiva y
excepcionalmente coqueta en la boca.
—¿Le has estado hablando a las personas acerca de mí?
Él no respondió. Estaba demasiado ocupado matándome con sus ojos. —
Nicole, ¿Puedes darnos un minuto, por favor?
Uh oh.
Y luego un milagro ocurre. Bon Jovi salvó el día. Había reajustado mi
tono.
SHOT THROUGH THE HEART, AND YOU’RE TOO BLAME, YOU GIVE LOVE
A BAD NAME.
Sí, no me había sentido sutil ese día.
Nicole arqueo una ceja por eso, con una sonrisa estúpidamente divertida
curvando sus labios mientras sacaba mi celular. Jazmín. Gracias a Dios.
—Tengo que tomar esto. Te veo más tarde.
Su sonrisa se convirtió rápidamente en una mirada asesina.
—Ang…
—Jazmín —respondí con fingida alegría, dando un pequeño saludo de adiós
a Nicole, uno que devolvió distraídamente.
Jazmín resopló. —Suenas extraña.
Me apresuré pasando los pubs, un
acceso directo al puente y la ruta.
—No te di un regalo de navidad suficientemente bueno, ¿Sabes eso?
—Uh, ¿Por qué?
—Debido a que me acabas de salvarme. Te enviaré algo pequeño
como muestra de agradecimiento.
—Ooh, Chocolate, por favor.
—Hecho.
Dejé que me hablara sobre todo y nada durante diez minutos en un
intento desesperado por calmar el dolor insoportable en el pecho al ver a
Nicola. No duró mucho. Fui a casa, me acurruqué con la sábana sucia
que olía a él y lloré durante tres horas, hasta que finalmente tuve el coraje
para tirarla en la lavadora.

No hay comentarios:

Publicar un comentario