domingo, 29 de junio de 2014

"Jugando Al Amor" capítulo 22





Así es como Nicola nos encontró al día siguiente: acostadas con nuestras
cabezas metidas en la de la otra, tomadas de la mano, durmiendo con las
mejillas manchadas de lágrimas como dos niñas pequeñas.
Él no me despertó. De hecho ni siquiera me miró. Desperté porque estaba
sacudiendo a Diani para despertarla.
—¿Qué hora es? —la escuché preguntar de manera soñolienta.
—Es pasado el mediodía. Te hice algo para comer. —El sonido de su voz
podría muy bien haber sido un puño a través de mi pecho. Mis ojos se
abrieron con dificultad, estropeados por la sal de mis lágrimas secas, e
hinchados por el peor llanto que había tenido desde que perdí a Alondra.
Nicola estaba inclinado sobre Diana, peinando su cabello hacia atrás, sus
ojos brillando con amor. Pero también estaban inyectados de sangre y
tenía círculos oscuros debajo de ellos.
Él lucía como el infierno. Y todavía podía apostar que yo lucía peor.
—No tengo hambre —susurró Diana.
Nicola sacudió la cabeza, su expresión irreflexiva.
—Necesitas comer. Vamos, cariño, tiempo de levantarse.
Miré mientras Diana tomaba su enorme mano y él la alzaba gentilmente de
la cama y la colocaba de pie. Todavía sosteniéndola, la guió hasta fuera,
sus pantalones de lino arrugados al máximo, su camisa torcida alrededor
de su cuerpo, y su cabello un salvaje desastre. Ella lucía como alguien
cuya vida había cambiado drásticamente. Me dolía tanto por ella. No podía
siquiera mirar a Nicola, porque el dolor que sentía por él era
indescriptible.
—Ange, ¿vienes? —Dianita miró atrás sobre su hombro.
Y por ella, asentí. Incluso aunque no quería estar en ningún lugar cerca de
Nicola.
¿Sabes que es lo peor? Él no podía siquiera ser francamente mezquino por
nuestra ruptura. Seguro, no podía mirarme y no me hablaba, pero… él
también hizo mi maldita comida.
Diana y yo nos sentamos en la cocina comiendo los deliciosos huevos
revueltos y tostadas mientras Nicola estaba de pie inclinado contra la
barra bebiendo café. Diana no notó el silencio entre nosotros al principio
porque estaba atascada dentro de su propia cabeza, y el silencio a estas
alturas no parecía inusual.
Te diré cuán poco egoísta es esa chica: con todo lo que ella estaba pasando
notó lo que estaba ocurriendo con su hermano y conmigo. Y mucho más
rápido de lo que esperaba. Era nuestra culpa; no fuimos exactamente
sutiles al respecto. Me levanté para colocar el plato y taza en el lavadero y
Nicola se movió al otro lado de la habitación. Luego me moví al otro lado
de la habitación para buscar algo de jugo de naranja del refrigerador y
Nicola regresó al lavadero. Me moví cerca del lavadero para conseguir un
vaso del armario superior y Nicola se movió de regreso al refrigerador. Me
moví hacia el refrigerador para regresar el jugo y él se movió de regreso al
lavadero.
—¿Qué está pasando? —preguntó Diani suavemente, sus cejas fruncidas
mientras nos miraba.
Murmuramos un par de “nada” en respuesta.
—¿Chicos? —Diana lucía paralizada—. ¿Llamó el doctor?
Nuestras cabezas se elevaron de golpe hacia ella y de inmediato el
remordimiento se apoderó de nosotros.
—No. —Nicola sacudió su cabeza—. No, Diani. Tenemos la cita con el Dr.
Durham más tarde, justo como está planeado.
—¿Entonces por qué están actuando tan extraño?
La miramos sin inmutarnos, pero uno de nosotros le dio algo, algo grande,
porque después de un minuto examinando nuestras caras, la de Diana
decayó.
—Ustedes rompieron.
Nicola la ignoró.
—Dianita, deberías ir a meterte en la ducha, animarte un poco. Te sentirás
mejor.
—¿Por mí? —Diana se puso de pie, sus ojos rondando—. Terminaron por mí.
Desvié mi mirada a Nicola pero él estaba mirando a Diana solemnemente.
Como yo, no quería agregar más peso en sus hombros. Me giré de regreso
a ella.
—No, peque, no por ti. Esto no tiene nada que ver contigo y todo está
terminado. No te preocupes por nosotros. No te vamos a meter en este
drama menor.
Su expresión se endureció, su barbilla sobresaliendo tercamente.
—Sin embargo, es claro que no se están hablando el uno al otro. ¿Qué
pasó?
Nicola suspiró.
—Ella no me ama y pienso que es una perra fría poco fiable. Ahora metete
en la ducha.
Dado que no me estaba viendo no me molesté en cubrir el dolor que sentí
ante sus palabras.
Perra fría poco fiable. Poco fiable. Fría. Perra. Fría. Perra. Perra. PERRA.
También olvidé que Diana sí podía verme y sus ojos se oscurecieron con
simpatía.
—Nicola —susurró ella, una suave reprimenda.
—Ducha. Ahora.
Sus ojos regresaron a mí, preocupada. No podía creer que ella estaba
preocupada sobre mí en un momento como este.
—Diani, ducha.
—Ustedes son peores que mis padres —murmuró sin humor, pero
decidiendo mejor no enfrentar a dos de las personas más tenaces que
conocía, ella salió de la cocina dejándonos solos en un grueso, y horrible
silencio.
Finalmente Nicola habló.
—Dejaste algunas de tus mierdas en mi apartamento. Te las traeré esta
semana.
Él también tenía cosas en mi habitación.
—Juntaré tus cosas para regresártelas.
Cabe señalar que en este momento ambos estábamos inclinados contra
extremos opuestos de la barra de la cocina, hablando con la pared enfrente
de nosotros y no al otro.
Nicola aclaró su garganta.
—¿Regresaste por ella? —¿Era eso esperanza en su voz?
—Bueno, a veces las perras frías y poco fiables mantienen su palabra —
respondí rígidamente, tomando un sorbo de mi jugo.
Nicola gruñó y golpeó su taza en la barra.
—Ella no necesita tu caridad o tu maldita culpa.
Maldición.
Mierda, estúpida, mierda, maldición.
Claramente Nicola había tomado la noche para dejar que su rabia se
cocinara a fuego lento e hirviera. Me preparé, intentando ser comprensiva
y no herirlo más de lo que ya lo había hecho.
—Ella no tiene mi caridad o mi culpa.
—Oh, así que entonces estaba en lo cierto anoche. —Nicola asintió—. A
diferencia de mí, ella tiene tu amor.
—Nicola… —me ahogué. Esperaba que fuera como es siempre. Nicola
era estoico, intimidante, inamovible e indiferente. No vulnerable, amargado
y molesto. Básicamente un idiota en un momento realmente inapropiado.
Pero entonces, lo dejé horas después que su hermana menor quizá tenga
cáncer así que, ¿quién era el mayor idiota?—. Tú tampoco me amas,
Nicola.
Sus ojos brillaron a eso antes de mirar de arriba abajo mi cuerpo y de
vuelta otra vez, en un frío examen que envío horribles escalofríos a través
de mi cuerpo. Su mirada se encontró otra vez con la mía y fue fría como el
hielo.
—Tienes razón. No te amo. Sólo estoy molesto por tener que buscar un
nuevo arreglo, especialmente cuando el viejo no era tan malo en la cama.
Dije que era una buena actriz, pero uno más de sus asaltos verbales y
estaría a punto de desmoronarme bajo el dolor. Me alejé rápidamente, así
él no vería lo que sus palabras me hicieron.
—Esperaba que pudiéramos ser amigos, pero claramente no quieres eso.
Así que, ¿podemos sólo acordar no hablar al otro al menos que tengamos
que hacerlo por el bien de Diana?
—Si fuera por mí, por el bien de Diana, patearía tu trasero fuera de aquí y te
diría que nunca volvieras a nuestra puerta otra vez. Pero Diana no necesita
eso ahora mismo.
El shock me hizo alzar la cabeza y mirarlo con incredulidad.
—¿Estás bromeando?
Cruzó sus poderosos brazos sobre su pecho y sacudió su cabeza.
—No. No puedo confiar en ti. Estás jodida. No creo que Diana necesite eso.
—Anoche me querías aquí con Diana
—Tuve tiempo para pensar al respecto. Si pudiera, me desharía de ti, pero
eso sólo causaría a Diana más dolor. No necesita eso ahora.
—¿Podrías hacer eso? —Estaba casi respirando con dificultad—. ¿Sólo
excluirme de tu vida?
—¿Por qué no? Tú lo hiciste conmigo anoche.
—No. Rompí contigo. No te excluí de mi vida. —Lo miré—. Pero si hubiese
sabido cuán poco significaba para ti, probablemente debí hacerlo.
—Oh. —Nicola asintió—. Es cierto. No me amas, pero te preocupas por
mí. —Se encogió de hombros—. Bueno me importa una mierda todo sobre
ti.
Cerré mi mandíbula, tratando tan fuertemente de contener las lágrimas.
—De hecho como prueba, follé con alguien más anoche.
¿Alguna vez te han disparado una bala de escopeta en tu estómago? ¿No?
A mí tampoco. Pero tuve un sentimiento similar de como se sentiría ser
atravesada por una bala de escopeta cuando Nicola dijo eso. Y en serio, ni
siquiera la mejor actriz del mundo podría ocultar ese tipo de dolor.
Físicamente me estremecí ante sus palabras, mi cuerpo sacudiéndose
hacia atrás, mis rodillas casi rindiéndose, mis ojos amplios, y mi boca
abierta con horror. Y luego lo peor pasó. Empecé a llorar.
A través de mis lágrimas vi los labios de Nicola apretarse y tomó dos
pasos hacia mí, todo su cuerpo enfurecido.
—Maldita sea, lo sabía —siseó, todavía viniendo hacía mí.
—¡No me toques! —grité, sin ser capaz de soportar la idea de él cerca de mí
ahora.
—¿Qué no te toque? —gruñó, sus ojos brillando violentamente—. ¡Voy a
matarte!
—¿A mí? —me giré alrededor y agarré un plato fuera del estante y lo lancé,
apuntándolo a su cabeza. Él lo esquivó y se rompió contra la pared—. ¡No
fui yo la que se acostó con alguien dos segundos después de que
terminamos!
Me estiré por un vaso que lanzar, pero Nicola estaba sobre mí, sus fuertes
manos fijando mis muñecas a mi lado, su cuerpo fijando el mío contra la
barra. Luché ferozmente pero él era muy fuerte.
—¡Déjame ir! —sollocé—. Sólo déjame ir. Te odio. ¡Te odio!
—Ssh. Ssh, Angie —me calmó, hundiendo su cabeza en mi cuello—. Ssh,
no digas eso —rogó contra mi piel—. No digas eso. No fue en serio. Mentí.
Estaba molesto. Soy un maldito idiota. Mentí. Estuve con Johana toda la
noche. Puedes llamarla y preguntarle, pero ella te dirá la verdad. Sabes
que nunca te haría lo que me hicieron a mí.
Sus palabras penetraron mi histeria y dejé de luchar. Y me quedé mirando
temblorosa.
—¿Qué?
Nicola retrocedió para darme una mirada con un par de ojos
pálidos y sinceros.
—Mentí. No estuve con nadie más. No ha habido nadie más desde que
estamos juntos.
Mi nariz estaba toda sofocada de tanto llorar, así que soné como alguien de
cinco años cuando murmuré:
—No entiendo.
—Nena —su voz retumbó, la ternura de regreso, aunque todavía podía ver
molestia en sus ojos—. Estaba molesto anoche cuando rompiste conmigo,
así que sólo me alejé. Fui a donde Johana porque sabía que estaría
despierta preocupándose por Diana y quería ver si estaba bien. Supo que
algo andaba mal conmigo tan pronto como me dejó entrar. Le dije lo que
había pasado y ella me contó lo que te dijo en la boda, y también me contó
que cuando te dijo eso, lucías como si hubieras sido abofeteada. Y
después, cuando estábamos bailando se dio cuenta que estaba equivocada
con respecto a ti. —Él dejó ir mis muñecas para deslizar sus manos en mi
cabello, inclinando mi cabeza hacia atrás para así no poder alejar la
mirada—. Pasé la noche repasando y repasando los últimos seis meses en
mi cabeza y sabía que me mentías. Sé que me amas, Angie, porque no
hay ninguna maldita manera de que yo esté así de enamorado de ti, y que
tú no te sientas de la misma manera. No es posible.
Con el corazón desbocado, el miedo arañando mi garganta, traté de tragar.
—Entonces, ¿qué demonios fue lo de esta mañana?
Él apretó mi cuello e inclinó su cabeza cerca de la mía, sus ojos
definitivamente todavía oscuros con rabia.
—No eres poco fiable, ni fría y no eres una perra. Tienes… problemas.
Entiendo eso. Todos tenemos problemas. Pero una vez que me di cuenta
que me mentías, empecé a entender el por qué. Pensaste que nunca te
entregarías y seguirías sin mí. Pensaste que era tiempo de dar marcha atrás
y pretender que nada pasó entre nosotros, porque de esa manera si algo
me pasa, te puedes decir a ti misma que no te importa, y no sentir el dolor.
Oh Dios mío, ahora era un maldito vidente.
—También eres extremadamente buena en pretender que no sientes nada.
Pensé que si podía herirte esta mañana, quizá consiguiera la prueba que
necesitaba de que estabas mintiendo.
Le clavé una mirada .
—¿Así que me dijiste que habías dormido con alguien más?
Él asintió gentilmente y rozó un beso de disculpa a través de mis labios.
—Lo siento, nena. Lo hice para conseguir la verdad… pero si soy honesto
lo hice para herirte de la manera en que me heriste anoche. —Sus ojos se
llenaron de remordimiento—. Realmente lo siento. Nunca quiero poner esa
mirada en tu rostro otra vez, o siquiera hacerte llorar otra vez, lo juro. Pero
la verdad es, que si lloraste. Lloraste porque el pensamiento de yo
haciéndote eso te destrozó. Tú me amas.
Traté de ordenar mis pensamientos, mi pánico dispersándolos. Había
mucho con que lidiar, mucho para discutir, y todo eso tenía que ser luego
porque Diana nos necesitaba.
—Uno: esa fue la mierda más asquerosa que pudiste hacer en el mundo.
Dos: no podemos hacer esto ahora.
—No vamos a dejar esta cocina hasta que admitas que me amas.
—Nicola, lo digo en serio. —Lo empujé severamente y me dejó ir, aunque
no retrocedió—. Todavía rompí contigo. Y no voy a cambiar de opinión.
Sus ojos miraron al cielo y lo vi luchar con su paciencia. Finalmente
regresó su mirada a mí y pude ver el músculo de su mandíbula temblar.
—¿Por qué no? —preguntó en un gruñido.
No se lo explicaría a él. Sólo encontraría una manera de discutir alrededor
del asunto y yo sólo… ¡no!
—Porque simplemente no lo haré. Ahora, tenemos un largo día frente a
nosotros y posiblemente unos largos meses, así que sólo… déjalo así.
—Bien. —Nicola lanzó sus manos al aire y retrocedió. Estaba a punto de
suspirar con un pequeño tipo de alivio cuando habló otra vez—. Por ahora.
Oh diablos.
—¿Qué?
Él me sonrío, y fue una cansada sonrisa infantil apuntando a una
malvada, pero demasiado cansado y preocupado para alcanzarla.
—Te amo. Eres mía. Mataré a cualquier bastardo que intente alejarte de
mí. Así que, así es como va a ser: Diana viene primero, pero mientras
estamos cuidando de ella puedes ser tan testaruda como quieras y
pretender que hemos terminado. Incluso te dejaré hacerlo. Pero así mismo
voy a estar aquí, cada día, mostrándote lo que te estás perdiendo.
Mis mejillas estaban todavía mojadas, mis ojos hinchados, y sabía que
debía lucir como un desastre, pero justo ahora no me importaba. Parte de
mí estaba abrumada y asombrada. La otra mitad estaba asustada hasta la
mierda. Y aferrada a ambas estaba mi persistencia testaruda.
—¿Estás loco? No voy a cambiar de opinión.
—Sí lo harás. —Nicola suspiró—. Vamos a necesitarnos el uno al otro a
través de todo esto. Todos nosotros. Pero si no puedes hacer eso, entonces
voy a jugar rudo. Voy a hacer lo que sea necesario. Algunas veces te
frustraré, otras voy a hacer que te enciendas, algunas otras con suerte te
haré realmente enfadar.
—Estás loco.
—No. —Nos giramos para ver a Dianita de pie en la entrada de la cocina en su
bata de baño, con una pequeña, cansada, pero determinada sonrisa—. Él
está luchando por lo que quiere.
—No es el único —escuché la voz de Israel a medida que la puerta de
enfrente se abría y cerraba, y Diana se giró hacia la entrada para mirar
afuera hacia el pasillo.
Esperamos mientras sus pasos se acercaban y luego él estaba ahí al lado
de ella.
Cristo, él lucía terrible. Nunca antes había visto a Israel sin afeitar, y
estaba llevando una camiseta vieja toda andrajosa, un anorak y jeans que
habían visto mejores días. Tenía círculos oscuros bajo sus ojos a juego con
los de Nicola y la desesperación se encontraba en cada parte de su
expresión.
Israel tomó la mano de Diana y la llevó a sus labios, sus ojos cerrándose
mientras presionaba su boca en su piel. Cuando los abrió vi lágrimas
brillando en ellos, y sentí mi garganta cerrarse. Observé a Diana contener su
respiración mientras él la tomaba de la mano y la llevaba hacia la cocina
para enfrentar a Nicola. De repente Israel lució un poco enfermo.
—Necesito decirte algo.
Nicola cruzó sus brazos sobre el pecho, frunciendo el ceño mientras los
miraba a los dos estar de pie tan juntos.
—Continúa.
Israel cerró sus ojos brevemente, luego los abrió y entonces vi
determinación que admiraba en la cara de su feroz amigo.
—Eres como un hermano. Nunca haría algo para lastimarte. Y sé que no
he sido lo que un hermano considera un buen partido para su hermana
menor, pero amo a Diani, Nicola. Lo he hecho por un largo tiempo y no
puedo dejar de estar con ella. He desperdiciado mucho tiempo en ello.
Diana y yo sostuvimos nuestro aliento mientras los dos mejores amigos se
enfrentaban.
Los ojos de Nicola fueron a Diana, su expresión sin dar nada. Dios, él podía
ser un maldito intimidante cuando quería serlo.
—¿Tú lo amas?
Israel miró de regreso a ella y ella apretó su brazo. Con una pequeña
sonrisa miró a su hermano.
—Sí.
Nicola se encogió de hombros y llegó casualmente a la tetera para
encenderla.
—Ya era hora. Ustedes dos me estaban dando un dolor de cabeza.
Mi boca cayó abierta junto con la de Israel y Diana. Ni una vez en todo este
tiempo que hemos estado saliendo Nicola mencionó que él sabía lo que
estaba pasando con Israel y Diana. Ese astuto bastardo.
—Realmente eres y en todo sentido un dolor en el trasero —anuncié
maliciosamente, pasando cerca de él con rudeza. Me detuve rápidamente
donde estaban Israel y Diana y le dije—: Estoy feliz por ti.
Luego me apresuré por el pasillo hacia el baño para alejarme de Nicola y
su perceptivo, gruñón, inflexible trasero.
Escuché la suave y áspera risa de Nicola, su deliciosa voz en mi cabeza
mientras replicaba: —Ella me ama, en serio.

No hay comentarios:

Publicar un comentario