¡Baby!
Mario subió corriendo las escaleras hacia la zona verde. Alejandra había llamado, y no se la podía hacer esperar.
Mientras subía, los nervios lo comían por dentro.
“¿Y ahora qué olvidé?”
“¿Se enojará conmigo?”
Cuando entró al cuarto, estaba completamente vacío y silencioso, a excepción de una linda y rubia chica que lo esperaba parada.
Mario: ¿Qué pasa, Ale?
Ale: Eres el único que falta, vamos a ensayar.
Mario: ¡Pero aquí no hay nadie!
Ale: Porque una pareja de baile es de dos personas, Mario.
Mario: ¿Qué hablas Ale? ¿Pareja de baile de qué?
Ale: ¿Qué no recuerdas? ¡Mañana es el desafío!
Mario: Es verdad…
Ale: Nunca te acuerdas de nada.
Mario: Perdóname.
Ale: ¿Se puede saber qué andabas haciendo para olvidarte de algo tan importante?
Mario: Ahí, haciendo la lista para las competencias de mañana.
Ale: Espero que no te vuelvas a olvidar.
Mario: Ya.
Ale: ¿Y? ¿Empezamos?
Mario: Bueno, pero… ¿tienes la más mínima idea de lo que vamos a bailar?
Ale: Baby, yo ya pensé en todo –se dio media vuelta y le dio play a la radio-
La canción comenzó a sonar, Mario tomó de la mano a Ale y la llevó al centro de la sala, de su zona verde. Comenzaron a improvisar unos pasos mientras Mario sonreía y Ale cantaba.
-“Déjame entrar en tu mirada, quiero llegar hasta tu alma, deja quedarme entre tus besos, saber lo que llevas por dentro…”
Ale miraba a Mario dulcemente mientras bailaba. Todo estaba saliendo perfecto, y eso que ella no era de bailar mucho.
Se separaron para dar una vuelta cada uno por su lado, y, cuando se volvieron a encontrar, el mundo desapareció para ambos.
-“Déjame entrar en tu silencio, déjame ver en tus recuerdos, para saber que sí eres tú…”
Se quedaron quietos, mirándose.
Ninguno de los dos recordaba en ese momento que estaban ensayando, ni que había un desafío de baile, ni siquiera recordaban que estaban en Combate. En ese momento el mundo entero de Mario era Alejandra, y el de Alejandra era Mario.
Mario tomó la iniciativa, la acercó a él y le dio un tierno beso.
-“La niña que llevo en mis sueños…”
La canción seguía sonando detrás de ellos, y eso los hizo salir de su burbuja.
Ale le sonrió y siguió bailando, pero esta vez Mario le cantaba a ella.
-“La que huele a hierba en su pelo, la que lleva tierra en sus dedos, la que deja huella en su suelo…”
Ella tropezó y se cayó. Miró a Mario y comenzó a reír. Él se sentó a su lado.
Mario: Creo que deberíamos tomar un descanso.
Ale: Sí.
Mario: Y… ¿qué haremos en Europa?
Ale: Aún no sabemos si vamos a ir, Mario. Tenemos que ganar la Copa Combate.
Mario: Sí pero como tú eres la mejor competidora –le tomó la mano- y la chica más linda de Combate, es más que seguro que tú seas la ganadora. Y yo voy a poner todo de mí para ganar ese viaje y pasar mi cumpleaños contigo.
Ale: Eso lo veo un poco difícil…
Mario: ¡Oye!
Ale: Era broma, baby.
Mario: Pero yo hablo en serio. –Ale se quería reír, y Mario la miró y la abrazó- Ya, Ale. Es verdad. Tengo todas las ganas del mundo de irme de viaje contigo. Es mi sueño. –Ale lo miraba, y él le acarició el cabello- en serio,baby.
Ale: ¿Sabes una cosa? –se apoyó en su hombro- yo también sueño con ganarme ese viaje contigo. Y pasar tu cumpleaños bajo la torre Efiel.
Mario se empezó a reír, y Ale lo miró extrañada.
Mario: ¿La torre qué, Ale?
Ale: La torre Efiel, no sé qué tanta gracia te causa.
Mario: La torre Eiffel, Ale.
Ale: ¿Y yo que dije?
Mario: Nada, nada…
Ale lo miró raro nuevamente, se paró y le extendió una mano.
Ale: Vamos a bailar, ¿sí? Aún no tenemos nada.
Mario: Está bien.
-“Te perfuma la madrugada con el aroma de su cuerpo y le da buenos días al sol con lo caliente de sus besos…”
Mientras bailaban, Mario quiso retomar la conversación. Miró de reojo a Ale, que bailaba sonriendo, con la mirada fija en su cartera.
Mario: ¿Qué tanto miras?
Ale se puso nerviosa.
Ale: Este… nada.
Mario: Dime, puedes confiar en mí.
Ale: Es que… yo… tengo…
Mario: ¿Qué? ¿Qué tienes?
Ale: Tengo algo para ti.
Ale lo llevó hasta el mueble y ambos se sentaron. Ale tomó su cartera y empezó a rebuscar.
Ale: Toma.
Y dejó algo entre las manos de Mario.
Él la miró y luego abrió su mano para ver qué le había dado Ale.
Era un collar del cual colgaba un pequeño dije.
Ale: Mira bien, ahí, en el dije.
Mario lo levantó a la altura de sus ojos. Del collar colgaba un pequeño corazón con una foto de ambos en el cumpleaños de Ale que celebraron en Combate.
Ale: Para ti.
Mario: Gracias, Ale…
Ale: No te ves muy feliz. ¿Pasa algo?
Mario: Sí, pasa algo –se acercó más a Ale- pasa que te amo.
Y le dio un dulce beso que recordarían para siempre.

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