sábado, 31 de mayo de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 20





-      DONDE MIERD*S ESTABAS?? – La voz de Ernesto la lleno incluso antes de cruzar el umbral.
-      Por ahí Ernesto. – fue la respuesta esquiva de ella.
-      ¿Por ahí? – Ernesto camino hasta ella y la tomo fuertemente por los hombros. – Te he preguntado dónde estabas, quiero que me respondas.
-      Y yo te respondí, por ahí. – dijo ella con voz aburrida.
Ernesto la zarandeo y luego la tiro al piso con fuerza.
-      No juegues conmigo Yidda, no quieras hacerte la lista.  No quieras verme la cara de idiota.
-      Cariño esa la llevas siempre no me culpes a mí. –
Ernesto la tomo de las muñecas y la hizo levantarse.
-      Juegas con fuego amor y te aseguro que vas a quemarte.
-      Ya lo hice Ernestin. –

Yidda cayó con fuerza contra el piso golpeándose el hombro izquierdo. Ernesto se agacho junto a ella y la tomo fuertemente del mentón obligándola a mirarlo.

-      No me tientes Yidda, agradece que soy compasivo y te amo – Yidda lanzo un bufido incrédulo y Ernesto apretó su agarre haciéndole más daño -  No me hagas hablar nena.
-      Habla Ernesto, crees que me importa.
-      Te importa Yidda, te importa.
Yidda lo miro con odio y antes de saber porque le escupió en el rostro.
Ernesto se alejo de ella asqueado y Yidda lo vio, la violencia en su rostro, el odio en su mirada; como pudo se puso de pie y corrió hacia la salida. Ernesto la tomo fuertemente del hombro lastimado y ella pego un grito de dolor, antes de poder llegar a la puerta.
Él la hizo girarse y la abofeteo. El dolor del impacto la hizo tambalearse pero él evito que se cayera.

-      Maldita arpía. Todo te doy – una bofetada – todo te entrego – otra bofetada - ¿¿y así me lo pagas??
-      Quédate con todo, no quiero nada de ti – le grito ella tras el dolor y la rabia.
Ernesto la miro como si quisiera matarla y Yidda sonrió cínica.
-      Si Ernesto, mátame, mátame y hazlo todo más fácil.
Ernesto limpio con los nudillos un hilo de sangre que brotaba de la boca de la joven y sonrió fríamente.
-      Oh no Yiddi, no pienso matarte, eso no sería nada – se acerco a ella y olio su cabello -  ¿¿Pero qué pasaría si, mm... Digamos, revelo tu secreto.??
La palidez de ella contrasto con su porte despreocupado.
-      Eso sería mucho más placentero que matarte, ver cómo te pudres.
Yidda intento soltarse y él negó con la cabeza.
-      No, no, no cariño… solo debes amarme, eso es todo lo que pido y seremos eternamente felices.
Yidda quiso gritar, pero el grito quedo atorado en su garganta cuando Ernesto la beso rudamente.
-      Solo debes amarme – susurro él contra sus labios al tiempo que desgarraba la blusa de la joven – ámame con toda tu alma… ámame como te amo yo.


Yidda observo la canasta con galletas y tomo una, estaban deliciosas, sin poder resistirlo tomo una mas y la saboreo; estaban calientes y crujientes pero cuando las mordías se ponían suave.
Rosa entró cargando una bolsa de fruta y sonrió complacida.

-      Veo que le han gustado las galletas.
Yidda sonrió ampliamente y asintió.
-      Te quedaron deliciosas.
Rosa rio como una niña traviesa.
-      Oh señorita Yidda pero esas galletas no las hice yo.
Yidda la observo con el ceño ligeramente fruncido mientras ella guardaba las cosas en el refrigerador.

-      ¿Y entonces quién?
Rosa la miro picara y la señalo con un delgado dedo.
-      Usted lo sabe bien.
Yidda se señalo a sí misma y negó con la cabeza infantilmente.
Rosa suspiro como una abuela cansada y sonrió mas ampliamente.


-      Fue ese joven – susurro como si fuera un secreto – Ese rubio buen mozo, las trajo para usted.
Yidda la miro sin poder creerlo y unos pasos en la entrada trasera de la cocina la desconcentraron.

 
Con bolsas a rebosar Julián entro sonriendo.
-      ¿¿Dónde coloco estas bolsas Rosa??
Ella lo miro complacida.
-      Oh niño, eres un encanto. Déjalas sobre la mesa.
Julián hizo lo que se le pedía y sonrió con ternura hacia rosa. Esta se le acerco y pellizco sus mejillas.
-      Te comería niño, eres una ternura.  
Julián rio.
-      Usted también es un encanto Rosa.
Ella rio divertida.
-      Ya deja de engatusar viejitas – se burlo saliendo de la cocina.

Yidda estaba mirando la escena con una sonrisa boba en los labios sin saberlo.
-      Así que… ¿¿Te gustaron las galletas??. – Pregunto un poco nervioso.
El corazón de Yidda dio un giro.
-      ¿¿Las hiciste tú??
Él asintió inocentemente.  Ella saboreo una y sonrío.
-      Están deliciosas.  
Él se relajo visiblemente.
-      Pero.. ¿¿Por qué las traes?? – La voz de Yidda fue cautelosa.
-      Porque fui un idiota ayer y son mi ofrenda de paz.
Yidda bajo la galleta y lo miro.
-      Esto no cambia…
-      Ya lo sé – la interrumpió él –y tienes razón, esto no cambia nada. Tenías razón ayer, esos besos no significaron nada, tú estabas débil y pasó lo que paso, fue solo un momento de debilidad por parte de ambos.

Eso era lo que Yidda pretendía, que Julian se olvidara de ella, pero verlo y escucharlo negar los increíbles momentos que compartieron le dolió de una extraña manera.
Julian capto la mirada de desilusión en los ojos de Yidda y sonrío para sus adentro.  Un poco más seguro continuo.

-      Así que traje esas galletas en son de paz y vine a invitarte a cenar esta noche.
Yidda lo miro boquiabierta.
-      Es solo una cena entre buenos vecino no te preocupes – dijo el sin inmutarse – Rosa me dio una receta buenísima y quiero probarla – se encogió de hombros – lo peor que nos puede pasar es que nos dé indigestión.
Ella rio y luego negó con la cabeza.
-      No estoy segura de que sea buena idea… Yo…
-      Ernesto no está, lo sé – la interrumpió Julián – será solo una cena Yidda, como buenos vecinos, no va a pasar nada.

El problema era que Yidda quería que pasara. Lo miro indecisa. Tras la noche horrible que Ernesto la había hecho pasar se había ido, al amanecer, de viaje por 3 días. ¿¿Qué mal podría hacerle cenar con Julián?? Sin querer entrar en detalles con esa respuesta. Asintió a la sonrisa compradora de Julián.
La sonrisa se ensancho y Julián se caló su sombrero hasta las cejas.
-      Entonces te veo esta noche – se acerco a ella y beso su mano en una divertida reverencia antes de marcharse.

Yidda se quedo allí en la cocina y miro las galletas con una sonrisa torcida. Bien, ella se estaba metiendo en problemas y lo sabía. Pensó en Julián y saboreo otra galletas. Ok, ella quería meterse en problemas.

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