- ¿Creíste que me había ido Yidda? – La voz del hombre hizo que a Yidda la recorriera un escalofrió mortal.
Su rostro cubierto de sombras quedo de repente a la luz y Yidda lo vio tal y como lo recordaba. Su camisa cubierta de sangre hizo que ella tuviera que cerrar los ojos.
- ¿Yidda cómo pudiste? – la voz de Yamila le llego de repente.
Yidda abrió los ojos y estudio la pequeña habitación medio cubierta de sombras.
Él hombre se cernía sobre ella y Yidda tuvo que retroceder asustada hasta chocar con la pared, pero de repente la vio. Yamila lloraba del otro lado de la habitación justo detrás del hombre. La desesperación y el odio hicieron que intentara levantarse y correr hasta Yamila.
Él hombre la tomo por el cabello y tiro de ella para que cayera. Yidda pego un grito de dolor se llevo la mano a la cabeza.
- ¿¿Por qué Yidda?? ¿¿Por qué?? ¿¿Por qué no me salvaste?? ¿¿ Porque me dejaste morir?? – El sollozo de Yamila rasgo algo en el interior de Yidda.
- Yami perdóname yo no…
- Cállate – grito el hombre y la abofeteo. – Tú y solo tú fuiste culpable de su muerte.
- Yo no la mate, yo quería salvarla… - Sollozo Yidda mirándolo asustada entre las lagrimas y el sabor amargo de la sangre en la boca.
El hombre camino hasta Yamila y la tomo del brazo arrastrándola hasta tirarla frente a Yidda.
- Mírala Yami – Hablo el hombre tomando a Yamila por el mentón y obligándola a mirar a Yidda.
- Ella… fue quien te mato. –
- Yo no la mate… - Grito Yamila con todas sus fuerzas.
- Si lo hiciste y lo sabes.
- Jamás le haría daño a nadie…- sollozo la morocha.
El hombre la miro y su mirada se ensombreció.
- ¿Ah no? – soltando a Yamila dio un paso atrás y se irguió.
Yidda lo vio abrirse la camisa y mostrar la herida de una bala en el pecho desde donde brotaba la espesa sangre roja como un manantial.
- ¿¿Y quién me hizo esto?? – La voz del hombro sonó fría, muerta.
Yidda se giro para ver a Yamila quien se había apartado de ella con miedo en la mirada.
- Cómo pudiste Yiddi?? Cómo pudiste??
Julián coloco otro paño mojado en la frente de Yidda y acaricio su mojada frente. Ella estaba tan fría y él tenía tanto miedo, justo Nikko se había ido del pueblo unos días y no sabía a quién mas llamar. Esperaba que las instrucciones que su amigo le había dado por teléfono le sirvieran de algo.
Ella se removió un poco y negó con la cabeza.
- No Yamila - susurro en sueños.
¿Yamila? ¿Soñaba con Yamila?
- Yidda por favor despierta – Julián caminaba en círculos alrededor de la cama sin saber qué hacer.
Un miedo helado le apretaba la garganta. Pidió a quien quiera que lo escuchara por Yidda, porque ella estuviera bien.
Julian se acerco junto a ella y la miro, blanca y frágil, le pareció la imagen más hermosa y aterradora que haya visto jamás. Beso su frente fría y acaricio su mejilla.
Esa hermosa joven lo había atrapado y él lo sabía, de nada valía pelear, luchar contra lo que sentía, estaba condenado a amarla aunque fuera la mujer de otro, aunque ella fuera prohibida, aunque ella no lo amara.
- ¿Qué no estabas buscando sentir verdadero amor loco? - Se dijo Julián a sí mismo. Miro a Yidda y sonrió – Bien, allí esta – Dijo señalándola
Yidda levanto su mano y la coloco sobre la mano de Julián que descansaba en la cama. Julián se puso rígido pero ella no se movió más.
- Vamos Yidda vuelve – susurro Julián en la sien de la joven mientras la acariciaba con los labios.
Miro los labios entreabiertos de la joven y sonrió.
- No Julián – se amonesto a sí mismo - ¿Qué no ves que esta inconsciente? No da besarla para despertarla, además eso no funciona – la miro de nuevo y sonrió aun mas – Bien, si en Disney se pudo porque yo no!!??
Lentamente unió sus labios a los de ella de la manera más lenta, dulce y románticamente empalagosa que se le ocurrió.
Ella ni siquiera se movió.
- Bien, nada perdí con intentarlo. – se dijo levantándose de la cama.
- Julián – La voz ronca de Yidda lo hizo girarse para ver a la joven abrir los ojos.
- Teñida gracias al cielo estas bien – hablo el desplomándose a su lado para tomarle de la mano.
- ¿¿Qué me paso?? – Ella lo miro confundida.
- Te desmayaste.
- ¿¡Donde estoy!? – Pregunto parándose de golpe.
- En mi casa Yidd, estas bien, no te fuerces.-
La joven miro por la ventana.
- ¿¿Qué hora es??
- Aproximadamente las nueve de la noche – contesto él consultando su reloj.
Yidda volvió a desplomarse.
- Diablos –
Julian le paso un vaso con agua y la ayudo a sentarse.
Le tomo la temperatura y le coloco un paño húmedo en la frente.
- ¿¿Qué sos doctor?? – Preguntó ella divertida viéndolo observar atentamente el termómetro. – no tengo fiebre.
- No, no tienes – Julián se sentó a su lado y acaricio su mejilla – Me asuste mucho.
Yidda sintió una sensación cálida y dulce invadirla.
- Estoy bien Juli – hablo tímida.
- Ahora sí pero hace 15 minutos delirabas en fiebre. – dijo preocupado.
Ella se enterneció y le agarro las manos.
- Pero ya estoy bien, gracias a ti.
Julian no resistió el impulso y la beso, dulce, suave, demostrándole el sentimiento recién encontrado. La beso como un hombre enamorado.

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