Mis llaves chocaron contra la madera de nogal del aparador en el pasillo, el
primer ruido fuerte para romper el silencio entre Diani y yo. Después de
una noche ocupada en el bar, mi cabeza por lo general zumbaba, y me
tomaba unas pocas horas relajarme antes de que pudiera dirigirme a la
cama, pero esta noche era peor. Todavía podía sentir a Nicola en mi boca,
en mi pecho, entre mis piernas. Todavía podía olerlo y saborearlo por el
amor de Dios. Y fingí que no sentí nada de esto mientras él hacía como
prometió y nos vio a mí y a Diana en un taxi después de mi turno. De hecho,
no le dije ni una palabra a él.
No le dije ni una palabra a nadie.
Patricio y Nicola eran los únicos dos que sabían por qué. Rafael me miró
con confusión por el resto de la noche, probablemente preguntándose a
dónde se había ido mi buen humor, y yo evité los ojos de Diana. Los evité en
el bar, los evité afuera en la acera, los evité en el taxi y los evitaba ahora.
Quitándome mis zapatos, mantuve mi espalda hacia ella, y luego la dejé en
el pasillo mientras me movía hacia la cocina para conseguir un vaso de
agua.
—¿No vamos a hablar sobre ello entonces? —preguntó Diana en voz baja,
siguiéndome.
La miré por encima de mi hombro, fingiendo ignorancia.
—¿Hablar de qué?
Me lanzó una mirada de exasperación.
—Sobre el hecho de que Nicola estaba hirviendo sobre tu beso con Rafael,
que te siguió hasta la zona del personal y no volvió durante veinte minutos
y cuando volvió parecía que hubiera sido mutilado por una mujer
No pude evitarlo. Me eché a reír ante lo visual.
Diana no lucía divertida.
—¡Ange! En serio, ¿qué está pasando?
La risa murió de mis labios.
—Me besó. Nos detuvimos. No está sucediendo de nuevo.
—Nicola no dará marcha atrás si piensa que tú estás interesada.
—No estoy interesada. —Estoy muy interesada.
—Creo que lo estás y yo…
—Diani. —Me di vuelta, mis nervios estirados al máximo—. Sólo para, bien.
Por favor. No quiero hablar de esto.
Parecía una niña a la que le hubieran quitado su juguete favorito.
—Pero…
—Diana.
—Bien. —Suspiró.
En un esfuerzo por sacar su mente de ello, me recosté contra el mostrador
con una peculiaridad interesada de mi ceja derecha.
—Entonces ¿qué pasaba contigo e Israel esta noche?
—Soy como tú. No quiero hablar de ello.
Sí claro.
—Diana…
Sus pálidos ojos se estrecharon infelizmente.
—Está bien, así que quiero hablar de ello. Maldita sea, ¿cómo puedes ser
tan buena en todo lo de guardar cosas? —Hizo un puchero—. Es
realmente difícil.
Sonreí y sacudí mi cabeza.
—No para mí.
Me sacó la lengua y se dejó caer cansadamente en una silla de la cocina.
—Estoy hecha polvo. Esta noche fue agotadora.
—¿De ahí el mal humor?
—No estoy de mal humor.
—Estás un poco malhumorada.
—Bueno, tú lo estarías también si hubieras tenido que aguantar a Israel
esta noche.
Me deslicé en el asiento a su lado, preguntándome si debería entrenar en
el gimnasio más duro esta semana en preparación para patear el trasero
de Israel.
—¿Qué paso, cariño?
—Él me está confundiendo. —Diana hizo una mueca, mirándome con
tristeza—. Sigue diciendo que sólo somos amigos pero actúa como si no lo
fuéramos. Nicola está tan obsesionado contigo que ni siquiera notó el
comportamiento de Israel esta noche, e Israel usó eso en su ventaja.
—Lo noté poniéndose todo posesivo, tirándote hacia abajo a
su lado y todo eso.
—¿Posesivo? Cuanto más intentaba ser indiferente hacia él, más se metía
en mi espacio. Y luego cuando Nicola se encontraba contigo, le pedí
explicaciones. Le pregunté por Harold y por qué actuaba tan raro…
—¿Y qué te dijo?
—Que Harold no era lo suficientemente bueno para mí y que si yo
hubiera dejado de actuar como una niña petulante, él hubiera dejado de
ser controlador.
El tipo era bueno. Reí sin humor.
—Linda forma de eludir la pregunta real, ¿eh?
—Bueno, tú sabrías todo sobre eso —gruñó.
Resoplé.
—Miau.
Diana gimió.
—Oh, Dios, Ange, lo siento. Estoy actuando como una perra.
—Creo que es encantador. En serio.
Se rió y sacudió su cabeza, sus ojos cayendo canspadamente.
—Estás loca. —Se puso de pie—. Pero te quiero. —Bostezó mientras yo me
congelaba ante sus palabras—. Necesito mi cama. Hablaremos por la
mañana, trataremos de hacer sentido del sinsentido de Israel, ¿sí?
Pero te quiero.
—Uh… sí —respondí, aturdida.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
Pero te quiero…
… —Vamos —le rogué a Alondra—. Será divertido. Mario estará allí.
Alomdra me miró dubitativa.
-Totalmente me avergoncé a mí misma en la última fiesta salvaje, Angie, y
eso no implicaba tener que usar un bikini.
Rodé mis ojos.
—Todos nos avergonzamos a sí mismos en la última fiesta salvaje. Ese es
un poco el punto. Vamos. Vasco estará allí y realmente quiero pasar el rato
con él esta noche.
—Ange, tal vez deberíamos pasarnos esta. Hemos estado yendo a muchas
fiestas últimamente.
Sonriendo, pasé un brazo alrededor de su cuello y tiré de ella a mi lado.
—Somos chicas. Se supone que vamos de fiesta. —Necesitaba ir de fiesta.
Necesitaba olvidar—. Y no quiero ir de fiesta sin ti. ¿Te diré qué? Incluso voy
a vomitar sobre una animadora de JV por ti. De esa forma, no importa lo que
hagas, todavía habré cometido el acto más traicionero de la noche.
Alondra rió, abrazándome cerca.
—Estás loca… pero te quiero
… Las paredes se cerraron sobre mí mientras mi pecho se apretaba fuerte.
Jadeé tratando de respirar.
Estaba muriendo.
El ataque de pánico duró más tiempo esta vez, esas palabras negándose a
permitir que me concentrara.
Eventualmente, luché hasta la realidad, empujando los recuerdos y
permitiendo que mi cuerpo respirara.
Cuando terminó, quería llorar más de lo que siempre había querido llorar
en mucho tiempo. Pero el llanto sólo me haría débil. En lugar de eso, me
puse de pie con las piernas temblorosas y pisé los recuerdos en las
baldosas de la cocina. Para el momento en que me cambié y me deslicé en
la cama, fingí que todo estaba olvidado.
–——–
—¿Tuviste otro ataque de pánico? —preguntó la buena Dra. Suavemente.
¿Por qué yo lo había mencionado? Nada bueno podía salir de ello. Ella
nunca sería capaz de darle un giro a lo que pasó.
—Sí, no importa.
—Sí que importa, Ange. ¿Qué desencadenó este?
Miré mis pies.
—Mi amiga.
—¿Cuál?
Mi mejor amiga.
—Alondra.
—No has mencionado a Alondra antes.
—No.
—¿Por qué Alondra desencadenó un ataque de pánico, Ange?
Mis ojos se levantaron lentamente hacia ella, el crudo dolor ardiendo a
través de mí.
—Porque murió. —Tomé una respiración profunda—. Y es mi culpa.
–——–
Desperté poco antes del mediodía y fui inmediatamente condenada por los
recuerdos de anoche. Memorias de Nicola y el sabor de lo que era posible
entre nosotros. En un esfuerzo por olvidar, pasé el almuerzo hablando en
círculos sobre Israel con Diani, y combatiendo los nervios que seguían
zumbando en mi vientre cada vez que pensaba en la promesa de Nicola
de venir a verme esa noche.
Estaba justo preparándome para dirigirme por un baño cuando el teléfono
de Diani sonó y maldijo mientras se desplazaba a través de un mensaje.
—¿Qué? —pregunté perezosamente, mientras alejaba nuestros platos del
almuerzo.
—Nicola está siendo retenido en la oficina de nuevo, se está perdiendo
otra cena familiar. Tendré que aguantar las veinte preguntas de mi mamá
preguntando si él está bien.
Ignoré la punzada de decepción en mi pecho. Si Nicola trabajaba esta
noche no estaría viniendo después de todo. Debería estar enloqueciendo de
regocijo.
—Tu mamá realmente vela por él, ¿eh?
—Bueno, la mamá de Nicola es una egoísta, vanidosa, codiciosa bruja
que revoloteaba dentro y fuera de su vida cuando le convenía. No la ha
visto en años. Así que… sí. Mi mamá vela por él porque su propia madre
no lo hace.
¿Cómo podía su madre no preocuparse por él? Era Nicola Porcella por
el amor de Cristo.
—Eso es increíble. No puedo imaginar hacerle eso a mi propio hijo. —No es
que yo fuera a tener alguno.
Diana me dio sus ojos tristes.
—Nicola se parece mucho a nuestro padre. La mamá de Nicola, Evelyn,
realmente lo amaba. Terminó las cosas con ella abruptamente. Le dejó un
poco de dinero. Cuando ella le dijo que estaba embarazada, él dijo que
cuidaría de Nicola, pero que no quería tener nada que ver con ella.
Cuando ella mira a Nicola, todo lo que ve es al hombre que le rompió el
corazón y por eso nunca ha sido muy cariñosa. Nunca. Nicola pasó sus
años de escuela en casa con un padre distante pero
controlador, y sus veranos volando por Europa viendo a su madre conectar
con idiotas ricos que no tenían tiempo para niños.
Me dolió el corazón por el pequeño niño Nicola.
Y cometí el error de dejar que se mostrara en mi cara.
—Oh, Ange… —Diani dijo en voz baja—. Está bien, ya sabes.
No me importaba. Me eché hacia atrás de su expresión suave.
—No me importa.
Sus labios se apretaron juntos pero no dijo nada. En cambio, se puso de
pie y cuando pasó junto a mí apretó mi hombro.
Me quedé mirando el fregadero, preguntándome cómo había logrado
hacerme esto a mí misma. ¿Adónde había ido la máscara que mantenía
todo a raya? ¿Por qué se mantenía resbalando cuando Diani o Nicola se
encontraban alrededor?
Sintiéndome mal, agarré mi teléfono y me dirigí al baño para sumergirme
en la bañera y ahogarlo todo con algunas canciones, pero mientras me
desvestía, mi teléfono sonó.
Nicola llamando.
Me quedé mirando con la boca abierta a la pantalla, tratando de decidir si
responderle o no. Lo dejé sonar.
Sonó de nuevo.
Y sólo lo miré de nuevo.
Dos minutos más tarde mientras me hundía en la bañera, pensando que
había escapado, Diana golpeó la puerta del baño.
—¡Nicola dice que contestes el teléfono!
Mi teléfono sonó y cerré mis ojos.
—¡Bien! —grité de vuelta y me estiré por él—. ¿Qué? —respondí.
Su risa profunda rodó sobre mí seductoramente.
—Hola a ti también.
—¿Qué es lo que quieres, Nicola? Estoy en medio de algo.
—Diana dice que estás en el baño. —Su voz era baja—. Ojala estuviera allí,
nena.
Casi podía sentirlo allí.
—Nicol. ¿Qué. Es. Lo. Que. Quieres?
Dio un resoplido de diversión. —Sólo pensé que debería llamarte para
hacerte saber que no puedo hacerlo esta noche.
¡Gracias, Jesús!
—Estoy teniendo un problema con unos pocos proveedores en este
desarrollo y nos retrasó unas semanas. No sé cuándo estaré libre esta
semana, pero te garantizo que en el momento en que consiga algo de
tiempo, voy a ir a verte.
—Nicola, no hagas eso.
—Después de anoche, no se puede negar la promesa de lo que hay entre
nosotros. No voy a dar marcha atrás, así que en lugar de salir con una
nueva defensa, lo cual estoy seguro que encontraría sumamente
entretenido, sólo cede, nena. Sabes que vas a hacerlo eventualmente.
—¿He mencionado lo molesto y arrogante que eres?
—Todavía puedo olerte y saborearte, Angie.
Mi estómago dio vuelta y apreté mis piernas juntas.
—Dios, Nicola… —dije en voz baja sin pensar.
—No puedo esperar para oírte decir eso mientras estoy dentro de ti. Nos
vemos, nena.
Y después de esa línea de despedida, colgó.
Gemí, mi cabeza cayendo hacia atrás contra la bañera.
Estaba tan jodida.

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