Ernesto y Yamila estaban en la Zona Verde. Habían echado llave a la puerta para evitar cámaras durante su ensayo para el baile del Desafío Doble.
La música terminó de sonar. Ernesto abrazó a Yamila por detrás y le dio un beso en la mejilla. Ella volteó, se puso de puntillas y le dio otro beso, pero esta vez en los labios. Él la levantó. El cabello rubio de su novia cayó al lado de su rostro. Amaba su cabello. Ella era perfecta. Sonrió, la bajó y le dio otro beso.
-“Tú no sabes cuánto yo te pienso cada noche, y el desvelo que provoca en mi tu nombre, tú eres como el mar que besa suavemente mi camino en la orilla…”
Yamila se soltó de Ernesto y caminó hasta el sofá. Se sentó en él con las piernas cruzadas, y Ernesto se sentó en el suelo delante de ella.
Ernesto: Qué curioso, ¿no? Aquí empezó todo.
Yamila se sonrojó. Recordó ese día en el que estaban en ese mismo lugar y Ernesto le pidió que fuera su enamorada. Estaba muy nerviosa, pero decidió apostar por lo que creía que sería un hermoso amor. Y no se equivocó.
Yamila: Sí…
-“Tú eres el sol que se esconde en el horizonte pintando el cielo con colores de la noche, dejas la oscuridad y vuelves con tu luz cada mañana a despertarme…”
Se echó en el mueble. Su rostro quedó frente al de Ernesto. Él se acercó un poco y le robó un beso. Inmediatamente, Yamila volvió a sonrojarse y a sentarse en el mueble.
Ernesto: ¿No puedes quedarte quieta?
Yaya: Será que soy media hiperactiva, que sé yo.
Ernesto le acarició el cabello. Yamila no dijo nada. Él se levantó y se sentó a su lado. Se quedaron en silencio, mirándose a los ojos. No pudieron aguantar la risa. Yamila fue la primera en estallar.
Ernesto la abrazó. Ambos seguían riendo. Yamila se echó el el sofá, poniendo su cabeza en las piernas de Ernesto. Miró hacia arriba para ver a Ernesto. Él le acarició el rostro y le dio un beso en la frente.
Yamila se incorporó. Corrió hacia la radio y puso la música. Luego fue hacia Ernesto y lo sacó a bailar.
Ernesto: No… descansemos un rato, reina.
Yaya: Dale, vení.
Ernesto se paró. Yamila lo llevó al centro de la habitación y comenzaron a bailar.
-“Por eso cuando esté aquí con tus ojitos frente a mí tan sólo te voy a decir…”
Ella dominaba bien el ritmo, pero Ernesto parecía tener dos pies izquierdos. Yamila detuvo la música.
Yaya: No hay caso. Sos un desastre.
Ernesto: No seas mala, amor. Mejor enséñame.
Yaya: Pero tenés que poner de tu parte, si no no vale.
Ernesto: Está bien.
Yamila se paró frente a Ernesto y lo tomó de las manos
Yaya: Vos seguime nomás.
Ernesto: Ok, princesa.
La música volvió a sonar. Yamila le indicaba hacia dónde ir, y marcaba los pasos contando del uno al tres. Cuando Ernesto logró dominar algunos pasos, Yamila se quitó los zapatos y se paró sobre los pies de Ernesto. Lo abrazó y cerró los ojos.
Yaya: Ahora llevame vos.
Ernesto: ¿No me vas a seguir enseñando?
Yaya: Pero ya lo podés hacer vos.
Ernesto: Pero falta que me aprenda la mitad de la coreografía.
Yaya: Es verdad. Soy una pésima profesora, ¿no?
Ernesto: Así y todo te amo.
-“Te amo, cada mañana yo te amo, mi alma cabe en dos palabras, te amo, te amo, si es que temes intentarlo en un beso tú sabrás que te amo…”
Yamila se quedó muda. No sabía que decir. A causa de la infancia tan dura que tuvo que pasar, le era muy difícil expresar sus sentimientos. Simplemente no podía hacerlo. Para que de sus labios salga un “te amo”, ella tenía que sentirlo realmente. Por eso, aunque ella amaba a Ernesto, le sorprendió esta declaración. Las palabras no le salían.
Yaya: Yo…
Ernesto volteó el rostro. Se sentía incómodo, pensaba que se había apresurada y tal vez Yamila no sentía lo mismo por él.
Ernesto: Descuida. No es necesario que digas que también me amas. No te quiero presionar a que digas algo que no sientes.
Ernesto tomó la llave, abrió la puerta y se fue. Caminó hasta su camerino, entró y cerró la puerta. Se sentó en el suelo, con lágrimas en los ojos. Tenía el corazón destrozado.
Yamila lo vio irse. Por dentro se estaba maldiciendo a sí misma. Odiaba haberle hecho esto a Ernesto. Debía remediarlo. Él debía saber que era el amor de su vida. Que lo amaba como nunca había amado a nadie.
Corrió hacia el camerino de Ernesto. La puerta estaba cerrada. Trató de abrirla, pero Ernesto estaba sentado contra ella. La tocó, pero no recibió ninguna respuesta. Se sentó contra la puerta, del lado de afuera.
Yaya: Amor… sé que estás ahí. Necesito hablar con vos.
Ernesto: Luego hablamos, Yamila. Ahora no puedo.
El corazón le saltó a Yamila al escuchar la voz de Ernesto detrás de ella. Volteó con la esperanza de verlo, pero sólo encontró una puerta. Una lágrima corrió por su mejilla y resbaló hasta el suelo. Se sentía muy mal. Odiaba haberle fallado a Ernesto.
Yaya: Por favor… sólo un minuto.
Ernesto no respondió. Yamila bajó la vista y vio la mano de Ernesto. Acercó la suya lentamente, evitando que él la retire. Sus dedos se rozaron. Por un momento, Yamila dudó, pero se armó de valor y la tomó. Para su sorpresa, él no la soltó, sino que también la tomó.
-“Yo sigo sentado en el filo de la luna guardando entre las estrellas tu figura, aún me haces soñar, no importa la distancia si es que aún te siento cerca…”
Se quedaron así un par de minutos. Luego Ernesto se soltó. Por un momento, Yamila creyó que él ya no quería saber nada de ella, pero la puerta se abrió lentamente. Yamila se puso de pie y entró. Se sentó al lado de Ernesto. Él le dirigió una mirada inexpresiva, y luego volvió a mirar el suelo. Yamila apoyó su cabeza en el hombro de Ernesto.
Yaya: Perdoname, amor. Vos sabés que soy así. A veces pienso que no te merezco. Vos sos una persona maravillosa, pero yo soy re seca con vos. Me es re difícil expresar mis sentimientos. Pero… yo te amo, Ernesto, te amo como no te imaginás. Sos todo para mí. Vos sos la persona por la cual sonrío todos los días. Por favor perdoname mi amor. Te amo.
-“Te amo, cada mañana yo te amo, mi alma cabe en dos palabras, te amo, te amo, si es que temes intentarlo en un beso tú sabrás que te amo…”
Ernesto volteó a ver a Yamila. Sus ojitos estaban cubiertos por lágrimas. Levantó la mano y se las secó tiernamente. Odiaba ver a su princesa llorar.
Acercó sus labios a los de ella y le dio un beso. Yamila lo abrazó. Se separó un poco de él y sonrió. Ernesto hizo lo mismo. Todo estaba perdonado y enterrado en el olvido.
Ernesto: Yo también te amo, preciosa.
-“Yo te amo, te amo…”
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Corto hecho por @daniespos gracias por leer!

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