sábado, 12 de abril de 2014

"Amor En Desencuentro" capítulo 14

                         





Tonta-Tonta-Tonta se repitió Yidda cepillando por onceaba ves el pelaje de “Trueno”, otro de los caballo.
En momentos como ese odiaba, más de lo normal, ser la esposa rica con demasiado tiempo libre. Lo que necesitaba era trabajar en algo, lo que sea, con tal de no volver a pensar en lo sucedido. Había transcurrido una semana ya del beso.  
No le costaba mucho cerrar los ojos he imaginar esos pacientes y masculinos labios contra los suyos despertando esos deseos lascivos en ella. Un cosquilleo la recorrió hasta sus partes más oscuras mientras imaginaba las duras y excitantes manos de Julián por su piel, acariciando, rozando, estimulando.
Gimió internamente mientras sus mejillas se teñían de rojo escarlata.

La pobre Yidda, sin mucho éxito, intento poner en orden sus sentimientos, pensamientos y emociones.
Extrañamente no se arrepentía de lo sucedido, pero sabía que debía ir con cuidado. Julián representaba todo aquellos sueños rotos que se había resignado a no cumplir. Verlo era automáticamente despertar una vena rebelde, que de por sí, ya tenía.

Yidda se sentó en un montículo de paja y se miro las manos, miro la manicura francesa que Ernesto le obligaba a llevar y se asqueo al meditar hasta donde había llegado el control de su marido sobre su vida. 
Su anillo de casada brillo y ella lo contemplo desolada sintiendo como el odio la llenaba; esa ostentosa alianza representaba todo lo que le había sido arrebatado y en lo que había sido convertida su vida.

¿Qué había sido de la joven rebelde y loca que domaba caballos y golpeaba borrachos con botellas?
¿Dónde había quedado ese sueño de tener su terreno propio y ser dueña de su vida?
En sus sueños, no se encontraba el amor, reflexiono Yidda tras colocar una mano sobre sus labios para repetir mentalmente el contacto de los labios de Julián.
No, no se encontraba porque el amor era una mera fantasía.

Sus sueños se basaban en tener su propio terreno, su propia empresa, los resultados de sus propios esfuerzos rodeada de trabajadores, ayudar a todo aquel que necesitara trabajo y un techo.
Pero en cambio Ernesto le tenía prohibido el hablar con cualquiera del personal y no estropear su cara manicura con trabajo duro.

Yidda se levanto enfriando su corazón y molestándose por andar tan sentimental.
Julian había llegado para moverle el piso y eso no le gustaba.
Ella había cerrado su corazón a cualquier tipo de emoción, y ahora todos esos sentimientos reprimidos parecían haber despertado y no la dejaban pensar.
Yidda cerró los ojos y se masajeo la sien.
-      A la mierda con todo – se dijo a sí misma y se levantó decidida.   

Ernesto la intercepto cuando iba de salida.
-      Como está la mujer que mas amo?? – preguntó tomándola de la cintura cuando pasaba junto a él.
-      No lo sé – respondió la joven cortante - ¿¿Por qué no le preguntas a Angie?? Ellas trabajan juntas.

Ernesto la miro confundido.
-      De quien…??
-      De Karen te hablo – lo corto la morocha.
Él bufo.
-      Ella no significa nada para mí, es solo una amiga.
-      Pues les pido a ti y a tu “amiga” que no sean tan descarados. – dijo mirándolo con claro fastidio.
-      Sera que está usted celosa señora de Jiménez?? – pregunto juguetón apretándola más contra sí.
Yidda se revolvió hasta soltarse aburrida.
-      Los celos no tienen nada que ver. Me molesta enormemente ser la comidilla del pueblo porque mi marido no puede mantener sus manos alejadas de sus amigas. – y girándose salió regia.
-      Si tu… - comenzó el siguiéndola.
-      Soy demasiado orgullosa como para dejar que me veas la cara de idiota – dijo girándose a encararlo – me vale muy poco lo que hagas pero hazlo con discreción, modera tus encuentros.
-      Me amenazas??
-      Si Ernesto, lo hago – respondió –
-      Espero que no hayas olvidado que sin mi volverías a la calle – se jacto.
-      No, no lo he hecho, pero a este punto prefiero vivir bajo un puente que a tu lado – se giro y se alejo caminando.



Julián había pasado toda la semana trabajando codo a codo con sus obreros. Ahogaba sus días en trabajo y se removía inquieto en la cama por las noches.
Cuando no podía dormir pensaba en Yidda, y cuando lograba dormir soñaba con Yidda, ella era su perdición.       

Contrariado de encontrarse pensando en ella una vez más entró en su cocina y miro su alacena vacía, observo su nevera en el mismo estado y masajeo su cuello.
“Bien, definitivamente debía ir al pueblo o moriría de hambre”
Tomo una ducha y mientras se vestía con unos vaqueros y un sweater gris, escuchó los mensajes en su contestador.

Su mejor amigo Mario lo saludo  con entusiasmo y le informo sobre un nueve e importante caso millonario de una famosa empresa.

Su madrastra Marisol, a quien Julián quería muchísimo, le conto entre risas sobre el nuevo pasatiempo de su padre Gian Piero, al parecer la pesca no estaña entre uno de sus talentos y los peces prácticamente se reían de él.
Julián escuchó como su padre gruñía al fondo y Marisol rompía en carcajadas.

Su sonrisa tras la llamada de su familia se borro un poco al escuchar el siguiente mensaje, donde una histérica Manuela, le lloriqueaba por tener que ir sola a una cena de gala.

Suspirando algo fastidiado por ese último mensaje monto su todo terreno y antes de darse cuenta caminaba por la ajetreada calle del mercadito rural del pueblo. Compro algunas frutas y luego se surtió de comida perdurable antes de ir a dejar las compras a su auto.
Al parecer había festividades y el pueblo bullía en actividad y diversión, la música provenía de todas partes y los colores daban una alegría que pronto lo contagio a él quien decidió dar un paseo.

Camino observando la hermosura del lugar, sonriéndole a las personas al pasar y riendo divertido ante cada cosa. Sin ser consciente camino hasta un grupo que en círculo aplaudían y vitoreaban a la atracción. Julián se asomos y se paralizo divertido y encantado al verla.

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