Yidda pasó la siguiente semana molesta consigo misma por no poder sacarse de la cabeza a Julián. Se sorprendió a sí misma en más de una ocasión, pensando en sus profundos ojos azules y esa sensual boca que tan cerca estuvo de tocarla aquella vez en el rio. Por eso, esa tarde siguiendo un impulso La bella Yidda lo miraba sentada bajo un árbol sobre una colina; Se sentía como una colegiala espiando en los probadores del equipo de futbol.
Los binoculares la ayudaban a apreciar la muy trabajada y esculpida espalda del rubio que cabalgaba tranquilo y ajeno a todo a unos cuantos metros de ella.
Gotas de sudor resbalaban por la espalda bronceada de Julián mientras se movía bajo el sol inclemente del mediodía.
Había quitado su camisa para sentir mejor la poca brisa de la tarde soleada mientras miraba distraídamente bajo su sombrero vaquero solo para cerciorarse de que todo estuviera bien.
Yidda frunció el ceño cuando Julián rodeo la colina donde ella se encontraba y se perdió de su vista.
Al cabo de unos minutos de intentar localizarlo se levanto frustrada y se giro para regresar en su caballo, pero este tampoco estaba.
Algo más preocupada descendió colina abajo para detenerse en seco cuando vio a whisky tomando agua en un riachuelo junto a Julián que aun sin camisa acariciaba las crines del animal.
Lentamente y en silencio se acerco a ellos, mientras se extasiaba en la vista de esa perfecta espalda bronceada y musculosa.
- ¿Disfrutando de la vista? – Pregunto Julián aun sin voltearse adivinando lo que ella veía.
Yidda agacho la cabeza y sintió como sus mejillas se teñían de rojo al ser descubierta mirándolo tan descaradamente.
Juli la miro de soslayo y sonrió al ver el rubor en las mejillas de la joven que confirmaban lo que ya sabía. Le gustaba saber que Yidda no era inmune a él.
“Es momento de vengarse por lo del rio” y con ese pensamiento Juli se giro para encararla.
Yidda contemplo entre sus pestañas el pecho, bronceado y músculos, de Julián cuando este se giro a verla.
Instintivamente ella dio un paso atrás y unió sus muñecas que le hormigueaban por tocarlo.
Julián sonrió de lado y dio otro paso hacia ella intentando acorralarla.
Diana chasqueo la lengua en señal al caballo para que se acercara a ella, pero el caballo se limito a restregar amistosamente su cabeza en el pantalón de Julián.
- Traidor – le siseo por lo bajo al animal mientras Yidda disfrutaba de la escena y la incomodidad de la joven.
- ¿Algún problema? – Pregunto ladeando la cabeza.
- No – mintió rápidamente Yidda con una sonrisa tan blanca como falsa. – solo… – enderezo los hombros y volvió a sonreír. – intento llamar a mi caballo para irme, ya es tarde.
Julián sonrió perezosamente.
- ¿Tarde para qué?
Yidda balbuceo una respuesta hasta que se dio una cachetada mental.
- Para cosas Julián, no me voy a poner a enumerar los mil y un trabajos que me quedan por hacer antes de que anochezca.
Julián asintió dubitativo y se recostó del caballo.
- Ya veo, ¿Y puedo preguntar qué hacías arriba?. – Yidda trago – digo… – continuo Julián – ya que tienes tantas cosas que hacer.
- Lo que haga, deje de hacer con mi tiempo o como lo desperdicio no es tu problema. – Contesto a la defensiva.
Julian cruzo los tobillos y asintió.
- Eso lo entiendo, pero no fue lo que pregunte. ¿Qué hacías allí arriba Yidda? Aparte de espiarme claro.
Yidda sintió como un peso se desplomaba en su estomago. Lucho con todas sus fuerzas para que el rubor no llegara a sus mejillas, fallando miserablemente.
El sabía que ella lo veía. Siempre supo que lo estaba espiando.
Julián la miro midiendo todas sus reacciones, la había visto antes incluso de que ella lo viera e hizo todo deliberadamente.
- Nunca te dijeron que espiar vaqueros que cabalgan está mal? – pregunto alzando la ceja divertido.
- No es como si fueras una damisela indefensa. Y no te creas tan importante ¿Qué te dice que te espiaba a ti?
Gastón se encogió de hombros y se cruzo de brazos.
- ¿No la hacías? – Ella no respondió - ¿Y entonces que hacía?
Yidda alzo el rostro y lo miro seria.
- Nada que te interese. Ahora si me disculpas – empujándolo un poco Julián comenzó a caminar hacía su caballo cuando Julián la tomo del brazo y la obligo a girarse.
- ¿Escapándote Yidda?
La a proximidad del joven no la dejaba respirar. No la dejaba pensar.
¿Se escapaba? ¡Sí! ¿Pero de qué? ¿De Julián o lo que él le hacía sentir?
- Yo jamás me escapo – respondió ella mordaz intentando soltarse de su agarre –
- ¿No? – Pregunto burlón Juli dando un paso hacía ella y quedando a centímetros de la joven.
Yidda bajo la vista hacía los finos y sensuales labios de Julián y se maldijo por dentro.
- No Julián – susurro cada vez más cerca de él, como una polilla atraída por la luz – Yo nunca me escapo.
Y antes de que cualquiera de los dos reaccionara Yidda tomo entre sus manos el rostro de Julián y lo beso.
Julián quedo paralizado por un momento y luego dejo de pensar, solo sintió.
Tomo por la cintura a la joven y la pego a él lanzando un gruñido cuando los senos de la joven se restregaron contra sus pecho desnudo.
Yidda se sentía caer en una espiral perfecta y muy excitante. Se le nubló la visión. Era todo lo que deseaba. Le parecía que su vida dependía de que sus labios continuaran unidos.
“Aquello no era justo”, pensó vagamente, mientras comenzaba a perderse en la gloria de aquellas sensaciones.
Ella se estaba derritiendo contra él como la cera.
Julián no se había dado cuenta de lo erótico que sería sentir su cuerpo esbelto hacerse líquido. Sólo quería besarla, probarlos a los dos, pero sus manos ya estaban acariciando, explorando, enviando corrientes por todo su cuerpo.
Yidda bajo sus manos y las puso en los hombros y pecho de Juli, caliente, suave, fuerte.
Sus labios se buscaban y encontraban, Julián profundizo el beso y las leguas entraron en contacto en un salvaje juego erótico.
Yidda sentía que le hormigueaba todo el cuerpo mientras la legua de Julián se lanzaba en picada a la suya, rozando, acariciando, excitando. Julián le succionó el labio inferior y jugueteó con la lengua, con los dientes.
—Tienes una boca increíble —susurró él contra sus labios.
Ella no podía respirar.
Pasaron horas, minutos o solo segundo, a Yidda le parecieron años.
Ambos se separaron lentamente dejando sus frentes unidas mientras intentaban calmar su agitada respiración.
Yidda cerró los ojos mientras intentaba controlar el manojo de sensaciones que se arremolinaban en ella.
¿Qué estoy haciendo?
Al abrir los ojos se encontró con la penetrante mirada de Julián que no se apartaba de ella.
- Yo … - balbuceo la joven sin saber que decir.
Julián coloco una mano en los labios de Yidda y negó con la cabeza. Sin decir nada se aparto de ella y con un silbido llamo a Whisky que se acerco a Yidda.
La rubia ignoro esa sensación de pérdida en el momento en que Julián se aparto. Sin decir nada monto su caballo y se alejo cada vez más rápido bajo la mirada verde de Julián.

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