lunes, 7 de abril de 2014

"Argentina Bella" corto Yamila y Ernesto




Yamila llegó saltando al comedor, con una sonrisa de oreja a oreja. Su cabello rubio, atado en una cola, se movía de un lado a otro. Traía puesto un vestido de gasa color verde agua, con puntos negros. A la altura de la cintura tenía una correa dorada, y en los pies llevaba sandalias del mismo color. Una sombra dorada le cubría los ojos, y los labios estaban pintados con un color más natural. Estaba muy linda.

Dio un último salto y se paró delante de Ernesto. Él la miró con una sonrisa en el rostro.

Yamila: ¿Y? ¿Cómo me queda?

Ernesto la tomó de la mano y le dio una vuelta.

Ernesto: Estás hermosa.

Yamila se sonrojó, como cada vez que Ernesto le hacía un cumplido. Sus ojos brillaban como dos pequeñas estrellas. Su sonrisa relucía. Miró la mesa donde Ernesto había estado sentado. No había nadie.

Yaya: ¿Qué hacés vos sentado solito?

Ernesto: Te estaba esperando.

Yaya: Mirá que no te creo. Seguro que ya te habías olvidado de que te iba a enseñar el vestido.

Ernesto: ¿Cómo me voy a olvidar de tan linda princesita?

Yamila volvió a sonrojarse. Miró a Ernesto, y él le sonrió. Se acercó a él y susurró a su oído.

Yaya: Te adoro, ¿sabés?

Ernesto la abrazó y le dio un beso en los labios.

Ernesto: Eres demasiado bella, preciosa.

Yaya: Pero yo quiero que me digas sos, no eres. Me gusta más.

Ernesto: Sos la chica más bella y dulce del mundo, Yamila.

Ernesto jaló una silla para que se siente Yamila, y luego se sentó frente a ella. Se quedaron en silencio, mirándose a los ojos. Yaya trataba de contener la risa, pero llegó un momento en el que ya no pudo más y estalló en una carcajada. Ernesto se rió.

Ernesto: Pareces mi hermanita menor. Te ríes de todo.

Yaya: ¿Y qué querés que haga, che? Así soy yo.

Ernesto : Ya lo sé, y aún así te adoro.

Yamila se paró de su silla y fue a sentarse en las piernas de Ernesto. Se acercó y le dio un beso.

Yaya: Ahora necesito que me ayudes. Lo prometiste.

Ernesto: ¿Ayudarte en qué?

Yaya: No te hagas el que no sabés.

Ernesto: Está bien. Si aún quieres que te ayude a escoger la ropa para el desfile de mañana, te advierto que no sé nada de moda.

Yaya: No me importa. Lo único que yo quiero es que vos me digas qué te gusta más.

Ernesto: Lo que tú digas, reina.

Yamila lo tomó de la mano y empezó a correr hacia su camerino. A la mitad del caminó, Ernesto la adelantó y, sin avisarle, la cargó en brazos.

Yaya: ¡Bajame! ¡Ernesto!

Ernesto siguó corriendo.

Yaya: ¡Escuchame! ¡Mirá que me enojo si me caigo!

Ernesto: Igual eres linda cuando te enojas.

Ernesto rió. Cuando llegó al camerino de las chicas, la puso suavemente en el suelo. Ella se acomodó el vestido.

Yaya: Gracias.

Miró a Ernesto. Era mucho más alto que ella, pero eso a ella le encantaba. Se sentía protegida.

Yamila se empinó lo más que pudo. Acercó su rostro al de él y le dio un tierno beso. Ernesto la levantó por la cintura y la puso a la altura de sus ojos.

Ernesto: Eres lo más lindo que me ha pasado en la vida.

Yamila lo abrazó por el cuello y se le colgó. Cuando Ernesto trató de bajarla, ya no pudo. Yamila se agarró más fuerte aún.

Yaya: No me bajes.

Ernsto la miró a los ojos. Y en ese momento, Yamila le pareció la chica más bella sobre la faz de la Tierra. Vivía enamorado de esa sonrisa y esos ojitos tan dulces.

Retrocedió un poco y perdió el equilibrio. Cayó en el suelo, y Yamila encima de él. Su mirada era una mezcla de enojo y diversión.

Ernesto: Conste que te advertí.

Ernesto se levantó y luego ayudó a Yamila a hacerlo. Ella empezó a reír.

Ernesto: ¿Y ahora?

Yaya: No sé, estoy rara. Pero bueno, te traje hasta acá para que me ayudes con la ropa para el desfile.

Ernesto: Literalmente, fui yo quien te traje.

Yaya: Te comportás como un nene.

Ernesto: Y, sí…

Yaya: Da lo mismo quién trajo a quién. Esperame un rato.

Yamila fue al camerino de Alejandra y cogió la ropa que le había dejado para el desfile. Luego, tras guiñarle un ojo a Ernesto, se metió en su camerino.

Escogió una blusa crema con círculos naranjas que se anudaba a la cintura y un short de jean. Se los probó y se miró al espejo. Había algo que no quedaba. Se soltó el cabello y se lo peinó un poco. Sí. Así se veía mejor.

Salió del camerino tímidamente. Abrió un poco la puerta, y miró por ahí. Ernesto estaba sentado en el suelo, mirando una cartulina que estaba colgada en la pared. Era un collage hecho por el club de fans de Yamila. Él sonreía.

Yamila soltó un suspiró. Por mucho que quería ocultarlo, el sentimiento era más poderoso que cualquier otra cosa. Lo amaba con todo su corazón.

Salió del camerino y se paró al lado de Ernesto. Él volteó la cabeza lentamente.

Yaya: ¿Te gusta este? ¿O mejor el vestido?

Ernesto: Con los dos te ves preciosa.

Yaya: ¿Con cuál me quedo?

Ernesto: Creo que tú deberías tomar la decisión final.

Yaya: Pero a mí sólo me importa lo que vos pensás.

Ernesto: Lo único que te puedo decir es que te pongas lo que te pongas vas a ser la más bella del desfile.

Yaya: Mentís. Mirame, estoy re gorda.  

Ernesto: No. Eres hermosa.

Ernesto se acercó a ella, sin decir nada. Yamila cerró los ojos y se empinó. Su rostro estaba a cinco centímetros del de Ernesto. Podía sentir su respiración. Él bajó un poco el rostro, y sus labios se rozaron. Yamila retrocedió un poco, pero Ernesto la abrazó acercándola a él  y la besó con dulzura.

Ernesto: Te quiero, mi argentina bella.

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