Te extraño, amor.
Te extraño tanto.
Paso los días sobre la mecedora, a decir "te amo" y a volverme, mirando tu silla, para luego descubrir que ya no estas allí.
El dolor se hace insoportable.
Te extrano.
Me faltan tus besos, los que hicieron darme cuenta de cada latido de mi corazón. Me falta tu sonrisa.
Tu me haces falta.
Tu humorismo. Tu voz. Me falta cada cosa de ti, y querría poderte decir que te olvidaré y que seré de nuevo feliz porque te lo prometí ,pero no creo lograrlo, porque tú eres en cada cosa y en cada momento.
Te extraño.
Siempre hemos compartido todo, tuvimos a medias todo porque la otra mitad perteneció a la otra. Y a veces, lo recuerdo bien, habría querido todo por mí.
Ahora tengo todo, pero no tengo nada, porque tú no estás aquí conmigo.
Me faltas.
La única cosa más fuerte de tu presencia es tu ausencia.
Me faltas..
He perdido todo.
Tú fuiste mi vida.
Me faltas.
Me faltas.
Ernesto se pasó distraídamente una mano entre el pelo castaño, sentándose sobre su cama. Fabbiane se acercó, tomo la silla cerca del pequeño escritorio y se sentó al revés, posando los brazos sobre el respaldo y entrelazando las manos.
- Me falta. - Ernesto murmuró alargándose a ojos cerrados sobre su cama.
Sin Yami aquella cama se puso vacía, fría, llena de recuerdos que sólo le hacian mal.
No logró ir adelante sin ella. Ahora ella estaba casada, partió, y no habría vuelto por nadie, menos por él.
La amiga lo miró preocupada, como siempre, desde hace 4 años.
- Ve adonde esta ella, entonces! - Exclamó, creyendo decir la cosa mejor.
Pero Ernesto sacudió la cabeza, aún más triste que antes.
- Sería demasiado hermoso poderlo hacer. - Dijo sencillamente.
- ¿Y por qué no lo haces? – Dijo ella levantándose de pie.
- No es fácil. - Ernesto murmuró, cansado de aquella conversación tanto cuanto de su vida. No podia más soportar que la gente le preguntaba cosas acerca de Yamila. La perdió y no la tendría jamás.
- Explícame el por qué. – insistio Fabbianne.
Ernesto no encontró las palabras aptas. ¿Por qué todas las veces le resultaba difícil hablar de Yamila? ¿Por qué se formó él un nudo a la boca del estómago? ¿Por qué su corazón inició a golpear tan fuerte, que semejó querer salir de su jaula torácica?
- Se ha ido, ya no vive aca, ya no me quiere. - Admitió, y le pareció de recibir una puñalada al corazón que tanto palpitó, cuánto le hizo mal. Su corazón sangró sin parada, lo que se creó en su pecho fue inmenso.
- Entonces lamala. - Fabbiane propuso.
Pero Ernesto sacudió de nuevo la cabeza, sentandose y abriendo los ojos... No quiso abrir realmente los ojos de su corazón que le habrían enseñado que Yamila se habia ido de veras.
Sólo en aquel entonces inició a llover.
- No contestará. - Dijo.
La lluvia nunca le gusto, pero en aquel entonces lo representó mejor de cualquiera otra cosa. Su humor fue negro como las nubes que llevan lluvia, y su rostro a menudo fue revestido de lágrimas, como aquellas gotas de agua que caen al suelo, provocando un repiqueteo continuo relajante.
- Mándale un mensaje. - Aseguró de nuevo Fabbianne
- No lo leerá. - Contestó.
Ya los ojos fueron velados por una capa de lágrimas que comprimieron para salir.
Sintió la necesidad de llorar, de desahogarse, de gritar al mundo entero su dolor.
-Recuperala…! - Fabbianne continuó. Ernesto deglutió a vacío.
Aquél fue el momento más difícil.
El momento en que habría tenido que afrontar la realidad y quizás también aceptarla.
- No lograré alcanzarla. - Murmuró con voz rota.
Una lágrima inició a rayar su rostro, pero no se cuidó de secarla. Ya aquella lágrima rompió el muro de defensa que construyó alrededor de su corazón para tratar de sufrir el menos posible.
- ¿Por qué? - Todavía Fabbianne preguntó mirándolo. La amiga sólo en aquel entonces se daba cuenta que el amigo lloraba.
Flashback.
Vuelvo a ver tus labios, tus ojos verdes y tu sonrisa espléndida tenderse cuando nuestras miradas se encadenan. Tu mano que toma la mía y la aprieta con aquella dulzura y aquel amor…
Tus labios que se posan sobre los mías en la descripción de un segmento perfecto que es la distancia entre dos puntos o bien nuestros cándidos labios. Oigo tu cuerpo comprimir contra el mío y tus labios saben a azúcar, chocolate y de ti. Pones una mano entre mi pelo ,con la otra mano me agarras. Ríes y tu mano grande se posa abierta tras mi espalda empujándome más estrecha a ti.
Nos separamos y no puedo creer que tú me hayas enseñado como nos comporta en una pareja. Como nos comporta cuando se quiere. Me miras intensamente a los ojos, me apartas un mechón de pelos de la cara, me provoca ternura.
-Ernesto, no…
Silenciosos y cómplices... uno de los tuyos pocos instantes de sincera seriedad.
-Te extrano Yaya, te amo y siempre te he amado! No es demasiado tarde, mi amor…
-Ernesto, si de verdad me quieres, me tienes que dejar, ahora… estoy bien, feliz con el, no puedo, no se puede, no mas!
Silencio...
-De verdad lo amas?
-Mas que a nada…
-Te amo, olvidemonos todo, veni conmigo, me amaras otra vez, estoy seguro, solo veni, te amo Yamila… - dijo con lagrimas
-Te quise mucho y vos lo arruinaste todo, ya no te culpo, ya no te grito, simplemente te pido que me dejes en paz, ahora y siempre, no voy a perder otros anos atras de ti, lo siento, Ernesto!
Te saludo con una caricia y un beso en la mejilla.
Es sencillamente la conciencia extraña de nuestro último beso. Siento el corazón aumentar el latido, lo percibo no sólo por culpa de las máquinas que reproduce lo que debería ser el curso de mi corazón con ruidos agudos y ensordecedores, lo percibo y basta ya. Pero lentamente y tranquilamente los ruidos esfuman, mis sentidos se entumecen y los miembros inician a ponerse fríos. Yo, Ernesto Jiménez estoy apagandome. Como si el calor, la vida en mi cuerpo fueran aspirados lentamente reduciéndose a una mancha cada vez más pequeña que tiene por centro el corazón.
Mi cuerpo muere y mi mente viva, pulsa, todavía refleja.
Te amare por siempre.
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Ya se que es triste pero mañana subo otro que terminen felices y enamorados

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