Capitulo V
Julián caminaba junto a Victorio por las calles del pueblo, se veía gente ir y venir mientras los últimos rayos del sol se fundían dejando entrar la noche. Algunos recogían sus tiendas, algunos caminaban rumbo a sus hogares, otros salían a disfrutar de los encantos de la noche. Julián lo guiaba y enseñaba cada cosa, lugar o persona.
Julián miraba todo con atención. Era un pueblo pequeño y tenía encanto, se sentía a gusto allí, era acogedor.
Nicola lo llevo a un pequeño bar, en la esquina de la plaza, tenía un viejo letrero que decía “lamento Argentino”.
El lugar era espacioso, olía a madera, cerveza y a seducción. De fondo se escuchaban viejos boleros que solo podían sonar perfectos en ese lugar. Ambos caballeros se dirigieron a una pequeña mesa junto a la pared. No paso mucho rato antes que una joven delicada y hermosa se acercara a Nicola con una sonrisa en el rostro. Saludo con una inclinación de cabeza a Julián y se lanzo en los brazos de Nicola quien la abrazo como si la vida se les fuera en ello.
- Julián, te presento a la dueña de mi locura y mi corazón.
Julián beso la delicada mano que la chica le ofrecía.
- Angie, un placer – su sonrisa era acogedora y sutil
Nicola sentó a Angie en sus piernas quien se veía frágil y vigorosa.
- Como es posible que una dama tan hermosa como usted se encuentre con este sin vergüenza. – pregunto Julián señalando a Nicola haciendo que Angie soltara una risita.
- Yo me pregunto exactamente lo mismo – dijo Nicola besando la frente de la joven. – ella es un ángel.
Un rubor delicado tiño las mejillas de Angie y Julián sintió ternura.
- Yo no soy tal cosa- hablo la joven en un tono dulce – y el no es ningún sin vergüenza, es todo un caballero. – sonaba enamorada.
Angie era pequeña y delgada, tenía los ojos de un color castaño verdoso y el cabello ondulado y de un color marrón chocolate. La nariz pequeña y unos labios delineados y delgados. Era delgada y grácil.
Se veía inocente y tranquila, energética y fuerte. Combinación
Letal que tenía hechizado a Nicola quien no dejaba de mirarla como embelesado.
- Es realmente una bella y encantadora señorita - le hablo Julián a Nicola en tono de complicidad.
- Si lo es, es mi bella dama – Angie volvió a ruborizarse y Nicola beso justo ese punto donde el rojo de sus mejillas se concentraba.
Julián observo a la joven pareja y quiso poder experimentar alguna vez esa misma sensación de amor sin límites que veía en ellos. Nuevamente unos ojos verdes le perforaron los pensamientos, una cabellera. –Basta Yidda – se dijo mentalmente y como respuesta sintió como la puerta del local se abría y todos se giraban a observar al peculiar visitante.
La curiosidad gano la partida y Julián se giro para ver al personaje que causaba tanto revuelo.
Ernesto entro por la puerta con aires de matón y una sonrisa macabra en el rostro.
Estaba de regreso.
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- Llego mi querido primito – hablo Angie con ironía mientras se borraba su sonrisa, Julián se giro para verla.
- Tu primo?? – pregunto incrédulo.
- Si, por desgracia – Angie fulmino al recién llegado con la mirada.
- Eres Jiménez??- Gastón seguía en la sorpresa.
- Soy Arizaga Jiménez – suspiro cansinamente mientras se levantaba – será mejor que vaya ahora a atenderlo.
Se alejo caminando, sus movimientos daban la impresión de que volaba.
- Tu novia me gusta, parece un hada – dijo Julián observando cada movimiento de la joven.
- Lo sé, hasta ahora lo único que no me gusta de ella es su primo, ella es perfecta – respondió Nicola mirando de soslayo a Ernesto.
- Ella no tiene la culpa del bastardo primo que tiene –
- Y yo no la culpo – se apresuro a corregir Nicola – pero ese hombre no merece lo que tiene.
- Nico no hables así – le recrimino Angie llegando hasta ellos con dos jarras de cerveza que coloco en la mesa.
- Bien – se limito a contestar su novio tomando un largo trago.
- Sé que no lo merece pero aun así es familia – lo defendió Angie y mirándolo suspiro – solo desearía que no le hiciera esto a Yiddi.
Julián se puso a la defensiva mientras intentaba no atragantarse con la cerveza.
- Yiddi?? – pregunto con la voz ronca.
- Yidda, Su esposa – contesto Nicola.
- Se quien es… - miro a Ernesto nuevamente y lo observo reír con un vaso de cerveza en la mano y una linda joven recostada de él. – lo dices porque la engaña??- pregunto observando como la joven coqueteaba descaradamente.
Angie rio, pero fue una risa sin alegría.
- Ernesto no sería capaz de engañar a Yidda. Ahí lo vez, con Karen noche tras noche. Ella es su eterna enamorada, pero él no sería capaz de tocarla – la mirada de obvia incredulidad de Julián desato la risa de Angie- el ama a Yidda. Todos aman a Yidda.
Esas palabras resonaron en sus pensamientos, ¡todos aman a Yidda!, el estaba comenzando a sospechar que esa afirmación lo condenaba a él también.
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Ernesto llego pasada la media noche, oliendo a alcohol. Sabía que se le había pasado la mano con la bebida y entro dando tumbos a la casa. Se encontraba en completo silencio y a oscuras, camino en medio de la oscuridad y se desplomo en su enorme sillón frente a la chimenea apagada. Cerró los ojos y se froto la cara con las manos, todo daba vueltas y la sensación de alegría lo estaba abandonando para dejarle paso a una leve jaqueca que el intuía vendría en aumento.
- Ernesto – escucho un susurro femenino que con voz cantarina lo llamaba. Abrió los ojos al instante y escruto la oscuridad en busca de la voz y su dueña. Todo estaba quieto y en silencio.
Suspiro y volvió a recostarse. Cerró los ojos nuevamente y un rostro apareció en su mente. Yamila, lo miraba con odio desde la oscuridad, sus cabellos rubios se revolvían el rededor de sus hombros y su camisón blanco parecía cobrar vida propia, la luna le daba un tono plateado a su piel y sus rojos labios se curvaban en una macabra sonrisa.
- Ernesto – susurro de nuevo y comenzó acercarse, el miedo se apodero de él cuando sintió que ella con tacto frio y duro como el hielo envolvía su brazo derecho con sus delicados dedos y unas uñas rojas como la sangre ejercían presión sobre él.
Abrió los ojos de golpe y retrocedió al ver a Yidda mirándolo con frio desdén. Ella lo soltó y se irguió en toda su estatura
- Ya casi amanece – y diciendo esto se dio la vuelta para encaminarse a la salida.
Ernesto la miro marcharse y observo el reloj de su muñeca 4:00am. Se había quedado dormido. Todo había sido un sueño. Miro por la ventana la oscura noche que pronto comenzaría a convertirse en mañana.
-Yamila - susurro y el miedo volvió apoderarse de él.

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