martes, 25 de febrero de 2014

"Una Vida Sin Vivir" capítulo 26






Oí el coche estacionar, así que di un salto y corrí hacia la ventana. Me estremecí
cuando lo vi salir del coche y caminar furioso hacia la casa. Me sentí enferma. No
podía dejarlos hacer esto, se iban a meter en tantos problemas. No podría soportar
perder a ninguno de ellos.
No quería que Israel se metiera en problemas, pero en serio me mataría si Nicola
estaba en problemas por esto.
Mordí mi labio, pensando. Tal vez podría ir y ser otro testigo, entonces de esa
manera cuando él empiece algo primero podría decir que fue en defensa propia
también. Otro testigo ayudaría sin duda a su caso. Oh, mierda, ¡Nicola me va a matar
por esto! Salí corriendo de su casa hacia la mía. Podía oír gritos provenientes de
adentro y me detuve, sentí el temor familiar que siempre sentía cuando era una
niña. No podía moverme del lugar, era como si estuviera congelada. Podía oír su
voz, gritando, y me helaba la sangre —pero esos eran Israel y Nicola allí, siempre
estaban cuidando de mí, siempre. Podía hacer esto por ellos, todo lo que tenía que
hacer era presenciar como él lanzaba el primer golpe.
Me acerqué a la puerta, no estaba cerrada, sólo la empujé.
—¡Esto es todo por tu maldita culpa! Tú y Angie tenían que abrir sus sucias bocas
y decirle a Erick lo que pasó. Has arruinado todo para mí, todo, pedazo de
mierda. Debería haber empujado a tu jodida madre por las escaleras o algo así,
cuando me dijo que estaba embarazada de ti —gritó mi padre enojado.
Gemí a causa de las horribles palabras que acababa de decirle a mi hermano. Mi
padre siempre fue una desagradable pieza para trabajo, pero eso fue bajo, incluso
para él.
Escuché una explosión y un gemido, así que abrí la puerta, para ver a Nicola
sosteniendo a Israel, tratando desesperadamente de mantener a Israel lejos de mi
padre, que estaba parado contra la pared, mirándolos con rabia.
—¡Así no! Nicolas, ¡así no! —gritó Nicola, a Israel mientras lo sujetaba en sus brazos.
Israel no estaba calmándose. Su rostro estaba rojo de ira, lo único que podía
detenerlo cuando estaba así, era yo. Odiaba verme alterada ni algo, era tan
sobreprotector.
—¡Israel, cálmate! —supliqué desesperadamente.
Él dejó de moverse, Nicola lo apartó y me miró sorprendido y un poco asustado. Se
movió hacia mí y vi a mi padre, moverse al mismo tiempo, estaba mucho más cerca
de mí que Nicola, y estaba bloqueando su camino. Ni siquiera tuve tiempo de
alejarme antes de que agarrara mi muñeca, apretándola fuerte, su cara enojada y
roja. Me estremecí mientras me apretaba más fuerte haciendo al dolor disparar por
mi brazo. Intenté sacar mi brazo con rapidez, pero él no lo soltaba.
—¡Tú! ¡Tú maldita arruinaste todo! —me gritó, hundiendo sus uñas en mi piel. No
podía respirar.
—¡Déjala ir, ahora! —ordenó Nicola, luciendo tan enojado que realmente me asustó.
Mi padre se volvió hacia él, aun sujetándome con fuerza.
—¡Vete a la mierda! Es mi hija —le espetó él, tirando de mi brazo, haciéndome
perder mi equilibrio y tropezar más cerca suyo. Podía oler el alcohol en su aliento,
haciéndome sentir enferma. Giré y tiré de mi brazo, tratando de liberarme. Todavía
no me dejaba ir, así que puse mi mano sobre su pecho y lo empujé tan fuerte
como pude. Él no se movió ni un centímetro. Vi su mano moverse y cerré los ojos
sabiendo que me iba a golpear.
Su mano conectó con mi cara, haciéndome sentir como si mi cabeza hubiera
explotado. Me caí hacia atrás y me estrellé en el aparador. Dolor como nunca había
sentido en mi vida se disparó a través de mi estómago y mi espalda baja. Era como
si alguien me hubiera apuñalado. Me aferré al aparador, tratando de mantenerme
en pie mientras siseaba a través de mis dientes. Israel pasó por encima y me agarró
tirando de mí hacia abajo sobre el piso, sentándonos abajo apoyándonos en el
aparador.
—Mierda. Angie, ¿estás bien? —preguntó con desesperación, acunando mi cabeza
contra su pecho.
Envolví mis brazos alrededor de mi estómago, tratando de respirar a través del
dolor.
—No —gruñí. ¡Oh, no, estaba perdiendo el bebé!— ¿Nicola? ¿Dónde está Nicola? —
pregunté, abriendo los ojos y mirando alrededor por él, pero apenas podía ver
nada, porque mis ojos estaban llenos de lágrimas. Podía oír ruido gruñidos y
gemidos. Oh Dios, él no está... ¡Por favor, dime que no está haciendo eso! Parpadeé
y miré para ver a Nicola golpear a mi padre una y otra vez, su rostro era la viva
imagen de la rabia. Él no iba a parar hasta que ya no respiraba. Esto era todo. Nicola
me iba a ser arrebatado, y yo estaba perdiendo su bebé. Sentí mi corazón
rompiéndose en mil pedazos.
—Ve a detenerlo —susurré, apenas capaz de hablar.
—No. Deja que lo mate —gruñó Israel enojado.
Negué con la cabeza. ¡Oh, Dios mío, por favor!
—Israel, ¡ve a detenerlo! Por mí, ¿por favor? Lo necesito. Dile que estoy herida. Lo
necesito —jadeé mientras una oleada de náuseas se apoderaba de mí, haciéndome
vomitar—. ¿Nicola? —grité desesperadamente, pero fue apenas un susurro.
Israel se movió.
—Iré a buscarlo —dijo rápidamente mientras se ponía de pie de un salto. Rodé
hasta ponerme de lado, llevando mis rodillas al pecho, sosteniendo mi estómago.
¡Oh por favor, no me dejes perder este bebé! Cerré los ojos con fuerza contra el
dolor; un par de segundos después Nicola acarició mi mejilla haciéndola arder de
nueva.
—¿Ángel? —susurró, sonando tan preocupado que me rompía el corazón una vez
más. ¿Cómo podía decirle que estaba perdiendo el bebé? Él estaba tan feliz por
eso, ¿cómo demonios iba a decir las palabras? Quería envolverlo con mis brazos y
hacer que me abrazara y que hiciera que todo esto se fuera. Nicola podía hacer que
todo estuviera bien, él podía hacer que todo estuviera bien.
Me moví para levantarme pero una oleada fresca de dolor me golpeó, haciéndome
jadear.
—Duele, Nicola. Por favor, duele tanto —murmuré, levantando la Mirada hacia su
perfecto rostro. Él lucía tan preocupado por mí. Yo estaba perdiendo todo. ÉL iba a
ir a la cárcel y yo estaría sola. ¿Cómo iba a vivir sin él?
—¿Qué duele, Ángel? —preguntó, mientras inclinaba su cabeza y besaba mi
mejilla.
—Mi estómago. —No pude mirar su rostro cuando se dio cuenta que estaba
perdiendo el bebé, no quise ver el dolor y la devastación allí. Volví me rostro hacia
la alfombra y sollocé. Esto era completamente mi culpa. Debería haberme quedado
en su casa como me dijo. Si estuviera allí ahora el bebé estaría a salvo, y Nicola no
estaría enfrentándose a la cárcel. Él sólo había golpeado a mi padre porque yo
estaba allí, no lo hubiera hecho si yo sólo me hubiera quedado. ¿Por qué no podría
haberme quedado allí como él me había dicho?
—¡Israel! ¡Llama una ambulancia! —gritó Nicola desesperadamente. Estaba
acariciando la parte de atrás de mi cabeza suavemente—. Shh, todo está bien. Está
bien, Ángel —me arrulló. Sentí su brazo envolverme, así que volví mi rostro hacia
él. Estaba acostado junto a mí. ¿Cómo demonios todavía me estaba consolando?
Esto era todo mi culpa; ¿por qué no me gritaba?
—Lo lamento tanto —dije honestamente. Esto iba a arruinar todo; él no me querría
ahora que había matado a nuestro bebé.
Él inclinó la cabeza y besó mi frente.
—Ángel, no tienes nada que lamentar —susurró, acercándose a mí. Su mano
frotaba círculos en mi estómago, tan suavemente que apenas podía sentirlo.
—Esto es mi culpa —exclamé, sollozando una vez más. Él sacudió la cabeza
ferozmente y se alejó de mí de un empujón. Sentí mi corazón romperse. Lo sabía; él
me iba dejar ahora. Se puso de pie y fue hacia mi padre quien estaba intentando
levantarse del suelo y comenzó a golpearlo de nuevo, gritando una retahíla de
improperios.
Israel lo lanzó al piso.
—¡Détente! ¡Ve con Angie, ahora! —ordenó, mirándolo con ira.
Nicola asintió y corrió de vuelta hacia mí.
—Voy a levantarte, ¿de acuerdo? —dijo suavemente.
Sacudí la cabeza, no quería moverme.
—No. Por favor no —susurré. El dolor era tal que me sentía enferma. Él lucía como
si también estuviera sufriendo mientras se movía sobre mí, apartando el cabello del
mi rostro, besándome suavemente, murmurando palabras tranquilizadoras.
—¿Dónde está la maldita ambulancia? —le gritó a Israel.
—En camino. ¿Qué le sucede? —preguntó Israel, arrodillándose junto a mí. Apreté la
mano de Nicola, sin querer verlos pelear por esto si Israel se asustaba por lo del bebé.
—Está embarazada, Israel —explicó Nicola, besando mi mejilla.
—¿E…embarazada? —tartamudeó Israel. Nicola asintió, mirándome con
preocupación.
—Voy a hacerte pagar por esto, ¡pequeña mierda! —gritó mi padre desde la
puerta. Nicola e Israel ambos se movieron para levantarse pero yo tomé la mano de
Nicola, no quería estar sola de nuevo.
—Sal de aquí antes de que te mate yo mismo, y si ella pierde su bebé lo juro por
Dios, estás muerto —gruñó Israel venenosamente.
—Israel, por favor —susurré, sin querer más problemas.
—¿Bebé? ¿Está embarazada? La pequeña zorra —gruñó mi padre.
Nicola estaba tan enojado que todo su rostro estaba rojo cuando se movió para
levantarse una vez más. Justo en ese momento pude oír las sirenas aumentando
haciéndose más intensas. El rostro de Nicola voló al mío, sonrió débilmente.
—Está bien ahora, Ángel, la ayuda llegó. Todo va a estar bien —dijo suavemente.
Levanté la mirada para ver que mi padre se había ido; Israel estaba de pie en la
puerta esperando la ambulancia.
Nicola me estaba mirando, sus hermosos ojos apretados con preocupación.
Lo amaba tanto, ¿cómo me las voy a arreglar cuando él me deje y se vaya a la
universidad, y todo lo que me quede sea lo que podría haber sido?
El paramédico se acercó con Israel.
—¿Qué sucedió? —le preguntó a Nicola.
—Está embarazada. Ángel, ¿te golpeaste el estómago o algo? —preguntó Nicola,
sosteniéndome la mano con fuerza. Asentí, asustada de moverme en caso de que
el dolor se pusiera peor, no podía soportar mucho más.
—¿Cuán avanzado está el embarazo? —preguntó el paramédico.
—Cinco semanas —respondió Nicola, mirándolo en forma suplicante.
—De acuerdo. Bueno, te llevaremos al hospital; te revisaré en la ambulancia. ¿Te
duele en otro lugar, Angie? —preguntó el paramédico.
—Me duele la espalda, y las caderas. —Hice una mueca cuando me guió para que
yaciera sobre la espalda.
Él asintió.
—Eso puede suceder a veces. Parece que podrías tener un aborto —dijo en tono
de disculpas. Asentí mostrando mi acuerdo. Ya sabía eso, no había manera que no
estuviera teniendo un aborto, esto era demasiado doloroso para ser otra cosa. Nicola
sostuvo mi mano todo el camino, sólo mirándome, sin hablar. Su rostro era la
imagen del dolor. Él estaba sufriendo mucho; podía ver el dolor en sus rasgos
mientras me miraba. No me iba a perdonar.
Cuando llegamos allí fui llevada en una camilla a un pequeño cubículo y un doctor
vino casi inmediatamente.
—De acuerdo, Angie, voy a tener que mirar y ver si tu cérvix está abierto —explicó,
poniéndose unos guantes.
Miré horrorizada a Nicola, apretando su mano con más fuerza.
—Shh, todo está bien. Estoy aquí. Todo está bien —me calmó, frotando su mano
libre suavemente contra mi rostro. Grité cuando el dolor me atravesó, hacienda que
nuevas lágrimas cayeran mientras el doctor hacía su examen. Nicola las besó
suavemente, mirándome, con el corazón roto.
—Lo lamento, pero tu cérvix está abierto, estás teniendo un aborto. Necesitamos
hacer un procedimiento para apresurar las cosas. Sólo tienes cinco semanas así que
ésta es la manera las rápida y segura —dijo el doctor, arrojando lejos sus guantes
manchados de sangre.
—¿Qué procedimiento? —preguntó Nicola.
—Se llama EPCR3. En un proceso quirúrgico. Necesitará ser hecho bajo anestesia
general y retirará todos los rastros del embarazo —explicó, mirándome con un
poco de tristeza.
¿Proceso quirúrgico?
—¿Eso es seguro? —preguntó Nicola, apretando mi mano con más fuerza.
El doctor asintió.
—Es la forma más segura. Podríamos dejar que se expulsara solo durante la
siguiente semana aproximadamente, pero eso podría tener un alto riesgo de
infección. Es mejor para Angie si lo sacamos rápidamente.
Asentí. Quería que esto terminara; no quería estar sangrando abundantemente por
una semana, especialmente si era así de doloroso todo el tiempo. Nicola me miró,
esperando porque yo tomara la decisión.
—De acuerdo —murmuré, cerrando los ojos.
—De acuerdo, bien, iré y me aseguraré de que haya un quirófano libre. Es un
proceso muy rápido. Volverás aquí después —afirmó el doctor, asintiendo hacia
Nicola mientras se iba rápidamente.
me volví hacia Nicola.
—Lo lamento tanto, Nicola, esto es todo mi culpa.
Él jadeó, y sacudió la cabeza con fiereza.
—¡Podrías dejar de decir eso! No es tu culpa, Ángel. Deja de culparte. Ese imbécil
te hizo esto, no tú. —Si inclinó y me besó la frente con suavidad.
—No. No debería haber dejado tu casa. Me dijiste que me quedar allí. Debería
haberte escuchado, y ahora he matado a nuestro bebé —sollocé, sintiendo mi
corazón romperse una vez más.
Él salió cuidadosamente de la cama y me envolvió con sus brazos, intentando no
moverme.
—Nada de esto es tu culpa; tú no mataste al bebé, Ángel. Es sólo una de esas
cosas. Sabes que soy un firme creyente en que todo sucede por una razón; no se
suponía que tuviéramos este bebé. No tienes la culpa. Si alguien tiene la culpa, ese
soy yo, si no le hubiera dicho que saliera de encima de ti él podría no haberte
golpeado —dijo quedamente. Sacudí la cabeza y sepulté mi rostro en su pecho,
aferrándome a él con fuerza, esto no era su culpa, nada de esto era su culpa—. Te
amo —susurró una y otra vez en mi oído, hasta que el doctor volvió y me llevó al
quirófano.
Nicola caminó junto a mi cama hasta que llegué al cuarto y no se le permitió entrar
más. Me besó suavemente, los ojos brillantes con tristeza y dolor.
—Estaré aquí cuando despiertes. Te amo más que a nada —me prometió.
Sonreí ante sus palabras. Él todavía me aba, todavía me quería. Sólo esperaba que
no estuviese diciendo esas cosas porque yo estaba disgustada o dolorida. Recé
porque él realmente todavía me quisiera después de lo que había hecho.



NICOLA
Tan pronto como ella pasó esas puertas y estuvo fuera de mi vista, me hundí en el
piso y puse la cabeza en mis manos. Todo mi cuerpo dolía. Ella tenía tanto dolor y
no había nada que yo pudiera hacer. Habíamos perdido al bebé, y por alguna
estúpida razón ella se culpaba porque ese idiota lo hiciera. Apreté mis manos en
puños, presionándolos contra los ojos, intentando no pensar en él. Más pensaba en
él, más quería salir de aquí y arrancarle la cabeza; pero no podía hacer eso.
Necesitaba estar aquí para mi chica cuando ella despertara. Ella no necesitaba nada
más de que preocuparse ahora mismo.
Creía lo que le había dicho antes. Si se suponía que debíamos tener ese bebé,
entonces así hubiera sido. Ella no lo hubiera perdido si así hubiera debido ser.
Siempre había creído que todo sucedía por una razón – pero eso no hacía que
perder este bebé doliera menos. Un pequeño, perfecto bebé que había imaginado
luciría justo como su mamá en todos los aspectos. Cerré los ojos y apoye la cabeza
contra la pared, esperando que ella saliera. Apenas noté cuando Israel vino y se
sentó junto a mí, pasando un brazo por mi hombro.
—Lo perdió —murmuró.
El brazo de Israel se apretó alrededor de mis hombros.
—Sí. Estará bien, Nicola —me aseguró, apretando mi hombro.
Estaba sorprendido de que no me estuviera pateando por haber dejado
embarazada a su hermanita, pero para ser honesto, no podía importarme menos. Él
no podía causarme más dolor del que ya sentía, la única que podía lastimarme así
era mi Ángel. Ella era la única que tenía el poder de matarme.
Después de alrededor de cuarenta minutos la sacaron de la cirugía, todavía
dormida por la anestesia. Me puse de pie de un salto, mirándola.
—¿Está bien? —pregunté desesperadamente, dando saltos alrededor de la cama
mientras la empujaban por el corredor.
—Todo salió bien. Sacamos todo. Estará bien. Podría comenzar a despertarse de la
anestesia en una hora. La mantendremos aquí durante la noche, y la dejaremos ir
mañana en algún momento de la tarde. Tendrá que estar tranquila por un día o
algo —confirmó el doctor. Asentí y la seguí hasta su cuarto, sentándome junto a su
cama, sosteniendo su mano con fuerza. Israel y yo nos sentamos en silencio junto a
la cama, no había nada que decir, nada que pudiera mejorar esto.
Después de alrededor de media hora, ella movió su mano en la mía. Di un salto
mientras sus ojos aleteaban. Ésta era la segunda vez en tres días que había
despertado así conmigo y le pedía a Dios que nunca fuera así de nuevo, porque ya
no podía soportar más de esto.
—Hola, Ángel —murmuré, acariciando suavemente su rostro, lucía dolorida y ya
estaban comenzando a formarse cardenales donde él la había golpeado.
Ella volvió la cabeza hacia mí pero no abrió los ojos.
—Te quedaste —exhaló, una pequeña sonrisa en la esquina de su boca.
¿Honestamente pensaba que la dejaría?
—Por supuesto que me quedé. —La besé suavemente. Ella lloriqueó y tomó
débilmente el frente de mi camisa mientras me devolvía el beso.
—Te amo tanto, Nicola —susurró.
—Sé que es así, pero yo te amo más —respondí. Nunca nadie había amado tanto a
alguien como yo la amaba a ella.
Isra se aclaró la garganta para que me apartara, todavía sosteniendo su mano con
fuerza. Él se inclinó sobre ella y la abrazó.
—Lamento que hayas perdido a tu bebé, Angie—dijo, luciendo como si realmente
lo sintiera.
Ella asintió y sonrió con tristeza.
—Sí, yo también —contestó ella, su voz rompiéndose mientras hablaba.
—Voy a ir a llamar a Ana Karina y a Eri k. También llamaré a tus padres, Nicola —dijo Isra, besando su mejilla antes de desaparecer detrás de la cortina, dándonos algo
de privacidad.
—¿Te acostarías conmigo? —graznó.
Asentí y me metí cuidadosamente a la cama con ella.
—¿Te duele algo? —pregunté mientras suavemente pasaba un brazo sobre ella.
—No realmente. Estoy dolorida, pero no tanto como antes. —Hizo una mueca
mientras se movía en la cama.
Cerré los ojos y sepulté el rostro en el costado de su cuello.
—Necesitas dejar de asustarme de esta manera. Realmente me vas a causar un
ataque al corazón pronto —bromeé, intentando aligerar la situación.
Ella rió sin humor.
—Estoy tan cansada, Nico. —Volvió la cabeza, acariciando la mía con su nariz.
—Ve a dormir, Ángel —la arrullé, subiendo las sábanas para mantenerla tibia.
Ella se durmió y se despertó varias veces por unas pocas horas. Le dieron más
medicinas para el dolor, pero dijo que estaba bien. Después de un par de horas le
permitieron salir de la cama para ir al baño mientras que fuera acompañada por
dos enfermeras; lo cual ella no apreció en lo absoluto.
Una enfermera vino a las nueve, sonriéndome con tristeza.
—Lo siento, pero las horas de visita han terminado. Voy a tener que pedirte que te
vayas —dijo en tono de disculpas mientras acomodaba a Angie en su cama.
—¿En serio? ¿No puedo quedarte? No causaré problemas, ¿por favor? Dormiré en
la silla, ni siquiera sabrá que estoy aquí —rogué, dándole la expresión que parecía
funcionar tan bien con Angie.
Ella suspiró y puso los ojos en blanco.
—De acuerdo. Pero si alguien pregunta, te escabulliste aquí. ¿Entiendes? —
preguntó, sonriendo y sacudiendo la cabeza.
Sonreí.
—Gracias. —Wow, ese rostro también funcionaba en otra gente.
Israel se despidió, prometiendo volver a primera hora de la mañana, y traernos a
Angie y a mí una muda de ropa. Una vez que se hubo ido, ella se movió en la
cama, haciendo una ligera mueca pero intentando no mostrarme que le dolía.
—Dormiré en la silla, Ángel —protesté, haciendo una mueca ante de la idea de
darme vuelta y aplastarla o algo.
—¿Por favor, Nicola? —rogó.
Maldición, ¿por qué no podía decirle que no a esta chica? Suspiré y me saqué las
zapatillas, metiéndome en la cama con ella. Ella se acurrucó contra mi pecho y lloró
hasta quedarse dormida.
Desperté muy temprano en la mañana con alguien sacudiendo mi brazo. Levanté la
mirada para ver a dos hombres de pie allí, ambos mirándome severamente. ¿Qué
demonios? Oh maldición, ¡me voy a meter en problemas por dormir aquí!
—¿Nicola? —preguntó uno de ellos.
Asentí y me senté en silencio.
—Sí —susurré, intentando no despertar a Angie. Demasiado tarde, se movió y dio
un salto cuando vio a los dos hombres de pie allí.
—Nicola, estoy arrestándolo por sospecha de Daños Físicos Graves. No tiene
que decir nada, pero cualquier cosa que diga puede ser usada en su contra en una
corte. Tiene derecho a un abogado. Si no puede pagarlo, uno le será facilitado —
afirmó, mientras tomaba mi brazo.

¿DFG? ¿Ese imbécil está presentando cargos?

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